CÓMO SE HIZO "NOCHE EN EL
MUSEO"
Notas de producción ©
2006
Hispano Foxfilm
2. El reparto
Desde el mismo principio, los realizadores sabían que Ben
Stiller tenía que interpretar el papel protagonista del
desafortunado, aunque heroico al fin de la jornada, nuevo guarda
nocturno Larry Daley. No sólo es Stiller una de las estrellas
cómicas más populares de la actualidad, sino que en películas
que van desde Algo pasa con Mary a Los padres de ella, Stiller
se ha ganado justa reputación por encarnar a personajes que se
enfrentan a circunstancias que les son rematadamente hostiles.
Su habilidad para personificar tanto el humor como la angustia
del hombre normal por excelencia que tiene que romper moldes,
hacían que encajara perfectamente en el de Larry Daley. “Larry
es un tipo que nunca hizo las cosas como Dios manda, al que una
y otra vez se le ocurren ideas para hacerse de oro de la noche a
la mañana pero que nunca funcionan,” explica Stiller. “También
está preocupado por la posibilidad de perder toda relación con
su hijo ya que su esposa está a punto de casarse otra vez. Todo
parece estar madurando y ahora, justo antes de la Navidad, tiene
que intentar hallar un trabajo. Naturalmente, sólo hay un empleo
que este libre: guarda nocturno en el Museo de Historia Natural.
Él cree que va a ser el peor puesto pero resulta lo más
increíble que jamás le haya sucedido”.
Desde el mismo momento en que
hubo leído el guión, Stiller supo que quería formar parte de la
gran aventura de Larry. “Simplemente me encantaban las ideas en
que se basaba”, afirma. “Yo me crié a unas cinco manzanas del
Museo de Historia Natural y, siendo niño, me parecía
verdaderamente rodeado de un halo mágico. No se compone sólo de
pinturas colgadas en las paredes sino que es allí donde pueden
admirarse las cosas más llamativas que jamás han existido –
leones y ballenas; egipcios y dinosaurios – en un solo lugar.
Por todo ello, la idea de que todo cobrara vida de noche dentro
del edificio no podría haber resultado más atractiva ni más
emocionante. Era algo que sentía dentro de mí que querría ver”.
También era algo nuevo para
Stiller, cuyas películas cómicas nunca se habían adentrado antes
en un territorio tan mágico. “Jamás se me había presentado antes
la posibilidad de trabajar en una película tan fantástica; una
en la que, por así decirlo, hay que conectar el
‘fantasiómetro’”, comenta. “Pero, hablando en serio, para que la
fantasía funcione, es necesario mantener un tono muy real de
modo que siempre exista una relación emotiva con los personajes.
Es esa realidad la que nos permite creer en la magia del
encuentro entre Larry y todos esos personajes y criaturas del
remoto pasado. Para mí, la clave era simplemente lanzarme de
cabeza al guión y comprometerme por completo con la idea de que
todo esto sucede de verdad”.
Para ayudar a Stiller a
zambullirse en la inaceptable realidad de Larry, especialmente
en escenas en las que tendría que interactuar con creaciones
completamente digitales, el director Shawn Levy hizo cuanto pudo
para ayudar. ¡pretendiendo a menudo que él mismo era una de las
criaturas inanimadas del museo que volvían a la vida! “Hay
metraje, literalmente vergonzoso y humillante, en que aparezco
con unas garras falsas de Tiranosaurio gritando: “Ra-ahh” y
persiguiendo a Ben por un distribuidor para conseguir una
reacción realista”, reconoce Levy. “Luego me borraban en el
ordenador y colocaban al dinosaurio. Y así pasábamos los días en
esta película.”
Añade Stiller: “No sé si
Shawn había trabajado en un conjunto de baile, en una compañía
de mimos o en una dedicada a entrenar animales, pero parecía
tener una auténtica afinidad con la interpretación de animales
fuera de cámara; ¡me metía auténtico miedo!”
