CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
Una serpiente por confidente
El inglés
Richard Eyre
("Iris")
aborda en su nueva película los enredos, mentiras y
autodestrucción provocados por una pasión mal encauzada, a
partir de la novela de
Zoë Heller. Su
cámara explora el corazón insatisfecho de dos mujeres inmaduras
e inestables emocionalmente, que navegan y naufragan en el
océano de los afectos. Para tal empresa necesitaba dos actrices
que soportaran el peso de una mirada adulta, que encarnasen con
credibilidad dramas mayores como la soledad, el lesbianismo o
las relaciones sexuales con menores de edad. El riesgo de caer
en lo patético y bochornoso, en la caricatura de problemas
graves, resultaba evidente. Por eso, Eyre ha recurrido a un
seguro de vida, que a la postre se convierte en lo mejor del
film: Judi Dench
y Cate Blanchett,
nominadas en la última edición de los Oscar®,
son las encargadas de dar aliento a dos almas perdidas en el
torbellino afectivo, atrapadas por sus confidencias y
complicidades, a la deriva en una existencia de desencantos.
El
escenario del trágico melodrama es un instituto de Londres al
que se incorpora como profesora de arte Sheba, mujer casada y
con dos hijos, uno con síndrome de Down. Su sensibilidad y
belleza despiertan pronto la atracción de Barbara, madura y
ejemplar maestra, temida y respetada por todos, que inicia
movimientos de aproximación a su joven colega. No es la única,
pues uno de los alumnos también se enamora de manera
adolescente de la novata profesora, la cual, en su ingenuidad
y debilidad, acaba cediendo a sus requerimientos de intimidad.
Cruces de confidencias y celos, deseos y desaires, mentiras y
chantajes se suceden en un triángulo de egoísmos e
irresponsabilidades de quienes piensan que su actuación es
sólo una cosa privada, sin repercusiones en el entorno. Ésa es
la sibilina, sugerente y engañosa premisa con que Barbara
atrapa a su bella víctima, cuando obtiene de ella la confesión
de sus escarceos con el joven infante: no lo denunciará porque
son cosas privadas y a nadie le interesan ni tienen por qué
enterarse, le dice. La trampa está tendida, y la nueva Eva
come de la manzana para aliviar su conciencia de culpa, para
tener el consuelo de la amiga que escucha torcidamente, para
seguir en su mundo de ensoñación y mentira.
Cada una
de las mujeres, mendigas de afecto y sobradas de soledad, se
mueven movidas por la necesidad, pero también con una asombrosa
falta de escrúpulos y de conciencia moral. Una de ellas,
Barbara, lleva una larga vida de represión puritana, encerrada
en sí misma, de vuelta de casi todo, protegida con una máscara
de rectitud. Es la amargura de la misma voz en off que
desde los primeros planos “se dirige” a su diario y al
espectador para decirle que muchos se le acercan para contarle
sus secretos, y que en cambio ella sólo puede hacerlo en ese
cuaderno. Es la siniestra existencia solitaria –sólo una gata
aguanta su compañía– con un pasado turbio que ha dejado sus
trastornos y heridas emocionales. Es un personaje coherente en
su retrato de la obsesión y maquinación, el de
una mujer que renace de sus cenizas –como la otra Eva de
Mankiewicz, que también urdía tramas y se desnudaba–, encarnado
por Judi Dench con gran fuerza y personalidad, y que evoluciona
en su calculado y pérfido espíritu posesivo hasta dar peso
dramático a toda la historia.
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La otra mujer no es muy
distinta, como recalca la propia Barbara al decirle de manera
interesada que “somos personas con muchos parecidos”.
Efectivamente, tampoco Sheba es dueña de sus sentimientos, y
alberga cierta sensación de insatisfacción porque la familia no
ha colmado sus anhelos y expectativas... También ella tiene su
“rincón” artístico al que se retira a vivir en su mundo
egocéntrico: una y otra recrean y tergiversan la realidad, según
sus sensaciones interiores y sus deseos, alejándose de su
auténtica vida y protegiéndose de sí mismas en una huida hacia
adelante. Pero, en cambio,
en el desarrollo del personaje de Sheba, quizá
los guionistas cometan algunos traspiés que desdibujan su
carácter e impidan hablar de un retrato redondo y equilibrado.
El espectador queda desconcertado cuando la descubre por primera
vez –a la vez que Barbara, que mira por una rendija– con el
muchacho entre sus brazos, pues no es creíble esa forma abrupta
de presentar el romance: aunque más tarde quede explicado con
varios flashback que muestran pasos previos en la
relación, se antoja como una opción narrativa fallida. También
se aprecian grietas en su dibujo como esposa desencantada de su
marido, como madre cansada en su desvelo por su hijo
discapacitado, o como artista lanzada ingenuamente al mundo de
la enseñanza: son realidades dadas por válidas pero que no
convencen en su puesta en escena y que no explican, por tanto,
algunos comportamientos. Sin embargo, Cate Blanchett hace lo
imposible y logra disimular esos defectos con una gran
interpretación, difícil por tener que trasmitir una inseguridad
y ambigüedad de sentimientos encontrados y cambiantes. Junto a
ellas, los secundarios quedan algo descuidados, con un joven
alumno en un papel que no exige variedad de registros, o un
patético marido de rasgos simples y sin progresión.
Así, lo
que comienza como un retrato psicológico de personajes y
ambientes, con un atractivo y sugerente diseño artístico, poco a
poco deriva hacia la tragedia explícita y escabrosa, pierde
sutileza y acaba
buscando una salida algo alambicada y efectista a tan turbia
situación, con un desenlace más que cuestionable donde unos y
otros parecen perder los papeles. A las excelentes
interpretaciones y al irregular guión se le añade una
cautivadora banda sonora de
Philip Glass,
con una música minimalista y reiterativa que va generando un
ambiente de drama íntimo y compartido, que penetra poco a poco
por los sentidos del espectador hasta suscitar dolor, compasión
y tristeza. Sus melodías actúan como un martillo neumático –o
como una serpiente que duerme y subyuga a quien la mira– que,
nota tras nota, va minando el ánimo de quien asiste a la
proyección, hasta trasmitirle los sentimientos de sus
protagonistas y hacer que se identifique con ellos.
En resumidas cuentas,
estamos ante nuevos “juegos secretos” y “retratos de una
obsesión” que buscan paliar el vacío existencial y el hedonismo
amoral que inunda la sociedad posmoderna. Una historia de
afectos equivocados de quienes viven “lost in London”, entre
confidencias de “amistades peligrosas” y complicidades de
“secretos compartidos” con quien se esconde tras la máscara, con
el dardo de la palabra que humilla y busca venganza siempre
dispuesto, con familias rotas por la imprudencia o la dejadez, y
con miradas de cine que se mueven entre la ambigüedad y la
complacencia. Las magistrales interpretaciones
y la banda sonora convierten la cinta en una película que
gustará a un público adulto aficionado a los dramas extremos e
intimistas.
Calificación:
    
Imágenes
de "Diario de un escándalo" - Copyright © 2006 Fox
Searchlight Pictures, DNA Films, UK Film Council y BBC Films.
Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos
reservados.
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