CÓMO SE HIZO "REGRESO AL
INFIERNO"
Notas de producción ©
2006
Filmax
La guerra de Irak ataca también en casa, al menos en "Regreso al
infierno", de Irwin Winkler, la primera gran producción que
explora en regreso a casa de las tropas estadounidenses
destinadas a la guerra de Irak. En este drama bélico conmovedor,
desgarrado y provisto de varias capas argumentales, un grupo de
soldados de la Guardia Nacional regresa a Spokane, Washington,
después de ser víctimas de una emboscada iraquí que cambiará
profundamente cada una de sus vidas. Con toda honestidad,
humanidad y determinación, la película se adentra de lleno en
uno de los temas más vitales y todavía inexplorados de los
norteamericanos: no la guerra en sí, sino las experiencias
personales de los valientes chicos y chicas que luchan en ella.
A pesar del retorno de más de 150.000 veteranos de guerra, sus
historias –tan interesantes como inspiradoras– han permanecido
apartadas de la atención de los medios. Ahora, al estilo de “Los
mejores años de nuestras vidas”, el filme de Winkler rompe con
el tabú y aproxima al espectador a un dramático viaje a las
palabras interiores de cuatro soldados que han pasado por el
campo de batalla, cada uno de ellos enfrentado a una batalla
personal en su intento de reincorporarse realmente a su familia,
amigos y, en definitiva, a la vida que dejaron atrás antes de
que les empujaran a los horrores del combate.
La cinta cuenta con un
completo reparto que incluye al nominado al Oscar® Samuel L
Jackson, la estrella emergente Jessica Biel, la aclamada actriz
de producciones independientes Christina Ricci, el ídolo del rap
Curtis “50 Cent” Jackson, Chad Michael Murray (“One tree hill”)
y el debutante Brian Presley. Es una historia que oscila entre
lo visceral de la acción en Irak y los conflictos de igual peso
emocional que surgen cuando los soldados regresan al frente
doméstico.
El equipo de realización, que
creó tanto las escenas de combate (en Marruecos) como los toques
personales del hogar en Spokane, Washington, incluye entre sus
filas al director de fotografía nominado al Oscar® Tony
Pierce-Roberts (“Una habitación con vistas”, “Regreso a Howard’s
End”), a los diseñadores de producción Jonathan McKinstry
(Marruecos) y Warren Alan Young (Spokane), a la diseñadora de
vestuario Karyn Wagner y al montador Clayton Halsey.
Con toda la polémica que
suscita la guerra iraquí, las crudas experiencias humanas de los
soldados –jóvenes norteamericanos que respondieron a la llamada
y se alistaron voluntarios al servicio militar– casi han quedado
en el olvido. Pero todavía hay quien se desvive por contarlas.
El choque cultural de servir en un país tan opuesto
culturalmente, la naturaleza de enfrentarse a un enemigo
terrorista impredecible, los dilemas éticos de encontrarse
rodeado de la más vulnerable población civil y las traumáticas
heridas que resultan de las bombas improvisadas
–desgraciadamente habituales en Irak–, se han unido para crear
una situación distinta a la de cualquier otra historia de
frentes de guerra norteamericanos.
A partir de sus misiones
militares surrealistas, empujadas por la adrenalina y de extrema
complejidad psicológica, los soldados descubren ahora que
necesitan un intenso proceso de transformación para
reincorporarse a sus vidas de antes. De hecho, la revista Time
publicó recientemente un estudio que revela que uno de cada
cuatro veteranos de la guerra de Irak ha vuelto a los Estados
Unidos con algún problema mental o físico. A su vez, la
naturaleza de la misión en Irak y los estrechos vínculos que se
forman entre los soldados han provocado que los índices de
alistamiento sean de los más elevados. Además, a muchos de los
que ya han estado allí se les obliga a volver. Parece claro,
pues, que en cualquier caso –veteranos tratando de recuperar sus
vidas o que desean volver a la guerra–, existe una verdad
incuestionable detrás de todas estas experiencias: provocan un
profundo cambio en sus vidas.