En efecto, a Stiller le
aguardaban miles de retos físicos, muchos de los cuales salieron
a la luz durante sus diversas y cada vez más divertidas formas
de huir para salvar su vida. “Las carreras eran una parte
importante del papel de Ben y las acabó en gran forma”, dice
Levy entre risas. Pero independientemente de que Stiller
escapara de los leones, huyera de los hunos o de soldados de
plomo, o estuviera confesándoles su ansiedad existencial al
Teddy Roosevelt interpretado por Robin Williams, o esperanzado
de demostrarle a su hijo cuán fantástico puede resultar su nuevo
empleo, Levy descubrió que su estrella cómica estaba forzando
constantemente los límites, y elevando el nivel del humor. “Lo
bueno de Ben, y confieso que lo admiro de verdad”, asegura el
director, “es que siempre está buscando algo mejor: una mejor
interpretación, una mejor forma de recitar su parte, un mejor
matiz. Nunca faltaba improvisación en el plató y, por tanto, Ben
y los demás actores se animaban mutuamente con gran frecuencia”.
Para Stiller, la clave, según
dice, consistía en mantener ese sentido infantil de la
admiración que afecta a los visitantes de un museo, cualquiera
que sea su edad, en el núcleo de su interpretación, algo que le
resultaba fácil. “Creo que todos los adultos llevan a un niño
oculto en algún rincón de su interior, pero en el caso de
algunos está más cercano a la superficie; en mi caso, el niño
que todos llevamos dentro, yo lo tengo en la garganta”, afirma,
impasible. “Pero ése es el espíritu que me atrajo hasta esta
película”.
Cuando Larry Daley toma
posesión de su nuevo empleo como guarda nocturno del Museo de
Historia Natural, sustituye a un trío de guardas que parecen ser
ellos mismos reliquias de la antigüedad, pero que demuestran
tener su propio plan diabólico. Para dar vida al pintoresco trío
formado por Cecil, Gus y Reginald, los realizadores acabaron
decidiéndose por tres actores cómicos que por derecho propio han
alcanzado la categoría de leyendas: el inimitable Dick Van Dyke,
el adorado Mickey Rooney y la prolífica estrella de la escena,
la televisión y el cine Bill Cobbs.
Contar en el reparto con las
octogenarias y septuagenarias estrellas fue todo un bombazo para
Shawn Levy. “Tuve la inmensa fortuna de hacer pruebas a
prácticamente todo actor de gran categoría de más de 65 años”,
recuerda. “Fue asombroso. Quiero decir que Dick Van Dyke
realmente se presentó para someterse a una prueba. Él no tiene
que hacer esas cosas pero él, Mickey Rooney y Bill Cobbs se
presentaron y desde luego que demostraron lo que podrían hacer
con el material.”
Prosigue Levy: “Una vez que
vi juntos a esos tres actores supe que iba a ser un lujo
asiático hacer que interpretasen a esos personajes. Dick Van
Dyke con su aire refinado y afable; Mickey con su encantadora
cualidad de ‘no ser alto’ y Bill, que tiene una enigmática
profundidad, trabajaron juntos a pedir de boca y realmente
encarnaron los malévolos espíritus de Cecil, Gus y Reginald.”
Dick Van Dyke, además de ser
uno de los cómicos más populares del mundo, está también
indestructiblemente unido a clásicos familiares como Mary
Poppins y Chitty Chitty Bang Bang. Inmediatamente encantado por
el argumento, a Van Dyke le apasionó interpretar el papel de
Cecil, el antiguo jefe de los guardas nocturnos que ayuda a
seleccionar y “entrenar” a Larry Daley. “Con todos los
dinosaurios, los hunos y los demás animales, pensé que iba a ser
un desmadre,” afirma Van Dyke. “Cuando leí el guión supe que iba
a ser esa autentica rareza: una gran película para todos los
públicos. Por lo que me dije: tengo que formar parte de esto. Es
uno de esos relatos que no puedo esperar a que mis nietos lo
vean. Y entre Mickey Rooney y Bill Cobbs, todos los cuales somos
más o menos de la misma quinta, hubo una gran química dando vida
a estos ancianetes dispuesto a lo que sea para recuperar la
juventud”.
