CÓMO SE HIZO "NUEVO MUNDO"
Notas de producción ©
2006
Golem
Notas del director
"Nuevo mundo" trata de un
viaje que cambia a los seres humanos con destino a la tierra
prometida, un lugar al otro lado del océano donde los hombres de
buena voluntad podrán tener una vida mejor. Es el principio del
siglo XX. Hace poco que la esclavitud ha sido abolida en Estados
Unidos y se necesita sangre joven y mucho espíritu para trabajar
las grandes extensiones de tierra. El gobierno italiano ve con
buenos ojos que se vayan esos hombres que empiezan a reclamar
sus propiedades, que ya no soportan el hambre en silencio y que
están dispuestos a todos para salir de la pobreza. El Estado
italiano y la Iglesia Católica les animan a irse. Nacen las
primeras compañías marítimas de viajeros. Los billetes se venden
en las comisarías, donde se obtiene un pasaporte a cambio de
dinero. Buenos ingresos para el Estado, una misión a la altura
de la Iglesia y el principio de un sueño para los millones de
jóvenes que se marchan; en los pueblos solo se quedan los
ancianos y las mujeres. Las primeras imágenes de esta tierra
nueva llegan a las zonas rurales: supuestas imágenes reales, las
primeras fotos trucadas, los primeros fotomontajes de hombres
diminutos al lado de hortalizas gigantescas. Es la avanzadilla
de la propaganda que sale de Estados Unidos para animar a los
campesinos a dejar sus áridas tierras y trasladarse a la tierra
de la abundancia donde les espera un botín seguro. Dejé de lado
los libros de historia y me concentré en estudiar las “parole di
carta”, las cartas dictadas por millones de italianos a otros
que sabían leer y escribir. Decidí reconstruir una memoria que
además de contener experiencias de primera mano, sería selectiva
y estaría llena de elementos hasta ahora suprimidos más o menos
conscientemente. No me interesaba hacer un relato histórico o
social; quería recuperar el elemento personal, el hombre que
abandona su país y que sufre una metamorfosis durante el viaje,
que pasa de ser un hombre de antes a un hombre moderno.
El hombre que
se va se lleva pocas cosas materiales, pero le acompañan sus
muertos. Este hombre tiene un poderoso sentido de la identidad y
de la memoria, las historias que se han transmitido de
generación en generación. Los pocos kilómetros cuadrados en los
que ha vivido, de los que nunca ha salido, están poblados por
presencias invisibles. Sus animales le dan calor de noche y le
hacen compañía durante el día. Este hombre conoce y respeta la
naturaleza y sus humores; sabe que su supervivencia depende de
ella. Es parte de lo que le rodea; conoce cada piedra, reconoce
cada olor, nota cada cambio por muy pequeño que sea.
Cuando se va,
este hombre decide dejar atrás todo lo que conoce, el lugar
donde ha nacido, sus recuerdos. Citaré una descripción que me
parece maravillosa y que encontré en una carta escrita por uno
de esos hombres durante la larga y espectacular travesía: “Todos
somos almas huyendo” hacia un paraíso que alcanzaremos si el
destino así lo decide, “pero morimos con cada ola”.
La primera
parada es la isla Ellis, la isla de la cuarentena, o “isla de
las lágrimas” como la llamaban nuestros protagonistas. Allí los
emigrantes se enfrentaban por primera vez a los ciudadanos del
nuevo mundo. Y allí empieza esta historia. Durante un año
estudié los documentos y procedimientos que se aplicaron durante
las dos primeras décadas del siglo XX. Descubrí que la isla
Ellis no era solo un centro de inspección y albergue temporal
para los recién llegados. También era una especie de laboratorio
y archivo. Después de pasar cuatro semanas en alta mar en
tercera clase, en dormitorios comunes improvisados en la bodega,
sin ver la luz del día, en espacios muy reducidos y sin apenas
aseos, los emigrantes sicilianos desembarcaban en la isla donde
el personal de la Marina estadounidense procedía a examinarlos.
