CRÍTICA
por
Manuel Márquez
En estos tiempos en que se
enseñorean de las carteleras cinematográficas productos en los
que prima la parafernalia técnica y la acción trepidante –quizá
nunca hubo tiempos en que así no fuera, pero los altavoces
mediáticos multiplican ahora el efecto expansivo del fenómeno:
no será extraño ver cómo los informativos de las cadenas
generalistas abren próximamamente sus emisiones con un estreno
como el de
"Piratas
del Caribe: En el fin del mundo",
o algo similar...–, debería ser motivo de alegría el que alcance
un hueco en ella –y, además, con destino a un público amplio–
una producción de corte intimista, una historia de calado humano
y en la que prima el sentimiento sobre el movimiento, como es
esta "Diarios de la calle".
Alegría, ma non troppo. Basada en hechos reales, no
seré yo quien ponga en duda la veracidad de lo narrado ni su
fidelidad más o menos elevada al desarrollo de tales hechos,
pero hay una cosa evidente: si la dramatización de un hecho
conlleva la absoluta imposibilidad –por motivos elementales de
volumen y tiempo– de recoger todas y cada una de las
dimensiones y elementos del mismo, está claro que en este caso
ha habido una determinación rotunda de dejar fuera del relato
las aristas más duras o ásperas del mismo –que no se niegan, y
de las de que, de hecho, alguna pincelada se nos ofrece, pero
sin profundizar lo más mínimo en ellas–. ¿Resultado?
Una mirada excesivamente almibarada y luminosa sobre
una historia en la que luces y sombras, quizá, debieran haber
tenido una presencia más equilibrada.
Ésa, al
menos, es mi querencia. Ya me consta que es muy del gusto de un
amplio sector del público estadounidense –ése que ha de llenar
las salas de cine para justificar comercialmente las bondades de
un empeño de producción– el que estas historias de superación
personal y de redención colectiva, inducida por el empuje de una
voluntad bigger than life –encarnada, en esta ocasión,
por una muy atractiva
Hilary Swank, a
la que si algún pero cabe ponerle es el de su limitado registro
(aunque esto quizá sea más una consecuencia del perfil de su
personaje que de una carencia interpretativa)–, tengan que tener
un final feliz, que no puede verse empañado por grandes
desgracias personales –salvo los inevitables “peajes” (de los
que, por obvios motivos, omitiré detalles) que este tipo de
iniciativas conllevan, en el plano afectivo o sentimental, para
su protagonista–. Pero todos sabemos que la realidad, para bien
o para mal, suele ser más compleja. Opciones, al fin y al cabo.
Si la de
ustedes, amigos lectores, es ésa que arriba les apuntaba, ésta
puede resultarles una magnífica opción.
Realizada con pulcritud técnica, desde un presupuesto de
sencillez estructural que la hace más cercana a un telefilm de
sobremesa que a una producción cinematográfica de pretensiones,
y soportada en un grupo de actores jóvenes que, aun con sus
diferencias de nivel, soporta bastante bien el tipo, bien
capitaneados, además, en su “robinwilliamesco” rol por la dos
veces oscarizada Swank, sólo nos quedaría garantizar,
para una experiencia sin el más mínimo sobresalto, que el
desarrollo argumental no nos dé ninguna patada en la tripa. En
ese aspecto, como dijera el ínclito filósofo, “no problemo”:
toda la previsibilidad que cabe esperar del desarrollo de la
trama –que se atiene, en todo momento, a la opción más
convencional y explotada en este tipo de argumentos– la tenemos
garantizada y asegurada por esa determinación a la que arriba
hacía alusion. O sea, sorpresas, las justas, y alguna menos.
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En cualquier caso,
"Diarios de la calle" no es una mala película (a mí, al
menos, no me lo ha parecido), y, sin alcanzar niveles de
excelencia, es un producto que se deja ver
agradablemente, de tal manera que sus dos horas de
duración no se llegan a hacer largas en ningún momento. Pero
debe ser aquello que reza el aserto de que “cuanto más viejo,
más pellejo” (y no es que uno peine más canas de las razonables,
pero ya va teniendo una edad....), y, con los años, se
incrementa el nivel de exigencia
–o
de capricho, quién sabe–,
hasta el punto de que uno ya no le aguanta ciertas cosas más que
a algunas vacas sagradas. Y
Richard LaGravenese
–dicho sea con todos mis respetos–
no es Frank Capra, ni Hilary Swank –aunque prefiera sus piernas
y su sonrisa–,
James Stewart. Lo siento...
Calificación:
    
Imágenes
de "Diarios de la calle" -
Copyright © 2007 Paramount Pictures, MTV Films, Jersey Films y Double Feature Films.
Fotos por Jaimie Trueblood. Distribuida en
España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos
reservados.
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