Para Ben Stiller, tener la
oportunidad de encabezar cartel y de ser engañado por Van Dyke
fue toda una emoción. “Creo que Dick verdaderamente oculta en su
casa una tablilla egipcia que es la fuente de la juventud porque
me dobla en edad y yo tengo algo así como la mitad de su
energía”, comenta sarcásticamente Stiller. “Es un actor tan
grande como divertido que verdaderamente conoce su oficio; fue
un enorme placer verle trabajar”.
En cuanto a Mickey Rooney,
Stiller asegura: “Nunca pensé que llegaría a tener la
oportunidad de trabajar junto al gran Mickey Rooney, ¡menos aún
la de que Mickey Rooney me diera una tunda!”
Rooney, cuya carrera comenzó
en los años veinte cuando era un niño, se ha hecho mayor,
literalmente con el cine. “Cuando llegué a Hollywood, casi no
había nada”, recuerda. “Yo estuve presente justo al principio de
todo y desde entonces no he dejado de disfrutar como un loco.” A
pesar de todos los cambios sufridos por la producción
cinematográfica, a Rooney sigue atrayéndole sobre todo lo que él
considera que es el alma de la industria cinematográfica – un
gran relato –, que es lo que le atrajo a NOCHE EN EL MUSEO.
“Creo que necesitamos más películas como ésta”, afirma. “Algo
que pueda ver toda la familia, algo que sea histórico,
inteligente y divertido. No hay muchas películas como ésta que
puedan congregar a toda la familia en torno a un espectáculo”.
De rematar el
sorprendentemente traicionero trío se encarga Bill Cobbs, un
rostro conocido gracias a innumerables papeles de la pequeña y
la gran pantalla, que aquí interpreta el de Reginald. Le encantó
tener la ocasión de actuar junto a Van Dyke y Rooney. “He
disfrutado lo indecible en el cine, el teatro y la televisión
pero ésta era una de esas experiencias verdaderamente colosales
en las que no sólo se mezclan la comedia, el drama y la
improvisación sino que es posible ver cómo a grandes maestros se
les ocurren fantásticas ideas”, comenta.
Cobbs disfrutó especialmente
interpretando a un personaje ligeramente anciano, aunque todavía
muy lejos del geriátrico. “Resulta muy improbable que Dick Van
Dyke, Mickey Rooney y yo interpretemos a los malos, por lo que
ya tenemos los ingredientes para crear algo muy divertido a
partir de esa idea. Parecemos un panda de inocuos vejestorios
pero, de eso, nada; y eso es precisamente lo que lo hace tan
divertido”, resume.
Para los guionistas Thomas Lennon y Robert Ben Garant resultó
especialmente gratificante el reparto de los papeles de los
viejos guardas. Así lo explica Lennon: “Este trío nos volvía
locos; ¡son como una pequeña cápsula temporal de cada actor
cómico desde que empezó el cine sonoro!”
Una vez que los viejos
guardas de noche le dan la alternativa a Larry Daley, éste pasa
su primera noche en el museo, una noche que resulta locamente
inolvidable cuando las piezas de cera, las de piedra y las
disecadas que le rodean en la oscuridad vuelven a la vida dando
rugidos. En medio del volar de pieles y el caos, Larry descubre
a algunos personajes asombrosos cuya ayuda le será preciosa para
sobrevivir hasta el amanecer.
La guía más importante le
viene a Larry nada menos que de uno de los norteamericanos más
alabados de la historia, de un hombre que verdaderamente creía
en el asombroso poder inherente al “hombre de la calle”: el 26º
presidente de los Estados Unidos, Teddy Roosevelt.
