CÓMO SE HIZO "RECORTES DE
MI VIDA"
Notas de producción ©
2006
Sony
Pictures
2. El reparto
Mientras escribía, Ryan Murphy intentaba evitar la tentación de
imaginar ningún actor en particular para los papeles que estaba
creando. “Quería que los personajes fueran gente por sí mismos”,
explica. Pero una vez que terminó el guión, Murphy y Burroughs
se divirtieron sentándose y sacando una lista de su reparto “de
ensueño”. Asombrosamente, todos los actores del cartel dijeron
que sí al final. Murphy sabía que no había papeles fáciles en el
bombo. Sin excepción, todos los personajes de la película están
llenos de emociones irritantes, contradicciones flagrantes y
problemas muy profundos —por lo que necesitarían actores muy
consumados capaces de encarnar lo bueno y lo malo al mismo
tiempo, con un tono cómico y con un realismo detallado. “A
menudo los personajes son buenos o malos, pero en esta historia
son ambas cosas. Creo que a los actores les encanta interpretar
eso porque supone un gran reto. Pero también sabía que tenía que
estar preparado cuando conociera a estos actores”, dice. “Les
llamé a todos y les pedí una cita. Luego les dije porqué pensaba
que eran perfectos, porqué no podían decepcionarme y porqué no
aceptaría un no por respuesta. El hecho de que fuera capaz de
convencer a este grupo de gente con tanto talento cuyo trabajo
idolatro desde hace mucho tiempo para que estuvieran en mi
primera película fue asombroso".
La productora Dede Gardner
cree que fue la pasión y el fantástico guión de Murphy lo que
llevó al grupo a aceptar trabajar en la primera película del
director. “El talento de Ryan es innegable pero nunca había
dirigido una película”, dice. “Su carta de presentación tenía
que ser el guión y las palabras escritas que definen los
papeles. Todos los personajes tienen muchas dimensiones —un
comienzo, una mitad y un final. El guión abrió la puerta a los
actores y luego Ryan los hizo pasar”.
Para Ryan Murphy, uno de los
personajes más importantes de la película siempre fue Deirdre
Burroughs, que no sólo provoca los acontecimientos de la
historia sino que se muestra como una mujer de su época
profundamente complicada y fascinante bajo sus, a menudo,
dolorosamente divertidas palabras y acciones. Empieza la
película como co-conspiradora y confidente de Augusten pero,
sacudida por salvajes cambios de humor bipolares y un anhelo
insaciable de éxito artístico, lo abandonará más adelante en una
traición que él tardará muchos años en poder perdonar.
De algún modo, Murphy vio a
Deirdre como una mamá típica de los 70, confusas y divididas
entre sus papeles de matriarcas autosuficientes y los sueños
feministas de “auto actualización de la sociedad”. También la
veía como el tipo más trágico de artista —el tipo de artista
cuyo trabajo nunca llega a las altas cotas de sus ambiciones.
Aún así Deirdre también era víctima de su propia química
desordenada, era una mujer que trataba desesperadamente de
sobrevivir a un paisaje interno de desilusiones fuera de
control.
Murphy comprendió que
necesitaría una actriz extraordinariamente versátil para
conseguir esa particular mezcla de humor, enfermedades, psicosis
y corazón roto de Deirdre —y es por eso que la nominada a
múltiples Oscars, Annette Bening fue una de las primeras
actrices contratada para la película.
“Tienes que ser capaz de
sentir empatía por Deirdre, un personaje que no siempre cae muy
simpático”, explica Murphy. "Annette, que ha querido hacer una
película sobre enfermedades mentales desde hace muchos años, era
capaz de eso. Ese es su don. El suyo es uno de los retratos más
desgarradores que he visto sobre la enfermedad mental. Era muy
específica y estaba muy preparada. Investigó mucho y habló con
muchas autoridades. Sabía cómo hablaría alguien de una droga,
cómo debía arrastrar las palabras, dónde su enfoque debía
desaparecer ligeramente. Se aseguró de que siempre contara la
verdad".
Murphy admiraba especialmente
la buena disposición de Bening para asumir muchos riesgos
interpretando a una madre que finalmente abandona a su hijo y lo
coloca en una posición peligrosa. “Era muy importante para
Annette que, aunque no estuvieses de acuerdo con lo que hizo
Deirdre, comprendieras porqué lo hizo”, dice el director.
