CÓMO SE HIZO "DIARIO DE UN
ESCÁNDALO"
Notas de producción ©
2006
Hispano Foxfilm
2. El reparto
Con la novela de Zoë Heller Diario de un Escándalo, Barbara
Covett se convirtió en uno de los narradores indignos de
confianza más fascinantes de la literatura contemporánea. Para
dar vida a mujer tan compleja y peligrosa, los realizadores se
percataron pronto de que necesitarían a una de las mejores
actrices que actualmente trabajan en el cine; fue entonces
cuando Scott Rudin se dirigió a Judi Dench en una fase muy
temprana de la génesis del proyecto. Dench ha cautivado a los
aficionados al cine en una amplia variedad de papeles, incluida
su interpretación, que le valió un Oscar®, de la Reina de
Inglaterra en SHAKESPEARE IN LOVE; su alabado papel de Iris
Murdoch al final de su vida en IRIS, y en otro papel con el que
fue candidata al Oscar en la reciente producción MRS. HENDERSON
PRESENTA. Desde el momento en que Rudin leyó la novela, supo que
tenía que ser Dench la que interpretara la parte de Barbara.
Rudin se dio cuenta de que no había otra actriz viva que pudiera
sacar adelante este papel con la decisión y la resolución que el
personaje exigía.
Al principio, Dench quedó
francamente sorprendida por la ácida lengua de Barbara y por su
tenebroso y herido corazón, por no hablar de su manipuladora
relación con Sheba Hart. “Es un relato verdaderamente tremendo”,
dice Dench describiendo su reacción inicial a DIARIO DE UN
ESCÁNDALO. “Pero el reto de llevarlo a cabo me emocionaba a más
no poder. Fue fascinante que me pidieran que hiciese algo que no
podía ser más distinto a cualquier cosa que había interpretado
antes”.
Era precisamente esa
diferencia la que, en opinión de Richard Eyre, hacía que Dench
se ajustara como un guante a la impredecible naturaleza de su
personaje. “Todo el mundo quiere a Judi Dench y la gente suele
identificarla con esa persona magníficamente generosa, bella y
brillante que a menudo encarna a reinas y que tiene una enorme
dignidad personal”, observa. “De modo que experimentar el lado
cáustico y acerbo y más bien miserable de Judi Dench sería una
impresión maravillosa y vigorizante. Quiero decir que su retrato
de Barbara sigue siendo profundamente vulnerable, pero ésta no
es una mujer agradable y creo que, desde el punto vista del
espectador, ver a Judi dándole vida será muy refrescante”.
Zoë Heller tuvo un
sentimiento semejante. “Al dar el papel a Judi Dench, se sabe
que aportará inteligencia y vulnerabilidad al personaje. No es
simplemente una mala de teatro que retuerce su bigote y planea
la caída de otros, sino alguien que hace realmente justicia al
humor que contiene su papel”, afirma.
Habiendo leído el libro y el
guión, Dench deja constancia de cuánto le agrada la adaptación
de Patrick Marber. “Me pareció un guión muy hábilmente adaptado.
Es muy fiel al estilo de Zoë Heller a la vez que muy
característico de Patrick”, observa.
No menos le agradó a Dench
que el guión se negara en redondo a emitir juicios condenatorios
contra sus caprichosos personajes. “Creo que se deja a los
espectadores que se formen su propia opinión sobre la ética de
todo y me parece muy bien”, observa.
En efecto, por más perversa
que pueda ser Barbara cuando se siente menospreciada o
rechazada, Dench también descubrió en su personaje elementos muy
conocidos y, en ocasiones, devastadoramente agudos. “He conocido
a varias personas que son como ella”, asegura. “Una persona muy,
muy solitaria que ansía el afecto y tener cualquier amigo de
algún tipo. Creo que abundan las personas que son así, que han
sido unas solitarias toda su vida y que sueñan con la amistad.
Pero cuando Barbara esencialmente chantajea a Sheba Hart para
que esté próxima a ella, es entonces cuando la situación se
vuelve indecente”.
Para profundizar más en la
desesperación de Barbara, Dench colaboró estrechamente con Cate
Blanchett a fin de desarrollar exactamente la relación correcta
entre las dos inverosímiles camaradas. “Resultó un trabajo muy
intenso y extremadamente duro pero nos reímos mucho y ella era
fantástica”, asegura Dench. “Es una actriz fenomenal, como
fenomenal fue trabajar con ella. Me parece sensacional,
imaginativa y muy inspiradora”.