Para encarnar a Roosevelt,
los realizadores sabían que necesitarían a alguien que pudiera
dar todas las notas cómicas de la situación y que al tiempo
sacara a la luz la pintoresca e inspiradora personalidad del
verdadero hombre. La persona que inmediatamente se les vino a la
cabeza fue el ganador del Premio de la Academia® y cuatro veces
candidato al Oscar® Robin Williams, cuya carrera ha discurrido
entre la comedia desenfrenada e intensas interpretaciones
dramáticas. Cuando se le brindó la oportunidad de interpretar a
Roosevelt – quien, al igual que Williams, presumía de una amplia
gama de intereses que abarcaban la historia, la política, la
ciencia y la naturaleza – no pudo dejarla pasar.
“En la vida real era una
figura de enorme talla”, dice Williams, “un hombre
extraordinario y una persona fantásticamente independiente que
básicamente luchó a favor de lo que él denominaba ‘el hombre
pequeño’. Leyendo acerca de él, se me quedó la idea de que era a
la vez una persona muy ética y muy carismática. Meterme en ese
tipo de personaje era algo enorme”.
Al igual que le sucedió al
resto de sus compañeros de reparto, Williams, que había sido
anteriormente protagonista del gran éxito del cine fantástico y
familiar Jumanji, no pudo resistirse al imaginativo concepto de
NOCHE EN EL MUSEO. “Los museos se prestan de forma natural a la
pregunta de qué sucede ahí dentro de noche, y a hacer que la
historia vuelva a la vida – y se enfrente a uno - ¡vaya!”,
explica. “Me encanta este tipo de argumento que es mitad fábula
y mitad gran aventura. Me gustaba especialmente que los dioramas
cobraran vida porque yo colecciono miniaturas y la idea de que
algo hecho a esa escala adquiera vida propia es como que te
digan ‘¡Hola! ¡Lechuguino!’ Y resulta muy divertido que los
neandertales y los hunos anden corriendo por ahí; son algo
indispensable en una buena fiesta”.
A medida que profundizaba en
la investigación, Williams se sentía cada vez más fascinado por
Roosevelt, y especialmente por su infatigable actitud de “puede
hacerse” de la que intenta que Larry Daley se empape. “Su
mensaje para Larry es ‘puedes lograr esto, muchacho, y si puedes
restablecer el orden en este lugar, imagina de qué otras cosas
serás capaz’. Le ofrece esa vieja pero gran idea de que uno
puede elevarse gracias a su propio esfuerzo”.
Una vez en el plató, Williams
se hallaba plenamente en su elemento. “Para mí todo esto era
como la fiesta de Halloween”, asegura. “Un minuto después de
encontrarse con un Tiranosaurio, uno ve pasar a un Faraón y
luego se muere por los huesos de la princesa india Sacajawea.
Era igual que un viaje a través del tiempo”.
Para Ben Stiller, trabajar
junto a Robin Williams hizo que la fantasía fuera tanto más real
y divertida. “Robin Williams era en verdad la única persona
capaz de interpretar este papel porque es tan sumamente
inimitable”, afirma Stiller. “Es parte inamovible del paisaje
cómico – lo que hace que suene como una especie de grifo o algo
parecido – pero también es un verdadero estudioso de la
historia, lo que le convertía en el intérprete perfecto de Teddy
Roosevelt. Aporta realidad y dota de alma a este tipo, que,
admitámoslo, no es más que una figura de cera, y también
enormemente divertido. Al final, Teddy acaba convirtiéndose en
el amigo del alma de Larry mientras le ayuda a orientarse por el
museo y a sobrevivir a toda esa locura”.