“Trabajamos muy duro para presentar ambas caras del personaje
porque si no estaba cuidadosamente modulado, podría convertirse
en una Medea de hoy en día. Annette hizo una actuación realmente
atrevida y se lanzó a tope. No muchas actrices estarían
dispuestas a ser expuestas, desnudadas o colocadas en la
palestra así".
Bening se hizo fan del guión
inmediatamente. “Lo que me encantó es que es la historia de
alguien que no sólo vivió una experiencia terrible, sino que
vivió para contar la historia con ingenio, inteligencia y
comprensión", dice. "Lo que realmente me conmovió es que
Augusten fuera capaz de enfrentarse a su pasado y seguir
adelante”.
Bening enseguida vio a
Deirdre, a pesar de su desastroso paso por la maternidad, a
través de un kaleidoscopio. “Creo que es una mujer con mucha
pasión que quiere a su hijo pero que también tiene que luchar
contra el estar muy enferma", observa. "Es una mujer perdida en
la búsqueda de algo en su interior. También es una gran diva,
llena de humor, energía e inteligencia —una mujer muy compleja”.
Pero aunque Bening encontró
intrigante la vida interior de Deirdre, no excusa sus acciones,
que trajeron muchos problemas a la vida de su hijo. “Siento
empatía por ella, pero eso no significa que la historia le tenga
cariño”, anota. “Toma muchas elecciones que, como mínimo, son
muy destructivas. Creo que quería mucho a su hijo —pero también
empezó a verlo como alguien que le impedía expresarse, sexual y
creativamente”.
En su incesante deseo de
libertad y expresión, Bening también vio a Deirdre como un
producto de la América de los 70. "La historia tiene lugar en
medio del Movimiento Feminista cuando se estaba produciendo un
gran cambio y creo que tiene mucho que ver con la propia
búsqueda de Deirdre por descubrirse a si misma”, comenta la
actriz. “Deseaba ser liberada de su vida doméstica, romper con
todo y ser libre para escribir. Creo que para mucha gente que
siente la llamada creativa, que siente que hay algo dentro de
ellos que necesita salir, escribir, pintar o cantar, es como el
oxígeno. Deirdre sentía que necesitaba eso para sobrevivir".
Para profundizar aún más en
la psique rota de Deirdre, Bening no sólo consultó a expertos en
psiquiatría sino que tuvo muchas conversaciones intensas con
Augusten Burroughs sobre la vida a la sombra de los movimientos
del péndulo de su madre. “Me resultó de mucha ayuda y además fue
muy conciso”, dice. “Tiene una gran memoria para los detalles”.
Burroughs estaba igualmente
impresionado con Bening. “Las preguntas que hacía no eran del
tipo ‘¿cómo se reía tu madre?' Nunca hacía preguntas como esa.
Hacía preguntas de historia, sobre las relaciones y la
cotidianeidad de la familia, sobre esperanzas y sueños e incluso
sobre lo que significa una familia. Eso preguntaba”.
Finalmente, Bening llegó a
ver a su personaje como una persona problemática que, sin
embargo, transmitió algo más que los genes de la excentricidad a
Augusten. “Deirdre cometió muchos errores criando a su hijo,
pero también creo que tenía el truco para sobrevivir dentro de
ella misma”, dice Bening, “Y esa debe de ser la gran cualidad
que transmitió a su hijo porque Augusten se convirtió en un
superviviente increíble”.
Encontrar a un joven actor
para interpretar a Augusten Burroughs se convertiría en una de
las cosas más importantes de la producción. Ryan Murphy empezó a
buscar a alguien que pudiera encarnar el contraste entre el
ingenio oscuro y el espíritu optimista del narrador de la
película —el chico ingenuo con sueños de ser peluquero que se ve
empujado al caos sexual, emocional y familiar— y que además
fuera un actor que también pudiera hacer suyo el papel. "Sobre
todo necesitaba a alguien que hiciera que la gente se preocupara
por él, porque el público tenía que seguir a Augusten sin dudar
de estos acontecimientos increíbles", anota Murphy.