Otro aspecto que atrajo a
Dench fue tener una oportunidad más de trabajar con el director
Richard Eyre. “Tiene unos instintos tan maravillosos”, comenta.
“Una se siente muy segura en su compañía porque sabe lo que
quiere pero, dentro de esos límites, también te deja respirar y
eso anima mucho”.
Mientras que Barbara Covett
espera en secreto que Sheba Hart se convierta en amiga suya para
siempre, Sheba, sin darse cuenta, sella el acuerdo siguiendo sus
propios y precarios deseos: traicionando a su esposo de más
edad, que la adora, y a su familia zambulléndose en un amorío
con uno de sus alumnos adolescentes. Con la escandalosa conducta
de Sheba y su frenética necesidad de mantenerla en secreto,
Barbara adquiere ventaja. . . o eso es lo que cree.
La delicada naturaleza de los
encuentros de Sheba con Barbara y con el colegial Steven exigían
una actriz de consumada habilidad, por lo que inmediatamente a
los realizadores les pareció lógico emparejar a Judi Dench con
Cate Blanchett, que había obtenido una candidatura al Oscar
encarnando el papel que da título a ELIZABETH, y que muy
recientemente había ganado el Premio de la Academia a la Mejor
Actriz Secundaria con su vigorosa interpretación de una leyenda
del cine, Katherine Hepburn, en EL AVIADOR de Martin Scorsese.
Pero como le sucedió a Dench, el papel de Sheba alejaría a
Blanchett mucho de semejantes regias interpretaciones.
Patrick Marber siempre había
imaginado a Cate Blanchett como Sheba. “Cuando estaba
escribiendo el guión, me fui convenciendo cada vez más de que
ella tenía que encarnar a Sheba”, afirma Marber. Sabía que ella,
con la que le une una amistad de muchos años, sería perfecta
para el papel. “Conozco a Cate de haberla tratado socialmente y
somos amigos; pero nunca había trabajado con ella. Y me fue
imposible emocionarme más con su trabajo. Tiene una auténtica
crudeza que creo que dejará atónito al público”. A Zoë Heller le
pareció que dando el papel a Blanchett se lograba una misteriosa
proximidad a la forma como había ella imaginado siempre que
sería Sheba como persona. “Cate se aproxima tanto como es
humanamente posible a la encarnación de lo que yo tenía en
mente”, asegura. “Era como tener un sueño y, acto seguido, verlo
representado ante tus ojos”.
Desde que el libro de Heller
cayó por primera vez en sus manos, Blanchett se sintió
irresistiblemente atraída. “Era imposible soltarlo”, dice. “Todo
se cuenta desde el punto de vista de Barbara por lo que el reto
a que nos enfrentábamos Patrick Marber como guionista y yo como
actriz consistía en liberar a Sheba de la perspectiva de Barbara
para la película, hacer que viviera y respirase por sí misma. Me
parece que, al fin y al cabo, en la pantalla, cada mujer pone un
espejo delante de la otra”.
“Marber realmente convirtió y
adaptó la novela transformándola en su propia criatura, lo que
me parece que a menudo es el truco para que una adaptación
funcione”, explica Blanchett. “He participado en varias
adaptaciones que han estado casi excesivamente sometidas a la
forma adoptada por la novela y resulta verdaderamente necesario
liberarse de ella para hacer que la película viva y aliente por
sí misma”.
Blanchett estaba encantada de
disponer de una oportunidad de explorar el personaje de Sheba
desde varios ángulos, ninguno de los cuales era fácil ni
sencillo. “Cinematográficamente, creo que para pasar tiempo con
alguien que traspasa un límite moral como hace Sheba, hay que
meterse profundamente dentro de quién es esa mujer”, explica.
“Hay varias cosas en la novela que verdaderamente me
sorprendieron y espero haberlas trasladado a la película. Sheba
es una mujer joven casada con un hombre mayor, que tiene la
sensación de haber echado a perder, o algo parecido, su juventud
y que se encuentra dominada por un desesperante sentimiento de
no haber conseguido nada y de que le falta a su vida un
significado superior. Está dispuesta a cambiar su vida y, de una
forma extraña, su primer acto de rebeldía es esta relación con
un chico de 15 años. Podría decirse que está tratando de
recuperar su juventud perdida. Parece ser incapaz de funcionar
en el mundo de los mayores y parte de su odisea consiste en
aceptar que ella es producto de sus propias decisiones”.