Los exámenes médicos eran inmediatos para determinar si padecían
alguna enfermedad como tracoma, tuberculosis, alcoholismo,
malfuncionamiento de miembros, ceguera... Cualquier discapacidad
que impidiera trabajar al joven emigrante y ganarse la vida eran
consideradas como imperfecciones y los que las padecían eran
deportados inmediatamente. Los que superaban los exámenes
físicos debían someterse a otros de inteligencia y aptitud.
Fueron los primeros test de inteligencia realizados a gran
escala de los que existe evidencia histórica. Los habitantes del
nuevo mundo estaban convencidos de que la falta de inteligencia
era hereditaria, como puede serlo el color del pelo o de los
ojos, y los emigrantes que no alcanzaban el nivel mínimo debían
pasar una segunda batería de exámenes que confirmarían o
desmentirían su deficiencia mental.
Estos
análisis y exámenes, a los que debía someterse cualquier
emigrante, procediera de donde procediera, fueron registrados.
Son los primeros estudios eugenésicos a gran escala que han
llegado hasta nosotros. La eugenesia, una disciplina científica
cuyo objetivo es la perfección de la raza humana a través del
estudio y selección de características mentales y físicas
consideradas positivas, así como la eliminación de las
negativas, era, sobre todo, un medio “biopolítico” de
discriminación y persecución dirigido a una estandarización de
la nación y a una purga social. Las leyes de inmigración, de
matrimonio y, más aún, la esterilización obligatoria se
aplicaron a un amplio abanico de individuos “degenerados”,
“improductivos” y “anormales”.
Mientras leía
los documentos referentes a los exámenes mentales de los
“aliens” (extranjeros) publicados anualmente a partir de 1913,
miraba las fotos de los recién llegados alineados para ser
examinados, y me perdía en sus miradas. Sus ojos parecían pedir
una explicación mientras luchaban, desorientados, con las formas
geométricas que debían caber en un rectángulo de madera, delante
de hombres uniformados que apuntaban cuánto tardaban en
encontrar la solución, si la había...
El hombre de
ayer debía cambiar en un periodo tremendamente corto. Debía
demostrar que sería capaz de convertirse en un hombre moderno,
que ya no creía en espíritus, fantasmas o en el diablo ni en
ninguna de esas cosas que no se ven ni tienen explicación y que,
por lo tanto, no existen. El hombre del nuevo mundo es racional,
domina la naturaleza, construye edificios de cien plantas,
fábricas gigantescas de las que solo se sale para volver a casa
por la noche. El deber del hombre del nuevo mundo es usar el
progreso para moldear el mundo a su gusto, para producir más de
lo que necesita para sobrevivir, para generar riqueza y dinero.
Seguí esas
miradas intentando descubrir un significado sin tener miedo a
perderlo. No hago juicios morales. No es una película política,
histórica o social. He querido contar la historia de unos
héroes, hombres del pasado que aún creen en la importancia del
misterio y que aún ven cosas que no se ven, lo que no significa
que no existen.
Entrevista a Emanuele Crialese
¿Cómo nació la
idea de este proyecto, el deseo de hablar de su relación con la
historia?
Creo que "Nuevo mundo" nació a partir de mi propia
experiencia como emigrante a Estados Unidos. Hace 16 años me fui
a vivir a Nueva York. Dejé mi país para hacer otras cosas.
Cambié. Mi identidad se vio un poco trastornada. Ya no estaba en
Italia, no tenía raíces allí, por eso debí reinventarme, cambiar
algo de forma radical en mi vida, marcharme hacia un sueño, una
esperanza. Decidí contar esta esperanza, este sueño.
Habla de sueño
y de identidad.
Creo que la identidad es la fuerza de la persona.
En la película, los protagonistas comprenden que son italianos
en el momento en que dejan su país. Damos por sentado que somos
italianos cuando vivimos en nuestro país, pero creo que solo
empezamos a sentirnos italianos cuando nos alejamos de nuestra
patria.
