CRÍTICA
por
Manuel Márquez
No es nueva esa moda que
consiste en epigrafiar ciertas fechas señaladas, por cualquier
motivo extraordinario (generalmente, ligado a desastres de todo
tipo y pelaje), bajo la fórmula apocopada del dd-m: el 11-S, el
11-M... y, entre las más significadas, y de tan infausto
recuerdo para todos aquellos (afortunadamente, inmensa,
abrumadora mayoría) que en España pensamos que, con todos sus
defectos y miserias, la democracia es el único sistema político
de recibo, el 23-F. Yo pensaba, desde mi ingenua falta de
perspectiva de pasado (histórico) y futuro (cinéfilo), que el 23
nunca llegaría a invocar en mi memoria imágenes más vergonzosas
e impresentables que las de aquella patochada de un señor (?)
con bigote y tricornio haciendo el animal (y que me perdonen los
animales...) en el Congreso de los Diputados. Desgraciadamente,
eso ya no es así.
El 23,
el número 23, va a quedar también ligado a partir de ahora, y
para los restos de los restos –me temo: ojalá
que también sean 23, por los menos, los años que tarde en
echarme al coleto una cinta tan nefasta como ésta...–, a una
de las más infumables experiencias cinematográficas que haya
tenido ocasión de vivir últimamente.
Y es que la cosa (ahora que lo pienso, llamarle película es
deshonrar a otros productos que giran comercial y
culturalmente bajo ese nombre...) que, bajo ese título, ha
perpetrado (al menos, él la firma; él sabrá...) el señor
Joel Schumacher
es de las que hacen época,
aunque sea, desgraciadamente, no por su excelsa calidad, sino,
más bien al contrario, por su absoluta carencia de ella.
No le
vale la excusa de la inexperiencia: Schumacher es un director
con una carrera ya ampliamente consolidada, y en la que cabe
contar más de un título que, aunque no estará, a buen seguro, en
ninguna antología histórica del cine, sí que ha dado excelentes
réditos comerciales y ha demostrado que no carece de una mano
eficiente, la de un artesano reconocido y que conoce bien su
oficio, para poner en pie productos que, sin mayores
pretensiones, garantizan un funcionamiento –en términos de
capacidad de entretenimiento– totalmente solvente.
Tampoco
le vale la excusa de la dificultad. Es cierto que, a estas
alturas, no debe ser sencillo armar un producto original que,
bajo el formato de thriller criminal –un “quién lo hizo”
en toda regla, vaya...–, y moviéndose en unas coordenadas
ambientales de insania y tenebrismo, se base, en cuanto a su
panoplia argumental, en el doble juego y entrecruzamiento de
líneas de realidad-ficción, memoria-amnesia y psicopatías de
pelaje similar.Ya está todo, más aún si cabe en estos últimos
tiempos –y muy especialmente, desde que los especialistas
japoneses del subgénero decidieran poner su pica en Hollywood–,
trilladito y machacadito. O sea, que la originalidad se cotiza
más que una trufa ampurdanesa. Pero siempre cabría esperar, al
menos, alguna vuelta de tuerca, por más forzada que pudiera
resultar, que aportara algo, si no totalmente novedoso, sí al
menos válido como variante poco explotada. Advertidos quedan: no
se empeñen en buscar lo que, a lo largo de los poco más de
noventa minutos de metraje, no van a poder encontrar, porque,
sencillamente, no existe.
|
 |
Y tampoco le debe valer la excusa de la falta de
recursos. Ahí es nada: además de una generosa exhibición
(absoluta y groseramente desperdiciada en un uso aferrado al
tópico más exasperante) de parafernalia técnica, todo un
Jim Carrey
encabezando el reparto con el señuelo comercial típico y tópico
(también ya un tanto gastado, creo) del
actor-megaestrella-encasillada que –oh, cielos y albricias...–
se ha salido de su casilla. Algo que, en principio, tampoco
constituye el primer episodio al respecto: todos hemos tenido
ocasión de ver, en estos últimos años, a Carrey en films como
"El show de Truman", "The
Majestic"
u "¡Olvídate
de mí!",
totalmente alejado de sus registros estándares de cómico
histriónico y de mueca desatada. Y si en aquéllas no lo hacía,
por lo general, nada mal, en ésta tampoco desentona. Pero,
naturalmente, no es suficiente. Porque
un guión tan flojito, con una historia tan inconsistente,
deslavazada y enrevesada (y no por vocación de genialidad, sino
por pura y dura torpeza), no habría Carrey que lo pudiera salvar,
ni aun cuando se transfigurara en la reencarnación del mismísimo
sir Laurence Olivier (por ejemplo...). Que tampoco es el caso,
vaya...
En definitiva, y aunque no
sea este humilde escribiente muy dado en sus reseñas a cargar
las tintas sobre aquellas producciones que no terminan de
camelarle, esta vez no me queda más alternativa que hacer una
excepción (aun cuando sólo fuera para confirmar la regla...): un
auténtico y verdadero DESASTRE, así, con mayúsculas y sin
paliativos. No sé qué puede pintar un film como éste en las
carteleras, ni españolas ni de cualquier otro lugar. Ya sé, ya
sé, me podrán tachar ustedes de pesado y monotemático, pero
vuelvo a la carga con lo mismo de siempre: cuando sus
detractores dicen que el cine español lo que tiene que hacer es
olvidarse de subvenciones y cuotas de pantalla y “hacer
películas del gusto del público”, ¿se refieren a “películas”
como esta...? ¿De cuántas obras españolas que no llegarán a
estrenarse este año, sus productores matarían por contar con el
5, el 10 % de las salas que va a tener a su disposición –se
supone que para mostrar sus excelsas bondades–
este engendro? Qué pena, y qué vergüenza...
Calificación:
    
Imágenes
de "El número 23" - Copyright © 2007 New Line Cinema,
Contrafilm y Firm Films. Distribuida en España por TriPictures. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "El número 23"
Añade "El número 23" a tus películas favoritas
Opina
sobre "El número 23" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda
"El número 23" a un amigo
|