CRÍTICA
por
Leandro Marques
Lecciones
sobre cómo transmitir lo invisible
Resulta casi imposible
comenzar a pensar “Diario de un escándalo”, de
Richard Eyre,
sin mencionar que, por sobre todas las cosas, la propia película
hubiera sido imposible de no haber contado con la presencia
estelar de Judi Dench.
En un film antipático, silencioso por fuera, y a primera vista
opaco, sólo una actriz de su talla podría haber sido capaz de
dotar a su personaje, el central de la historia, de un carácter
tan verosímil como odioso, tan fríamente calculador como
emotivo.
Barbara, encarnada por Dench, ya casi no siente pasión por su
propia vida, está hastiada y sin ni siquiera ganas de cambiar
nada desde su trabajo de maestra. Ella vive en la más absoluta
soledad, salvo por la compañía de su gato y del diario que
escribe religiosamente cada anochecer. En su interior, sin
embargo, conserva la ilusión de que aparezca alguien especial
en su horizonte. Así, un buen día las cosas empezarán a
cambiar, porque descubre que en la figura de su nueva
compañera Sheba – interpretada por
Cate Blanchett–
hay algo que la hipnotiza y la atrae.
El
relato se caracteriza por su tono seco y apagado, tal como se
presenta la personalidad de su protagonista principal. Y también
como ella, se desarrolla sin pasar sobresaltos, con firmeza y
solidez. La trama avanza con lentitud y sin intermitencias. Hay
un buen trabajo de cámara, buena edición, buenas
interpretaciones. La historia es pequeña pero está bien
elaborada, abordando los ángulos necesarios para construir su
coherencia.
La
narración comienza con Barbara y va a terminar con ella, que es
quien dictamina los tiempos y los ritmos del film. Incluso,
puede decirse que la apuesta de la película pasa por atrapar al
espectador desde su no carisma: Barbara no derrama ni una gota
de simpatía, pero tampoco pasa desapercibida.
“Diario de un escándalo” se afirma, casi como estrategia
comunicativa, en su intención de ser un largometraje tan serio y
aburrido como ella. Esta elección se paga un precio alto: muchas
veces la cinta queda atrapada por su propia monotonía.
El principal recurso que se utiliza para descontracturar
la atmósfera casi claustrofóbica que inspira Barbara en cada
pasaje, es la aparición de Sheba. Profesora de arte, rubia,
bella, insegura, el personaje encarnado por Blanchett
proporciona la cuota de brillo que le faltaba a la historia, y
que la achatada vida de su protagonista estaba necesitando.
Los sucesos del guión son
previsibles, porque básicamente plantean una historia de
fascinación que deviene obsesión. Se focaliza en la idea de cómo
una vida vacía y consumida por la soledad, puede de un momento
para otro ponerse de cara a la ilusión de amor y compañía. El
conflicto principal de la historia, por su parte, también es una
herramienta que se utiliza para permitirle a la protagonista
conducirse hacia su meta, atrapar su objeto de deseo, endurecer
sus vínculos. El film cuenta la transición de una relación que
prácticamente es de uno solo, Barbara. Primero toma forma de una
amistad, luego una especie de enamoramiento, más tarde odio,
después posesión. Salvo por pequeños picos en los que se alcanza
cierta tensión e intensidad, la cinta elige moverse en un
territorio dominado por la ausencia de emociones a la vista, en
la superficie. Las imágenes y el desarrollo de la historia se
plantean casi desapasionadamente, con frialdad, tal vez como un
intento de acercar al espectador la sensibilidad que también
domina el espíritu de su protagonista.
Justamente, la capacidad
de Dench para introducir en su universo interior al espectador,
en medio de este contexto de chatura visual y tonos grises que
domina la cinta, es el casi exclusivo atractivo del film. Aunque
está bien complementada por las actuaciones de Blanchett y
Bill Nighy,
quien encarna al pintoresco marido de Sheba, es ella, con sus
expresiones implacables, su insatisfacción oprimida, su rencor
disimulado, el vehículo a través del cual la película alcanza
las más variadas sensaciones.
Pese a
su corrección generalizada, la película no evita su caída en
largos pasajes de aburrimiento, ni tampoco disimula su falta de
variantes creativas para construir una historia menos
dependiente de la capacidad de su actriz protagónica
para expresar lo que no se ve, lo que no se escucha. Dench logra
transmitir aquello que sólo puede insinuarse, aquello que sólo
puede sentirse; como nadie, es capaz de llevar de la mano al
espectador a los rincones más profundos de una persona. “Diario
de un escándalo” es una propuesta que teniendo como ejes las
ideas de soledad, juegos de poder y obsesión, se propone
explorar el universo interior de su protagonista principal. El
punto a favor del film, es que lo logra. El punto negativo –o
según cómo se lo mire, porque, en definitiva, saber elegir a los
actores adecuados es también una virtud– es que lo logra por
mérito casi exclusivo de la interpretación de Judi Dench. Sin
ella, comenzar este artículo hubiera sido imposible. También
esta película.
Calificación:
    
Imágenes
de "Diario de un escándalo" - Copyright © 2006 Fox
Searchlight Pictures, DNA Films, UK Film Council y BBC Films.
Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos
reservados.
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