No fui consciente de mi cultura hasta que conviví con otra
cultura. La diferencia hace la identidad, nunca el conformismo,
lo que me parece un fenómeno mágico. Quería mostrarlo en la
película: un personaje sube a bordo de un barco y se presenta a
los demás pasajeros, también italianos, pensando que son
extranjeros, y pregunta: “¿Cómo vamos a dormir con todos estos
extranjeros?” Otro le contesta: “¿Qué extranjeros? Todos somos
italianos”. Entonces descubre que todos son italianos. Los
campesinos de aquella época vivían en una realidad muy aislada.
En una escena de la película, se presentan: “Soy Vincenzo, de
Galigni”, y el otro dice: “Soy Salvatore, de Petralia”. Petralia
y Galigni distan diez kilómetros, pero parece que les separa una
distancia enorme. De pronto, se dan cuenta de que sus pueblos
han quedado atrás, y que solo les queda ser italianos.
El personaje
de Lucy, interpretado por Charlotte Gainsbourg, es muy
misterioso. No se sabe de dónde viene ni por qué está en
Sicilia. ¿Actúa como un espejo?
En vez de Lucy, el protagonista la llama “Luce”,
es decir, luz. Simbólicamente representa a la mujer del Nuevo
Mundo, la esperanza, la luz. Escogí a Charlotte porque me gusta
mucho su forma minimalista de abordar los personajes y porque es
muy reservada; me hacía falta una actriz distante para acercarme
más y para que me rechazara. En mi opinión, la mujer en el cine
siempre debe ser misteriosa, no debe revelar sus secretos, debe
tener un aspecto “giacometiano”, como las estatuas de
Giacometti, altas, blancas. Cuando se la ve al lado de los otros
personajes de andares pesados, vestidos con ropas oscuras,
parece una sonámbula etérea, aérea. Fue una gran inspiración.
Necesitaba su extrañeza.
¿Qué significa
el río de leche? En Tarkovsky, en Fellini encontramos el símbolo
del personaje que nutre, pero para usted, ¿qué sentido tiene?
No pensé en una representación de la madre, pero
puede que lo sea. Mi primera interpretación sería la visión
bíblica de la tierra prometida. Pero también es el vacío, la
nada, un universo que se debe reinventar desde cero. La leche es
una situación psicológica, es muy abierta, muy blanca, como la
pureza de un sueño. Mis personajes son soñadores puros, no están
contaminados. Sueñan con alimentos, no con dinero, a pesar de
que Salvatore, al principio de la película, tiene la visión de
un árbol del que caen monedas de oro porque ha visto una postal
donde unos campesinos recogen monedas como si fueran frutos.
En la película
hay planos de masas impresionantes cuando las familias se van de
Sicilia, cuando el barco se aleja del puerto. ¿Cómo rodó estos
planos? ¿Tenía ganas de representar esta emigración masiva?
Los planos del barco de los que todos me hablan
ahora me vinieron a la cabeza enseguida para describir el
desgarro de un pueblo, de una tierra. Los que se quedan y los
que se van. Quería presentar el movimiento progresivo que lleva
al abandono total, con el agua como filtro. No sé de dónde me
viene esta imagen, pero sí nació de mis ganas de rodar a una
muchedumbre. En una de las escenas de Respiro se ven muchas
piernas. Me gusta rodar a la gente junta, para mí representa el
concepto del ser humano de antes, del que me siento cerca,
cuando no se podía sobrevivir sin la ayuda de los demás. Las
personas estaban más cerca las unas de las otras entonces. Hoy
en día, el ser humano está cada vez más aislado; cree poder
hacerlo todo solo y se siente mal. Cuando ruedo a la gente,
quiera rodarla junta, en movimiento. Creo profundamente que si
tú no estás aquí, no existo. ¿Quién dice que estoy aquí si tú no
me miras? Siempre tengo ganas de cuidar de otros, incluso cuando
trabajo. Necesito ver sonreír a los demás para sentirme feliz.
Entrevista a Charlotte
Gainsbourg
¿Qué le atrajo
de la aventura de "Nuevo mundo"?
Me sedujo Respiro. Luego, cuando conocí a Emanuele
Crialese, fue increíble, vivía para el proyecto, me contagió su
entusiasmo hablando en una mezcla de italiano y de francés. El
guión era apasionante, iba acompañado de documentos visuales:
imágenes mágicas, lugares, rostros, barcos... Era una página de
la historia que desconocía. Tuve la sensación de tocar algo muy
auténtico de la cultura italiana, y no lo dudé ni un instante.