Murphy hizo audiciones para
este papel, y en una de ellas llegó Joe Cross, un chico de 18
años que hizo su primera aparición en una película cuando era un
niño en “Wide Awake”, de M. Night Shyamalan y ha continuado con
una carrera prometedora. “Joe Cross fue la única persona que
leyó el papel y me hizo llorar”, recuerda el director. Dede
Gardner añade: “Joe era tan vulnerable y tan real que le cogías
cariño inmediatamente. Te permitía sentir las emociones de
Augusten y al mismo tiempo te hacía reír por la absurda
situación en la que se encuentra este pobre niño”.
Cross acababa de empezar su
primer año en el Trinity College en Connecticut cuando recibió
el guión. No se acostó hasta que lo terminó a las tres de la
mañana y estaba completamente fascinado por el papel de
Augusten. “Pensé que era uno de los mejores papeles para alguien
de mi edad que había visto nunca”, dice. “Pero también daba un
poco de miedo porque sabía que quería ser justo con él y con el
guión".
Ryan Murphy planteó la dura
cuestión a Cross de cómo pretendía hacer eso. "Cuando me reuní
por primera vez con Ryan, me preguntó que tenía yo en común con
Augusten, ¿cómo iba a ser capaz de comprenderlo?”, recuerda
Cross. “Era una gran pregunta. Lo primero, yo no soy gay y me he
criado con unos padres que me cuidaban, me querían y me
apoyaban. Pero, acababa de pasar mi primer semestre fuera en la
universidad y había sido duro estar lejos de mi familia y de mis
mejores amigos por primera vez. Hice la comparación de que la
universidad es un lugar muy caótico con mucha gente extraña
—como en la casa de Finch— y al mismo tiempo estás completamente
solo”.
Una vez dentro, Cross afrontó
las enormes tareas que suponía aceptar este personaje con una
transformación de 180 grados, desde un niño horrorizado y
reprimido hasta un superviviente de un montón de problemas
devastadores de la vida cargado de humor. “Augusten cambia
drásticamente”, anota. “Al principio de la película él sólo es
un niño inocente, pero entonces tiene que tratar con todas estas
situaciones de adulto: la psicosis de su madre, el alcoholismo
de su padre, la separación de ambos, que los Finch se involucren
en su vida y luego, su relación con Neil Bookman. Lo interesante
es que Augusten es alguien que ansía la normalidad, se mueve
dentro de una auténtica locura y debe buscar el modo de
escapar”.
Cross empezó reuniéndose
durante mucho tiempo con el Augusten Burroughs crecido, que
abiertamente compartió su perspectiva más íntima con el actor.
“Realmente intenté explicar a Joe de donde venía", recuerda
Burroughs, "que yo era muy tímido y estaba un poco neura y
preocupado por mi pelo y por si mi bonita ropa de poliéster
cogía pelusas —y luego llegué a casa de los Finch y me di cuenta
de que se trataba de nadar o morir. Si quería sobrevivir, tenía
que aceptar lo que me rodeaba".
Para estar todavía más
preparado para el papel, Cross también tenía que investigar los
años 70, una época en la que el actor ni siquiera había nacido.
“Vi vídeos de programas como ‘Johnny Carson’ y ‘Sonny and Cher’
y hojeé libros de la moda de los 70 para comprender mejor la
sensación de los tiempos”, dice.
Para prepararse
psicológicamente para el papel, Cross exploró todas las
intrincadas relaciones que tenía su personaje con su familia
biológica y su familia “adoptiva”. En el centro de la vida de
Augusten y de los interminables traumas está su madre, Deirdre
—y no sabe cómo sacudirse su profunda influencia sea lo que sea
que haga para poder seguir adelante. “La relación de Augusten
con Deirdre es realmente interesante porque siempre le pone las
cosas difíciles, lo rechaza y no es la madre que él quiere o
necesita —aún así siempre vuelve con ella”, dice Cross. “La
quiere incondicionalmente, pero al final se ve obligado a
aceptar que ella nunca va a estar ahí para él y que tiene que
seguir. Y aunque sea difícil de imaginar... yo creo realmente
que llega a perdonarla”.