El brillante director y
productor Irwin Winkler se aproxima a este poderoso e
inexplorado territorio en REGRESO AL INFIERNO, así como a sus
historias vinculadas de los soldados de Spokane. Winkler, cuya
prolífica trayectoria filmográfica como productor ha sido
merecedora de cuatro nominaciones al Oscar® a la mejor película,
y quien recientemente ha dirigido la elogiada “De-Lovely” con
Kevin Kline dando vida a Cole Porter, suele buscar la
inspiración en la actualidad. La idea de REGRESO AL INFIERNO
surgió después de leer un artículo de un periódico acerca de las
experiencias únicas de los veteranos de la guerra de Irak en su
regreso a casa. Rápidamente se dio cuenta de que éste era un
tema que, en gran medida, los medios norteamericanos habían
pasado por alto. Y Winkler se propuso cambiar eso. Aunque las
historias sobre el regreso de tropas del Vietnam no llegaron a
Hollywood hasta mucho después de terminar la guerra y las
controversias de los que allí estuvieron, Winkler sintió que era
el momento de encarar inmediatamente los problemas a que se
enfrentan actualmente los veteranos de la guerra de Irak.
“Sentí que era un asunto
importante que hasta la fecha nadie había dramatizado”, comenta
Winkler. Uno de mis filmes favoritos es el de William Wyler ‘Los
mejores años de nuestras vidas’, sobre la Segunda Guerra
Mundial. Así, de la misma forma, creí que sería una buena idea
crear una historia que explorara en el presente las vidas de
varios soldados de regreso a su hogar”.
Winkler prosigue: “Por
supuesto, la cinta de Wyler transcurre enteramente en el país de
origen, pero yo quise que la película tuviera parte de sus
secuencias en la línea de combate de Irak, a fin de mostrar cómo
son las batallas modernas. Enfoqué el filme de modo que enseñara
lo que sucede cuando tienes a una serie de personas poniendo sus
vidas en un peligro impredecible en una zona de guerra moderna
y, de repente, intentan recuperar su vida normal en casa,
después de que todo lo sucedido les haya cambiado de todas las
formas posibles”.
La idea fue igualmente
atractiva para el socio de producción de Winkler, Rob Cowan,
quien vio una oportunidad de realizar una película de guerra
distinta. “A cualquiera de las que se hayan hecho en los últimos
años. A diferencia de un buen número de filmes bélicos
contemporáneos, especialmente los que tratan la guerra del
Vietnam, quisimos hacer una película muy volcada del lado de los
soldados”, comenta el productor. “Es un largometraje sobre
personas que desempeñan una labor de extrema dificultad; es
apolítico, en el sentido que se limitan a hacer lo que les han
ordenado para defender su país. En cierto modo, los personajes
de nuestra película se convierten en héroes reales al volver a
casa, porque cada uno de ellos realiza un viaje extraordinario
de regreso a la sociedad, después de todo lo que han visto y por
lo que han pasado, personal, física y emocionalmente”.
Una vez comprometido con la
idea, Winkler acudió a Mark Friedman, un escritor con quien ya
había trabajado en una película de próximo estreno, para que
esbozara un guión basado en las experiencias de veteranos
reales.
“Todos sentimos que era una
historia que debía contarse”, recuerda el guionista, “y
estuvimos de acuerdo en que quisimos narrarlo de la forma más
imparcial y abierta posible, abarcando el espectro más amplio
posible en cuanto a diversidad de soldados de guerra que
regresan a casa. Sabíamos que no podíamos centrarnos en la
historia de un solo personaje”. Pero el gran reto de la
producción sería contar las distintas historias de forma
totalmente auténtica –y por este motivo, Friedman realizó una
exhaustiva tarea de investigación en verano de 2004 desde
Baltimore, Maryland, donde daba clases en la Universidad Johns
Hopkins. Comenzó por leer no sólo todos los libros existentes y
artículos publicados sobre soldados estadounidenses en Irak
todos los artículos publicados en revistas que tuvieran relación
con el tema, sino también historias publicadas en periódicos
locales sobre soldados que volvieron a casa, con el objetivo de
obtener la perspectiva más real, desde el corazón de las
personas. Este es el verdadero inicio del núcleo de la
investigación: entrevistar a todos los soldados y veteranos
posibles.
“El ejército fue muy
colaborador y me proporcionó información y datos de los
veteranos que se prestaron a hablar acerca de sus experiencias
de guerra y sobre cómo fue la vuelta a casa”, comenta Friedman.
Por último, Friedman logró hablar con más de 20 soldados de
regreso a casa, de todas las edades, sexos y clases, incluyendo
a unos que volvieron heridos y otros que viajaron a su país
solamente para realistarse y saltar de nuevo a la trinchera. El
guionista apunta que “hablando con los soldados, me di cuenta de
que lo poco que sabía sobre lo duro que es su trabajo y sobre
las sensaciones que experimentan. Me abrió los ojos escuchar sus
experiencias y me propuse incluirlo todo en la historia de la
película”.
