CRÍTICA
por
Albert Meroño
Peñuela
Como un perro fisgón, el
cineasta mete el hocico en todo asunto de interés general en el
que encuentre también un interés personal. Moldear una obra para
que exprese con brillantez una opinión o una crítica acerca de
sucesos del mundo real, no entraña sólo la dificultad de enfocar
un punto de vista u otro (o ambos) del debate, sino que, además,
el resultado sea cinematográficamente válido. En resumidas
cuentas, que no se trate de una filmación de la conversación que
podríamos tener entre cuatro amigos cualesquiera en la cafetería
con música emotiva de fondo.
Voy a
tomarme el lujo de invocar al gran Stanley Kubrick para
situarme en las antípodas de la visión chapucera en torno al
tema de la guerra. Bien como el cómico que jamás se cansa de
lanzar dardos envenenados (“¿Teléfono rojo?, volamos hacia
Moscú”, 1964), bien como el casi documentalista de batalla
(segundo segmento de “La chaqueta metálica”, 1987), Kubrick
demostró que es posible elegir personajes, lugares e incluso
hechos históricos reales para escribir un mensaje de validez
universal, de carácter simplista y sin alinearse con nadie más
que consigo mismo: no hay mayor sinsentido que un humano
disparándole a otro (recuerden el rostro de la vietnamita
agonizante en el bloque de edificios deshabitado).
Visto
así, y cambiando Vietnam por el nuevo Iraq,
“Regreso al infierno” (Irwin Winkler,
2006) no es más que una especie de analgésico efervescente para
que las familias de los soldados estadounidenses destinados a
las tierras de la antigua Persia se sientan reconfortadas por el
abrazo de Hollywood,
que obviamente mima a sus niños perdidos y olvida a los sesenta
mil civiles iraquíes que han muerto desde el inicio de las
operaciones militares.
Sin
embargo, el parcialismo de Winkler y de su guionista,
Mark Friedman,
delatan sin quererlo ciertas características muy interesantes,
no del conflicto en sí, sino de la naturaleza de los miembros
del cuerpo de marines: jóvenes absurdos, ignorantes,
prepotentes, prejuiciosos y que naturalmente no sabían lo que
hacían cuando se alistaron. Esta imagen se aleja de la visión
victimista de Kubrick con los soldados, que actúan como
espectadores del horror; los del presente largometraje, en
cambio, son los protagonistas que reivindican esa frase de
Maquiavelo sacada de contexto, “la guerra comienza cuando tú
quieres, pero no termina donde tú quieres”, y que viene a
resumir el trasfondo sentimentalista del film en que se resalta
la batalla que aguarda al regresar a casa, al “hogar de los
valientes” como reza el título original. Al final resulta que
todo queda en la manida historia de los veteranos de guerra, tan
atormentados por los acontecimientos que no pueden dormir.
Aparcando este guión, que se
cierra en sí mismo hasta alcanzar una pretenciosidad osada y
surrealista, propia de octavillas de la Segunda Guerra Mundial,
la escenografía se queda en el intento de tocar el corazón del
espectador con métodos facilones:
la soldado mutilada, el médico perturbado y el combatiente que
pierde a su mejor amigo, se pasean tristemente por las calles de
las urbes, inadaptados a la vieja vida trivial e intentando
contagiar esa extraña sensación a la que se hace alusión con
insistencia pero que nadie consigue definir de forma
satisfactoria (ni siquiera la decente actuación de
Samuel L. Jackson
y Jessica Biel).
De ella sólo se trazan vagas pinceladas, sobrecargando los
planos con cuerdas de fondo que llegan a empachar y de
reiterativos flashbacks que repiten escenas previas con
una luminiscencia sobrenatural, añadida quién sabe si para
difuminar el recuerdo o hacerlo más perturbador.
Partiendo de una base de la que sólo pueden sacar provecho un
conjunto muy restringido de espectadores, el más optimista sólo
podría elogiar dos cosas: la primera, el número de veces que se
menciona la palabra “gracias”; y la segunda, la asombrosa
conclusión, totalmente fuera de control del director, de que la
cura para el mal del veterano de guerra no es regresar a ella,
como Winkler pretende inyectarle por intravenosa al público,
sino eliminando el “militar” de la lista de oficios que el
Estado ofrece al país. Los argumentos de los defensores de la
violencia siguen causándome estupor, por lo menos en este
conflicto; así que si quieren una verdadera aproximación al
sufrimiento derivado de las armas, complazcan a los reporteros
de guerra que arriesgan sus vidas para poner la crudeza en sus
televisores y atiendan a documentales serios. También ustedes se
sentirán así víctimas.
Calificación:
    
Imágenes de "Regreso al infierno" - Copyright © 2006
Metro-Goldwyn-Mayer y Millennium Films. Distribuida en España
por Filmax. Todos los derechos
reservados.
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