Mientras tanto, buscando
desesperadamente a alguien que llene el hueco que ha dejado su
madre, Augusten lo encuentra en el más extraño de los lugares:
en Agnes Finch, la mujer glotona y con aversión a la limpieza
del psiquiatra de su madre. A pesar de su misteriosa forma de
actuar, es Agnes la que da a Augusten la esperanza por el
futuro, advirtiéndolo de que los "sueños pueden ayudarte a
superar los malos momentos". "Sorprendentemente, creo que Agnes
acaba siendo la madre que Augusten no tiene", reconoce Cross.
"Ella y Augusten forman un vínculo, y cuando le regala el
preciado Manual de Cosmética, es lo más desinteresado que nadie
ha hecho por él desde hace mucho tiempo — o desde siempre. El
hecho de que a alguien le interese ayudarlo a conseguir sus
sueños es algo muy importante para él".
En el interior del extraño
santuario del hogar de los Finch, Augusten también se encuentra
atraído por dos de los miembros más extraños de la familia:
Natalie, la hija adolescente de vocabulario brusco y amante de
la música disco, que se convierte en su mejor amiga, y el
perturbado aunque atractivo Neil Bookman, que seduce a un
Augusten adolescente. Para Cross, la relación cuando era menor
de edad de Augusten con Bookman el pedófilo es uno de los
aspectos más estremecedores de su mayoría de edad. Tal y como lo
Ryan Murphy lo escribió, su inquietante alianza no es blanca y
negra, sino que está llena de comportamientos claramente
inmorales y conexiones emocionales legítimas.
“Bookman es un personaje muy
trágico”, observa Joe Cross. “Creo que él es probablemente la
persona más solitaria de la historia. Todo el mundo ha apartado
a Bookman. Pero de un modo muy retorcido, creo que se convierte
en otra figura paterna para Augusten, el único adulto en el que
puede confiar. Augusten compadece a Bookman y se queja a Finch
por sus problemas. Bookman le da la atención que nadie más le
da. Es agridulce porque cuando Augusten se da cuenta de que
realmente quiere a Bookman, éste se ha ido y no hay forma de
encontrarlo. Bookman nunca llega a saber esa información que le
hubiera hecho tan feliz”.
Para toda la locura que tiene
que soportar ese joven Augusten, y para todos sus roces con el
sexo, las drogas y la enfermedad mental antes de que hubiera
tenido tiempo para madurar, Joe Cross quería asegurarse de que
el personaje nunca se viera desde la perspectiva de un “pobre de
mí” —algo que cree que es la clave para comprender lo conmovedor
del Augusten Burroughs real y del personaje de pantalla. “No
quería que pareciera que Augusten se siente como una víctima o
que se compadece, porque no lo hace”, dice Cross. “Es una
persona muy fuerte y creo que su historia trata la idea de que
si eres capaz de perdonar también eres capaz de sobrevivir y
soportar las cosas más inverosímiles”.
Esta película cuenta la
historia de Augusten Burroughs cuando sólo es un adolescente,
cuando su madre lo abandona al cuidado de su psiquiatra, el Dr.
Finch. Enviado a vivir en la tambaleante casa rosa victoriana de
los Finch, Augusten es empujado a un mundo donde los árboles de
Navidad siguen ahí en verano, los platos están sucios, el Valium
es la respuesta a la mayoría de los problemas y jugar con
máquinas de electroshock es una forma de que los niños se
entretengan.
Y además, nadie en la casa de
los Finch es lo que parece a primera vista. Esto es
particularmente cierto en el caso del Dr. Finch, el peculiar
psiquiatra que aparece misteriosamente por primera vez en la
vida de Augusten en mitad de la noche, dispuesto a solucionar
una de las peleas violentas entre sus padres —y que finalmente
se convierte en su padre adoptivo, para desgracia de Augusten.
Aunque Augusten teme que el Dr. Finch esté incluso más loco que
su madre, también descubre que hay muchas caras en este
complicado hombre —desde las más extrañamente escatológicas
hasta las más filosóficas.
Cuando escribía el guión,
Ryan Murphy colaboró con Augusten Burroughs para darle
dimensiones adicionales al Dr. Finch. Cuando llegó el momento de
hacer el casting, Murphy pensó que sólo había un hombre que
podría dar vida a este retrato con múltiples capas: Brian Cox,
el prolífico actor escocés ganador de un premio Emmy, que ha
recibido aclamaciones por sus papeles memorables en cine,
televisión y teatro, y más recientemente en películas como
“Adaptation”, de Spike Jonze y “Match Point”, de Woody Allen.