Esta investigación íntima y
centrada en los soldados ayudó de forma especial a Friedman a
forjar los cuatro personajes principales: el doctor Will Marsh,
interpretado por Samuel L Jackson; la tenaz y luego mutilada
soldado Vanessa Price, encarnada por Jessica Biel; Jamal Aiken,
el personaje duramente golpeado emocionalmente, interpretado por
Curtis “50 Cent” Jackson; y Tommy Yates, el soldado inmerso en
el dolor representado por Brian Presley. Cada uno de ellos se
enfrenta a unas circunstancias que resultarán familiares para
todos los veteranos de la guerra de Irak.
A lo largo de cada historia,
el guionista enfatiza el carácter desorientado de la repentina
transición de la ferocidad de las escaramuzas iraquíes a las
complejidades de la vida familiar en Estados Unidos. “Cuando te
encuentras en las situaciones de guerra que se producen en Irak,
estás en una gran tensión, como en una constante olla a presión
llena de adrenalina”, afirma. “Y entonces intentas volver a una
existencia ordinaria, banal, y las pequeñas cosas cotidianas que
otros encuentran de lo más normal parecen no tener sentido. Es
este aspecto de reintegración, de ir del fragor de la batalla a
la vida diaria, lo que sienta los cimientos del guión”.
Una vez completado el primer
borrador, Friedman trabajó estrechamente con Winkler para
perfilar la historia y obtener una sólida estructura dramática
que salta de momentos sobrecogedores de batalla a los intentos
de los personajes de hallar la paz con ellos mismos”.
Para Winkler, los saltos
entrelazados entre escenas de guerra y domésticas fueron la
clave para conseguir el estilo de la película –y supusieron un
apasionante reto como director. “A pesar de haber realizado
tantas películas, nunca había hecho ninguna de acción ni con
escenas de combate”, confiesa el cineasta. “Fue una experiencia
fascinante pasar de la música y el baile de ‘De-Lovely’ a las
detalladas escenas de guerra en Irak, donde los coches explotan
y las personas se disparan unos a otros. Encontré que las
secuencias de acción requieren de un gran trabajo de equipo y
que el director se convierte en una especia de general al mando
de todo ese talento reunido. Incluso existió un gran contraste
con las escenas más íntimas de Spokane, que es donde la historia
se orienta hacia las relaciones humanas alteradas por la
guerra”.
En el corazón de REGRESO AL
INFIERNO se encuentran las batallas libradas por sus personajes
principales, tanto en Irak como en su propio interior, en la
búsqueda de sus propios caminos de reincorporación a sus
antiguas vidas tras los rigores del combate. Desde el principio,
Irwin Winkler supo que necesitaría actores que fueran capaces no
sólo de encarnar la dureza y la determinación de los soldados,
sino de ir más allá de la acción para crear retratos
visceralmente reales de hombres y mujeres enfrentándose a las
crisis más duras de sus vidas.
En el papel del médico Will
Marsh, un hombre de familia que trabaja con gran habilidad y
devoción en Irak pero que es incapaz de volver con normalidad a
la relación con su mujer y con su rebelde y antibelicista hijo,
los realizadores creyeron que no había mejor elección que el
nominado al Oscar® Samuel L. Jackson, cuyo trabajo ha pasado por
cintas de culto como “Pulp Fiction” hasta la comedia de acción
“Serpientes en el avión”, pasando por el oscuro drama “Black
Snake Moan”. “Supimos que Sam Jackson podría aportar el aire
emocional que necesitábamos para el personaje”, comenta Winkler.
Al leer el guión, Jackson
sintió inmediatamente que REGRESO AL INFIERNO iba a ser un
proyecto tan importante como oportuno. “En los últimos años he
conocido a muchos soldados que me he encontrado en aviones y
otros lugares, y parece que nadie quiere contarte sus
historias”, cuenta el actor. “Al principio aparecían en todas
las portadas de los periódicos, pero desde entonces se les ha
ido enterrando más y más hondo, y cada vez se habla menos de las
situaciones por las que han pasado. Por eso creo que un filme
como REGRESO AL INFIERNO tendrá una repercusión en el espectador
–porque proporciona un entendimiento mucho mayor de lo que
realmente sucede en la guerra, desde una perspectiva
estrictamente humana”.
A medida que exploraba el
personaje de Will –un proceso que incluyó el aprendizaje de la
historia de los hospitales de campaña–, el actor desarrolló una
intensa empatía por lo que debe pasar un hombre y médico tan
perfeccionista en el intento de reajustarse a la normalidad
después de la lucha constante por salvar vidas que penden de un
hilo. “Will es un curador por naturaleza”, explica Jackson,
“pero tiene muchos problemas con los niños que no consiguió
salvar en Irak y, al regresar a casa, todo ello le atormenta. Se
siente incómodo y se encuentra con que no puede ser la persona
que él quiere después de todo lo que ha visto. La guerra lo
cambia todo, incluso las relaciones. Y cuanto más duro intenta
ser con su familia, más se le escapa la situación”.
