CÓMO SE HIZO "EL BUEN
NOMBRE"
Notas de producción © 2006
Hispano Foxfilm
3. Nueva York y Calcuta
Cuando llegó el momento de dotar a EL BUEN NOMBRE de una
apariencia propia, Mira Nair, que desde hace mucho goza de
renombre como estilista visual audazmente creativa, se enfrentó
al problema de aportar una nueva perspectiva a dos ciudades que
han recibido una atención cinematográfica abrumadora: Nueva York
y Calcuta. Habiendo vivido y trabajado en ambas ciudades, Nair
estaba enamorada por igual de las inimitables vistas y sonidos
de una y otra y esperaba aportar a EL BUEN NOMBRE el sentido de
apiñada humanidad y pasión que comparten. “Para mí era muy
importante captar el color, el carácter vibrante, la belleza y
los rasgos comunes de esas dos grandes ciudades”, asegura Nair.
“Cada una de ellas lleva dentro de sí la misma energía creadora
e igual apresuramiento, luego para mí el lenguaje de las calles
de ambas ciudades se convirtió en un vínculo muy importante para
unir esos dos mundos”. La productora Lydia Pilcher tuvo
inmediatamente la sensación de que Nair se adentraba en un
territorio visual desconocido. “Me di cuenta de que su visión de
esta película era muy distinta a cualquiera de las opciones
estilísticas que había realizado en el pasado. No iba a haber la
energía cinética de, por ejemplo, LA BODA DEL MONZÓN ni de
CIEGAS DE AMOR”, afirma Pilcher. “Esta película iba a tener una
cualidad pacífica y elegiaca porque Mira recurriría a su
profunda relación con la fotografía fija como fuente importante
de inspiración”.
Nair colaboró estrechamente
con el director de fotografía Frederick Elmes y con la
diseñadora de producción Stephanie Carroll en el desarrollo de
la estética de la película. Elmes, que ha trabajado con
realizadores visualmente innovadores como David Lynch, Ang Lee y
Jim Jarmusch, se sintió encantado de tener una ocasión de
trabajar con Nair. También se sintió atraído por el propio
guión. “Es un relato que tiene lugar en los EE.UU. y en la India
pero que podría desarrollarse en cualquier rincón del mundo
porque, en el fondo, trata de la forma como los mundos
colisionan para acabar mezclándose”, dice. “Para captar esto,
Mira y yo hablamos largo y tendido sobre cómo unir en vez de
dividir las dos ciudades de Nueva York y Calcuta. Al hablar
acerca de la paleta de colores, nunca hablamos de una ciudad sin
traer a colación los contrastes y las semejanzas con la otra,
pero aun entonces el valor dominante era hacer siempre que las
imágenes surgieran de las emociones universales que la película
examina”.
Nair y Elmes elaboraron
fórmulas para ampliar visualmente el sentido de confusión
cultural que impregna las vidas emotivas de los Ganguli. “Uno de
los recursos con los que jugamos consistió en confundir a veces
intencionadamente al público durante sólo unos segundos de modo
que no estuvieran siempre seguros de en qué ciudad estaban. Hay
momentos inestables de yuxtaposición que podría parecer que nos
evitan (aunque subliminalmente aumentan) la sensación de
movimiento entre dos lugares que tienen, ambos, fuertes
atracciones emocionales”, explica Elmes.
Durante toda la película,
ciertos temas visuales establecen un vínculo más entre las vidas
de los Ganguli en los dos países. Ricamente simbólicos por sí
mismos, los sorprendentes puentes de ambas ciudades se
transforman en otra conexión visual natural. “Hay un hermoso
puente en Calcuta, el puente Howrah sobre el río Hooghly, que es
un punto de contacto en la película. A menudo está en el fondo
de nuestras tomas. Luego, cuando Ashima está en el hospital
dando a luz a Gogol, escogimos un fondo que muestra el
ligeramente semejante puente de la calle 59 de Manhattan. Es
otra situación en la que uno mira por la ventana, y, por un
momento, no está seguro de la ciudad que tiene a la vista”.
Entretanto, el frecuentemente
intrépido y emotivo sentido del color de Nair cobró vida gracias
a la diseñadora de producción Stephanie Carroll, en su cuarta
colaboración con la directora en dicha capacidad. Carroll
elaboró cuidadosamente paletas de color muy específicas y
controladas para cada uno de los personajes de la película y que
les acompañan incluso cuando atraviesan países. “Stephanie es
simplemente brillante”, comenta Elmes, que ha trabajado con ella
en dos ocasiones anteriores. “Tiene una visión absolutamente
singular que se engrana muy bien con la de Mira y me parece que
hizo un asombroso trabajo sacando a la luz formas y colores que
realmente transmiten algo con emoción. Mira es alguien que
siempre está forzando el espectro de los colores, siempre
preguntando qué tipo de cualidades emocionales pueden aportar
los colores a cada escena, y a Stephanie y a mí eso nos pareció
muy estimulante”.