Mi punto de vista era el de una extranjera, de hecho, interpreto
a una extranjera en la película. No entendía lo que Emanuele
quería de mi personaje, no acababa de ver su progresión, pero
tenía ganas de participar en esta película coral. Entonces aún
no sabíamos dónde se rodaría. Se barajaban nombres como Odessa,
Marruecos, Turquía. Cuando me enteré de que debería pasar cuatro
meses en Buenos Aires, separada de mi familia, me quedé atónita,
pero estaba decidida.
¿Cómo preparó
el personaje?
La primera etapa fue escoger el vestuario en Roma,
mucho antes de empezar a rodar. Emanuele estaba muy abierto a lo
que le proponía. Me preguntaba: “¿Qué color llevaría?” Me
pareció interesante que llevara un vestido de cuello alto, muy
rígido, que la diferenciara de las otras mujeres. Más tarde, en
el barco, se suelta un poco más. También estaba la peluca. Que
fuera pelirroja se convirtió en algo emblemático, pero no
siempre fue así. Incluso se planteó que Lucy llevara el pelo
cortísimo.
Está claro que
su peinado debía diferenciarla de las demás.
No voy a quejarme, ya sé que hay papeles para los
que se necesitan cinco horas de maquillaje, pero dos horas
diarias para el maquillaje y la peluca me parecieron un
auténtico calvario. No me había vuelto a poner un corsé desde
Jane Eyre y me costó mucho adaptarme a la faja. Envidiaba a las
figurantes que no tenían que llevar nada de eso. Pero también
era una forma de meterme en el personaje; era como si llevara
una máscara, como si estuviera en la piel de otra, y eso ayuda
mucho.
Nadie sabe
quién es Lucy, y lo que se sabe son chismorreos, ¿sabe algo más?
Me incliné por una prostituta con un pasado que
prefiere olvidar, pero tampoco estaba segura. El día antes de
empezar a rodar, tuve un momento de pánico. Fui a hablar con
Emanuele para decirle que estaba perdida, que no entendía lo que
hacía en la película, que no tenía bastante con los diálogos.
Cuando los otros personajes hablan de ella, la mayoría de veces
están improvisando, no había nada en el guión. Se quedó
preocupado. No me extraña, ver a alguien con un ataque de pánico
la víspera del rodaje. Luego me confesó que le había ayudado,
que había sido como un electrochoque.
Pero, ¿qué le
contestó?
¡Que lo pensaría! De hecho, me quedé con mi
primera idea porque quería algo donde apoyarme. Sin embargo, no
me incliné por hacer el personaje más vulgar, excepto el
peinado. Durante el rodaje, Lucy siguió siendo misteriosa.
Emanuele quería que todos dudaran. Un día, me dijo que también
se podía imaginar otra cosa: que era una mujer de la alta
sociedad rechazada por su marido y venida a menos. Inventamos
varias biografías. Pero el personaje tiene una función
simbólica: Lucy es la unión entre el antiguo y el nuevo mundo.
Encarna una forma de modernidad.
¿Cómo ha sido
rodar en dos idiomas, italiano e inglés?
Estudié italiano en el colegio, pero me pareció lejano
e insuficiente. Le dije a Emanuele que debía estudiar italiano y
tener a alguien que me enseñara a hablar italiano con acento
inglés. Al poco de conocernos, me dio un periódico italiano y me
dijo: “Lee”. Lo hice y dijo que era perfecto, que no debía
cambiar nada. Quizá trabajar el acento me habría ayudado. Me
sentía desestabilizada cuando rodaba en italiano; tenía la
sensación de ser ridícula, de hacerlo fatal. No sé si Emanuele
se daba cuenta o si lo utilizaba como herramienta. Casi
discutimos el día que rodamos la escena con el médico. Estaba
harta de que no me dijera si iba a hacerla en italiano o en
inglés, quería aprender el texto. Pero aguantó hasta el final y
me dijo: “Bueno, la rodarás en inglés”. Y cuando empezamos a
rodar, cambió de idea y dijo: “En italiano”.
