CRÍTICA
por
Leandro Marques
Aventuras que
se van de las manos en Uganda
Un recurso
comúnmente utilizado en el cine para abordar a un personaje es
el de utilizar otro personaje, cercano al primero, que le sirva
al director como vehículo de observación. Muchas veces, este
tipo de estructura termina construyendo conocimiento tanto sobre
el protagonista central, sujeto observado, a conocer, como
también del testigo, sujeto que presta su mirada, quien incluso
suele transformarse en el protagonista real, ojos, cuerpo y alma
del film. Combinando ficción con elementos basados en sucesos
reales, en “El ultimo rey de Escocia” se intentan explorar los
extremos matices de la personalidad de Idi Amin, feroz dictador
de Uganda durante la década de los 70. Para lograr su objetivo,
la película toma prestado los ojos de un joven médico escocés
que por un sinfín de casualidades se convertiría en el doctor
personal y hombre de confianza de quien fuera dueño del país
africano entre 1971 y 1979. En el juego entre los dos
personajes, en su interacción, en el entrecruzamiento de sus
búsquedas y motivaciones, la primera cinta de ficción del
documentalista Kevin Macdonald,
director anteriormente de la ganadora del Oscar®
“Un día de septiembre" y de la escalofriante
"Touching the void (Tocando el
vacío)",
ofrece su costado más relevante.
Africa es caos. Uganda es desconcierto
y pobreza, es tierra lejana y misteriosa. Nicholas Garrigan es
un joven aventurero dispuesto a colaborar con la sociedad
ugandesa ofreciendo su reciente título de médico a cambio de
algo de aprendizaje no académico y, sobre todo, de
experiencias nuevas y algo de diversión. Él no sabe bien qué
quiere, pero es curioso e inquieto, y eso que no sabe lo
quiere ya. El realizador elige iniciar el relato a través del
vértigo, con un bombardeo de imágenes que se suceden a pura
velocidad, casi a las apuradas, y que hacen avanzar la
historia sin detenerse. Los ojos y la actitud del muchacho
determinan siempre los ritmos y los tonos con los que se
comunica el film. En este contexto, tal vez por la influencia
del uso del apresuramiento como eje narrativo, la historia
saltea puntos de coherencia y verosimilitud que también le
sirven para dejar bien en claro que éste no es un film
histórico ni documental: su razón de ser, por lo tanto, no es
dejar registro de la vida y obra de un dictador. A lo sumo, se
intenta mostrar desde un ángulo determinado ciertos rasgos de
su personalidad. Al utilizar el recurso del vértigo para
mostrar el caos y el desconcierto con los que se representa a
la lejana Uganda, el director imprime a sus imágenes
adrenalina y acción, pero descarta como contrapartida la
posibilidad de una pausa que lleve a la reflexión, de una
mirada que apunte a un verdadero análisis de lo que se ve.
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Con el
encuentro e interacción de los dos personajes principales, la
cinta adopta un carácter tal vez excesivamente pretencioso,
porque se propone más que nada conducir a una idea
predeterminada. Quiere mostrar cómo algo que para uno es un
juego puede transformarse en un problema que se le vaya de las
manos. Quiere mostrar que siempre es posible transformarse en
algo nunca imaginado, que todos pueden esconder un animal
salvaje dentro, capaz de dañar, de matar, de morir o de sólo
luchar por sobrevivir. Se entromete con la idea de poder y de su
influencia en una relación. En el choque de los dos personajes,
de dos culturas, de dos modos de pensar, el film se propone
buscar qué los iguala y qué los diferencia. Y dentro de esta
coyuntura, surge que el guión no ofrece solidez sino que hace
a la historia pesada, inverosímil, forzada. Está más pendiente
de la comunicación de un mensaje que en la fluidez de la trama,
lo que le resta transparencia y espontaneidad.
Si bien la
intensidad y vértigo con que se elige contar la historia aflojan
en ciertos pasajes, las imágenes suelen lucir desincronizadas,
porque no logran encajar armónicamente con las intenciones
comunicativas. Siempre sobrevuela la sensación de que falta o
sobra algo. Cada situación conflictiva del film no logra
cerrarse para seguir avanzando sino que queda irresuelta. A cada
instante surgen nuevos conflictos que se acumulan
indefinidamente para tapar a los anteriores, que no pueden
resolverse en cámara. Por si fuera poco, dado el discontinuo
devenir de la trama, la aparición en varios momentos del factor
suerte, que sin duda está del lado del joven doctor, contribuye
a formar idea de la endeble y artificial construcción de la
continuidad narrativa.
En una
película de personajes, el rol de los actores es fundamental.
Forest Whitaker, en la piel de
Amin, es el punto fuerte de “El último rey de Escocia". Con
su caracterización logra transmitir en plenitud los contrastes
radicales de una personalidad tan fascinante y seductora como
brutal y terrorífica. En este sentido, lo respalda un buen
trabajo de cámara, inteligente para escoger primeros planos y
capturar en pequeños gestos y expresiones la esencia del
carácter del dictador. Por su excelente labor, Whitaker ha sido
nominado al Oscar®.
Por otra parte, no sucede lo mismo con
James McAvoy, quien en su papel de médico no aporta
el brillo suficiente para contagiar las ansias de aventura de su
interpretado, ni emocionar con su sufrimiento, ni conmover con
su preocupación. Vale aclarar, en su defensa, que pese a
tratarse de un personaje con buen potencial, el actor de "Las crónicas de Narnia: El león,
la bruja y el armario" debe lidiar con una composición poco
esmerada.
Los altibajos
gobiernan el largometraje. No obstante, si bien le resta mucho
trabajo por pulir, es válida la intención comunicativa original
del director. Simplemente porque parece resultado de búsquedas e
inquietudes sinceras y personales más que de imposiciones de la
industria. No tan válidos resultan los recursos utilizados para
transmitirla. Por su empeño en focalizar el vértigo con vértigo,
por querer acceder a un mundo desconocido a través del bombardeo
de imágenes abiertas pero inconclusas, el film pierde en
espontaneidad y diálogo con el espectador. Se convirtió, a pesar
suyo, en una cinta que predica más de lo que sugiere. Si bien
resulta entretenida en varios pasajes, carece de verdaderas
herramientas –estéticas y narrativas, sobre todo– que inciten al
público a sentirse parte. En una estructura narrativa basada
en un personaje a observar y un testigo que lo mira, suele
suceder que ambos terminan interviniendo activamente como
protagonistas. En “El último rey de Escocia”, si se reemplazara
al personaje testigo por la figura del espectador, y al
personaje a observar por lo que es la película en sí misma, la
gran falla residiría en que, como conclusión final, sólo la
película termina siendo protagonista.
Calificación:
    
Imágenes
de "El último rey de Escocia" - Copyright ©
2006 Fox Searchlight Pictures, DNA Films, Film Four, UK Film Council,
Scottish Screen, Cowboy Films y Slate Films. Distribuida en
España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos
reservados.
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