Otro gran reto para Jackson
fue la posibilidad de trabajar con Irwin Winkler. “Conociendo la
reputación de Irwin y todas las grandes películas que ha
realizado, fue todo un honor trabajar con él, así como con el
resto del reparto”, afirma.
Jackson estuvo especialmente
impresionado por cómo el guión enlazaba tantas y tan diversas
experiencias de la guerra de Irak sin siquiera entrar en el
pantanoso terreno político. “Creo que es una película
pro-personas y pro-soldados, sobre individuos que han vivido
unas experiencias que les han afectado sobremanera”, comenta.
“Está enfocada a la idea de que no es solamente el caos de la
batalla lo que impacta a los soldados, sino también el
descontrol de la vuelta a casa tras la lucha. Puedes dejar
América con una buena relación y volver con una ruptura, o
puedes dejar América con tu mejor amigo y volver sin él –existen
miles de historias, y en REGRESO AL INFIERNO sólo comenzamos por
contar unas pocas”.
Will recibe la llamada
desesperada de una joven soldado de Spokane cuya vida salvó en
el campo de batalla. Es Vanessa Price, la especialista en
logística cuyo futuro da un vuelco instantáneo por culpa de una
bomba. Su papel lo interpreta la estrella emergente Jessica
Biel. Considerada “La mujer viva más sexy” por Esquire Magazine,
Biel muestra una nueva faceta en REGRESO AL INFIERNO con un
potente retrato de una mujer que en su día fue fuerte y con una
gran autoconfianza, que trata de convivir con una lesión que le
anula la autoestima.
Biel se entusiasmó de tener
la rara oportunidad de dar vida a una soldado devota y llena de
coraje –especialmente porque en Irak, uno de cada siete soldados
es mujer. La guerra de Irak significa también la primera vez que
un importante número de los heridos en combate son mujeres,
muchas de ellas, como Vanessa Price, han sufrido lesiones
traumáticas, incluyendo amputaciones. “Siento que es un honor
para mí tener el papel de un personaje que refleja lo que están
viviendo cientos de personas de mi país, así como poder contar
la historia de una forma fidedigna”, confiesa Biel. “Lo que me
encantó de REGRESO AL INFIERNO fue que los personajes atraviesan
todo el espectro de diversidad. Mi personaje nunca habría vuelto
a Irak, pero el de Tommy sí, y de hecho lo hizo, de modo que el
espectador llega a explorar distintas experiencias, a cuál más
realista”.
De inmediato sintió una gran
afinidad por la lucha de Vanessa. “Durante la lucha en la
guerra, Vanessa es fuerte, segura de sí misma y con el poder del
ejército. Pero todo cambia drásticamente al volver a casa
herida”, observa Biel. “Era una persona muy cercana, que estaba
criando a su hijo y que trabajaba de monitora en un gimnasio.
Pero el accidente la transformó física, mental y emocionalmente.
Siente que no encaja en su ámbito como antes, y que no quiere la
compasión de nadie. Tener que pedir ayuda y sentirse vulnerable
es algo totalmente nuevo para ella. No sabe vivir así, y la
gente la trata de forma distinta, de modo que cambia su nivel de
confianza acerca de quién es ella como mujer”. Además, Vanessa
es del tipo de persona que nunca se rinde, sin importar las
circunstancias. “Finalmente tendrá que hallar la forma de
abrirse de nuevo y volver a ganarse la confianza en ella misma”,
prosigue Biel.
Para entender mejor lo que
cientos de mutilados de la guerra de Irak han tenido que pasar
para recuperarse de las heridas, Biel investigó en el intensivo
proceso de rehabilitación e incluso los procedimientos para
acostumbrarse a los miembros protésicos. Sin embargo, lo que más
le ayudó a hacerse con el personaje fue una conversación
telefónica con una sargento que, como Vanessa, había perdido una
mano en el desierto iraquí. “Aquella mujer era increíblemente
abierta y honesta conmigo sobre cómo se siente uno en esta
situación –y fue lo que más me sirvió para dar credibilidad a mi
papel”, comenta Biel. “Respondió a todas mis preguntas, sin
importar lo embarazosas que pudieran ser. Pero lo más fascinante
fue su actitud positiva, y me dijo que ‘no se trata de lo que
pierdes, sino de lo que dejas’. Aquello me ayudó de verdad a
entender dónde empieza y dónde termina el personaje de Vanessa”.
