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EL BUEN NOMBRE
(The namesake)


cartel
Dirección: Mira Nair.
País:
USA.
Año: 2006.
Duración: 122 min.
Género: Drama.
Interpretación: Kal Penn (Gogol), Tabu (Ashima), Irrfan Khan (Ashoke), Jacinda Barrett (Maxine), Zuleika Robinson (Moushimi).
Guión: Sooni Taraporevala; basado en la novela de Jhumpa Lahiri.
Producción: Mira Nair y Lydia Dean Pilcher.
Música: Nitin Sawhney.
Fotografía:
Frederick Elmes.
Montaje: Allyson C. Johnson.
Diseño de producción: Stephanie Carroll.
Vestuario: Arjun Bhasin.
Estreno en USA: 9 Marzo 2007.
Estreno en España: 25 Mayo 2007.

CÓMO SE HIZO "EL BUEN NOMBRE"
Notas de producción © 2006 Hispano Foxfilm

3. Nueva York y Calcuta

  Cuando llegó el momento de dotar a EL BUEN NOMBRE de una apariencia propia, Mira Nair, que desde hace mucho goza de renombre como estilista visual audazmente creativa, se enfrentó al problema de aportar una nueva perspectiva a dos ciudades que han recibido una atención cinematográfica abrumadora: Nueva York y Calcuta. Habiendo vivido y trabajado en ambas ciudades, Nair estaba enamorada por igual de las inimitables vistas y sonidos de una y otra y esperaba aportar a EL BUEN NOMBRE el sentido de apiñada humanidad y pasión que comparten. “Para mí era muy importante captar el color, el carácter vibrante, la belleza y los rasgos comunes de esas dos grandes ciudades”, asegura Nair. “Cada una de ellas lleva dentro de sí la misma energía creadora e igual apresuramiento, luego para mí el lenguaje de las calles de ambas ciudades se convirtió en un vínculo muy importante para unir esos dos mundos”. La productora Lydia Pilcher tuvo inmediatamente la sensación de que Nair se adentraba en un territorio visual desconocido. “Me di cuenta de que su visión de esta película era muy distinta a cualquiera de las opciones estilísticas que había realizado en el pasado. No iba a haber la energía cinética de, por ejemplo, LA BODA DEL MONZÓN ni de CIEGAS DE AMOR”, afirma Pilcher. “Esta película iba a tener una cualidad pacífica y elegiaca porque Mira recurriría a su profunda relación con la fotografía fija como fuente importante de inspiración”.

 

  Nair colaboró estrechamente con el director de fotografía Frederick Elmes y con la diseñadora de producción Stephanie Carroll en el desarrollo de la estética de la película. Elmes, que ha trabajado con realizadores visualmente innovadores como David Lynch, Ang Lee y Jim Jarmusch, se sintió encantado de tener una ocasión de trabajar con Nair. También se sintió atraído por el propio guión. “Es un relato que tiene lugar en los EE.UU. y en la India pero que podría desarrollarse en cualquier rincón del mundo porque, en el fondo, trata de la forma como los mundos colisionan para acabar mezclándose”, dice. “Para captar esto, Mira y yo hablamos largo y tendido sobre cómo unir en vez de dividir las dos ciudades de Nueva York y Calcuta. Al hablar acerca de la paleta de colores, nunca hablamos de una ciudad sin traer a colación los contrastes y las semejanzas con la otra, pero aun entonces el valor dominante era hacer siempre que las imágenes surgieran de las emociones universales que la película examina”.

  Nair y Elmes elaboraron fórmulas para ampliar visualmente el sentido de confusión cultural que impregna las vidas emotivas de los Ganguli. “Uno de los recursos con los que jugamos consistió en confundir a veces intencionadamente al público durante sólo unos segundos de modo que no estuvieran siempre seguros de en qué ciudad estaban. Hay momentos inestables de yuxtaposición que podría parecer que nos evitan (aunque subliminalmente aumentan) la sensación de movimiento entre dos lugares que tienen, ambos, fuertes atracciones emocionales”, explica Elmes.