La ironía que se encierra en
Sheba, observa Blanchett, es que Barbara, envidiosa, la cree un
ser completamente privilegiado y feliz. “Desde el punto de vista
de Barbara, Sheba tiene el don de formar parte de un matrimonio
que se adora y de estar rodeada por gente que la idolatra, pero
Sheba se siente tan profunda y completamente perdida y aislada”,
precisa.
Pero a pesar de comprender
perfectamente la forma como Sheba acaba en una posición
atrozmente escandalosa, Blanchett descubrió que era todo un reto
encarnar los ilegítimos deseos del personaje. “Ha sido sin duda
el proceso de relación más duro que he tenido que afrontar con
un personaje”, reconoce, “porque podía entender que se
mantuviera una relación con un hombre mucho mayor pero cuando
miro a un muchacho de 15 años no veo nada más que un niño. Pero
creo que la propia Sheba se sorprende con ello. No es alguien
que tenga la mira puesta en un niño. Creo, más bien, que ella
diría al principio que el suyo es un gran amor, pero parte de su
evolución consiste en manifestarse a su ser interior de forma
audaz y aterradora”.
Blanchett cree, en efecto,
que Sheba ya llevaba un rumbo de colisión con un cambio radical
de su vida aun antes de que Barbara comenzara a jugar a sus
peligrosos juegos. “Tengo la sensación de que si Sheba hubiera
dado fin a su relación cuando le dijo a Barbara que lo había
hecho, habría, de todas formas, hecho alguna otra cosa para
poner su vida patas arriba”, asegura la actriz. “Las personas
que se esconden de sí mismas crearán todo tipo de circunstancias
para sacarse a la luz. Creo que Sheba se da a sí misma una
excusa intelectual para la atracción. Idealiza la noción de
tomar a un chico de clase trabajadora e introducirlo en el arte
y en la vida. Pero, naturalmente, al final, la atracción que se
siente hacia otra persona es algo profundamente subconsciente
que no puede explicarse con sencillez”.
Trabajando con Richard Eyre y
el equipo artístico de la película, Blanchett quedó entusiasmada
con su enfoque consistentemente cuidadoso. “No creo que sea
posible tratar este tipo de tema sin un toque de humor e ironía
acompañados de calidez visual, y ellos lo aportaron todo”,
observa. “Siempre he concebido el relato como un retrato
distintivo de la soledad y así es, decididamente, como Richard
ha pilotado la película. Se ha centrado de forma increíble en
los actores y ha creado el mejor entorno posible en que realizar
una actuación”.
Eyre, a su vez, se mostró
encantado con la forma como Blanchett abrazó la luz y las
sombras del personaje de Sheba. “Cate”, observa el director,
“llega al rodaje dispuesta a hacer frente a todas las
eventualidades y, por consiguiente, es capaz de ser
verdaderamente espontánea. Tiene un conocimiento profundísimo de
cada escena y aporta multitud de detalles y de grandes ideas.
Como Sheba, es capaz de encarnar a una mujer cuya falta de
precaución la lleva al extremo de autodestruirse. El valor y la
habilidad de Cate para hacerlo tal bellamente me resultaron
admirables”.
Eyre quedó especialmente
conmovido por la delicada danza de atracción y miedo que
Blanchett ejecuta con Steven, interpretado por el joven Andrew
Simpson. “Creo que estas escenas entre ellos rebosan fuerza y
resultan muy creíbles, porque no sólo contamos con dos buenos
actores, sino también con la generosidad de Cate con un actor
mucho más joven, con su brillante manejo de la torpeza de éste y
con su habilidad para cerciorarse de que todo resulte íntimo y
verdadero sin demasiado romanticismo”, dice Eyre.
Y añade: “Me agotan los superlativos pero en el caso de Cate y
Judi, sería indecente no emplearlos ante dos actrices tan
extraordinariamente consumadas”.
Cuando Sheba Hart cede ante
sus deseos y emprende una relación romántica con el alumno
Steven Connelly, no sólo inspira las maquinaciones de Barbara
Covett; también traiciona a su esposo, un profesor un tanto
mayor y un leal compañero interpretado con un encanto contenido
por Bill Nighy. Nighy es una de las principales estrellas
británicas de la gran pantalla, cuyos papeles van desde la
comedia británica coral LOVE ACTUALLY, pasando por el telefilme
ganador de un Premio Emmy ® LA CHICA DEL CAFÉ, hasta el reciente
taquillazo del cine de acción PIRATAS DEL CARIBE: EL COFRE DEL
HOMBRE MUERTO. Nighy, cuyo trabajo abarca la gran pantalla, la
televisión y la escena, había trabajado anteriormente con
Richard Eyre en el Teatro Nacional y en el West End de Londres.
