CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
Calvarios
de color de rosa
El escocés
Gillies MacKinnon
(“Regeneration”) lleva al cine la popular novela “Tara Road: Una
casa en Irlanda” de
Maeve Binchy.
Con la historia de dos mujeres que pasan por su particular
crisis vital, el director pretende adentrarse en un mundo
emocional que se tambalea cuando un terremoto familiar les
obliga a replantearse su relación conyugal. Son dramas parejos
pero no iguales, pues, en un caso, viene provocado por la muerte
de un hijo, y en otro, por la infidelidad del marido. Los dos
pilares sobre los que tradicionalmente se asienta la vida de una
mujer son así cuestionados por las protagonistas, que necesitan
un viaje interior para asumir su nueva situación, que precisan
del silencio de la soledad... aunque sea a casi cinco mil
kilómetros de distancia.
En Nueva Inglaterra, Marilyn
ve cómo su mundo se derrumba cuando pierde a su hijo, y piensa
que nada le une ya a su esposo. Al otro lado del charco, en
Dublín, Ria asiste atónita a la confesión de un marido que
espera un hijo de otra mujer. La necesidad y el azar hacen que
ambas entren en contacto telefónico y decidan intercambiar sus
casas por un periodo de tiempo, en busca de la paz perdida. Todo
esto nos lo presenta MacKinnon de manera un tanto abrupta y
apresurada en los primeros compases de este drama, como si
quisiera entrar cuanto antes en el interior de sus dos mujeres y
ver cómo digieren la tragedia. Sin embargo, a continuación se
enreda y alarga en exceso al ir presentándonos a familia y demás
vecindario de las nuevas inquilinas. Algunos de estos personajes
son interesantes y están bien retratados, pero la mayoría
resulta insustancial para la trama central y no consiguen sino
estirar una historia que pierde fuerza y deriva por carreteras
secundarias. Si el inicio está ya forzado –la confesión del
marido de Ria es patética e increíble–, más aún lo será un
desenlace que se precipita con un personaje sacado de la
chistera, decidido a poner los puntos sobre las íes y zanjar por
las bravas cada una de las cuestiones.
Un guión, por tanto,
irregular, poco verosímil y sin fuerza
dramática, pues ésta nace más de lo narrado que de la
dramaturgia de unos personajes que no sienten lo que viven. Los
actores interpretan sus papeles con mayor o menor convicción,
pero el problema es que son conducidos por una estructura
narrativa estereotipada,
muy trillada en el cine comercial americano, construida sobre
unas caracterizaciones de escaso calado y un desarrollo
previsible. Sin embargo, en un justo análisis de la película, es
preciso distinguir el recorrido de cada una de las dos
historias. En este sentido, funciona mejor el papel interpretado
por Andie MacDowell,
que logra dar cierta coherencia y progresión al dolor de una
madre desorientada ante la ausencia del hijo, desquiciada en su
razonamiento existencial: su reacción resulta matizada y
comprensible al quedar claro que obedece más al sufrimiento y
vacío que a decisiones gratuitas o arbitrarias. Otra cosa, sin
embargo, sucede con la historia de
Olivia Williams,
que no llega a convencer por lo artificioso que resulta su dolor
al ser abandonada, su rápido y fatuo romance con el cuñado de
Marilyn –totalmente prescindible, lo mismo que el de la pareja
adolescente apenas incoado–, o sus injustificados cambios de
actitud ante los hechos que se van sucediendo y ante su propio
marido: en este sentido, todo ello y las subtramas irlandesas de
infidelidades, comidillas vecinales y chantajes se asemejan más
a un culebrón televisivo que a un melodrama de calidad.
Por eso, sin duda, los
mejores momentos se decantan del lado MacDowell, y en concreto
en torno a su relación con Colm, el dueño del restaurante, que
logra una interpretación contenida y sutil, a la vez que aporta
sensatez y humanidad al personaje. Entre las escenas más
logradas está aquélla en que la sufrida Marilyn abre su corazón
a los niños y recibe su consuelo, una de las más emotivas
gracias también a la expresividad de
Sarah Bolger
("En
América", de Jim
Sheridan), una Annie adolescente que introduce frescura y
autenticidad a la vez que sentido común entre tanto adulto
cínico.
La factura es convencional y
correcta, clara en su exposición narrativa, y sin riesgos en un
montaje paralelo que en muchos momentos incluso resulta
sincronizado en el desarrollo de las dos tramas.
Una música más melódica que dramática con varios temas
pegadizos y apropiados para el tono amable de la cinta, y una
adecuada y nada experimental fotografía contribuyen a la
ambientación de unos dramas que quedan "desdramatizados",
y donde la cámara se permite algunos movimientos que nunca se
hacen notar en demasía ni distraen al espectador. Aunque la
propuesta tiene su hondura antropológica por debajo de la
aparente ligereza, en ningún momento resulta pretenciosa al
trasmitir su idea del matrimonio y de la vida, en la que, según
uno de los personajes, “no sólo se está para ser feliz”. Incluso
la idea de la casa intercambiada como metáfora de la necesidad
de “meterse” en el sufrimiento ajeno para así comprender y
madurar, no es algo que se subraye en exceso, y eso que
constituye el núcleo esencial que transformará el alma de las
dos atribuladas mujeres. De la misma forma, que la casa de “Tara
Road” que van a perder los Lynch tras la quiebra del negocio, no
es sólo el edificio sino el hogar familiar en crisis… resulta
algo evidente, pero también lo es que esta tierra de Tara no es
rojiza como la de “Lo que el viento se llevó”, y que por eso la
sangre nunca llegará al río y se quedará en unos cuantos
jarrones rotos y en un envoltorio de celofán rosa que lo
recubra.
Este retrato del alma
femenina
–y,
por extensión, de quien sufre el infortunio afectivo–
se ve con agrado y sin esfuerzo, por su corrección y
convencionalismo. Quizá su temática la convierte en una película
más del gusto femenino, aunque no en exclusiva. En cualquier
caso, entretendrá al espectador, pero también es cierto que su
falta de originalidad y fuerza hará que pronto se olvide, al
estar construida sobre el artificio y las meras buenas
intenciones.
Calificación:
    
Imágenes
de "Tara Road" - Copyright © 2005 Noel
Pearson Productions, Surefire Films, Ferndale Films y Sarah
Radclyffe Productions. Distribuida en España por Baditri. Todos los derechos
reservados.
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