CRÍTICA
por
Albert Meroño
Peñuela
La desconozco, pero debe
existir una buena razón por la que la ficción, en términos
generales y aplicada sobre otro género, siempre está mejor vista
en la literatura que en el cine. A la pantalla le gustan las
cosas puras: si es fantasía, que haya magos y criaturas
sobrenaturales; si es ciencia-ficción, naves y androides; y si
es una tragedia, llanto y gritos, como los de los vecinos cuando
se quejan por el volumen de nuestro televisor a las tantas de la
madrugada. Proyectar medias tintas es, por lo común, meterse en
camisa de once varas, obteniendo resultados poco convincentes si
el material no se manipula con habilidad. Sin embargo, cuando el
escritor parece que simula la realidad pero tiene un desliz
fantasioso, un acceso de utopismo, el lector calla y asiente.
Sin apenas fruncir el entrecejo, hace el punto y seguido y pasa
a la siguiente oración. No me pregunten por qué.
Aunque, en el caso concreto del drama cinematográfico, me
atreveré a aventurar que alguna relación debe de haber entre
la rigidez con respecto a la ficción y el hecho de que lo
narrado se suceda ante nuestros ojos, en vez de tener que ser
interpretado y escenificado por nuestro cerebro, como sucede
con la lectura. ¿Será porque, inconscientemente, esperamos que
esos actores que se perfilan tan reales se comporten como
esperamos, esto es, tal y como lo hacen las personas de
nuestra vida cotidiana? ¿Está el director condenado a
convencer siempre, mientras el escritor fantasea a sus anchas?
Si la
intención tiene que ver con examinar acciones y sentimientos
humanos, como ocurre en este melodrama llamado “Diario de un
escándalo” (“Notas de un escándalo” si nos ponemos
quisquillosos), la respuesta es un rotundo sí. El perfil de
moldeado sintético de sus personajes es su principal dolencia,
aunque probablemente sea uno de los factores más atrayentes de
la novela de Zoë Heller.
De este modo, puede considerarse que la actitud conservadora que
Richard Eyre
(director) ha tomado
con esta adaptación, sea la causa de su tropiezo en la eterna
exigencia: su historia no logra convencer.
Quizá
buscando el impacto del escándalo pero pagando por lo efímero de
su contenido, Patrick
Marber
(guionista) escribe con el único propósito de dibujar los rasgos
de sus dos protagonistas, Barbara Covett (Judi
Dench) y Sheba
Hart (Cate Blanchett),
con excesiva nitidez, además de contrastarlos con trivialidad e
incluso insulsez: frialdad contra pasión, rectitud contra
flexibilidad, meticulosidad contra sencillez, elucubración
contra inocencia. En una narración donde el énfasis trágico era
tan importante para convencer hablando de temas tan delicados
como la pederastia, la mujer infiel o la homosexualidad (esta
última no tan maltratada en el guión), la mayor
parte del metraje se pierde a base de insistir de forma
falsamente sutil sobre la caracterización de una u otra
protagonista, e ignorando a personajes vitales,
como al adolescente Steven Connolly (Andrew
Simpson) o el
marido de Sheba, Richard Hart (Bill
Nighy). Este
procedimiento se alarga hasta la última escena, donde se cierra
el modelo de comportamiento del personaje de Dench y termina por
desencajar del todo, quedándose a medio camino entre la
manipuladora audaz y la psicótica pervertida.
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En
la otra cara de la moneda, la puesta en escena brilla gracias a
las interpretaciones de Dench y Blanchett, y por la banda sonora
de Philip Glass,
cuyas graves cuerdas enfatizan con éxito no sólo la perversidad
de Barbara Covett, sino también el leve fondo crítico de la
cinta hacia la sociedad británica, sobre todo con respecto a la
educación y al modo en que los mass media fomentan el
cuchicheo ajeno. Dentro de su moderación, y aunque de entrada
prefiere eludirlas, Eyre ha filmado las polémicas escenas de
sexo (no explícito) entre mujer madura y chico adolescente que
consiguen su efecto perturbador (aunque el escándalo sería, por
alguna oscura razón, incomparable si el maduro fuera hombre y la
adolescente mujer); y aunque se agradece el pequeño detalle de
las estrellitas de oro que marcan el camino, el diario termina
por confirmarse como el recurso facilón que durante toda la
proyección venía anunciándose con la voz en off.
Es una lástima que
interesantes objetivos acerca del análisis de la sexualidad se
pierdan por no lograr un “basado en” de los de verdad en el
lugar donde ahora figura un claro “adaptado de”.
Y es que la falta de
originalidad en tratar el fondo con elegancia, y no con
personajes artificiales ni tópicos sobre la psique de la mujer,
puede pasar inadvertida cuando la lectura absorbente nos
traslada a la escena donde la pasión supera la moral, e incluso
puede convencerse al director con un guión fiel a ello; pero en
la pantalla la explosión visual no se libera, lo que resalta
todo lo demás, que no es mucho. Fallido el intento de escándalo,
no les queda más que dejarse llevar por el relato de una oscura
mujer que resuelve de un modo un tanto excéntrico (ustedes
mismos juzgarán si convincente o no) el más primitivo de los
instintos.
Calificación:
    
Imágenes
de "Diario de un escándalo" - Copyright © 2006 Fox
Searchlight Pictures, DNA Films, UK Film Council y BBC Films.
Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos
reservados.
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