CRÍTICA
por
Leandro Marques
Lo que
había detrás de esos hombres invisbles
Hacer una película de guerra
para demostrar su absoluta falta de sentido acarrea dos
problemas esenciales, cinematográficamente hablando. El primero
tiene que ver con la carencia de originalidad y sorpresa: ya hay
mucho trabajo realizado sobre este asunto. El segundo, más
indirecto, tiene que ver con un estado actual del mundo, porque
evidentemente no bastan los numerosos llamados y campañas en
contra de las guerras para que éstas dejen de existir como una
alternativa posible de resolución de un conflicto entre países,
civilizaciones, seres humanos. El hombre evidentemente no
aprende y una película, una sola mirada, no es herramienta
suficiente. Probablemente esto haya influido en
Clint Eastwood
a la hora de decidirse a realizar dos largometrajes y dos
miradas sobre una misma guerra, la Segunda Guerra Mundial, y
sobre una misma batalla, la de Iwo Jima, entre tropas de Japón y
de Estados Unidos, que fue casi determinante en el desenlance de
aquella contienda bélica.
Apenas
registrados a través de una cámara ubicada detrás de un cañón,
o con la no imagen de un rostro oculto tras una ametralladora.
Invisibles, silenciosos, desconocidos. Camuflados entre los
arbustos. Casi imposibles de detectar. Así se muestra a los
soldados enemigos de Estados Unidos en la mayoría de las
películas norteamericanas del género y también en
"Banderas de nuestros padres",
el primero de los dos largometrajes, estrenado ya hace unas
semanas, en el que Eastwood pone la cámara desde la mirada
estadounidense de la batalla. De aquel trabajo se destacaba su
enfoque en la hipocresía política, en la construcción de una
farsa para el público. Básicamente se refería a cómo la labor
de manipulación de una imagen, en este caso de una fotografía
publicada en los medios, puede servir para inventar héroes y
hacer creer en los conceptos de “patria" y "victoria” a toda
una población necesitada de ánimos y explicaciones. Por otra
parte, la película exploraba la lucha psicológica de los
soldados norteamericanos, primero por justificar su lugar en
la guerra, luego por escaparse del estigma de "héroes" que se
les quiere imponer a toda costa. De todos modos, pese a estar
muy bien contada y filmada, la cinta era una correcta película
de guerra pero no hacía más que dar vueltas por pensamientos
no muy originales para el género.
"Cartas
desde Iwo Jima", segunda parte del díptico, podría compararse
con la cara B de un disco de alguna banda de rock. Casi
siempre una cara B resulta ser un trabajo más experimental, más
amigo de los detalles, más personal. En este
film, que podría ubicarse como complemento del primero, Eastwood
construye una atmósfera más íntima y se propone explorar de
cerca “lo humano” de una guerra.
Lo primero que hace, entonces,
es volver visibles y reconocibles a los soldados de las tropas
japonesas. Se posa en sus ojos para vivir el mismo hecho que
relata en
"Banderas de nuestros padres".
En este despliegue, confirma su progreso continuo en su rol de
realizador, porque si bien la cinta cuenta con rasgos que ya le
son distintivos, como su altísima preocupación por la estética
de sus filmes y un meticuloso interés por la elaboración del
relato, en esta segunda parte también se percibe una
sensibilidad diferente para adentrarse en el universo que la
industria cinematográfica occidental, históricamente, construyó
como el del "otro". La excelente adaptación que hicieron
Iris Yamashita
y Paul Haggis
del libro "Picture letters from commander in chief", de
Tadamichi Kuribayashi,
contribuyó para que el realizador pueda retratar con elegancia y
profundidad a hombres con códigos diferentes pero con los mismos
miedos y sentimientos que aquellos que forman parte del
"nosotros" norteamericano occidental.
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Dentro del contexto de la
interminable batalla, se propone un relato atravesado por la
óptica de varios personajes, todos integrantes de distintas
posiciones del ejército nipón –desde un general hasta un soldado
raso–. Con reducidos flashbacks a sus vidas personales
previas a la guerra, el director aporta la información necesaria
para que el espectador entienda y pueda identificarse con los
comportamientos y valores de cada uno. Pero la trama va más allá
de cada historia individual, las trasciende; cada una de ellas
se funde con la otra, formando un todo armónico. En medio del
feroz bombardeo que sufre la isla, entre tiroteos, muerte,
mutilación y sangre, la narración avanza con fluidez, cautiva
desde lo visual y, sin tomar explícitamente partido por un bando
u otro, sin concebir buenos y malos, enseña cuánto dolor,
cuántos miedos y cuánta entereza es capaz de albergarse dentro
de un hombre en una situación tan extrema como la de su
enfrentamiento con la muerte.
A diferencia de la
primera parte, que enfatiza en la imperiosa necesidad de
inventar héroes para la masa, "Cartas desde Iwo Jima" pone el
acento en el costado más íntimo del hombre y deja ver, desde sus
miedos más profundos y sus códigos más incomprensibles, al honor
que cada uno puede cultivar por sí mismo, no para los demás. En
este sentido, este film retoma y hace efectiva
la idea de que no existen héroes sino sólo hombres luchando por
sobrevivir junto a sus principios.
Como en el otro largometraje, Eastwood diseña una fabulosa
composición de planos, tonos, colores y fotografía que acompañan
con belleza un recorrido de imágenes que principalmente cuentan
el terror, el absurdo y la muerte. Pero supera al primer film
porque nunca cae en prédicas morales ni golpes bajos
innecesarios, que si bien no abundan ni mucho menos en
"Banderas de nuestros padres",
parecieran allí estar más cerca de la superficie. En definitiva,
la trama se desarrolla sin fisuras, avanza con pie firme en cada
secuencia y se termina convirtiendo en una obra para disfrutar
sin desperdicio. Más allá de que el mundo siga igual, que los
que deciden sigan priorizando otros intereses, y que las guerras
continúen dejando senderos de muertos, Eastwood hizo su aporte.
En lo que hace al aspecto meramente cinematográfico, "Cartas
desde Iwo Jima", puede decirse, es el mejor exponente de su
evolución como cineasta.
Calificación:
    
Imágenes
de "Cartas desde Iwo Jima" - Copyright © 2006 Warner
Bros. Pictures, DreamWorks Pictures, Malpaso y Amblin
Entertainment. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures
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