Nighy apunta que en el
momento en que le propusieron trabajar en la película, era
esencialmente imposible decir que no. Recuerda que “tanto Judi
Dench como Cate Blanchett ya se habían unido al proyecto y sabía
que Richard Eyre iba a ser el director, que Scott Rudin y Robert
Fox se encargaban de la producción y que Chris Menges iba a
fotografiarla, por lo que, en tan distinguida compañía,
resultaba un lugar muy seguro”.
Después de haber leído la
novela de Zoë Heller, Nighy se interesó todavía más en el
provocador tema del relato, que, sin poder contener la risa,
resume como sigue: “Sabemos de sobra que el sexo nos vuelve a
todos bobos. ¡Al menos espero que eso les pase a todos y no sólo
a mí!”
Eyre quedó especialmente
impresionado por la interpretación que Nighy hace del esposo
ofendido. “Hace unos 25 años que conozco a Bill como amigo y
como actor. Siempre he envidiado la forma que tiene de hacer lo
más difícil cuando actúa, consiguiendo que parezca sencillo. Se
muestra espontáneo, como si el pensamiento, las palabras o las
acciones se le estuvieran ocurriendo en ese momento en que los
espectadores y la cámara están mirando”, afirma Eyre. “Es una
figura muy romántica pero de algún modo transmite la impresión
de que sus pies están firmemente plantados sobre el terreno. Sea
lo que sea lo que diga su personaje, él lo hace propio. Y nunca
deja de hacerme reír”.
En cuanto a Richard, Nighy
sintió una profunda simpatía con la difícil situación del
personaje, el cual es toda una rareza cinematográfica: el marido
burlado que no es en absoluto una mala persona. “Mi personaje se
casó con Sheba cuando ella tenía 20 años y él era notablemente
mayor”, explica. “Me parece un hombre intachable que ama a su
esposa, más bien la adora, y en especial a sus dos hijos. Lo
interesante es que ellos parecen disfrutar de un placentero y
exitoso matrimonio cuando, de repente, Sheba, de forma
aparentemente inexplicable se embarca en un amorío con un
quinceañero. Ello hace que la situación dramática sea mucho más
rica que si mi personaje fuera un villano”.
Trabajar con dos actrices de
la brillantez de Cate Blanchett y Judi Dench fue también toda
una prima para Nighy. “Trabajar tan estrechamente con Cate fue
tan satisfactorio como hacerlo con cualquiera con quien haya
colaborado nunca”, asegura. “Son muy pocas y extraordinarias las
personas que como Cate tienen un talento sobrenatural. Y parece
que lograr todo lo que consigue no le supone la mínima molestia.
Entre ella y Judi Dench, creo que nos hallamos ante dos de los
mejores intérpretes actualmente en activo. La parte de Judi
Dench resulta especialmente inhabitual porque no es algo que se
le haya pedido que haga antes, dar vida a alguien tan
manipuladora y destructiva. Contar con éstas dos en el proyecto
hace que sea muy interesante para todos nosotros”.
Con Nighy en el papel de
Richard, Patrick Marber sabía que el personaje tendría cierta
profundidad y encanto. “Hasta donde alcanza mi memoria, siempre
he querido trabajar con Bill Nighy. No hay nadie como él. No sé
cómo lo hace pero parece, a la vez, completamente instintivo e
increíblemente específico”, dice Marber. “Es un ser libre. Nunca
ha dedicado un especial esfuerzo al papel pero se mueve de forma
increíble; nunca trata de hacer gracia, pero parece provocar la
carcajada. Luce un traje tan bien como cualquiera. Le gusta Bob
Dylan. Bill Nighy es…¡bueno! Es todo un tío.