  Durante toda la película, ciertos temas visuales establecen un vínculo más entre las vidas de los Ganguli en los dos países. Ricamente simbólicos por sí mismos, los sorprendentes puentes de ambas ciudades se transforman en otra conexión visual natural. “Hay un hermoso puente en Calcuta, el puente Howrah sobre el río Hooghly, que es un punto de contacto en la película. A menudo está en el fondo de nuestras tomas. Luego, cuando Ashima está en el hospital dando a luz a Gogol, escogimos un fondo que muestra el ligeramente semejante puente de la calle 59 de Manhattan. Es otra situación en la que uno mira por la ventana, y, por un momento, no está seguro de la ciudad que tiene a la vista”.

  Entretanto, el frecuentemente intrépido y emotivo sentido del color de Nair cobró vida gracias a la diseñadora de producción Stephanie Carroll, en su cuarta colaboración con la directora en dicha capacidad. Carroll elaboró cuidadosamente paletas de color muy específicas y controladas para cada uno de los personajes de la película y que les acompañan incluso cuando atraviesan países. “Stephanie es simplemente brillante”, comenta Elmes, que ha trabajado con ella en dos ocasiones anteriores. “Tiene una visión absolutamente singular que se engrana muy bien con la de Mira y me parece que hizo un asombroso trabajo sacando a la luz formas y colores que realmente transmiten algo con emoción. Mira es alguien que siempre está forzando el espectro de los colores, siempre preguntando qué tipo de cualidades emocionales pueden aportar los colores a cada escena, y a Stephanie y a mí eso nos pareció muy estimulante”.

  Carroll, que antes de ser diseñadora había estudiado literatura irlandesa en el Trinity College de Dublín, sintió una emoción especial por trabajar en EL BUEN NOMBRE debido al profundo respeto que le inspira la novela de Jhumpa Lahiri. Al igual que Frederick Elmes, Carroll basó su trabajo, primero y principalmente, en torno al fundamento de los personajes. “Considero la curiosidad como la cualidad más esencial de cualquier diseñador”, asegura. “Para mí, comprender el argumento y los personajes lo es todo”.

  A continuación, Carroll y Nair emprendieron un proceso intensivo de examen del diseño de la película momento a momento. “Ésta es la cuarta película que hago con Mira y, como de costumbre, examinamos grandes cantidades de imágenes recogidas de libros de fotografía, películas clásicas y otras muchas fuentes que nos inspiraron, desde telas a muestras de colores”, afirma Carroll. “Examinamos el trabajo de fotógrafos como Raghubir Singh, Raghu Rai y Mitch Epstein. Las pinturas de Mark Rothko también fueron de la máxima importancia para este aspecto externo de Nueva York; el trabajo de William Eggleston influyó en la urbanización donde viven los Ganguli; la serie de Bruce Davidson sobre el metro fue fundamental para nuestra investigación de la vida en Manhattan durante los años setenta y ochenta, y las fotografías en blanco y negro que Dayanita Singh tomó de Calcuta fueron una constante referencia durante la producción en la India”.

  Como Elmes, Carroll encontró modos de vincular Nueva York y Calcuta por medio de hilos comunes. “Para mí, EL BUEN NOMBRE trata de traslados, movimiento, cruces, agua, puentes y viajes de todas clases”, explica. “Yo quería examinar le energía común de Nueva York y Calcuta a través de colores, patrones y estilos de arquitectura. También hay contrastes: el caótico ajetreo de la calle de Calcuta frente a los ordenados carriles del tráfico de Nueva York; el escándalo de Calcuta frente el murmullo de la vida neoyorquina vista detrás de unos cristales. En Nueva York, el diseño resalta los elementos de hormigón, cemento, cromo, acero, peltre y el amarillo de los taxis. En Calcuta hay más elementos naturales de piedra, madera, cuero, hierro, cobre, oro y el color rojo de los saris. Pero para los Ganguli, ambos países contienen abundante ‘masti’: el material de que está hecha la vida”.