Entre otros personajes
históricos en los que Larry Daley tiene que confiar, en sus
esfuerzos por salvar el museo, figura Sacajawea, la famosa guía
Shoshone que desempeñó un papel inestimable en la histórica
expedición de Lewis y Clark a través de la región noroccidental
de la costa del Pacífico. En NOCHE EN EL MUSEO, recurre a su
famosa habilidad para ayudar a Larry a devolver el descontrolado
museo a su estado original. “Es una rastreadora”, dice la joven
y prometedora actriz Mizuo Peck, que consigue en la película su
primer papel de envergadura en Hollywood, “luego es inteligente,
está llena de recursos y sobresale a la hora de encontrar
cosas”.
A Peck le atrajo
especialmente la oportunidad de coquetear nada menos que con
Robin Williams, que interpreta a Teddy Roosevelt, el compañero
de exposición que atrae la atención de la princesa india.
“Todavía no puedo creérmelo”, afirma. “En nuestra primera escena
juntos, Robin tiene que acercarse a mí torpe, tímido e incapaz
de hablar. Resultaba tan dulce, vulnerable y tierno que me lo
puso muy fácil. Al instante me sentí cómoda con él. La verdad es
que esta película era todo cuanto jamás había soñado sobre la
magia de Hollywood – con todos esos platós enormes, con esfinges
y animales salvajes corriendo de acá para allá más Robin
Williams. No podría haber resultado más emocionante”.
No menos entusiasmado por
explorar la antigüedad estaba Rami Malek, el joven actor egipcio
que actualmente aparece en la serie de televisión “The War at
Home”, y que interpreta al faraón Ahkmenrah, la momia del
adolescente rey de Egipto que ha estado durmiendo durante
siglos, sólo esperando que le llegara su oportunidad de
gobernar. Hasta la prueba de Malek se apartó de lo normal: en
vez de limitarse a leer unas líneas, tuvo que revelar sus
propias técnicas para salir de un sarcófago.
Malek disfrutó especialmente
con el retrato de un rey egipcio que recogía el guión, y que
rompía todos los moldes. “Uno esperaría la austera presencia de
un faraón que forma parte de una maldición horrenda; en vez de
ello, tenemos a alguien que sale del sarcófago con toda su
exhuberancia juvenil, que es, fundamentalmente, un adolescente
que busca una gran aventura; es, por tanto, una toma diferente,
realmente fresca y divertida pero que sigue anclada en la
tradición”, afirma Malek.
Una de las piezas que causan
más problemas en el museo no es humana, aunque es un primate: el
diminuto mono capuchino Dexter, que organiza una zapatiesta que
no guarda proporción con su tamaño. Dexter tampoco es una
creación digital; es interpretado por un verdadero mono
capuchino llamado Crystal que fue entrenado por Mike Alexander y
Tom Gunderson de Birds & Animals Unlimited. “Dexter es un monito
muy enredador pero Crystal tiene muy buen carácter”, observa
Alexander.
Excelentes noticias para Ben
Stiller, que en una escena tiene que soportar que Dexter le
muerda en la nariz, un truco que exigía un entrenamiento más
bien refinado. “Era importante que Ben se sintiera completamente
cómodo con Crystal y viceversa antes de rodar la escena; así que
fuimos a casa de Ben y nos llevamos a Crystal con nosotros para
que pudiera conocerse. Por suerte para todos, a Crystal le gustó
mucho su anfitrión”, afirma Alexander. “¡A decir verdad, casi le
veía como una pieza de atrezo!”
Mientras Larry Daley dedica
la noche a evitar a animales llenos de colmillos y a guerreros
exóticos que blanden lanzas, durante el día lucha por conservar
su trabajo, empresa nada fácil teniendo en cuenta que su jefe es
la encarnación de una pesadilla: el doctor McPhee, un ridículo
metomentodo pagado de sí mismo. De interpretar a McPhee se
encarga uno de los cómicos más brillantes de la Gran Bretaña,
Ricky Gervais, quien creó y protagonizó la innovadora seria de
la BBC “The Office.”