Los fuegos artificiales entre
Barbara (Judi Dench) y Cate Blanchett (Sheba) en DIARIO DE UN
ESCÁNDALO estallan cuando en uno de los alumnos de arte de Sheba
nace una aduladora atracción que se transforma en una relación
sexual con todas las de la ley. El papel de Steven – el
adolescente arrogante, cuentista y engreído que termina atrapado
en algo mucho más gordo de lo que es capaz de comprender –
exigía, evidentemente, un trato especial. Para hallar un rostro
nuevo, los realizadores celebraron prolongadas sesiones de
prueba y fue en Irlanda donde vieron por primera vez al joven
natural de Donegal Andrew Simpson, que anteriormente había
tenido un papel en la película británica LOS NIÑOS DE SAN JUDAS.
Jugador de rugby de
excelentes condiciones atléticas, Simpson se hallaba en medio de
una gira por Australia y Fiji cuando recibió una llamada que le
reclamaba en Inglaterra para participar en una sesión de lectura
junto a Cate Blanchett. El desplazamiento intercontinental
merecía la pena. Cuando los realizadores vieron la relación
existente entre los personajes, cerraron el trato. Al propio
Simpson le dejó sin habla el desarrollo de los acontecimientos.
“Estaba loco por conseguir el papel, pero me daba la sensación
que ni en sueños lo lograría”, reconoce.
Entretanto, la sensación de
todos los demás era que la elección de Simpson era sin duda la
decisión correcta. “No pretendíamos dar el papel a un actor
irlandés pero es que, lisa y llanamente, él era el mejor actor
que vimos para el papel”, explica Richard Eyre. “También creo
que en su condición de irlandés hay algo que es muy bueno para
el personaje: hay una vena poética que encaja perfectamente en
las fantasías de Sheba y en sus justificaciones para enamorarse
de él”.
Prosigue Eyre: “Sabíamos que
Andrew se enfrentaría a uno de los mayores retos de la película.
Pero era tan enormemente escrupuloso, tenía tan buen fondo,
tanta inteligencia y tan inmenso talento que confiábamos en que
estaría a la altura.” A lo que Blanchett añade: “Desde el
momento en que le conocí, Andrew mostró un enorme autodominio y
una asombrosa concentración. En el papel de Steven, recorre la
frontera que separa la inocencia de la madurez de forma que no
permite que el público las distinga fácilmente”.
Simpson describe a su
personaje como “un poco caradura pero también un tanto
peligroso.” “Steven”, prosigue, “es verdaderamente el alumno
medio que se queda prendado de una profesora, sólo que él está
más dispuesto a ir más allá del simple coqueteo. Cuando obtiene
respuesta de Sheba, se agarra a la ocasión sin reparar en nada
más”.
Pero mientras Sheba da a su
relación un sentimiento romántico, es el imberbe Steven quien la
concibe de forma mucho más pragmática. “No creo que Steven desee
realmente mantener una relación”, observa Simpson. “Es un
adolescente, rebosa vitalidad y simplemente quiere probar cosa
nuevas y ver hasta dónde puede llegar y lo que puede descubrir.
De modo que cuando las emociones de Sheba se vuelven más
intensas por momentos, me parece que se da cuenta de que todo
eso le desborda y quiere pasar a otra cosa. Aunque quiere ser un
adulto, creo que aún no ha acabado de crecer y él mismo se da
cuenta”.
En cuanto a la extremadamente
improbable ocasión de rodar escenas de amor con Cate Blanchett,
Simpson observa que, pasada la emoción inicial, rápidamente las
consideró como nada más que otro aspecto exigente del trabajo.
“Después de veinte tomas, uno deja de considerarlo como un
encuentro lleno de pasión”, dice, riéndose. “Y todos se portaron
tan profesionalmente que nada resultaba violento”.
Simpson se sintió
especialmente animado por Richard Eyre. “Es asombroso. Es todo
un caballero y tiene los pies en el suelo. Después de cada toma
se acerca a los actores y les dice lo que piensa, con toda
claridad y sin ambages. Te hace desear hacerlo con más interés
por él”, asegura.
El rodaje fue otra nueva
aventura para Simpson, que nunca había estado en Londres. La
ciudad fue, en sí misma, toda una revelación para él. “Había
tanta gente en Londres que uno tenía la sensación de que
viviendo allí solo podría percibir lo que verdaderamente
significa la soledad”, dice. “Yo vengo de una zona donde todos,
aunque no los conozcas, se paran a decirte hola. Pero en Londres
no hay margen para ello. Lo que simplemente muestra cuán
increíblemente sola debe sentirse Barbara cuando todo lo que
tiene en el mundo, antes de conocer a Sheba, es su gato”.
3.
El diseño y la música
>>
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