CRÍTICA
por
Javier Quevedo
Puchal
El pastor
descarriado
No es muy corriente que
coincidan en la cartelera durante tres semanas consecutivas
estrenos que toman como base el mundo de la docencia. O, por lo
menos, que lo tomen como base de una forma más o menos
dramática, sin las coartadas cómicas o paródicas del inacabable
–que no imperecedero– cine adolescente. Pero el caso es que
comenzamos el mes con
"Diarios de la calle",
de la que ya nos hicimos eco en su día, proseguimos con
"History boys"
la semana pasada y, en esta ocasión, le toca el turno a “Half
Nelson”. Y parece ser que, de algún modo, semana tras semana, la
visión que se nos ha dado del tema ha ido puliéndose y ganando
en mordiente. Pues si la película de Hilary Swank era, a todas
luces, la aproximación más caligráfica, más afín al cine
comercial de Hollywood, y la respuesta inglesa comenzaba a hacer
uso del aula para hablar de otros temas no estrictamente ligados
a la misma, el estreno de esta semana se revela como el gran
bicho raro, el desmarque total respecto a las otras dos.
Comentábamos ya a cuenta de "Diarios de la calle"
lo difícil que resultaba no caer en estereotipos y
redundancias a la hora de abordar un sub-género como éste, tan
dado al auto-agotamiento y que, de hecho, generalmente ha
tenido que buscar en el cine europeo los soplos de aire fresco
necesarios para avanzar. Por fortuna, y ya
desde los primeros fotogramas, “Half Nelson” renuncia de forma
expresa a los manierismos impuestos por Hollywood y se decanta
por adoptar una voz propia.
Y lo hace mediante una obviedad formal tal vez demasiado
marcada, recurriendo a esa iluminación fría y esa cámara
digital manejada a pulso que, si bien ya nada tienen de
revolucionario a estas alturas, no dejan de ser una
declaración de intenciones bastante gráfica. Pues lo que
Ryan Fleck
y Anna Boden
quieren abordar no es una estilización de unos hechos
determinados, sino más bien lo opuesto, una plasmación
objetiva de los mismos. Algo harto difícil, por cierto, casi
rayano en lo utópico, cuando a lo que se enfrentan es a la
historia de un profesor aparentemente modélico y apasionado
que, irónicamente, en su tiempo libre se avoca a un vacío
existencial de drogas duras y autodestrucción. Pero lo
interesante es que, aunque todo ello queda profusamente
reflejado en pantalla, Fleck y Boden son lo bastante audaces
como para no dejar que sus voces se filtren demasiado. Nunca
hay una ironía pornográficamente exhibida, ni una moral
pulcramente expuesta. Para nada: parafraseando a la Kristin
Scott Thomas de “El paciente inglés”, lo que los directores
parecen pretender es la consecución de un ensayo con muy pocos
adjetivos. La historia se nos cuenta sin caer en aspavientos
ni tremendismos, ni siquiera en sus momentos de mayor
inflexión, con un uso más que moderado del score y,
aunque demostrando una cierta simpatía por sus personajes,
también distanciándose de ellos lo bastante como para no
juzgarlos, ni para bien ni para mal. En ese sentido, podemos
elogiar la voluntad documental de la cinta, a pesar de ese
final supuestamente abierto a la redención y la esperanza que,
aun con todo, y especialmente después de lo visto a lo largo
del film, es probable que los espectadores más escépticos no
se atrevan a tomar como un inequívoco punto sin retorno.
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Finalmente, podríamos decir
que los escollos que ha de sortear “Half Nelson” son dos muy
evidentes y diferenciados: por un lado, lograr convencer al
público de que un joven descreído con serios problemas con la
droga (e incluso consigo mismo y sus ideales frustrados) puede
evitar que éstos interfieran en una vida profesional, por lo
demás, intachable; por otro, hacerles creer que dicho profesor
pueda entablar una extraña historia de amistad con la misma
alumna que le ha pillado en falta. Aun así, la cinta consigue
salvar sendos obstáculos amparándose en los dos únicos elementos
que, en este caso, podrían obrar el milagro de la verosimilitud:
los actores Ryan Gosling
y Shareeka Epps.
El primero, con sus múltiples cambios de registro, que calcula
con una precisión tan matemática como orgánica, da como
resultado un profesor Dunne de acabado tan
perfecto que, por momentos, parece abandonar el terreno de lo
ficticio para entrar en el de lo real.
Y la segunda porque, con su mirada intensa pero cansada, frágil
y fuerte, curiosa y sabia a la vez, hace de su Drey el perfecto
complemento a Dunne, esto es, la oveja potencialmente
descarriada que, por azares de la suerte, acabará convertida en
pastor.
Calificación:
    
Imágenes de "Half Nelson" - Copyright © 2006
Thinkfilm, Hunting Lane Films, Silverwood Films, Original Media y Journeyman Pictures. Distribuida en España por Manga Films. Todos los derechos
reservados.
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