CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
Joel Schumacher
es uno de los realizadores más irregulares de la actualidad, de
tal modo que el espectador se puede esperar cualquier cosa
cuando estrena un nuevo trabajo (en todo caso, es cierto que
ninguna de sus películas, ni siquiera las mejores, pueden
calificarse de notables). Desafortunadamente, en esta ocasión
nos ha tocado lidiar con una de las propuestas más
intrascendentes de las que ha dirigido en los últimos lustros.
Con un presupuesto de treinta millones de dólares, la cinta no
ha entusiasmado al público norteamericano, ingresando unos
escasos treinta y cinco millones en la taquilla, algo que,
también es verdad, no supondrá un quebranto económico para sus
productores, aunque es una prueba evidente de que este autor ya
no es tan comercial como hace una década.
"El número 23" nos cuenta la
historia de Walter Sparrow, un individuo cuya vida cambia justo
cuando su esposa le compra un libro cuyo contenido le cautiva de
tal modo que, poco a poco, se va obsesionando con él. De hecho,
Walter cree hallar en el texto una serie de hechos que le
recuerdan a algunas situaciones de su pasado, involucrando a
toda su familia en una suerte de acertijos que quiere desvelar a
toda costa y que están relacionados con un número, el
veintitrés, que se le aparece por todos lados.
Si hay algo que nos sorprende
de esta nueva obra de Joel Schumacher es que posee
un guión torpe y ordinario que prácticamente trata al
espectador como si fuera un papanatas, puesto que intenta
seducirlo con una trama repleta de giros bruscos y tontorrones
que ni siquiera embaucarán a los seguidores de programas
televisivos como "Cuarto milenio" o sucedáneos. La película nos
muestra en su primera mitad lo que el protagonista se imagina
según va leyendo la novela, convirtiéndose estos pasajes en un
auténtico aburrimiento, un lastre que ni siquiera consigue
maravillarnos con su puesta en escena, a excepción de aquellos
fragmentos en los que contemplamos la infancia del detective
Fingerling.
El resto, un supuesto
rompecabezas del que no es difícil adivinar su solución y que
contiene una serie de secuencias que incluso incitan a la risa,
tal y como acontece cuando Walter intenta atropellar a un perro
llamado Ned o incluso cuando él mismo se pone delante de un
autobús para acabar con su vida (escena que, por cierto, se
puede ver en el mismísimo tráiler de la cinta). Además, nuestra
paciencia se pone a prueba al empeñarse los responsables del
largometraje en explicarnos con todo tipo de detalles los
motivos por los cuales el protagonista se comporta del modo en
que lo hace, buscando con ello no dejar ningún cabo suelto y
evitar que ciertos listillos le encuentren todo tipo de reparos
a un libreto que, sinceramente, debería haberse aprovechado para
un telefilm de segunda.
Lo más triste de todo es
que Jim Carrey,
un actor habitualmente insoportable, nos brinda una
interpretación comedida y bastante sólida, seguramente el mejor
trabajo que ha hecho en los últimos años aparte de "¡Olvídate
de mí!". En
cuanto a Virginia Madsen,
al principio parece que su personaje es el de la típica mujer
que tiene un papel de relleno en la historia, algo parecido a lo
que le sucedió en, por ejemplo, "Firewall", pero
según avanza la narración nos percatamos de que al menos
Fernley Phillips,
el debutante guionista al que le han pagado por semejante texto,
no se olvida de su presencia y le otorga más minutos de lo
esperado.
Calificación película:
    
Calificación banda sonora
original:
    
Imágenes
de "El número 23" - Copyright © 2007 New Line Cinema,
Contrafilm y Firm Films. Distribuida en España por TriPictures. Todos los derechos
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