A Gervais le atrajo el
personaje del Dr. McPhee porque es exactamente el tipo de
persona que se toma a sí mismo demasiado en serio, un tipo de
papel en el que Gervais sobresale. “Helo ahí, a cargo de una
institución educativa sin ser ni bastante locuaz ni
suficientemente inteligente para cortar el bacalao”, explica
Gervais. “Trata de ser muy eficiente y acto seguido se encuentra
enzarzado en una lucha de voluntades con un humilde guarda de
seguridad que todo lo embarulla y que le frustra hasta decir
basta. Hay algo muy divertido en una persona que, estando en
posición de autoridad, se comporta como un niño”.
A Gervais le resultó
especialmente divertido tener la oportunidad de intercambiar
pullas con Ben Stiller. “Ha sido un verdadero gozo trabajar con
Ben, con quien establecí una dinámica auténticamente divertida
en la que mutuamente subvertimos nuestros papeles”, prosigue.
“Se supone que él es mi subordinado y el tipo de persona que
siempre se mete en líos, y yo soy quien está al mando, pero a la
hora de la verdad, mi personaje se vuelve un manojo de nervios y
de torpeza mientras que Ben se convierte en el héroe”.
La investigación de Ben para
llegar al fondo del misterio del museo también le lleva a
estrechar lazos con una de las más apasionadas becarias del
museo, Rebecca Hutman, que investiga con todo fervor una tesis
sobre Sacajawea y a la que conmueve el inesperado comentario de
Larry acerca de cuán “viva” parece estar la historia en el
museo. Para interpretar a Rebecca, los realizadores eligieron a
Carla Gugino, cuya variopinta carrera incluye papeles como el de
madre de una familia de espías menores de edad en la popular
serie Spy Kids, y a la que pudimos ver más recientemente en
Ciudad del Pecado a las órdenes de Robert Rodríguez. De la
elegida dice Levy que “Carla tiene una mezcla de inteligencia,
belleza y seriedad que la hacían ideal para el papel de
Rebecca.”
Completamente cautivada por
el fantástico relato, Gugino no pudo soltar el guión. “Tener un
guión como éste, que es un homenaje a la historia y que une el
pasado y el presente de forma tan divertida y emocionante era
algo realmente singular”, asegura. “Tuve en mi interior la misma
sensación que con ‘Spy Kids’: tenía todos los elementos de un
relato importante e intemporal”.
Incorporado al reparto como
el hijo de Stiller figura el actor novel Jake Cherry, que se
hizo con el papel después de muchas pruebas. Aunque le volvía
loco conseguir la parte, Cherry empezó de verdad a emocionarse
con lo que le esperaba cuando vio los escenarios de NOCHE EN EL
MUSEO. “Había momias y sarcófagos y chacales de guardia y era lo
más guay que había visto”, afirma, resumiendo sus sensaciones.
Otro miembro del elenco ya
había tenido una relación muy íntima con Ben Stiller, una mujer
que es otra leyenda de la historia de la comedia además de la
auténtica madre de Stiller: Anne Meara. Meara da vida a la
agente de colocación que le busca a Larry el trabajo del museo.
Aunque Meara ya había intervenido en Bocados de Realidad y en
Zoolander (un descerebrado de moda), ésta resulta ser la primera
vez en que ella y su hijo han compartido una escena mano a mano.
Dice Stiller: “Es tan graciosa y tiene tanto talento…¡Ha sido un
placer trabajar finalmente con ella!”
Este es el resumen que Shawn
Levy hace de todo el reparto de la película: “Era el sueño de un
director. Con un elenco que va desde Ben Stiller a Robin
Williams y desde Ricky Gervais hasta Dick Van Dyke pasando por
Mickey Rooney, se sabía que cada interpretación se sostendría
por sí misma y resultaría excepcional. Era algo así como un
combate de pesos pesados entre gigantes de la comedia”.
3.
Construyendo el museo
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