CÓMO SE HIZO "EL BUEN
ALEMÁN"
Notas de producción ©
2006
Warner
Bros. Pictures
1. La historia
El 8 de mayo de 1945, día de la victoria de la Segunda Guerra
Mundial, supuso la rendición incondicional de la Alemania nazi y
el fin de la guerra en Europa. En junio, los aliados iniciaron
la tarea de dividir Alemania y Berlín en zonas de ocupación
militar: americana, rusa, británica y francesa. Aparentemente,
estaban allí para mantener la paz, restaurar los servicios
vitales como la comida y el combustible, y mantener la ley y el
orden, gran parte de lo cual consiguieron legítimamente. Pero
también buscaban sus propios intereses con maneras que nunca
hubieran aparecido en la prensa de su país. “Todo el mundo en
esta historia —ya se representen a sí mismos y a sus propias
vidas, o representen a instituciones o gobiernos— no habla
directamente sobre lo que quiere y espera conseguir sus
objetivos sin tener que decir toda la verdad”, dice el director
Steven Soderbergh. “Trata sobre la hipocresía y la negación. Es
la naturaleza humana y las inevitables consecuencias de
cualquier situación tras una guerra. Eso es algo que ha estado
siempre con nosotros y que siempre estará. Estas cuestiones, que
transcurren en una situación extrema, pueden significar la vida
o la muerte”.
El corresponsal de guerra
Jake Geismer ha vuelto a Berlín para cubrir la Conferencia de
Paz de Potsdam, en la que los líderes aliados se reunirán para
ultimar los detalles del desarme de Alemania y reestructurar su
gobierno y su economía. Se queda horrorizado al ver la total
destrucción de esta ciudad tan hermosa en otra época.
Jake se queda aún más
horrorizado al ver a su antigua amante, Lena, en compañía de su
chofer, el cabo Tully—un desalmado mafioso de poca monta que
explota cualquier cosa y cualquier persona en su provecho en el
mercado negro, y para el que Lena es poco más que otra
mercancía.¿Cómo han llegado las cosas a este punto?
Quienquiera que Jake fuese
antes de la guerra, en 1945 se ha convertido, dice George
Clooney, “en un tipo amargado. Tras haber tenido ambición y
pasión, se ha visto desilusionado por la guerra y por sus
experiencias, y se ha convertido en un cínico. Lo único que aún
recuerda como un momento brillante en su vida fue su relación
con Lena, pero cuando se vuelve a encontrar con ella, las cosas
son muy diferentes para ambos”.
Describiendo ese momento,
Cate Blanchett, que interpreta el papel de Lena, dice, “El hecho
de que ella esté ahí y él aparezca de repente, el hecho de que
ella siga incluso viva y lo inesperado de su reencuentro, es una
idea muy romántica, pero en manos de Steven, recibe un
tratamiento más crudo. Es una historia de amor, pero que
transcurre en un ambiente muy duro y deprimente. Ver a Jake le
recuerda a Lena cómo era ella, cómo se sentía y el hecho de que
tenía un sentido de la moralidad, y eso ahora le resulta
insoportable”.
“Se trata de dos personas que
sin duda se preocupan el uno del otro, y eso está representado
de un modo discreto que nos hace preguntarnos cómo había sido
exactamente esa relación en otro tiempo y cómo podría haber
sido”, sugiere el productor Gregory Jacobs. “Pero es un mundo
complicado y una época complicada, y creo que la vida real
contribuye a ello”.
Hay otra razón por la que
Lena prefiere guardar las distancias. “Todo el mundo en esta
película tiene planes ocultos, a menudo profundamente ocultos
incluso para sí mismos”, dice Blanchett. “La vida bajo el Tercer
Reich hizo que la gente evitase hacer confidencias precipitadas.
No hacías preguntas íntimas y no le contabas nada a nadie;
siempre asumías que la persona con la que estabas hablando podía
traicionarte. Lena sabe que Jake es como un sabueso cuando está
siguiendo una pista. Haga lo que haga ahora, con y sin Tully, la
presencia de Jake sólo puede complicar las cosas”.
Tully tiene sus propios
problemas. Tras un violento enfrentamiento con Jake, el
aspirante a empresario es asesinado… en la zona militar
equivocada, con los bolsillos llenos de dinero en efectivo. “Eso
en sí mismo no es sorprendente, ya que el estilo de vida de
Tully le convierte en candidato a que le suceda algo grave”,
comenta Tobey Maguire, “pero lo que Jake no puede entender es
por qué las autoridades americanas y rusas están tan deseosas de
ocultar el hecho”.
Tras una conversación con el
gobernador en funciones de la ciudad, el coronel Muller (Beau
Bridges), Jake se queda con más preguntas que respuestas.