El resultado fue una
interpretación que dejó a los realizadores boquiabiertos.
“Jessica fue la mayor sorpresa de la película”, afirma Winkler.
“Se volcó tanto en el personaje que bordó el papel”.
Otros tres personajes de
REGRESO AL INFIERNO comienzan como tres amigos íntimos que se
encuentran en la zona de combate iraquí, que se verán separados
por la tragedia y por las dificultades de su vuelta a casa:
Jordan Owens, Tommy Yates y Jamal Aiken, interpretados por tres
caras nuevas para la gran pantalla: el televisivo Chad Michael
Murray, el descubrimiento Brian Presley y la estrella del rap 50
Cent, en su segunda película, después de la semi-autobiográfica
“Get rich or die tryin’”.
Murray, más conocido por su
papel de Lucas en la serie “One Tree Hill”, se sintió
intantáneamente atraído por la personalidad de su personaje.
“Jordan es un espíritu libre y con gran energía a quien le gusta
jugar con fuego y enredar al personal, incluso en Iraq, pero
quien a la vez haría lo que fuera por sus hermanos de armas”,
dice Murray.
Una vez en el decorado de
Marruecos, donde sus compañeros de reparto y él pasaron por un
breve entrenamiento en combate real, Murray adquirió una
perspectiva totalmente nueva de las cosas. “Pasando primero por
nuestro propio campamento y después rodando las escenas de
guerra te das cuenta de lo duro, durísimo que debe ser para los
jóvenes que van a la guerra”, admite. “Otra cosa que descubrimos
fue la camaradería que surge con ello. Los tres desarrollamos un
vínculo extraordinariamente estrecho de compañerismo que creo
que queda claro que éstos no son soldados anónimos que luchan en
una guerra, sino seres humanos reales que se preocupan realmente
por la vida de cada uno de ellos”.
El director Irwin Winkler
ayudó a sellar esta unión. “Esta película ha sido una
experiencia fenomenal para mí gracias a Irwin”, añade Murray.
“Él consigue sacar la humanidad de cada personaje y, con lo que
se preocupa por ti, lo único que quieres es dar lo máximo para
ayudarle a conseguir la mejor toma”.
Cuando Jordan cae en combate
inesperadamente, será su mejor amigo Tommy quien tendrá que
cargar con su propia pesadilla emocional. Para interpretar a
Tommy, los realizadores fueron en busca de una cara
completamente nueva, alguien joven y preparado que fuera capaz
de romper moldes. Fue durante unos castings abiertos para el
papel que los cineastas encontraron a Brian Presley. “Vi a
muchos actores aspirantes al papel de Tommy, pero Brian fue, con
diferencia, el más interesante de todos”, afirma Irwin Winkler.
“Queríamos a alguien que encajara en una situación de la vida
real, y Brian nos demostró que tenía esta característica, además
de las cualidades para convertirse en una gran estrella del
celuloide. Hizo maravillas con su papel”.
Presley se emocionó con el
guión. “No es una historia de tendencia política. Es una
historia humana”, señala. “Creo que mucha gente diferente se
sentirá identificada porque alcanza a todas las voces que se
encuentran detrás de las escenas de una guerra: los soldados,
sus esposas, los niños, las familias y los amigos. Para cada uno
de ellos, el retorno a casa del soldado presenta una cuestión
acerca del camino que hay que tomar a continuación”.
Tommy no tiene nada claro el
camino que debe tomar en su vuelta a EEUU, pues todavía conserva
el trauma de lo que pasó en Al Hayy. Incluso en su empeño por
encontrar trabajo, el futuro sigue sin tener sentido para él.
Finalmente, toma una dura decisión, una decisión que dividirá a
su familia y amigos: se realistará para volver a Irak, como ya
han hecho numerosos veteranos de guerra en la vida real.
Al igual que sus compañeros
de elenco, Presley se entrevistó con un buen número de soldados,
incluyendo algunos que también se habían reincorporado a filas
tras una primera misión. De este modo, el actor entendió mucho
mejor la decisión de su personaje. “Cuando pregunté a los
soldados sobre sus puntos de vista políticos, la mayoría me
miraron a los ojos y me dijeron: ‘nosotros no nos metemos en la
política de la guerra. Nos hemos alistado para servir a nuestro
país y para ayudar a los que sirven a nuestro lado’”, explica
Presley. “También me hablaron de la vuelta a casa, y de cómo
comienzas a pensar en las tropas que se han quedado en Irak, y
de las ganas que tienes de volver a la trinchera porque tienes
la sensación que les estás dejando tirados. Tenían la sensación
real de que su día a día en la guerra era muy importante y de
que cuando llegaran a casa se iban a quedar impotentes de brazos
cruzados”.