Carroll, que antes de ser
diseñadora había estudiado literatura irlandesa en el Trinity
College de Dublín, sintió una emoción especial por trabajar en
EL BUEN NOMBRE debido al profundo respeto que le inspira la
novela de Jhumpa Lahiri. Al igual que Frederick Elmes, Carroll
basó su trabajo, primero y principalmente, en torno al
fundamento de los personajes. “Considero la curiosidad como la
cualidad más esencial de cualquier diseñador”, asegura. “Para
mí, comprender el argumento y los personajes lo es todo”.
A continuación, Carroll y
Nair emprendieron un proceso intensivo de examen del diseño de
la película momento a momento. “Ésta es la cuarta película que
hago con Mira y, como de costumbre, examinamos grandes
cantidades de imágenes recogidas de libros de fotografía,
películas clásicas y otras muchas fuentes que nos inspiraron,
desde telas a muestras de colores”, afirma Carroll. “Examinamos
el trabajo de fotógrafos como Raghubir Singh, Raghu Rai y Mitch
Epstein. Las pinturas de Mark Rothko también fueron de la máxima
importancia para este aspecto externo de Nueva York; el trabajo
de William Eggleston influyó en la urbanización donde viven los
Ganguli; la serie de Bruce Davidson sobre el metro fue
fundamental para nuestra investigación de la vida en Manhattan
durante los años setenta y ochenta, y las fotografías en blanco
y negro que Dayanita Singh tomó de Calcuta fueron una constante
referencia durante la producción en la India”.
Como Elmes, Carroll encontró
modos de vincular Nueva York y Calcuta por medio de hilos
comunes. “Para mí, EL BUEN NOMBRE trata de traslados,
movimiento, cruces, agua, puentes y viajes de todas clases”,
explica. “Yo quería examinar le energía común de Nueva York y
Calcuta a través de colores, patrones y estilos de arquitectura.
También hay contrastes: el caótico ajetreo de la calle de
Calcuta frente a los ordenados carriles del tráfico de Nueva
York; el escándalo de Calcuta frente el murmullo de la vida
neoyorquina vista detrás de unos cristales. En Nueva York, el
diseño resalta los elementos de hormigón, cemento, cromo, acero,
peltre y el amarillo de los taxis. En Calcuta hay más elementos
naturales de piedra, madera, cuero, hierro, cobre, oro y el
color rojo de los saris. Pero para los Ganguli, ambos países
contienen abundante ‘masti’: el material de que está hecha la
vida”.
La mayoría de las tomas se
realizaron en Nueva York en seis semanas y medias de rodaje a lo
largo y ancho de Manhattan, desde el Yonkers del primer
apartamento de los Ganguli a la lujosa zona de Hamptons donde
vive Maxine, la novia de Gogol. Nair contempló la ciudad a
través de dos lentes diferentes: primero, a través de los
sorprendidos ojos de Ashima como inmigrante recién llegada, y
luego por medio de los juveniles ojos de Gogol, propios de un
joven americano ante quien se despliega un paisaje
increíblemente cosmopolita. “Gogol es en muy gran medida parte
de la ciudad de Nueva York tal y como ésta es hoy”, afirma Nair.
“Primero, entabla una relación con una moza del Upper East Side
y comienza a pasar las vacaciones en Hamptons para,
posteriormente, descubrir el lado excelente de la cultura del
sur de Asia en Nueva York cuando se relaciona con Moushimi, lo
que nos brindaba una ocasión de explorar el lado más nuevo de la
ciudad”.
Una de las escenas
neoyorquinas favoritas de Stephanie Carroll tiene lugar en la
terminal internacional del aeropuerto Kennedy, el reino por
excelencia de llegadas y salidas, marcada por el montaje
holográfico “Experiencias de Viajes” a cargo de los
artistas/arquitectos Elizabeth Diller y Ricardo Scofidio. “Yo no
tuve nada que ver con el diseño de esa parte pero sentí una gran
sintonía con ella”, afirma Carroll. “La creatividad de Diller y
Scofidio, su loco talento y su generosidad me inspiraron durante
gran parte de esta película”.
Luego, la producción viajó
por el planeta acompañando a los Ganguli para sumergirse en un
torbellino en Calcuta, donde Nair esperaba permitir a los
espectadores echar un original vistazo a una ciudad asiática
que, aunque es el centro de producción de numerosas películas en
bengalí, sigue siendo poco conocida por los occidentales. En
Calcuta, Nair se apoyó en el punto de vista completamente nuevo
de Frederick Elmes, ya que éste nunca había estado en la ciudad.
“Mira estaba muy contenta de
que yo no hubiera visitado nunca Calcuta porque, aseguraba, ‘tú
aportarás una nueva visión que a mi me faltaría’. A mi llegada
allí, vi inmediatamente las piedras de toque que relacionan la
ciudad con Nueva York: la sensación de aglomeración, la
densidad, las calles llenas a reventar, los asombrosos puentes”,
explica. “Y yo no trataba de captar la épica naturaleza de la
India. Todos queríamos muy de veras crear un verdadero sentido
de intimidad, de hallarnos dentro de la personalísima
experiencia de la familia”.
