CRÍTICA
por
Miguel Á. Delgado
La ópera
prima de Rodrigo Cortés es
la de un director lleno de ideas y con ganas de demostrarlo, y
en ello radica la principal virtud de esta película. Pero
también su problema, pues tanto en el aspecto formal como en el
de la lógica narrativa, el director asume un riesgo que rehúye
los caminos trillados para explorar las posibilidades de la
imagen y el montaje a la hora de guiar al espectador en la
alucinatoria historia del triste profesor universitario (de
Historia de la Economía, para más inri) que resulta ganador del
mayor premio de la televisión, 500 millones de pesetas en bienes
y propiedades (es curioso cómo el guión asume que seguimos sin
movernos cómodos en euros cuando se trata de cantidades
grandes), sólo para descubrir que, merced a los gastos de
mantenimiento, las exigencias de los bancos y los impuestos, en
realidad ha obtenido un pasaje directo hacia el desastre.
Una vez
obviado el problema de guión que supone el hecho de que la
pareja protagonista no opte por lo que sería la solución más
razonable, es decir, vender los bienes obtenidos y quedarse con
el dinero resultante (en lugar de ello, y por idea de su novia,
optan por enfangarse en un crédito para disponer de efectivo),
el desarrollo de la película es el del hundimiento, cada vez más
vertiginoso, del protagonista, hasta llegar a un estallido final
abocado, eso sí, al fracaso (no es ninguna sorpresa, pues al
comienzo de la cinta nos lo dice él mismo, a pesar de estar
muerto, algo que remite, como se ha repetido hasta la saciedad,
a “El crepúsculo de los dioses”, de Billy Wilder).
Y en ese
camino, Rodrigo Cortés logra imprimir un ritmo ágil y subyugante
por momentos, en el que incluso explicaciones tan abstractas
como la que el outsider Edmundo Figueroa (un
Chete Lera que llena la
pantalla cada vez que aparece) le da al protagonista (un
correcto Leonardo Sbaraglia)
se siguen con una sorprendente facilidad, y con instantes en los
que la imaginería visual de Cortés levanta planos fascinantes.
En otras ocasiones, sin embargo, la propia ambición estética del
director sobrecarga el filme con efectos y momentos que, si bien
hermosos en sí mismos, parecen más insertados para demostrar su
capacidad que justificados por el desarrollo de la historia (la
casi surrealista irrupción del caballo en el cine, o la imagen
de Sbaraglia cruzando la calle).
Sin embargo,
"Concursante" ofrece un mayor equilibrio –entre lo visual y
el contenido– que lo que suele ser habitual en las primeras
películas, y en su caso este mérito es aún mayor por lo
arriesgado de la apuesta: Cortés ha cuidado el guión,
insertando incluso algunas digresiones que recuerdan a las
habituales en el cine de Paul Thomas Anderson o Jean-Pierre
Jeunet (como la mención al grito de Tarzán o la bella metáfora
de los espejismos en forma de montaña); pero, de forma paralela
a lo que sucedía con la imagen, también en este caso las hay
superfluas o grandilocuentes.
Una cinta
irregular, pues, pero que atesora el suficiente interés como
para justificar su visionado. Y una muestra más de que,
paradójicamente, muchas de las propuestas más interesantes de
los nuevos nombres llamados a renovar el panorama del cine
español están encontrando acomodo en una productora tan
comercial y en principio ajena al experimentalismo como Filmax.
¿Significará eso que por fin el cine español está en el camino
de encontrar el ansiado El Dorado que supondría aunar talento
con industria? La respuesta aún tardará tiempo en llegar, pero,
entre tanto, estrenos tan estimulantes como el de Rodrigo Cortés
o, hace unas semanas, Koldo Serra, son esperanzadores.
Calificación:
    
Imágenes
de "Concursante" - Copyright © 2007
Lazonafilms, Continental Producciones, Nephilim Producciones y
Castelao Productions. Distribuida en España por Filmax. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "Concursante"
Añade "Concursante" a tus películas favoritas
Opina
sobre "Concursante" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda
"Concursante" a un amigo
|