CRÍTICA
por
Miguel Á. Delgado
Antes de
nada, debo hacer una confesión: tengo un problema muy grande a
la hora de calificar con estrellas una película como ésta. Por
un lado, es difícilmente reprochable si tomamos como referente
su calidad técnica o interpretativa, porque se trata de una
producción hollywoodiense en toda regla, con todos los aspectos
más que cuidados, y que sabe conectar muy bien con lo que el
público busca, lo que, a mi entender, la haría merecedora de
unas correctas tres estrellas. Pero, si de lo que se trata es de
valorar su aportación artística, o su capacidad de innovar o de
emocionar más allá de lo mil veces visto, entonces tendríamos
que bajar nuestra valoración, y quedarnos en unas discretas dos
estrellas.
Supongo que tal impresión responde a la
propia concepción de la cinta como un vehículo expresamente
diseñado para servir de plataforma para que
Will Smith consiga el Oscar ®
que tan injustamente le negaron por su soberbia interpretación
de "Ali" para dárselo a Denzel Washington
por su ya casi olvidada participación en "Training
day (Día de entrenamiento)". Y hay que decir de antemano lo que
nadie habría dicho hace unos años: que, tras conseguir superar
con éxito el tránsito de la pequeña pantalla al cine (algo que
muy pocos consiguen), Will Smith va camino de dejar a un lado
sus papeles de comedia y acción para revelarse como un
portentoso actor dramático. Y no es que su rol de Chris
Gardner aporte gran cosa a lo que ya vimos en la cinta de
Michael Mann, pero sí que sirve para confirmar lo que allí
apuntaba: definitivamente, quien le siga negando su condición
de formidable actor no hará más que dar una muestra de ideas
prejuiciosas e inamovibles.
Y, si tenemos en cuenta que los únicos
momentos en los que no está él en pantalla son casi los títulos
de crédito, podemos entender que el resto de la película se haya
construido en torno a él, incluida la consabida historia de
superación personal, basada en hechos reales, y que además
convierte la felicidad en sinónimo de convertirse en
multimillonario (algo en principio asumible por la mayor parte
del público, aunque en realidad bastante más matizable). Si
además esa historia de superación cuenta con todo un carrusel de
desgracias que se interponen en el camino del héroe, así como un
niño simpático, estupendo, gracioso y que no tiene ni una salida
de tono, tenemos de nuevo en funcionamiento los elementos más
básicos que siguen funcionando desde que el cine es cine.
Lo que pasa
es que Gabriele Muccino no
es Frank Capra, aunque hay que decir en su favor que tampoco
pretende serlo: tiene muy claro que él es un artesano al
servicio de una causa bien concreta, y la resuelve con
elegancia, sentido del ritmo y, lo que quizá sea más de
agradecer, un uso razonable del almíbar y la lágrima. Gracias a
ello, la cinta se eleva del mero telefilm que podría ser,
aunque no lo suficiente como para abandonar su condición de
película ideal para ver en un trayecto largo de tren o autobús.
Porque, si uno rebaja el nivel de exigencia y se deja llevar por
esta historia de buenos y malos, en la que el esfuerzo siempre
tiene su recompensa y la fortuna espera a todos los que no sean
vagos, es posible pasarse cerca de dos horas razonablemente
entretenidos. Pero claro, si nos ponemos a pedirle más cosas,
nos sentiremos tan insatisfechos como si un excelso gourmet
pidiera una whopper con queso y después pretendiera
escribir una crítica en una selecta revista gastronómica.
Excesivo, ¿verdad? Pues eso.
Calificación:
    
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de "En busca de la felicidad" - Copyright © 2006
Columbia Pictures, Relativity Media, Overbrook Entertainment y
Escape Artists Productions. Distribuida en España por Sony
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