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Dirección: Gore Verbinski.
País: USA.
Año:
2007.
Duración:
168 min.
Género:
Acción, aventuras.
Interpretación: Johnny Depp (capitán Jack Sparrow), Orlando Bloom (Will Turner), Keira Knightley
(Elizabeth Swann), Geoffrey Rush (capitán Barbossa), Bill Nighy
(Davy Jones), Chow Yun
Fat (capitán Sao Feng), Stellan Skarsgård (Bill Turner), Jack
Davenport (James Norrington), Naomie
Harris (Tia Dalma), Tom Hollander (lord Cutler Beckett), Jonathan
Pryce (gobernador Weatherby Swann).
Guión: Ted Elliott y Terry
Rossio; basado en los personajes creados por Ted Elliott, Terry
Rossio, Stuart Beattie y Jay Wolpert.
Producción: Jerry Bruckheimer.
Música: Hans Zimmer.
Fotografía: Dariusz Wolski.
Montaje: Stephen E. Rivkin y
Craig Wood.
Diseño de producción: Rick Heinrichs.
Vestuario: Penny Rose.
Estreno en USA: 24 Mayo 2007.
Estreno en España: 24 Mayo 2007. |
CRÍTICA
por
Almudena Muñoz Pérez
La franquicia de “Piratas del
Caribe” no sólo se ha inspirado en las escenas que adornan la
atracción de mismo nombre en Disneylandia, también ha adoptado
su circuito estructural. Algunos se montarán en la vagoneta por
primera y única vez, hartos de giros y movimientos bruscos,
otros repetirán el trayecto las veces que haga falta. Y, claro,
en ese ir y venir continuo se mantiene el encargado de feria,
cuya tarea acaba reduciéndose a pulsar el botón sin ninguna idea
creativa, movido exclusivamente por el lucro. Por ese motivo “En
el fin del mundo” se antoja un título excesivo e inspirador de
desconfianza, aunque
Gore Verbinski
haya intentado simular un colofón en el que se masca la
tragedia.
El
gran malestar que provocó
"Piratas del Caribe: El Cofre del
Hombre Muerto"
(2006) –en realidad nada inferior en méritos artísticos e
interpretativos a esta tercera entrega, dado que se rodaron
simultáneamente– nacía de los platillos que sonaban en torno a
una premisa en la que no se ahondaba nada. Un final impactante
convertía a la película en una promesa, condición llamada a
una caducidad inmediata, en cuanto “Piratas del Caribe: En el
fin del mundo” cerrase el supuesto ciclo con su libertad,
ahora sí, de recursos, metraje, registros, efectos y
revelaciones. El exceso era tan previsible como necesario para
pagar las expectativas del público potencial de un producto
hecho, ni más ni menos, para el consumo fugaz y la digestión
acelerada que provoca la búsqueda de otras ventanas de
explotación. En ese sentido, la última entrega de “Piratas del
Caribe” funciona con la energía de la
primera, el humor de la segunda y un mensaje explícito de
amenaza que parece alcanzar a la propia identidad del film.
Si no
fuera por su categoría de película dependiente –manía comercial
que no sólo se apoya en el final abierto, sino en la apertura de
todas las subtramas posibles para que sea necesario ver la
siguiente entrega, como hicieran "Star
Wars. Episodio V: El imperio contraataca"
(1980), "El
Señor de los Anillos"
o, en su acumulación cronológica, todos los “Harry Potter”–,
“Piratas del caribe: En el fin del mundo” superaría a su
antecesora por ese discurso autoconsciente que, en perlas
demasiado alegóricas, empaña el aparente buen rollo de la
historia. Desde el arranque en una ejecución colectiva, que
incluye a un niño –quien mira hacia la soga de la horca, como la
inocencia pirata que no podrá ser destruida por las leyes que se
han situado por encima de ella con su despotismo ilustrado–,
hasta el paseo de lord Beckett (Tom
Hollander) por
su barco, reducido a astillas, Verbinski declara su
incondicional adscripción a los héroes, miembros de un
corporativismo fiel a sus códigos frente al peligro del
capitalismo hipócrita que encarna la Compañía de las Indias
Orientales, atisbo de la colonización británica.
