CRÍTICA
por
Javier Quevedo
Puchal
A veces ocurre que una
película es tan salvajemente vapuleada por la crítica con motivo
de su estreno, que, a la hora de la verdad (esto es, del
visionado personal de cada cual), nos parece que la cosa, desde
luego, no sólo no era para tanto, sino que era para muchísimo
menos. Podría ser éste el caso de la excelente “Fuego, camina
conmigo”, denostada casi mayoritariamente en su día, pero que el
tiempo y los fans han sabido poner en su justo sitio. El
ejemplo, por cierto, no ha sido escogido nada aleatoriamente,
pues, al igual que el último
Schumacher,
y aunque en grados completamente distintos de profundidad y
perfección, también la película de Lynch versaba en cierta
medida sobre los inescrutables caminos que, abriéndose paso a
través de la locura, acaban desembocando en la más pavorosa
lucidez.
En el
caso que nos ocupa, sin embargo, nos vemos embargados por un
cruce de impresiones contrastadas. Pues, en efecto, “El número
23” no es la espantosa cinta infumable que la
crítica americana nos ha querido vender... pero, a las claras,
y si me permiten el lenguaje, tampoco es ni de coña el
peliculón que sus artífices creían estar haciendo
(y que, he de admitirlo, creí, al menos durante la primera
media hora de metraje, que podían haber conseguido). Pero la
verdad es que tan sólo logra una buena marca como “lo último”
en películas-concepto (esto es, eso que se le da tan bien a
Adrian Lyne: una cinta que surge de una premisa más o menos
llamativa, pero que se pierde en sus propios vericuetos, sin
llegar a ofrecer en última instancia nada más interesante que
la premisa). Desafortunadamente, en el film que comentamos la
jarra de agua fría es doble, ya que la premisa no sólo es
atractiva, sino que incluso llega a inquietar: precisamente el
día de su cumpleaños, la vida de Walter Sparrow (Jim
Carrey)
cambia por completo como resultado, en primer lugar, de su
encuentro con un perro perdido, y, en segundo, de su
adquisición de un misterioso libro editado artesanalmente bajo
el título de “El número 23”. En los días sucesivos, Sparrow
comienza a obsesionarse con la terrible historia narrada en el
libro y, conforme va encontrando enigmáticos puntos de
conexión con su propia vida, se entrega a una maniática
fascinación por el número 23, que alterará totalmente su vida
y la de los suyos.
Es una
pena que ni Joel Schumacher, tan preocupado por contentar a todo
el mundo como de costumbre, ni el guionista
Fernley Phillips
hayan sabido superar los puntos muertos de la idea base y, al
final, hayan reducido todo el potencial del invento a lo que no
acaba siendo sino un vulgar thriller sobre la
numerología, las conspiraciones y lo recuerdos reprimidos. Así,
todos los cabos sueltos que se abren de forma bastante
absorbente en la primera mitad del relato, y que en manos de
cualquier otro autor hubieran sido pura dinamita (el nombre de
Lynch va a ser una constante en esta crítica, lo siento), se
intentan atar de forma harto precipitada y torpe en la segunda
mitad, alcanzando su clímax en un flashback tan
insultantemente explicatorio y largo que, si algo evidencia en
realidad, es la desesperada búsqueda por parte de los autores de
una coherencia y cohesión que, sencillamente, no existen (y que,
a propósito, de rebote casi logran invalidar todos los logros
expuestos en el primer tercio).
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Así, una vez expuesto
esto, tal vez quepa preguntarse: ¿es “El número 23” una
propuesta tan simple y llanamente prescindible como parece? Y la
respuesta sería: no... o al menos, no del todo. Pues
a pesar de que acabe vendiéndose al más innoble
mercantilismo y se ahogue en sus propias pretensiones
incumplidas, hay una serie de elementos que aún se pueden
rescatar. Ahí queda la
factura del film (fotografía, diseño de producción...), que es
cualquier cosa menos chapucera. Ahí queda, sin duda, el ambiente
desasosegante, a ratos morboso incluso, de la primera media hora
y sus excelentes promesas, aunque jamás lleguen a cuajar. Ahí
quedan las secuencias de homenaje al cine negro del relato
ficticio leído por Carrey, tan artificiosas y plásticas a la vez
como si hubieran sido rescatadas de algún descarte de "Frank
Miller's Sin City: Ciudad del Pecado". Ahí
queda, naturalmente, el “conmovedor” empeño de Schumacher por
convertirse en (de nuevo) un David Lynch para todos los
paladares (algo que se hace particularmente patente en los
varios puntos de conexión con “Carretera perdida”... pero no
sólo en eso). Y ahí queda un entregadísimo Jim Carrey que,
aunque muy probablemente siga sin convencer a sus más acérrimos
detractores, al menos no se deja achantar ante la presencia de
dos pesos pesados como
Virginia Madsen
y Danny Huston.
Calificación:
    
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de "El número 23" - Copyright © 2007 New Line Cinema,
Contrafilm y Firm Films. Distribuida en España por TriPictures. Todos los derechos
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