El rodaje fue
diferente de cualquier otro...
Desde luego. Debe ser la mayor aventura que he
vivido en el cine. Además, Emanuele tiene un método de trabajo
muy personal, con mucha improvisación, muchos cambios en el
último momento en las escenas y en los diálogos. En Buenos
Aires, empezamos con ensayos muy físicos. Por ejemplo, la
tempestad. La muchedumbre debía aprender a moverse a la vez, a
caerse unos encima de otros, todo debía estar coreografiado.
Parecía un taller de teatro. Tenía dificultades para comunicarme
con los otros actores y con los figurantes porque hablo mal
italiano y español. Encima el primer contacto con ellos fue muy
físico, y yo soy bastante inhibida. Tuve que tirarme de cabeza
sin el menor pudor. Rodamos las escenas del barco y, a
continuación, las de Ellis Island. Para mí, lo más extraño fue
el rodaje de las escenas en el puente. Emanuele nos convocaba a
todos, actores y figurantes. Nos amontonábamos en un barco
bastante pequeño y salíamos para pasar un día en el mar sin
saber qué íbamos a hacer. Emanuele lo decidía según su
inspiración. Estaba al servicio de la película, pero mi ego no
tardó en aparecer. “¿Le inspiraré lo suficiente para que hoy me
ruede o me quedaré en el camerino? Y si se trata de una escena
de masas, ¿exactamente qué querrá de mí?” Iba y venía a mi
antojo. Observé mucho, era todo un espectáculo. Hice fotos,
dibujos. Podía quedarme atrás, observar y ser observada por los
demás. Estaba dentro de mi personaje.
Lucy es un
personaje que evoluciona, se hace más humana a medida que avanza
la película...
Me gustaba su lado antipático, por ejemplo, la
forma en que echa a una chica de su litera en el barco. Me
habrían gustado más momentos así, me gustan los personajes
antipáticos. Eso me permitió mostrar mejor su lado humano cuando
llegó el momento. Pero incluso en Ellis Island sigue siendo
altanera. Es su idioma, sabe lo que pasa, es diferente de los
demás. Sabía desde el principio que Vincenzo Amato estaría en la
película y que debería interpretar una historia de amor un poco
peculiar, que acabaríamos juntos. Estaba hecha de ligeros
toques: el juego del escondite entre las bocas de ventilación
del barco, la llegada a Ellis Island en la niebla. Sinceramente,
no sabíamos cómo las montaría Emanuele y solo podíamos
interpretar el momento.
Dice que
acabarán juntos, ¿tan segura está?
Sí, soy muy optimista. Ya sé que es una tontería
imaginar el futuro de esos dos personajes, pero soy así.
¿Cómo ve la
película desde un punto de vista político?
Se puede pensar en la visión que ofrece de Estados
Unidos, pero no he reflexionado mucho sobre eso. Es obvio que se
mete con la estandarización: todas estas personas tan diferentes
que vemos en Ellis Island acabarán en el mismo molde. Pero ante
todo es la película de Emanuele, la llevaba en la cabeza y la
hizo de cabo a rabo. Hice mi trabajo como actriz. Cada vez estoy
más convencida de que hay que ponerse al servicio del director y
disfrutar dejándose llevar, guiar, sin controlar nada. Me gusta
mucho el principio de la película, la forma en que Emanuele sabe
retratar la magia del antiguo mundo, cómo filma a las mujeres,
la brutalidad que implica dejarlo todo, su sentido de la
materia, sean cuerpos o paisajes. También el aspecto onírico y
cómico. Es muy divertido ver una zanahoria gigante en un río de
leche, a pesar de que estuviéramos en traje de buzo en una
piscina helada...
Imágenes
y notas de cómo se hizo "Nuevo mundo (Golden door)" - Copyright ©
2006 Memento Films, Titti Film, Respiro y Arte France Cinéma.
Distribuida en España por Golem. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "Nuevo mundo"
Añade "Nuevo mundo" a tus películas favoritas
Opina
sobre "Nuevo mundo" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda
"Nuevo mundo" a un amigo
|