Este es justamente el caso de
Tommy. “La vuelta a casa de Tommy es realmente interesante
porque mantenía una increíble camaradería y amistad con sus
compañeros de guerra, y tenía una especie de papel de líder con
ellos. Ahora vuelve a casa y se pone a trabajar en una sala de
cine”, apunta Presley. “No deja de buscar su sitio y termina por
darse cuenta que su lugar está en el ejército. Para él es como
encontrar aquello de lo que estar orgulloso, lo que merece la
pena”.
Completa la lista de
personajes principales Jamal Aiken, un papel que se expandió
significativamente en aras de la potente interpretación de
Curtis Jackson, la joven estrella cinematográfica más conocida
por su faceta de rapero bajo el apodo de 50 Cent. Los
realizadores descubrieron poco a poco el nivel de su talento.
“Al principio no conocíamos nada acerca de Curtis Jackson, y no
sabíamos hasta dónde podría llegar”, admite Rob Cowan, el
productor. “Pero nos quedamos francamente impresionados con él
hasta el punto de hinchar su participación en el filme en más de
una ocasión”.
Jackson encarna a un
personaje que está atrapado por aquel momento puntual en Al
Hayy, una secuencia fugaz que dejó a una mujer iraquí muerta, un
momento que no puede borrar de su mente ni siquiera volviendo a
su vida cotidiana en Spokane. Jackson se sintió inicialmente
atraído por la acción y la adrenalina que desprende el guión
durante las secuencias de combate, pero fueron las escenas
emocionales posteriores lo que sacaron a relucir el alma de su
personaje. “Jamal asesinó a una mujer que probablemente le
habría matado a él. Estuvo justificado, pero una experiencia así
te cambia de por vida”, afirma el actor, quien se ha criado toda
su vida en un entorno de violencia callejera en EEUU. “No sé si
lo que él siente podría llamarse culpabilidad. La cuestión es
que no puede escapar de ello y está comenzando a volverse loco”.
Aunque REGRESO AL INFIERNO es
solamente la segunda película de Jackson, también fue la
experiencia de su vida. “Pasé de trabajar con Jim Sheridan en
‘Get Rich or Die Tryin’’ a trabajar con Irwin Winkler, así que
ya he tenido el privilegio de estar a las órdenes de dos grandes
directores”, admite. “Y cuando te rodeas de gente de talento,
sin querer vas adquiriendo un nivel superior, así que puedo
considerar que éste es un gran proyecto en este sentido”.
Después de todo, él mismo ha
bebido de la calle y de los escenarios. Jackson admite que antes
de entrar en plató como Jamal Aiken siente una cierta ansiedad.
“Pero creo que si no te pones nervioso es que en realidad no te
importa el papel”, añade.
También forman parte del
reparto de REGRESO AL INFIERNO Victoria Rowes y Sam Jones III,
quienes interpretan a la mujer y al hijo de Samuel L Jackson
–que esperan su regreso sin saber que acabará desmontando la
familia. Rowell, nominada al Emmy, está muy contenta de de ver
que los familiares de soldados de vuelta a casa, cuyas luchas
privadas son raramente aireadas, le dan tanta importancia a la
historia del filme. “Mi personaje, Penelope Marsh, representa a
todos los esfuerzos y a todo el coraje de las esposas y madres
que hacen de tripas corazón e intentan mantener a sus familias
en ausencia de los maridos”, afirma. “Es importante darse cuenta
de que cuando las parejas vuelven a unirse, a menudo tienen que
redefinir completamente sus vidas, y esto no es nada grato”.
La tensión entre Will Marsh y
su esposa no hace más que intensificarse, en tanto que su
rebelde hijo le desespera con su radical postura antibelicista.
Para el papel de Bill Marsh, los realizadores contaron con otra
cara nueva: Sam Jones III, hijo del legendario exjugador de los
Boston Celtics Sam Jones II, y más conocido por su papel en la
serie de televisión “Smallville”. Jones se sintió atraído por el
papel porque parecía que iba más allá de la política para
centrarse en las complejidades de la dinámica familiar. “Billy
ya era pacifista, pero creo que también está resentido con la
guerra por haberle separado de su padre”, explica.
Resumiendo un sentimiento que
parece compartido por sus compañeros de reparto, añade: “Y esto
es lo que esta cinta tiene de bueno. No versa tanto sobre la
guerra, sino que se orienta en los profundos efectos que tienen
los conflictos bélicos sobre todo el mundo: los soldados, sus
familias y todos los que permanecen en el lugar de origen.