Cox se sintió inmediatamente
atraído por el guión de Murphy. “Este fue uno de los mejores
guiones que he leído en mucho, mucho tiempo”, dice. “Es muy
rico. También creo que el viaje de Augusten, aunque más extremo
que la mayoría, es parecido al que pasan muchos niños —teniendo
que enfrentarse a la locura de los adultos, la locura de las
estructuras de la sociedad o de la falta de estructuras, y
sobrevivir de algún modo”.
Comenzó la preparación con
largas conversaciones con Augusten Burroughs sobre cómo planeaba
enfocar al Dr. Finch. “Hablamos sobre cómo los Finch eran
excéntricos aunque en ningún modo malos”, dice. “Comprendí que
Augusten tiene mucho afecto a todos estos personajes. Él no los
juzga. Sus acciones eran extremas pero sus intenciones era otra
cosa —y eso es lo que los hace tan conmovedores”.
Cox también se familiarizó
con los métodos psicoterapéuticos anti-culturales de Finch.
Empezó a comprender que su personaje, al igual que Deirdre
Burroughs, era sobre todo un producto de la época. "Eran los 70,
cuando América estaba saliendo del amor libre, el movimiento
hippie, la época de Timothy Leary, cuando se probaba la
sensibilidad humana de todas las formas posibles", anota.
"Aparecieron toda clase de extraños y locos movimientos
terapéuticos —terapia primaria, terapia de gritos— tratando de
ver si había un botón que pudieran apretar para liberar a la
gente. Finch era parte de eso. Representa la idea de que no hay
tabúes, que todo el mundo debe sentirse libre —estaba en la
nueva ola de la psiquiatría que creía en que todo vale. Pero,
por supuesto, cuando no existen los tabúes la gente no sabe que
hacer ni lo lejos que puede ir, y las cosas empiezan a venirse
abajo, como pasa en casa de los Finch”.
Para Cox, que cree que el
médico quiere ayudar legítimamente, es especialmente intrigante
la filosofía de Finch hacia Deirdre. “Ve a las mujeres como
Deirdre como si estuvieran entrando en un mundo que no está
preparado para ellas y que las hace volverse locas", explica el
actor. "Y deben ser ayudadas de algún, hay que guiarlas y darles
los medios para superarlo".
En el escenario, Cox se
convirtió en el líder carismático aunque profundamente dolido
que mantiene a toda su familia, además de sus pacientes, con un
extraño encanto. Todos los actores se quedaron fascinados por
él. "Era un gran privilegio verlo dando vida de un modo tan
completo a este personaje”, dice Dede Gardner. “Es realmente
imposible imaginarse a nadie más interpretando este papel”.
Aunque el Dr. Finch se
convierte en el padre en funciones de Burroughs, es el hijo
adoptivo de Finch, Neil Bookman, el que lo empuja aún más al
precipicio de la edad adulta empezando una relación sexual con
el todavía confuso adolescente. Bookman es uno de los personajes
clave de la historia, aunque los cineastas sabían que a causa de
su controvertida naturaleza sería muy difícil conseguir al actor
adecuado. Interpretar a un hombre desesperadamente solo con
tendencia a la ira, la depresión y la pedofilia sería un riesgo
enorme para cualquier actor. Aun así era un riesgo que Joseph
Fiennes —el actor británico con aclamados papeles como Will
Shakespeare en "Shakespeare in Love" y Bassanio en "El Mercader
de Venecia" de Michael Radford— estaba dispuesto a asumir.
Fiennes no estaba tan asustado por el personaje como lo por
afrontar el desafío de hacer un Bookman completamente real.
“Neil Bookman es,
probablemente, uno de los papeles más difíciles con los que me
he encontrado —lo que para mí era inspirador”, explica Fiennes.
“Pensé que el guión era completamente deslumbrante —original,
muy difícil y peculiar, pero también muy divertido”.
Para meterse realmente en el
mundo de Bookman, Fiennes tenía que intentar analizarlo sin
juzgar sus actos. “La clave era tratar de entender realmente a
Bookman, su enfermedad y su sexualidad. Tenía que hacerlo humano
y no un monstruo de cartón”, dice. Pero no fue fácil. Fiennes
continúa: “Pensé que era detestable por lo que Bookman hizo
pasar al joven Augusten —y comprender la naturaleza y las
razones de su relación se convirtió en un gran desafío como
actor. El público tiene que entender mediante la actuación que
también había un amor genuino entre los dos".