  La mayoría de las tomas se realizaron en Nueva York en seis semanas y medias de rodaje a lo largo y ancho de Manhattan, desde el Yonkers del primer apartamento de los Ganguli a la lujosa zona de Hamptons donde vive Maxine, la novia de Gogol. Nair contempló la ciudad a través de dos lentes diferentes: primero, a través de los sorprendidos ojos de Ashima como inmigrante recién llegada, y luego por medio de los juveniles ojos de Gogol, propios de un joven americano ante quien se despliega un paisaje increíblemente cosmopolita. “Gogol es en muy gran medida parte de la ciudad de Nueva York tal y como ésta es hoy”, afirma Nair. “Primero, entabla una relación con una moza del Upper East Side y comienza a pasar las vacaciones en Hamptons para, posteriormente, descubrir el lado excelente de la cultura del sur de Asia en Nueva York cuando se relaciona con Moushimi, lo que nos brindaba una ocasión de explorar el lado más nuevo de la ciudad”.

  Una de las escenas neoyorquinas favoritas de Stephanie Carroll tiene lugar en la terminal internacional del aeropuerto Kennedy, el reino por excelencia de llegadas y salidas, marcada por el montaje holográfico “Experiencias de Viajes” a cargo de los artistas/arquitectos Elizabeth Diller y Ricardo Scofidio. “Yo no tuve nada que ver con el diseño de esa parte pero sentí una gran sintonía con ella”, afirma Carroll. “La creatividad de Diller y Scofidio, su loco talento y su generosidad me inspiraron durante gran parte de esta película”.

  Luego, la producción viajó por el planeta acompañando a los Ganguli para sumergirse en un torbellino en Calcuta, donde Nair esperaba permitir a los espectadores echar un original vistazo a una ciudad asiática que, aunque es el centro de producción de numerosas películas en bengalí, sigue siendo poco conocida por los occidentales. En Calcuta, Nair se apoyó en el punto de vista completamente nuevo de Frederick Elmes, ya que éste nunca había estado en la ciudad.

  “Mira estaba muy contenta de que yo no hubiera visitado nunca Calcuta porque, aseguraba, ‘tú aportarás una nueva visión que a mi me faltaría’. A mi llegada allí, vi inmediatamente las piedras de toque que relacionan la ciudad con Nueva York: la sensación de aglomeración, la densidad, las calles llenas a reventar, los asombrosos puentes”, explica. “Y yo no trataba de captar la épica naturaleza de la India. Todos queríamos muy de veras crear un verdadero sentido de intimidad, de hallarnos dentro de la personalísima experiencia de la familia”.

  Una vez en Calcuta, los Ganguli viajan en tren al Taj Mahal, situado en Agra, a unas siete horas de distancia. Su viaje empieza en la inmensa estación de ferrocarril de Howrah, en Calcuta, donde la producción contrató a unos 100 guardias de seguridad en un intento casi inútil de control de masas. Pero el caos producido simplemente incrementó la enorme animación de la escena. Pronto llega la familia al sobrecogedor Taj Mahal. Uno de los monumentos más famosos y queridos del planeta, ampliamente conocido como una de las Maravillas del Mundo, el espectacular edificio de mármol blanco coronado por una cúpula fue levantado en el siglo XVII por Shah Jahan como mausoleo de su amada esposa, Mumtaz; en su construcción se emplearon 22 años y se convirtió en símbolo duradero de la belleza y el amor inmortal.

  Pero siendo una importante atracción turística, la producción de EL BUEN NOMBRE sólo pudo arrancar un permiso de filmación para un día de rodaje, todo un reto logístico.