Realmente muestra que no existen las respuestas sencillas para
nadie”.
El diseño visual de REGRESO
AL INFIERNO posee una tensión única estilo yin-yang que conduce
el núcleo emocional de la película –oscilando entre las
calientes y áridas secuencias de acción rodadas en Marruecos
(simulando Irak) y las frías, verdes y conmovedoras imágenes del
típico pueblecito americano de Spokane. Sin embargo, hay un
concepto que subyace a toda la producción: se mantiene real al
100% en todo momento.
Para subrayar firmemente la
transición por la que pasan los soldados en el viaje de retorno
al frente doméstico, Irwin Winkler supo que primero tendría que
capturar la anatomía única de la guerra iraquí, con sus
escalofriantes y despiadados tiroteos casa por casa, de una
forma directa y auténtica. Así pues, todo el equipo viajó hasta
el Reino de Marruecos, un rico y bello país norteafricano que
también sirvió de escenario de guerra (simulando ser Somalia) en
“Black Hawk derribado”, de Ridley Scott. En la ciudad de
Ouarzazate, en un extremo del desierto del Sahara, el paisaje
desértico y los pueblecitos tradicionales proporcionaron el
símil ideal de las pequeñas localidades de las afueras de
Bagdad, donde se libran la mayor parte de batallas de la guerra
de Irak. Cerca de allí, en Tabount (un remoto pueblo que también
aparece en la película “Babel”), Winkler elaboró un mapa de
acción segundo a segundo de la misión final de la unidad en Al
Hayy, cuando el camión que conduce Jessica Biel se aproxima al
lugar de la emboscada mortal.
Para filmar estas escenas tan
viscerales, Winkler seleccionó como director de fotografía a uno
de los más reputados nombres de la actualidad: Tony
Pierce-Roberts, quien lleva ya dos nominaciones al Oscar® por
sus trabajos en “Una habitación con vistas” y “Regreso a
Howard’s End”, de Merchant-Ivory. Previamente había colaborado
con Winkler en “De-Lovely”, un trabajo estilísticamente opuesto.
Dado que el equipo de producción iba a trabajar a destajo para
no salirse del limitado presupuesto, el productor Rob Cowan
sugirió sacar el máximo partido a la fotografía utilizando
exclusivamente cámaras Viper de vídeo de alta definición para
rodar todo el filme. “Ya había hecho dos películas con Charles
Winkler, el hijo de Irwin, y vi que el estilo de movimientos
rápidos y versatilidad encajarían bien en esta producción”,
comenta Cowan. “Tony Pierce-Roberts nunca había filmado con
cámaras Viper, pero se rindió a la evidencia durante el rodaje”.
En Marruecos, Pierce-Roberts
llevó las cámaras hasta unos extremos que nunca estos aparatos
habían llegado. Las montó en helicópteros para tomar vistas
aéreas y realizó montajes con múltiples cámaras para utilizar
cuatro o cinco de ellas simultáneamente, a menudo en ambientes
de lucha llenos de polvo y humo. Trabajando estrechamente con
Winkler, el verdadero énfasis se puso en la espontaneidad y en
la autenticidad. “Confeccionamos un storyboard muy detallado de
toda la película, pero al empezar a rodar, nos dimos cuenta que
no nos servían de mucho”, comenta Pierce-Roberts. “Creo mucho en
la serendipia. Está muy bien coreografiar cada detalle, pero
cuando los actores se sueltan, normalmente acaban haciendo algo
mucho más interesante que lo que se había pensado. Hay que estar
abierto a estas situaciones”.
Pero si Pierce-Roberts
intentó alimentarse del caos de las escenas de batalla, también
agradeció tener un trasfondo artístico totalmente previsible.
“Una de las mejores cosas que tiene Marruecos es que dispones de
una luz muy consistente desde el primer minuto. Esto nos
permitió capturar el humo y la suciedad de los combates con un
gran realismo”, afirma.
Al llegar a la localidad de
Tabount, el equipo técnico y artístico tuvo que ser respetuoso
con el hecho de que su “decorado” era también el hogar de muchos
lugareños. Todos estaban impresionados con el entusiasta apoyo
que brindaban los marroquíes. “Toda la gente con la que
trabajamos en Marruecos fue muy amistosa y cooperadora”, añade
Winkler. “Pudimos apropiarnos de calles y edificios enteros a la
vez durante varios días”.