Una vez en Calcuta, los
Ganguli viajan en tren al Taj Mahal, situado en Agra, a unas
siete horas de distancia. Su viaje empieza en la inmensa
estación de ferrocarril de Howrah, en Calcuta, donde la
producción contrató a unos 100 guardias de seguridad en un
intento casi inútil de control de masas. Pero el caos producido
simplemente incrementó la enorme animación de la escena. Pronto
llega la familia al sobrecogedor Taj Mahal. Uno de los
monumentos más famosos y queridos del planeta, ampliamente
conocido como una de las Maravillas del Mundo, el espectacular
edificio de mármol blanco coronado por una cúpula fue levantado
en el siglo XVII por Shah Jahan como mausoleo de su amada
esposa, Mumtaz; en su construcción se emplearon 22 años y se
convirtió en símbolo duradero de la belleza y el amor inmortal.
Pero siendo una importante
atracción turística, la producción de EL BUEN NOMBRE sólo pudo
arrancar un permiso de filmación para un día de rodaje, todo un
reto logístico.
Para Frederick Elmes, que
tampoco había visto nunca el Taj Mahal, el rodaje fue una
revelación. “Contemplar el Taj Mahal con mis propios ojos me
inspiró una admiración sin límites”, afirma Elmes. “Por nuestro
apretado calendario, no pude llegar allí hasta justo el momento
anterior al comienzo del rodaje. No lo había previsto así pero
puede que todo haya sido para bien ya que la experiencia fue
simplemente un gigantesco tobogán de emociones que te dejaban
con la boca abierta. Yo pude verlo realmente a través de los
ojos de Gogol. He aquí alguien que ha sido llevado a rastras a
la India, que no está del todo seguro de que quiera estar allí y
que luego descubre esta joya que cambia el curso de su vida.
Parte de lo que resulta tan conmovedor sobre el edificio es la
ausencia de un verdadero sentido de la escala. Verlo es una
experiencia completamente emotiva y queríamos captarla en toda
su realidad”.
El entusiasmo de Elmes como
recién llegado a la India fue una inspiración para el resto del
equipo técnico. “Rodando en la India a unos cuarenta grados y en
medio de una intensa humedad, empezamos realmente a cruzar
apuestas sobre quién caería víctima de algún tipo de
enfermedad”, recuerda Stephanie Carroll. “Como Frederick nunca
había estado en la India y corría de un lado a otro con tanto
entusiasmo, muchos apostaron que sería él quien enfermara. Pero
a lo largo de toda la película estuvo al 110%. Tenía más energía
y resistencia que cualquier otro”.
Una de las escenas de la
película que más encogen el corazón – el accidente ferroviario
que cambia para siempre la vida de Ashoke Ganguli y que marca el
destino de su hijo Gogol – fue rodada en un campo vacío justo en
las afueras de Calcuta. Esta escena de destrucción y renovación
inesperada fue uno de los más grandes retos a que se enfrentó
Stephanie Carroll. “Diseñamos la escena como una especie de
paraíso e infierno escultórico”, comenta, “una mezcla de diseño
de producción y mera arquitectura. Fue una compleja empresa
artística brillantemente ejecutada por Tonmoy Chatterjee y sus
artesanos. Nunca me dejaron abandonada”.
Una vez finalizada la
producción y estructurados los elementos finales de la película,
Mira Nair encontró formas de vincular Nueva York y Calcuta no
sólo de forma visual sino también mediante el sonido. Al igual
que el propio relato, la banda sonora de la película atraviesa
el tiempo y las culturas. “Me encanta la música clásica india y
quería unir ese sonido clásico con el rítmico sonido actual de
Nueva York”, comenta Nair. “Por tanto, la banda sonora no sólo
abarca un periodo de 25 años sino que también pasa de la música
popular bengalí al hip-hop. A lo que se añade, mezclado con todo
ello, la omnipresente composición de Nitin Sawhney”.
El compositor Nitin Sawhney
ha grabado siete álbumes en estudio y ha compuesto la música de
más de 25 películas, y actualmente tiene un contrato con V2
Records. La banda sonora de EL BUEN NOMBRE será lanzada al
mercado por Rounder Records Group el 8 de marzo de 2007.
Al final, Nair espera que las
imágenes y los sonidos de la película atraigan a los
espectadores hacia las experiencias singulares, pero cada vez
más habituales, de los Ganguli, propias de una familia moderna y
con parientes en todo el mundo. “Ashoke cuenta la historia de
cómo su abuelo decía que los libros te permiten viajar sin
desplazarte un centímetro”, explica Nair, “y de forma parecida,
yo espero que quienes acudan al cine tengan la sensación de que
realmente han recorrido el mundo con esta película; sin duda lo
habrán hecho en sus corazones, y confío en que salgan de la sala
con un sentido agudizado de proximidad a todos los que los
rodean”.
Imágenes
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Searchlight Pictures, Entertainment Farm, UTV Motion Pictures, Mirabai Films y Cine
Mosaic. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos
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