  Para Frederick Elmes, que tampoco había visto nunca el Taj Mahal, el rodaje fue una revelación. “Contemplar el Taj Mahal con mis propios ojos me inspiró una admiración sin límites”, afirma Elmes. “Por nuestro apretado calendario, no pude llegar allí hasta justo el momento anterior al comienzo del rodaje. No lo había previsto así pero puede que todo haya sido para bien ya que la experiencia fue simplemente un gigantesco tobogán de emociones que te dejaban con la boca abierta. Yo pude verlo realmente a través de los ojos de Gogol. He aquí alguien que ha sido llevado a rastras a la India, que no está del todo seguro de que quiera estar allí y que luego descubre esta joya que cambia el curso de su vida. Parte de lo que resulta tan conmovedor sobre el edificio es la ausencia de un verdadero sentido de la escala. Verlo es una experiencia completamente emotiva y queríamos captarla en toda su realidad”.

  El entusiasmo de Elmes como recién llegado a la India fue una inspiración para el resto del equipo técnico. “Rodando en la India a unos cuarenta grados y en medio de una intensa humedad, empezamos realmente a cruzar apuestas sobre quién caería víctima de algún tipo de enfermedad”, recuerda Stephanie Carroll. “Como Frederick nunca había estado en la India y corría de un lado a otro con tanto entusiasmo, muchos apostaron que sería él quien enfermara. Pero a lo largo de toda la película estuvo al 110%. Tenía más energía y resistencia que cualquier otro”.

  Una de las escenas de la película que más encogen el corazón – el accidente ferroviario que cambia para siempre la vida de Ashoke Ganguli y que marca el destino de su hijo Gogol – fue rodada en un campo vacío justo en las afueras de Calcuta. Esta escena de destrucción y renovación inesperada fue uno de los más grandes retos a que se enfrentó Stephanie Carroll. “Diseñamos la escena como una especie de paraíso e infierno escultórico”, comenta, “una mezcla de diseño de producción y mera arquitectura. Fue una compleja empresa artística brillantemente ejecutada por Tonmoy Chatterjee y sus artesanos. Nunca me dejaron abandonada”.

  Una vez finalizada la producción y estructurados los elementos finales de la película, Mira Nair encontró formas de vincular Nueva York y Calcuta no sólo de forma visual sino también mediante el sonido. Al igual que el propio relato, la banda sonora de la película atraviesa el tiempo y las culturas. “Me encanta la música clásica india y quería unir ese sonido clásico con el rítmico sonido actual de Nueva York”, comenta Nair. “Por tanto, la banda sonora no sólo abarca un periodo de 25 años sino que también pasa de la música popular bengalí al hip-hop. A lo que se añade, mezclado con todo ello, la omnipresente composición de Nitin Sawhney”.

  El compositor Nitin Sawhney ha grabado siete álbumes en estudio y ha compuesto la música de más de 25 películas, y actualmente tiene un contrato con V2 Records. La banda sonora de EL BUEN NOMBRE será lanzada al mercado por Rounder Records Group el 8 de marzo de 2007.

  Al final, Nair espera que las imágenes y los sonidos de la película atraigan a los espectadores hacia las experiencias singulares, pero cada vez más habituales, de los Ganguli, propias de una familia moderna y con parientes en todo el mundo. “Ashoke cuenta la historia de cómo su abuelo decía que los libros te permiten viajar sin desplazarte un centímetro”, explica Nair, “y de forma parecida, yo espero que quienes acudan al cine tengan la sensación de que realmente han recorrido el mundo con esta película; sin duda lo habrán hecho en sus corazones, y confío en que salgan de la sala con un sentido agudizado de proximidad a todos los que los rodean”.


Imágenes y notas de cómo se hizo "El buen nombre" - Copyright © 2006 Fox Searchlight Pictures, Entertainment Farm, UTV Motion Pictures, Mirabai Films y Cine Mosaic. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.

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