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El
problema es que bajo ese nuevo cántico de dolor por un
mundo que se acaba –casi advertencia del remolino de
monotonía en que acabará aniquilada la saga–
se pretende dar cabida a todo. La variedad y los
periódicos cambios de tono –que no de ritmo, siempre
vertiginoso– pueden comprimir la percepción de un metraje
desmedido y
mantener el interés de las mentes educadas en el disfrute
a corto plazo. Sin embargo, eso mismo lleva al abandono de
las líneas argumentales inauguradas en
"Piratas del Caribe: El Cofre del
Hombre Muerto"
y a que ningún personaje o emoción adquiera consistencia.
Lo que ha rebasado “Piratas del Caribe: En el fin del
mundo” es el nivel de espectacularidad y el mimo digital
–el detallismo húmedo de las criaturas que acompañan a
Davy Jones (Bill
Nighy)–,
perdiéndose el cariz personalizado de las tramas,
reducidas en muchas escenas a simples intercambios de
chascarrillos o a entretejer una telaraña de traiciones,
planes y amiguismos en la que acaba enredada la
comprensibilidad del espectador y la lógica del carácter
de cada protagonista.
Papel
que, como era de esperar, sigue vinculándose a Jack Sparrow (Johnny
Depp), cuya
presencia se multiplica de manera exponencial, aunque las
payasadas físicas de la segunda parte desaparecen –salvo en la
eterna secuencia en el desértico confinamiento del capitán en el
más allá de Davy Jones–. El resto apenas sorprende: Barbossa (Geoffrey
Rush) ve
limitado su carisma por la falta de una ambición antagónica que
lo convertía en la estrella de "Piratas del Caribe: La maldición
de la Perla Negra"
(2003); Will (Orlando
Bloom) y
Elizabeth (Keira
Knightley) se
reconcilian en medio de la teatralidad amorosa construida para
ellos, olvidándose el conflicto abierto entre la chica y
Sparrow; y los secundarios añaden las gracias chisposas que les
faltan a las estrellas o completan momentos de redención
dramática –los breves Norrington (Jack
Davenport),
Bill 'el Botas' (Stellan Skarsgård),
el padre de Elizabeth (Jonathan
Pryce) y Sao
Feng (Chow Yun Fat)–.
La única reunión en pantalla verdaderamente atractiva sucede en
el consejo de hermanos piratas, lugar de lucimiento para
Keith Richards
–guitarra incluida– y preludio cómico de un desenlace que
asciende en sentimentalismo y… nuevas promesas.
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La patrulla pirata acude al
fin del mundo, de portal asiático, para reencontrarse con sus
señas de identidad, el espectáculo perjudicado por la pobreza de
"Piratas del Caribe: El Cofre del
Hombre Muerto":
fuegos artificiales y Sparrow. No mucho más ofrece una película
que, aun con su humildad de origen –recuperar un género maldito–
pierde cualquier contenido meritorio entre la morralla
de planos-impacto, en detrimento de la coherencia interna de
cada escena y del desarrollo personal de sus ídolos.
Si pedir entretenimiento a “Piratas del Caribe” es justo,
también lo es un poco de añadido a los personajes y a las
relaciones entre ellos, y aunque el paralelismo entre Davy
Jones-Calipso y Will-Elizabeth trastoque el típico happy end
en beneficio de un cierre imprevisto y audaz –conviene tragarse
los interminables créditos finales para comprobar cómo, al menos
tangencialmente, de verdad se cierra la trilogía–. Un último
capítulo que decepciona por su profusión de material sujeto con
alfileres, pero que añade algo de dignidad al paso intermedio. Y
todo esto dicho de manera provisional. Que nadie abandone el
parque: las atracciones rentables nunca cierran para siempre.
Calificación:
    
Imágenes
de "Piratas del Caribe: En el fin del mundo" - Copyright ©
2007 Walt Disney Pictures y Jerry Bruckheimer Films. Fotos por
Peter Mountain y Stephen Vaughan. Distribuida
en España por Buena Vista International Spain. Todos los derechos
reservados.
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