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EL BUEN ALEMÁN
(The good German)


Dirección: Steven Soderbergh.
País:
USA.
Año: 2006.
Duración: 105 min.
Género: Drama, thriller.
Interpretación: George Clooney (Jake Geismer), Cate Blanchett (Lena Brandt), Tobey Maguire (Tully), Beau Bridges (coronel Muller), Tony Curran (Danny), Leland Orser (Bernie Teitel), Jack Thompson (congresista Breimer), Robin Weigert (Hannelore), Ravil Isyanov (general Sikorsky).
Guión: Paul Attanasio; basado en la novela de Joseph Kanon.
Producción: Ben Cosgrove y Gregory Jacobs.
Música: Thomas Newman.
Fotografía:
Peter Andrews.
Montaje: Mary Ann Bernard.
Diseño de producción: Philip Messina.
Vestuario: Louise Frogley.
Estreno en USA: 22 Diciembre 2006.
Estreno en España: 2 Marzo 2007.

CRÍTICA por Almudena Muñoz Pérez

  A veces un director toma prestado un elemento de su película favorita para homenajearla. Otros la copian sin ningún pudor ni intención de reconocer tal influencia. Salvo contadas ocasiones, estos robos siempre se realizan desde el respeto. Hasta que llega un pícaro como Soderbergh y en lugar de firmar un remake, una secuela, una precuela o un sucedáneo, aborda el guiño total, la remasterización de una obra maestra como “Casablanca” (1942) sin que se note la broma bajo una deshilachada trama.

 

  Aunque el famoso título de Michael Curtiz es el más citado a la hora de abordar comparativas con “El buen alemán”, en realidad ésta encajaría mejor como una versión seria y grave de “Berlín Occidente” (1948). Al igual que la desconocida pero excelente película de Billy Wilder, la historia emocional gravita en torno a una mujer obligada a sobrevivir a cualquier precio, aunque éste incluya sacrificar sus sentimientos por un norteamericano. Sin embargo, las influencias del eterno romance inconcluso entre Rick Blaine e Ilsa son evidentes: la bella extranjera (Cate Blanchett) casada con un enclenque por el que lo arriesga todo, frente al amor sincero e impermeable –escena bajo la lluvia incluida– de un hombre apuesto (George Clooney), de parcas palabras y decisiones nobles. La referencia y la reverencia van más allá y alcanzan el ámbito visual, en la recreación exacta de un par de escenas que serán muy fáciles de identificar para cualquier espectador con un mínimo de cultura cinematográfica.

  Si las relaciones entre los personajes se mantienen en este nivel de identificable estereotipo, desprovisto de toda dosis de azúcar, el resto del guión intenta rellenar huecos vacíos con una aburrida, previsible y a ratos confusa conspiración de silencio. Un asesinato repentino desencadena una cuerda de sucesos apagados y de encuentros con enemigos cuya presencia no impone el temor y la inquietud de antaño. Su funcionalidad se reduce aún más cuando despunta un discurso superfluo y nada relevante sobre el creciente odio entre rusos y estadounidenses tras la Segunda Guerra Mundial y la amenaza nuclear que pudo haber desencadenado un nuevo conflicto planetario. Con un poco de chicha y orden se habría horneado una, por lo menos, digna película, pero la cinta de Soderbergh tiene que reñir con la memoria del celuloide de los cuarenta y los cincuenta, aún fresco y vívido para hablar de viejos asuntos como si fueran problemas del presente.

  Contradictoriamente, lo que puede generar cierto atractivo en torno a “El buen alemán” es una estética preñada de manierismos clásicos. En contra de la precipitación de los relatos contemporáneos, el director apuesta por un retorno a las estrategias más sobrias y narrativas posibles, aunque rompa el principio con un montaje nada simple y algunos toques de creador incapaz de callarse su presencia –las dos palizas, montadas en un vertiginoso intercambio de puntos de vista–. Conversaciones rodadas en esquema de plano/contraplano, los justos enfoques a detalles, ángulos picados y encuadres que se abren y cierran acompañando el devenir sentimental de los personajes son unas muestras de cámara pretendidamente tradicional y que acaban como un fútil ejercicio naíf. Por ese motivo, el blanco y negro deja de ser una decisión dramática para convertirse en un adorno tendencioso, como una mezcla entre la pretenciosidad fotográfica de “La lista de Schindler” (1993) y los violentos contrastes de "Frank Miller's Sin City: Ciudad del Pecado" (2005), sin que los rostros en sombras transmitan la ambigüedad moral y el deseo de huir que se presuponen en este tipo de argumentos. El uso de cortinillas pasadas de moda, títulos de crédito toscos y continuas imágenes de archivo dota al filme de una ambientación histórica que evoca cierta nostalgia, pero que enseguida huele y sabe a rancio porque carece de la misma verdad que un mueble envejecido de fábrica.

  Los grandes nombres que planearon sobre Berlín y alrededores germánicos, el Rossellini de “Alemania, año cero” (1947), el Carol Reed de “El tercer hombre” (1949), se citan en “El buen alemán” con carácter enciclopédico y de molesta pedagogía, sin absorber ni un ápice de la potencia neorrealista o siquiera de la edad dorada de Hollywood. Sólo Thomas Newman sabe extraer lo más jugoso de un tiempo inmortalizado en la pantalla mediante su maravillosa banda sonora, que remite a aquellas cintas en las que la música recalcaba sigilosamente los momentos de tensión dramática y se engrandecía cuando el espectador menos lo esperaba. Todo lo demás puede ser tan efectivo como artificial –las imágenes digitalizadas que se ven tras los cristales de los coches en marcha resultan aún más fastidiosas que aquellos viejos planos con murales como paisajes–, incluso a pesar de la efectividad de sus actores y la demostración del dúctil acento de una Cate Blanchett heredera de la insuperable Marlene Dietrich.

  No es cuestión de adoptar actitudes reaccionarias y besar con pasión ingenua el suelo del pasado, pero Soderbergh toma prestadas demasiadas cosas de las décadas originales como para observar su obra desde una perspectiva novedosa. Si a eso se añaden la escasa sutileza, característica de las narraciones que nos rodean, la ausencia total de subtexto –inútil voz en off a tres bandas– y la búsqueda desesperada de grandes frases que pasen a la Historia, la decepción del curioso se acerca al máximo riesgo. Claro que, al menos, lo anuncia desde su cartel, copia del diseño de una “Casablanca” que ni se supera ni se parodia en este producto de textura ideal para aquéllos que no tragan una película en blanco y negro del antiguo.

Calificación:


Imágenes de "El buen alemán" - Copyright © 2006 Warner Bros. Pictures, Virtual Studios y Section Eight. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados.

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