CRÍTICA
por
Miguel A. Delgado
Hablar de
rigor histórico en el cine suele tratarse más bien de una
cuestión de relajación de las exigencias que de verdaderamente
ceñirse a lo que los expertos afirman que sucedió en un momento
concreto. Ni siquiera un creador como Stanley Kubrick, famoso
por su obsesión por el detalle real, pudo librarse (por ejemplo,
en “Espartaco”) de la necesidad de dotar a sus películas con una
estructura dramática para que funcionasen como tales, añadiendo
invenciones y forzando situaciones que, seguramente, nunca
sucedieron como se nos relatan. O, por citar un ejemplo más
reciente, las protestas de diversos colectivos por lo que
consideran falseamiento de la realidad de lo que fue la cultura
maya en "Apocalypto" no impiden que, como cinta, como unidad
dramática, funcione con la eficacia de un reloj.
Aunque no puedo afirmarlo por carecer
de conocimientos en ese sentido, estoy totalmente seguro de
que la primera “Elizabeth” de Shekhar Kapur debía de
estar repleta de errores históricos al relatar la forma en la
que la joven reina accedió al trono. Eso no fue óbice para que
la crítica no la alabara con entusiasmo, algo que no parece
haberse repetido con su tardía secuela, pues ha recibido los
principales aguijonazos por el lado histórico, tanto en el
Reino Unido —entre otras cosas, por la excesiva juventud de
Cate Blanchett frente a la verdadera edad que la reina
Isabel tenía en la época de la Armada Invencible— como en
España —en este caso, por el retrato caricaturesco de Felipe
II—.
Sin embargo, lo que habría que plantearse
es: ¿funciona esta caracterización en el conjunto de la obra? Lo
cierto es que, desde esta perspectiva, no, porque el
presentarnos al español como poco menos que un lunático, gran
parte de su potencia como enemigo se diluye: si a una Elizabeth
digna, flemática y poderosa se le enfrenta un rival ridículo,
con voz aflautada y desgarbado, la potencia dramática del
enfrentamiento se desactiva (algo que aprendieron muy bien Frank
Miller primero, y Zack Snyder después, a la hora de enfrentarse
a la batalla de las Termópilas: nada mejor que convertir a
Jerjes y los persas en poco menos que seres desmesurados y
demoníacos para así otorgar grandeza a la victoria de los
espartanos de Leónidas). De hecho, esa parte es la más floja de
la película, pero no por fiel al relato histórico o no, sino por
su falta de encaje en el sentido último de la cinta.
Lo que sucede es que, en realidad y como
sucedía en la primera, no es ésa la pretensión del relato. En
donde la película se eleva es en su núcleo central, en el
enfrentamiento entre las contradicciones internas de una
soberana condenada a la soledad por las obligaciones de su
cargo, y que muy en el fondo de la parafernalia de la corte y
sus intrigas sigue siendo una mujer de carne y hueso. Es en ese
contexto en el que la cinta brilla en todo su esplendor, algo
que se relaciona, una vez más, con la extraordinaria
interpretación de una Cate Blanchett que vuelve a demostrar por
qué es una de las mejores actrices de su generación, y que
sabe dotar a su personaje de una madurez que le insufla una vida
que le aleja del estereotipo o el mero disfraz.
Secundada de
nuevo por un magnífico Geoffrey Rush y una espléndida
Samantha Morton en el papel de María Estuardo (que aprovecha
al máximo la única escena verdaderamente fuerte que le reserva
el guión), y con un Clive Owen que cumple como el pirata
Walter Raleigh (en lo que quizá sea la mayor licencia histórica
de toda la cinta), “Elizabeth: La Edad de Oro” puede que no sea
un título adecuado para proyectarlo en una clase de Historia;
pero es, desde luego, un eficaz artefacto narrativo en el que se
nos relata la lucha interior de una mujer a la que en ocasiones
la corona pesa de manera insoportable. Queda en manos del
espectador decidir a qué carta prefiere quedarse, y cuáles son
sus principales intereses.
Calificación:
    
Imágenes
de "Elizabeth: La Edad de Oro" - Copyright © 2007
Universal Pictures, Working Title Films y StudioCanal. Fotos
por Laurie Sparham. Distribuida en España por Universal
Pictures International Spain. Todos los derechos
reservados.
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