Fiennes llegó a ver a Bookman
como poseído por la necesidad de proteger a Augusten —aunque sus
buenas intenciones encubran una maligna atracción sexual. "Creo
que Neil cree que Augusten es una especie de inocente que han
traído a la familia Finch —y él ya sabe cómo es Finch y cómo es
su familia. Quiere ayudar a Augusten, pero la ironía es que se
convierte en una de las personas que interrumpe su niñez y le
arrebata la inocencia”, resume Fiennes.
La joven hija Natalie también
trata de guiar a Augusten por la locura de la familia Finch, y
engalanada con sus pantalones supercortos y sus zapatos de
plataforma, intenta convertir al meticuloso e introvertido
Augusten en un espíritu libre. Los cineastas se pusieron a
buscar una joven actriz muy especial para que interpretase el
papel. Cuando vieron a Evan Rachel Wood, de 17 años, que llamó
la atención con su aguda interpretación en el éxito
independiente, “Thirteen”, supieron que era la elección perfecta
para la extraña mezcla de vivacidad, secretismo y miedo a
independizarse de Natalie.
“Evan tenía la fiereza que
Natalie necesitaba”, explica Gardner. “Augusten no es fiero en
absoluto y en ese momento de su vida necesitaba a alguien que
fuera capaz de tumbarlo. La Natalie de Evans lo hace sin
evasivas y sin dudas. Evan tiene una gran reserva de emociones
reales en su núcleo y deja que salgan a la luz en el papel; es
algo asombroso dado lo joven que es. Al final, ella y Joe Cross
tenían una maravillosa química juntos”.
Wood respondió inicialmente a
las emociones crudas y sin filtrar del guión de Ryan Murphy. “Me
encantan los guiones brutalmente honestos y me encanta el
material que no había sido visto antes, y realmente no creo que
nadie haya visto nunca una historia como esta", dice.
También sintió una afinidad
con Natalie, a la que ve como atrapada entre la devoción a su
familia, no importa lo locos que estén, y la ardiente necesidad
de forjar su propia identidad. “Sorprendentemente, Natalie es la
más realista de los Finch, lo que es decir mucho considerando a
esa familia”, ríe Wood. El sueño de Natalie es ir a la
universidad pero cree que su familia es demasiado rara para que
se convierta en realidad. Es extremadamente leal a su padre
hasta un nivel enfermizo. Se siente obligada a mantenerse junto
a él aunque haya cogido el dinero de la universidad y se lo haya
dado a Hacienda para salvar su casa. Bajo todo eso, creo que se
siente completamente inútil y desesperada".
Es Augusten el que lleva un
rayo de esperanza a Natalie, y viceversa. “Realmente congeniaron
y se convirtieron en los mejores amigos, porque creo que cuando
están juntos sienten que van a estar bien”, observa. “No creo
que ninguno de ellos haya tenido antes a alguien que realmente
los haya apoyado en quienes son, así que, cuando se conocen, es
algo muy poderoso”.
Para Wood, era
particularmente emocionante reunirse con un reparto tan
consumado para representar a los Finch —incluida la ganadora de
un Oscar Gwyneth Paltrow, que interpreta a Hope, la hermana de
Natalie, una joven profundamente fatalista que toma las
decisiones clave de su vida eligiendo palabras al azar en la
Biblia. “Realmente sentí que no se podía haber hecho un casting
mejor para esta película”, dice Wood. “Todo el mundo es perfecto
para su papel. Creo que el público realmente se emocionará
porque hay muchas grandes actuaciones en esta película”.
Una de las actuaciones más
conmovedoras de la película es la de Agnes Finch, la matriarca
aparentemente indiferente que de alguna manera consigue
convertirse en una madre que quiere profundamente a Augusten
cuando éste más lo necesita. El papel lo interpreta la nominada
en dos ocasiones al premio de la Academia, Jill Clayburgh, que
se volvió a reunir con Ryan Murphy después de trabajar con él en
“Nip/Tuck”. “Ni siquiera había leído el guión aún pero Ryan
siguió diciendo ‘Quiero que seas Agnes’”, recuerda Clayburgh. “Y
estaba encantada cuando por fin vi el guión porque es una
historia asombrosa y ella es un personaje muy interesante y
conmovedor”.