El gobierno alauí ofreció un
respaldo adicional a los realizadores y proporcionó auténticos
camiones, combustible y armas, tráileres militares y
helicópteros. Todos ellos resultaron vitales para recrear la
batalla espontánea de Al Hayy. Entonces fue tarea del diseñador
de producción establecido en Marruecos, Jonathan McKinstry,
quien ya había trabajado en Ouarzazate de director artístico en
“Alejandro Magno”, de Oliver Stone, transformar la localidad de
Tabount en un pueblo típico iraquí. “Todos los edificios de
Marruecos tienen una especie de tono rosado que no se usa en
Irak, así que tuvimos mucho trabajo en repintar casas”, explica.
McKinstry se aventajó también del boom inmobiliario de Tabount,
y utilizó edificios a medio construir para recrear algunas de
las ruinas de los bombardeos de Al Hayy.
El diseñador de la producción
también trabajó duramente en la simulación de la vestimenta
típica de combate, los campamentos, las redes de camuflaje, la
munición y el ambiente general que se vive en las tropas de la
Guardia Nacional asentadas en Irak.
Como asistente de la
producción se contó con el asesor militar Patrick O’Driscoll, un
hombre que había servido en Irak y en el 69º Regimiento de
Infantería de Nueva York. O’Driscoll no sólo garantizó que la
historia igualaba a la realidad de las operaciones militares en
Irak, sino que también dirigió el campo de entrenamiento de los
actores que se montó antes de iniciar la producción,
enseñándoles las prácticas de salvamento de soldados reales y
forjando la camaradería que surge de forma natural en las
situaciones de guerra.
En algunos momentos, las
cosas fueron ligeramente demasiado reales en Marruecos. Después
de que el departamento artístico hubiera pintado la pared de un
callejón con la conocida imagen desafiante de Sadam Hussein
sosteniendo un rifle, unos vecinos del pueblo arruinaron la
pintura tras apedrear intensamente la pared apuntando a la cara
del dictador. Justo cuando el equipo se disponía a restaurar la
imagen, Winkler sugirió que se dejara tal cual, ya que recreaba
con aún más fidelidad el ambiente que se vivía en la guerra de
Irak.
Para los actores, el realismo
de encontrarse en Marruecos y de los diseños de McKinstry no
hizo más que añadirse a sus interpretaciones de soldados cazados
en aquella melé de insurgentes y bombas. Para Jessica Biel, “las
escenas de combate parecían de lo más real, entre tanto calor,
viento y polvo. Marruecos es un país precioso, pero las áreas
donde rodamos también ayudaron a veces a sentirnos como si
realmente estuviéramos en la guerra de Irak”.
Después de filmar en
Marruecos, la producción se trasladó, como los personajes de la
película, a los climas mucho más verdes y tranquilos de Spokane,
al noroeste de la costa del Pacífico. Se eligió aquella ciudad
por sus marcados contrastes con el calor y la violencia de los
desiertos de Irak. “Spokane tiene esos grandes y altos árboles,
y grandes parajes de verdor, lo cual es la antítesis perfecta de
lo que los soldados acababan de experimentar en Irak”, observa
Rob Cowan. “Además, en aquella ciudad también se respira el
ambiente de la América de clase media, una comunidad tradicional
en la que los soldados deben buscarse la vida para
reincorporarse”.
Entre las localizaciones
utilizadas en Spokane se encuentra el aeropuerto internacional,
el Deaconess Hospital, edificios residenciales, un gran
instituto de bachillerato y el popular Regal Cinema del Valley
Mall (un centro comercial), donde el soldado Tommy Yates
encuentra su trabajo. Una de las secuencias más intensas de la
película, y que es un reflejo de la tensión del combate, se fimó
en el centro de Spokane en la última noche de rodaje. Allí, en
una pequeña cafetería de la cadena Dutch Bros., Jamal Aiken,
interpretado por Curtis “50 Cent” Jackson, sucumbe a la
desesperación y toma a unos clientes como rehenes.
Aunque rodar en Spokane fue
más sencillo a nivel logístico que en Marruecos, también fue
allí donde todas las emociones de los personajes alcanzaron el
clímax, lo que completa el círculo del filme, desde la exigencia
más física hasta el gran reto psicológico. Esta trayectoria,
según Winkler, refleja lo que muchos veteranos han vivido en
primera persona durante el largo viaje del campo de batalla a la
reincorporación en la sociedad.
“Este es el primer
largometraje de ficción que se realiza sobre los soldados de la
guerra de Irak en su regreso a casa”, resume Winkler, “y espero
que muestre con toda fidelidad algunos de los efectos más
personales de la guerra”.
Imágenes y notas
de cómo se hizo "Regreso al infierno" - Copyright © 2006
Metro-Goldwyn-Mayer y Millennium Films. Distribuida en España
por Filmax. Todos los derechos
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