“¿Por qué le preocupa a Jake
que Tully haya sido asesinado?”, se pregunta el productor Ben
Cosgrove. “Es difícil que Tully resulte simpático. Pero lo que
inquieta a Jake es que un soldado americano—aunque sea
corrupto—haya muerto en circunstancias misteriosas y a nadie le
preocupe. Eso le molesta, como reportero y como persona de
carácter. Le parece hipócrita que los Estados Unidos hayan
entrado en esta guerra por razones morales claras, y que ahora
ignoren el asesinato de uno de los suyos”.
Pronto la situación adopta
una complejidad adicional. Según Clooney, “Al principio, Jake
está implicado en el asesinato de Tully. Luego, se siente
obligado a resolverlo, en su antigua ansia por conseguir una
historia. Finalmente, poco a poco, lo que más le importa es la
mujer que ama. Si puede llegar al fondo de esto, y ayudarla en
el proceso, se puede sentir mejor consigo mismo y tal vez
recuperar algo de su alma. Al menos se puede sentir mejor por
haberla dejado la primera vez”.
“Lo que impulsa la historia
es que Jake sabe que Lena le está mintiendo y no puede descansar
hasta que averigüe por qué”, dice el guionista Paul Attanasio.
La fama de Attanasio, guionista de “Quiz Show y “Donnie Brasco”,
de crear personajes muy bien definidos y tramas sólidas le
convertía en la opción lógica para adaptar “The Good German”. “A
pesar de todo su cinismo, Jake es también un romántico. Como
Gatsby, como Rick en ‘Casablanca’, nunca ve el mundo como es; lo
ve como quiere que sea. Quiere creer que Lena es la misma mujer
que conoció antes de la guerra”.
Jake no se da cuenta de que
las verdades que busca van más allá de Lena, más allá del amor
perdido, más allá de los turbios asuntos y los sospechosos
socios de Tully. Sin embargo, todos están relacionados.
Cuando entraron en Alemania,
los americanos y los rusos descubrieron que los físicos, los
químicos y los ingenieros alemanes estaban mucho más avanzados
de lo que ellos suponían—años por delante en muchos aspectos,
incluida la ciencia de los cohetes y la guerra biológica.
Entretanto, mientras Joseph
Stalin posaba para fotos publicitarias con Harry Truman, los que
estaban enterados eran conscientes de que las dos potencias
estaban aliadas sólo por necesidad… y sólo temporalmente. Una
nueva guerra estaba ya empezando y el nuevo enemigo sería la
Unión Soviética. Los Estados Unidos querían el conocimiento que
los científicos e ingenieros alemanes podían aportar. Igualmente
importante era mantener ese conocimiento fuera del alcance de
los soviéticos.
Jacobs pone de relieve esta
ironía. “Entre las celebraciones de la victoria y la supuesta
Conferencia de Paz, se estaba librando una desesperada lucha que
llevaría a los científicos alemanes y a su investigación a la
siguiente guerra. Los rusos los estaban secuestrando
literalmente en las calles y los norteamericanos no les iban a
la zaga. Estaba teniendo lugar una importante operación, un
mandato secreto dentro del gobierno de los Estados Unidos para
llevar a esos científicos a los Estados Unidos”.
Simultáneamente, los abogados
militares estaban revisando voluminosos registros para
determinar quién sería procesado por crímenes de guerra. Entre
ellos estarían sin duda algunos de los científicos e ingenieros
responsables, directa o indirectamente, de la muerte de miles de
personas porque su trabajo se realizó utilizando mano de obra en
las condiciones más terriblemente inhumanas. Cualquier
científico valioso podía sentirse deseado en los dos campos
inmediatamente después de la guerra—en un tribunal militar o en
un laboratorio extranjero—y, en dichos casos, ¿qué necesidades
prevalecerían sobre las demás?
“Fue una decisión dura”,
reconoce Soderbergh. “O los rusos cogían a esos tipos y ganaban
la carrera armamentística, o nosotros encubríamos sus pasados,
los llevábamos a los Estados Unidos y ganábamos la carrera
armamentística. No había otra elección. Simplemente no había”.
Attanasio dice, “Fue un pacto
con el diablo. Y cuando Estados Unidos toma ese tipo de
decisiones, suponen un alto precio porque nuestros ideales son
parte de nuestro poder y del modo en que nos percibe el mundo.
Esos científicos tenían el conocimiento de cómo hacer cohetes, y
los cohetes y las armas nucleares eran la definición del poder
militar. Necesitábamos esto para mantenernos seguros y funcionó,
al menos durante la Guerra Fría. Aún así, se trataba de hombres
que habían estado implicados en crímenes de guerra desde
cualquier punto de vista, y el punto de vista que el gobierno
tenía en aquella época era bastante relajado: simplemente,
¿quién era un nazi ‘convencido’ y quién no?”
Más allá de lo puramente
práctico, Attanasio sugiere, “Puede que haya habido razones
incluso más sutiles y más poderosas. Necesitábamos mirar hacia
otro lado. Necesitábamos mirar hacia otro lado para que la vida
continuase”.
2.
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y notas de cómo se hizo "El buen alemán" - Copyright © 2006
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Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International
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