Como se interpreta en la
película, la oprimida Agnes pasa sus días sentada en el sofá,
comiendo galletas de perro y viendo viejas películas en blanco y
negro. Pero también hay otra parte de la historia.
“Parece que Agnes ha perdido
el norte, que ha perdido el control de las cosas”, dice
Clayburgh. “La vida es demasiado para ella. Aún en su
desesperación y su tristeza, forja una relación muy tierna con
Augusten, que la ayuda tanto como ella a él. Creo que ella es
una especie de centro emocional de la película —tan torcida como
su mundo, hay una dulzura y una amabilidad en ella que la hacen
muy conmovedora”.
Sus improvisadas
conversaciones con Augusten Burroughs fueron clave para la
interpretación de Clayburgh. “Cuando hablé con Augusten, él
empezó a hablar de Agnes de un modo muy profundo", recuerda.
"Era muy interesante. Decía: 'No había pensado en esto en
años...' y de repente se acordaba de detalles que me ayudaron
mucho a definirla. Agnes sufre una metamorfosis en la película,
porque en medio de esta pesadilla de menosprecio y falta de
atención, Augusten deja que lo quiera, y él por su parte, la
quiere a ella”.
Para el papel de Norman, el
padre de Augusten, cuya salida de la familia Burroughs precipita
una devastadora cadena de acontecimientos para su hijo, Ryan
Murphy pensó inmediatamente en Alec Baldwin, con el que había
trabajado en un episodio de “Nip/Tuck”. Fue la capacidad
camaleónica de Baldwin de desaparecer dentro de sus personajes,
sean lo complejos que sean, —un talento que recientemente le
supuso una nominación al premio de la Academia por su actuación
en “The Cooler”, además de nominaciones al Emmy y al Globo de
Oro por la versión de “Un Tranvía Llamado Deseo”— lo que atrajo
a Murphy.
Para Baldwin, el desafío
estaba en dar vida a un hombre que a primera vista es un
espectáculo de terror. “Es un profesor alcohólico y
autodestructivo que es infeliz y está desconectado de su
familia”, resume Baldwin. Aun así, Baldwin también vio la
punzante agonía del alma del personaje. “Norman está en un lugar
estancado en su matrimonio y como padre, lo que es realmente
trágico. Creo que es uno de los lugares más dolorosos donde se
puede estar en la vida —cuando tu matrimonio es tan tóxico y
corrosivo que abandonas a tus hijos para escapar de él”.
Baldwin también se sintió
atraído por la oportunidad de trabajar con Annette Bening. "El
suyo es un papel muy difícil y nadie se desmorona mejor en cine
que Annette. Ella es la mejor creando un contexto psicológico
muy real y es muy convincente en el papel de Deirdre porque en
su actuación hay una parte dulce y otra agria. No estaba tan
loca, ni era tan difícil ni tan intensa —también es encantadora,
divertida y apasionada. Las escenas que tuve con ella fueron
notables", dice Baldwin.
Para Ryan Murphy fue la
combinación de habilidad y pasión de todo el reparto lo que creó
una especie de atmósfera cargada en el escenario —una atmósfera
que parecía dar vida a la electricidad emocional que define la
vida de los Burroughs y la de los Finch. Él dice: “Me sentí muy
afortunado por tener actores de primera clase y me gustó
dejarlos libres con el material y verlos actuar para comprobar
que hacían con él. Era fantástico".
Continúa: “Era una película
muy difícil de hacer, pero también producía mucha satisfacción.
Creo que es extraño cuando todo el mundo ve un proyecto casi de
la misma manera, pero todos los actores que contratamos lo
hicieron. Nos reímos mucho, aunque la historia podía ser oscura
en algunas ocasiones. Supongo que sólo en esta película puedes
hacer una escena con dos adolescentes jugando con un aparato de
terapia de electroshock y pensar que es uno de los momentos de
mayor calma".
3.
El diseño
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Entertainment. Fotos por Suzanne Tenner. Distribuida en España por Sony Pictures Releasing
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