CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
Es lógico que
uno sienta cierto recelo cuando, a priori, el interés de una
película se sustenta principalmente en la interpretación de uno
de los integrantes de su elenco. Eso es lo que ha sucedido con
"El último rey de Escocia", cinta por la que
Forest Whitaker ha obtenido
numerosos e importantes galardones y que, sin embargo, ha sido
ignorada por el público. La pregunta en cuestión es la
siguiente: ¿ofrece el filme algo más que un fabuloso trabajo de
este actor? Por fortuna, la respuesta es afirmativa,
convirtiéndose en un meritorio retrato de lo que representa una
tiranía y de cómo es posible que algunos individuos se dejen
cautivar por el carácter de un detestable dictador.
En este caso,
el personaje en cuestión es Idi Amin, a quien observamos desde
los ojos de Nicholas Garrigan, un joven doctor escocés que,
harto de la vida que ha llevado hasta ahora, se dispone a viajar
a un sitio completamente diferente. Para ello, se sitúa delante
de un globo terráqueo, lo gira y, con sus párpados cerrados, su
dedo se posa en Canadá, un lugar que no le satisface. Cuando
vuelve a repetir la operación, un pequeño país africano llamado
Uganda aparece delante de él. Una vez allí, siente curiosidad
por la situación que está atravesando la nación, ya que un golpe
de Estado ha derrocado a Milton Obote, ocupando ahora su puesto
el que fuera uno de sus principales colaboradores. Garrigan
entra en contacto con Amin cuando éste sufre un accidente de
automóvil y ha de curarle una herida leve, convirtiéndose desde
entonces en su médico particular.
En primer
lugar, conviene aclarar que el personaje de Nicholas es
ficticio, tratándose de un recurso de los guionistas para
situarnos lo más cerca posible del entorno del dictador. La
película describe de manera inteligente cómo un muchacho se deja
embaucar por la superficie de un déspota que cautiva a la gente
con sus palabras y su forma de ser. Poco a poco, el doctor
comienza a fijarse en los temerosos comentarios y
comportamientos de otras personas, los mismos que saben lo que
se oculta detrás de ese carismático gobernante. Al igual que el
espectador, el joven va descubriendo el miedo y la represión de
su régimen, justo cuando le resulta prácticamente imposible
romper su relación con Amin.
Una de las
grandes virtudes de esta película es que posee un notable
libreto que contrapone con destreza las múltiples caras de un
déspota, siendo complejo el perfil que se realiza de su
figura y alejándose sus guionistas de la caricatura fácil.
Además, es tal el equilibrio que al respecto existe en esta
descripción que, por suerte, ni se comete el error de
transformar a Amin en un mero fantoche ni se incurre en el
despropósito de banalizar sus crímenes. A pesar de sus dos horas
de duración, "El último rey de Escocia" no se hace pesada en
ningún momento, adoptando en su segunda mitad una sorprendente
estructura que encaja perfectamente en un género tan popular
como es el thriller.
Hablaba
anteriormente de Forest Whitaker, quien no me cabe la menor duda
de que está sensacional en el filme (sólo hay que ver algunas
grabaciones del verdadero Amin para percatarse de ello), pero
que en realidad aparece menos minutos en pantalla que
James McAvoy, un intérprete en
alza que consigue que nos creamos la evolución que atraviesa su
personaje. Tampoco quisiera olvidarme de
Kerry Washington y
Gillian Anderson, actrices con
roles secundarios que, no obstante, saben aprovechar cada
instante en el que aparecen en la cinta.
Calificación película:
    
Calificación banda sonora
original:
    
Imágenes
de "El último rey de Escocia" - Copyright ©
2006 Fox Searchlight Pictures, DNA Films, Film Four, UK Film Council,
Scottish Screen, Cowboy Films y Slate Films. Distribuida en
España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos
reservados.
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