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Dirección: Clint Eastwood.
País: USA.
Año:
2006.
Duración:
140 min.
Género:
Drama bélico.
Interpretación: Ken Watanabe (general
Tadamichi Kuribayashi), Kazunari Ninomiya (Saigo), Tsuyoshi
Ihara (barón Nishi), Ryo Kase (Shimizu), Shidou Nakamura (teniente Ito),
Nae (Hanako), Hiroshi Watanabe (teniente Fujita), Takumi Bando
(capitán Tanida), Yuki Matsuzaki (Nozaki).
Guión: Iris Yamashita y Paul
Haggis; basado en el libro "Picture letters from commander in
chief" de Tadamichi Kuribayashi.
Producción: Clint Eastwood, Steven
Spielberg y Robert Lorenz.
Música:
Kyle
Eastwood y Michael
Stevens.
Fotografía: Tom Stern.
Montaje: Joel Cox y Gary D.
Roach.
Diseño de producción: Henry Bumstead y James
J. Murakami.
Vestuario: Deborah Hopper.
Estreno en USA: 12 Enero 2007.
Estreno en España: 16 Febrero 2007. |
CRÍTICA
por
Miguel Á. Delgado
Curiosamente, el visionado de
“Cartas desde Iwo Jima” permite entender por qué
"Banderas de nuestros padres",
su anterior entrega sobre la gran batalla de la Segunda Guerra
Mundial, no acababa de funcionar: porque había demasiadas cosas
ajenas, en el fondo, al cine de
Clint Eastwood.
Y quizá haya sido la necesidad de rodar con un presupuesto más
ajustado (lo que le ha obligado a focalizar aún más la película
en los personajes) y, ¿por qué no?, que el guión parece haber
sido más responsabilidad de
Iris Yamashita
que de Paul Haggis
(quien le dio a cinta anterior una estructura confusa y con los
excesivos subrayados marca de la casa), lo que le ha permitido
hacer lo que mejor sabe. Y de qué manera.
Clásica hasta la médula, en ella Eastwood
vuelve a mostrar sus mejores cartas: no es ningún cineasta
innovador, sino uno de los que mejor entienden los mecanismos
del cine de los viejos maestros para construir una épica a
escala humana, que
cada vez se semeja más a la de los personajes que poblaban las
películas fordianas. Por eso, de lo que nos habla
“Cartas desde Iwo Jima” es de la historia de un grupo de
soldados japoneses que enfrentan la muerte en una batalla que,
en el fondo, todos saben desde el principio que están
destinados a perder (la flota nipona acaba de ser hundida en
la batalla de las Marianas, y los escasos aviones disponibles
han sido destinados a proteger Tokio), pero que debe ser
defendida hasta el último hombre para que el enemigo sufra las
mayores bajas posibles y así retrasar la invasión de su país.
Y si hay
algo ominoso desde el principio, es el hecho de que la
estrategia del general Kuribayashi (no hay palabras para definir
la soberbia interpretación de
Ken Watanabe,
la mayor injusticia de los anecdóticos Oscar ®
por su ausencia en las nominaciones a mejor actor) es que esa
defensa transcurra en túneles y cuevas que les vuelvan
invisibles a los americanos. El partido que saca Eastwood a un
escenario claustrofóbico (si es ya de por sí horroroso ser
masacrado a campo abierto, como les sucedía a los marines que
desembarcaban en la playa, ¿cómo puede calificarse el ser cazado
por un lanzallamas o una granada cuando estás encerrado y
prácticamente no sabes lo que está pasando de verdad afuera, con
las cadenas de mando totalmente rotas?) le
permite mostrar su visión sobre el sinsentido, el absurdo y la
manipulación de la palabra “patria”:
si los soldados norteamericanos eran convertidos en atracciones
de feria en
"Banderas de nuestros padres",
los nipones son llamados a un absurdo suicidio con granadas sólo
por haber cometido el deshonor de fracasar en la defensa de su
sector, privando al general de unos hombres vitales para
recomponer un frente que podría haber aguantado mucho más
tiempo.
Hay muchas cosas
extraordinarias en “Cartas desde Iwo Jima”, como el hecho de que
el republicano Eastwood se permita una escena que muestre a las
claras la crueldad innecesaria, producto de la deshumanización
de la guerra, a la que son capaces de llegar los asustados
soldados norteamericanos. O el uso de la muerte absurda de dos
hermosos animales (un perro y un caballo) como muestra de la
acción de una espiral en la que es imposible la inocencia…
aunque sea ésta, paradójicamente, la que termina revelándose
como la única vía posible para escapar del aniquilamiento.
Al final, esa lluvia de
cartas y de voces anónimas cierra el círculo iniciado por una
foto, la de la enseña norteamericana ondeando en el monte
Suribachi: aquélla fue más una manipulación interpuesta por los
que mandaban en la guerra para recaudar fondos inventando a unos
héroes que en realidad no se consideraban como tales; mientras
que las cartas de los soldados japoneses, la verdadera voz de la
carne de cañón que iba a ser sacrificada, nunca llegarán a
quienes iban destinadas por la acción de la censura de otros que
también velaban por que no decayese la moral, y yacerán
enterradas en las cuevas que les vieron morir, muchos de ellos
de forma estúpida.
Sólo
algún ocasional exceso sentimental impide que esta película sea
una obra maestra. Pero es grande, muy grande, y en el fondo nos
habla de nosotros mismos: justo la especialidad de ese genio que
se llama Clint Eastwood.
Calificación:
    
Imágenes
de "Cartas desde Iwo Jima" - Copyright © 2006 Warner
Bros. Pictures, DreamWorks Pictures, Malpaso y Amblin
Entertainment. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures
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