CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
Jaque mate a
la Banca
De arriesgada
y original hay que calificar esta ópera prima del gallego
Rodrigo Cortés. Muy moderna en
su factura y quijotesca en su mensaje, el director apuesta por
la comedia esperpéntica y disparatada para hacer su particular
crítica al capitalismo salvaje y a cuantos viven de él en una
complicidad autodestructiva. El absurdo y la paradoja por
bandera del discurso, la acidez y la ironía como instrumental
quirúrgico, y el caos y la destrucción para dar salida a un
concurso de locos. Porque esta película va de concursos –unos de
muerte y otros de vida–, de asunción o inadaptación a un sistema
en el que dos jugadores mueven sus fichas, como en el ajedrez.
En ese tablero de ajedrez que es la vida,
Martín Circo es un profesor de historia de la economía que
explica la teoría de Keynes a sus alumnos, y que está a punto de
casarse con Laura. Todo le sonríe, y más cuando en un concurso
televisivo gana 500 millones de pesetas en premios. Pero pronto
el “sistema” tributario y su ingenuidad se encargarán de
mostrarle la otra cara de la moneda –nunca mejor dicho–,
cargándose de créditos, deudas e hipotecas, siendo abandonado
por su novia y dando término a su vida como única forma de
ganarle su partida a la Banca.
Con lo dicho, no hemos descubierto nada
al lector porque la película se inicia con una escena en que el
difunto y calcinado Martín toma la palabra para relatar al
espectador la tragedia de su vida desde aquel fatídico día en
que ganó el premio. Apertura memorable que recuerda al Gillis
que cuenta en “El crepúsculo de los dioses” cómo su cadáver
acabó en la piscina de la estrella Norma Desmond. De Billy
Wilder toma esa estructura testimonial del protagonista y
también su habitual tono sarcástico y cínico para, desde la
exageración y el absurdo, caricaturizar un mundo capitalista y
consumista que hace girar la felicidad en torno al dinero,
que vive sobre la mentira de los bancos, de la televisión o de
la propia Universidad como supuesto centro del saber, y que ha
perdido la libertad entre esclavitudes financieras y parásitos
(abogados) que trabajan sobre una riqueza ficticia.
En esa encrucijada neocapitalista, al
individuo no le queda más remedio que elegir entre participar en
el incierto concurso del mercado –con sus caóticas pero rígidas
reglas financieras que pueden tanto llenarle la cuenta corriente
de dinero fácil como despojarle de su propia casa– o decantarse
por el concurso de la vida de la calle, aunque en su vertiente
"natural" y primigenia. El desgraciado e inocente Martín tendrá
que optar también entre el teórico modelo económico que viene
explicando a sus alumnos –que personifica la adusta y antipática
catedrática Sra. Santillana–, y la que le proporciona el cínico
y escéptico profesor Edmundo. Es una partida de ajedrez, de
carácter vital, entre blancas y negras, con el mar –la libertad–
en el horizonte, en un evidente guiño a la inolvidable escena
del Bergman de “El séptimo sello” en que el cruzado Antonius
Block retaba a la Muerte que venía a visitarle. Y como entonces,
la guadaña acaba por segar la vida del individuo, aunque aquí
adquiera más bien un tono fatalista y de carácter surreal, pues
Cortés pretende darle un aire de liberación y un sentido cósmico
new-age.
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Pero si algo llama la atención
en la película de Cortés, es su moderna propuesta visual
–se nota su procedencia del cortometraje–, elaborada a
partir de una trepidante mezcla de recursos narrativos
que se apoyan en la foto fija y en el empleo de ralentís y
aceleramientos; en una inestable y caótica cámara que
prefiere la planificación descuidada, los encadenados, las
transparencias y los primeros planos, sin olvidar los
travellings mareantes y los barridos tipo dogma'95; y
que cuenta desde el inicio con la voz en off del
protagonista para dirigirse al espectador, sin variar el
punto de vista narrativo. El endiablado ritmo con que nos
cuenta su historia familiar y los momentos previos a la
crisis, se acentúa en su tercio final, cuando el
desquiciamiento y espíritu anárquico-destructivo se
adueñan de la confundida víctima. Pero la trama es mínima,
y su director se contenta con esa diatriba contra el
Sistema, al que atiza a diestro y siniestro con
inteligentes diálogos, sin aparente estructura y con el
desorden y desorientación –voluntario y consciente, pues
el tema así lo pide– de quien vive arrastrado por las
circunstancias y sin saber por dónde le viene el aire.
El carácter experimental y la voluntad de
estilo propio de la cinta alcanzan a una imagen que presenta
diversidad de texturas, desde la fotografía digital de escasa
definición junto a otra de mayor nitidez, hasta el empleo de
abundantes virados sepias o de luces cálidas, además de las
fotos fijas en blanco y negro o las imágenes de apariencia
documental y de época. Tanto efectismo y un vertiginoso montaje
quieren trasmitir el ritmo acelerado y sin sentido del
capitalismo y la modernidad, pero llegan a cansar y acaban
resultando mucho artificio para tan reducido mensaje, con
repeticiones machaconas y vueltas sobre lo mismo hasta
desembocar en un final precipitado y alargado con el que cerrar
su guión circular.
Entre la artificiosidad formal, la
interpretación de Leonardo Sbaraglia
aporta una humanidad desconcertada a tan enloquecida
historia. De cabo a rabo sostiene, con variedad de registros, la
evolutiva trama de quien abandona la ingenuidad inicial para
sucumbir al desencanto final, de quien aparca la teoría idílica
del profesor –que explica, pero que no sabe nada de la economía
real– para apostar por la cruda realidad del mundo que Edmundo
le presenta. Precisamente la escena en que el personaje
interpretado por Chete Lera
–otra buena actuación– le explica el surgimiento y evolución de
la economía de mercado, recurriendo a imágenes surrealistas y
gráficas –difícil olvidar al caballo blanco trotando en el salón
de conferencias–, constituye una auténtica lección de economía y
quizá el mejor momento de toda la película.
Que un
debutante nos presente una propuesta tan novedosa y original,
una “rara avis” en una cinematografía que tantas veces busca
imitar a lo foráneo, es algo alentador. Estuvo, sin éxito,
en el reciente festival de Málaga, lo que no habla bien de quien
decidió el palmarés, al parecer no acostumbrado a que el cine
español presente trabajos tan auténticos e inteligentemente
críticos –aunque también tan pesimistas y descorazonadores–.
Tragicomedia recomendable para espectadores de cierta formación
académica, y para economistas o "expertos" en finanzas, a
quienes servirá para una animada tertulia con alumnos y
compañeros sobre la pretendida "maternidad" de la Banca o eso de
que "Hacienda somos todos".
Calificación:
    
Imágenes
de "Concursante" - Copyright © 2007
Lazonafilms, Continental Producciones, Nephilim Producciones y
Castelao Productions. Distribuida en España por Filmax. Todos los derechos
reservados.
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