CRÍTICA
por
Javier Quevedo
Puchal
Soledad
compartida
Si hubiéramos de definir
en unas breves palabras el contenido de la última película de
Richard Eyre,
podríamos caer fácilmente en la tentación de dejarlo en algo así
como “la historia de una amistad enfermiza”. Una idea que, bajo
mi punto de vista, condensa moderadamente bien la trama del
filme, pero que, al mismo tiempo, la simplifica demasiado. Y no
la simplifica porque el argumento en sí sea el más enrevesado
que nos hayamos encontrado en mucho tiempo, ni mucho menos, sino
porque sólo recoge una de las muchas ideas que subyacen en él.
Ideas tal vez básicas, en el sentido de que se nos presentan
desnudas de excesivas distracciones o ramificaciones, pero sin
duda de lo más complejas dentro de su propia elementalidad. Y es
que, a pesar de que la cinta se sumerge de lleno en temas tan
espinosos como la pederastia, el adulterio, el chantaje
emocional o la desesperación, cabe reconocer que en modo alguno
se declina por el camino fácil, es decir, el de reducirlos a las
clásicas ideas unidimensionales que facilitaran la digestión por
parte del espectador de una historia, en realidad, profundamente
sórdida y oscura. No, desde luego no era ése el objetivo de
Patrick Marber,
que ya nos había demostrado previamente (con su adaptación de
"Closer", para
más señas) su gusto por diseccionar a corazón abierto las
miserias y bajezas de unos personajes, si no nihilistas, sí por
lo menos un tanto perdidos dentro de sus propias vidas.
En
esta ocasión, los personajes a diseccionar son básicamente
dos: Barbara Covett (Judi
Dench) y
Sheba Hart (Cate
Blanchett),
ambas maestras en el mismo instituto y, en cierto modo, caras
opuestas de una misma moneda (a fin de cuentas, si algo tienen
en común, es una profunda soledad, aunque cada una la vive y
sufre a su manera). Covett representa a la mujer madura y más
bien amargada, resentida con su entorno y consigo misma, pero
al mismo tiempo tan “vivida” que ya no sabe enfrentarse a nada
si no es con mano dura e inflexible. Por otro lado, Hart es la
mujer joven y atractiva, de presencia magnética y vida
aparentemente feliz, incapaz de encararse al mundo de otro
modo que no sean las buenas maneras y la transigencia, y, en
definitiva, con una falta de experiencia en según qué lides
que a veces la llevan a bordear la ingenuidad. Que dos
personajes en principio no sólo tan opuestos, sino incluso
excluyentes, lleguen a empatizar y finalmente entablar
amistad, es uno de los grandes obstáculos de verosimilitud que
el equipo debe salvar. Y hemos de decir que lo logra más que
hábilmente, empezando por las escenas escritas por Marber, que
desarrollan muy bien el acercamiento entre ambas, y acabando
con la impecable labor de Dench y Blanchett (no hay que
olvidar que, en última instancia, el plato
fuerte que nos ofrece “Diario de un escándalo” no es otro que
un suculento recital interpretativo por parte de dos grandes
generaciones de actrices).
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En realidad, son muchos a
destacar los riesgos transformados en logros, desde el tránsito
entre drama y thriller en que a veces deambula la
historia (algo que hay que agradecer no sólo a la espléndida
planificación de Eyre, sino también a la envolvente banda sonora
de
Philip Glass),
hasta unos ciertos toques de humor digamos que resbaladizo, sin
duda no del gusto de todos (me refiero no sólo a algunos de los
destructivos comentarios en off por parte del personaje
de Dench, sino también a la desesperada insistencia por parte
del de Blanchett en dar sentido a su escarceo amoroso con un
torpe “es un chico muy maduro”). No obstante,
el mayor logro de todos tal vez sea haber renunciado a hacer de
la historia un cliché, un telefilm de sobremesa de fácil
digestión con buenos y malos inequívocamente definidos...
pese a que, desgraciadamente, en el tercio final se carguen las
tintas hacia una cierta polarización bastante retrógrada (y
decepcionante por lo simplista) que, a buen seguro, y con los
tiempos que corren, no será muy aplaudida por la comunidad
lgbt. Así y todo, y dado que la decaída final no logra
empañar por completo las bondades de una cinta por lo demás
bastante sólida, aún podemos aplaudir la voluntad de
presentarnos frontalmente los claroscuros de dos personajes tan
cuestionables como dignos de compasión. Algo que, como en las
mejores historias, las más estimulantes, las más auténticas,
hace que el posicionamiento inmediato del espectador por uno u
otro sea una labor no sólo innecesaria, sino seguramente
imposible.
Calificación:
    
Imágenes
de "Diario de un escándalo" - Copyright © 2006 Fox
Searchlight Pictures, DNA Films, UK Film Council y BBC Films.
Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos
reservados.
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