CRÍTICA
por
Miguel Laviña
Guallart
Los
peligros de la memoria
Familias no ya
desestructuradas sino directamente enloquecidas, junto a algunas
aficiones surgidas en la sociedad norteamericana de los 70
(corrientes de pensamiento importadas, novedosas terapias
mentales, inclinación por toda clase de fármacos) es la fórmula
que repite “Recortes de mi vida”. Su máximo responsable
Ryan Murphy
–director, productor, guionista– maneja un material que se
intuye mordaz y divertido en su original literario, pero que en
su adaptación al cine echa a perder sus muchas posibilidades,
quedándose a mitad de camino en todos los frentes. Desperdicia
también un estupendo reparto, en el que tan sólo
Annette Bening
y, en especial, el joven protagonista
Joseph Cross
logran alejarse de la caricatura de sus personajes y elevar algo
el interés en unas cuantas secuencias.
Teniendo en cuenta lo reflejado en la película, desde luego
las memorias de infancia y juventud del escritor Augusten
Burroughs tienen avatares de sobra como para animar a una
adaptación. Hijo de una aspirante a poetisa desequilibrada y
de un padre alcohólico, tras el divorcio de sus padres acaba
viviendo en casa del psiquiatra de su madre, el doctor Finch.
Se verá obligado a pasar parte de su adolescencia entre sus
dudosos métodos de trabajo y una más que peculiar familia,
intentando mantener la cordura entre el desquicio que le
rodea. La cinta tiene un inicio prometedor con el humor que
desprende un Augusten-niño cómplice de las excentricidades de
su madre, ante el desconcierto de su padre, que le considera
“diferente”. Pese a este arranque, una vez que los
protagonistas, madre e hijo, ponen el pie en la casa del
psiquiatra (el plano exterior de sus paredes pintadas en rosa
ya anuncia lo peor), todo se convierte en un despropósito.
El guión se limita a una sucesión de situaciones que pretenden
un transcurrir tragicómico, pero en ningún momento encuentra su
tono. Apenas funciona como comedia, la parte dramática resulta
excesiva y la buscada extravagancia se antoja ya vista.
Intenta arrastrarnos a un extraño mundo habitado por seres al
margen, algo poco original y resuelto con escaso atractivo
visual. No se preocupa por otorgar un mínimo desarrollo
emocional a estos personajes, o al menos dar una simple
explicación a tanta rareza e histerismo. Algunos momentos que se
pretenden transgresores son delirantes, vergonzantes, y así
hasta agotar los adjetivos (incluido un inexplicable guiño a
"El
exorcista" que
parece va a llevar el argumento por los caminos de la comedia
descerebrada). Todo esto sería soportable si hiciera más
llevaderas sus casi dos horas de plomizo metraje, pero las
ínfulas de autor de su responsable lo impiden.
Y es la autocomplacencia que
desprenden estas grotescas imágenes lo que más perjudica al
film. Murphy construye un envoltorio que pretende ser rompedor,
mezclando elementos muy diversos, pero olvidándose de crear un
trasfondo sincero y de dar algo de solidez a las historias.
Incluso los intérpretes debieron creerse llamados a participar
en una obra de culto, aun a riesgo a resultar ridículos. No
pueden hacer nada para salvar unas composiciones que son meras
parodias, tanto Brian Cox
encarnando al doctor Finch, como el resto de la familia:
Jill Clayburgh,
Evan Rachel Wood,
Joseph Fiennes
y una Gwyneth Paltrow
en el peor papel de su carrera. Resulta un poco triste encontrar
a estos dos últimos compartir créditos en este desatino, años
después de “Shakespeare in love (Shakespeare enamorado)”, y, con
el tiempo, no deja de ser curioso lo mal que han rentabilizado
ambos aquel inesperado éxito.
Sin duda, el trabajo de
Annette Bening y Joseph Cross dignifica el resultado,
transmitiendo algo de emoción en las secuencias que comparten.
La actriz se prodiga muy poco, y sabe asumir su madurez en
interpretaciones tan matizadas como esta madre bipolar incapaz
de hacerse cargo de su hijo. Por su parte, Cross se convierte en
un gran descubrimiento, muy ajustado como Augusten, al que
imprime un creíble desconcierto adolescente. Su tránsito por un
duro aprendizaje y, en especial, su iniciación a la vida adulta,
son los aspectos más interesantes de la historia, aunque no
queden suficientemente explorados, ocupado como está el director
con todo lo que se trae entre manos. Aun así, entre lo positivo
cabe señalar también algunos diálogos de este personaje,
cargados de ironía y de una muy ácida visión de cuanto le
sucede.
Si algún mensaje en limpio
puede sacarse de lo que pretenden contarnos, es la capacidad de
resistencia ante las adversidades (mucho más de lo que pensamos)
y la posibilidad de cambio que, al grito de “sobreviviré”,
parece estar lanzando Augusten. Y si la familia puede ser
considerada el origen de muchas de las neuras, evidentemente con
este panorama se multiplican. Ryan Murphy se apunta a la moda de
explotar cuadros familiares disfuncionales que dan mucho juego
sobre el papel, pero se queda en el trazo grueso y la superficie
anecdótica, poniendo de manifiesto los peligros de distorsionar
la memoria, propia y ajena.
Calificación:
    
Imágenes
de "Recortes de mi vida" - Copyright © 2006 Plan B
Entertainment. Fotos por Suzanne Tenner. Distribuida en España por Sony Pictures Releasing
de España. Todos los derechos
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