CRÍTICA
por
Javier Quevedo
Puchal
Inspiración
"mainstream"
¿Realmente puede decirnos
algo que no sepamos ya, o que podamos creernos a estas alturas,
la enésima película sobre adolescentes problemáticos y
profesores abnegados llegada desde Hollywood? Quizás sea ésa la
primera pregunta que uno deba hacerse ante “Diarios de la
calle”. Una pregunta nada gratuita, en realidad, y sobre todo
por dos razones principales: en primer lugar, lo prolífico de un
subgénero ciertamente poco dado a grandes evoluciones y sí mucho
al auto-agotamiento, y en segundo, esa cierta sensación de
descreimiento, de escepticismo a la que últimamente nos ha ido
abocando un sistema educativo definitivamente fallido, donde el
profesorado está perdiendo enteros de autoridad a marchas
forzadas frente a un alumnado que parece haber ido ganándolo de
forma harto irresponsable y creciéndose con el cada vez más
habitual acoso escolar.
Sin embargo, no es
éste exactamente el mismo problema que denuncia “Diarios de la
calle”. Cierto que sigue habiendo alumnos problemáticos y
profesores que hacen lo que pueden con un sistema educativo
más que imperfecto... pero la raíz del problema es
diametralmente opuesta a la que nosotros tenemos aquí. En la
cinta de Richard
LaGravenese,
no hay alumnos de clase media hastiados y carentes de una
escala de valores medianamente definida, más bien al
contrario, se trata de jóvenes pertenecientes a grupos más o
menos marginales y que, tal y como ya desde los primeros
minutos deja patente la voz en off de la estudiante
Eva, viven en base a unos estrictos códigos grupales que no
son, de hecho, sino la simiente de sus propios problemas.
Tampoco hay aquí jóvenes que hacen uso y abuso de la
determinadas comodidades de la vida adulta, no hay jóvenes que
usan sus móviles para grabar los actos vandálicos que después
colgarán en Internet. De hecho, la malcriada perversidad que
empieza a hacer tambalear nuestro sistema ni siquiera tiene
cabida en el aula 203 del instituto Wilson, donde
presumiblemente ninguno de sus alumnos posee móvil ni, por
descontado, acceso privado a Internet... pero sí a pistolas, a
munición, a peleas de bandas, en fin, a todos los elementos
con cuyo uso indiscriminado el cine ha conseguido hacer de los
jóvenes retratados poco más que un cliché.
Y es
precisamente en esa, a priori, previsible caída en lugares
comunes donde “Diarios de la calle” consigue desmarcarse de
propuestas similares anteriores como “Mentes peligrosas”,
también basada en hechos reales, pero que sin embargo apenas si
conseguía sustentarse con la presencia de una siempre
estimulante Michelle Pfeiffer. Pues, en efecto,
no podemos decir que sea el film de LaGravenese precisamente la
producción cinematográfica más original de los últimos años,
aunque justo es señalar que tampoco sucumbe finalmente a sus
manifiestos maniqueísmos.
Quizás el lastre de otras cintas anteriores con el mismo tema
pese demasiado como para que ésta llegue a resultar genuinamente
veraz, pero, en contrapartida, la evidente preocupación del
realizador y los actores (en especial
Hilary Swank,
que con su combinación de firmeza y fragilidad consigue hacer de
su Erin Gruwell toda una creación) por dotar de alma a los
personajes, por hacer de ellos algo más que el estereotipo al
que se nos tiene acostumbrados, consigue transmitir un sensación
de verosimilitud bastante inesperada. Por desgracia, no todos
los personajes de la cinta son tratados con el mismo mimo,
siendo reducidos los compañeros de trabajo de la protagonista al
decepcionante rol de “malos de la película” y su novio al de
mera comparsa sentimental, subrayado a la obsesión profesional
de ella y, en definitiva, degradándose a un accesorio
tristemente prescindible en su falta de autonomía.
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En definitiva, podemos
afirmar que uno de los mayores logros de
“Diarios de la calle” es convertir una historia mil veces vista
antes en algo insospechadamente nuevo, con un pulso propio que
consigue conmocionar, conmover y hacer reflexionar,
aunque sea de una manera claramente “mainstream”,
sentimentalista e incluso en ocasiones de lágrima floja, y aun
así más limpia y menos pretenciosa que, por ejemplo, “Semillas
de rencor”. Sin embargo, el mayor logro de la película, aquél
por el que posiblemente se la pueda recordar más allá de la sala
del cine, es el hecho de convertirse no sólo en un sentido
homenaje a esa heroína de la educación que es Erin Gruwell, sino
también a su trabajo, a su mensaje de inspiración: para cuando
acabe el film, y al igual que ocurrió con sus alumnos, serán
pocos los que no sientan aunque sea una pequeña curiosidad por
las vidas plasmadas en ese “The freedom writers diary” publicado
que da título al largometraje en su versión original.
Calificación:
    
Imágenes
de "Diarios de la calle" -
Copyright © 2007 Paramount Pictures, MTV Films, Jersey Films y Double Feature Films.
Fotos por Jaimie Trueblood. Distribuida en
España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos
reservados.
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