CÓMO SE HIZO "EL VELO
PINTADO"
Notas de producción ©
2006
Aurum
1. Origen del proyecto
En otoño de 2004, Edward Norton llamó por teléfono a Naomi Watts
—una vez más— para convencerla de que interpretara el papel de
Kitty Fane en El velo pintado. Esta vez, estaba decidido a
reclutar a la actriz; desde hacía cinco años, Norton, el
guionista Ron Nyswaner y la productora Sara Colleton venían
trabajando en una adaptación de la novela de W. Somerset Maugham
de 1925, que esperaban conseguir producir finalmente. Por
desgracia, Watts, nominada al Oscar® a la Mejor Actriz en 2004 y
que acababa de intervenir en The ring 2 (La señal 2) y en
Tránsito de Marc Forster, acababa de concluir el extenuante
rodaje de King Kong (ocho meses en Australia) y necesitaba
descansar antes de comenzar otra película. “Estaba cansadísima y
desde luego no estaba segura de querer volver a trabajar durante
una temporada”, confiesa. Pero tras hablar largo y tendido con
el persuasivo Norton, “de repente, la promesa que me había hecho
a mí misma de no trabajar acababa de esfumarse”, explica entre
risas. “Siempre supe que de esta novela saldría una gran
película”.
“Hablé con Naomi a finales de
2004”, recuerda Norton, dos veces nominado al Oscar® (una de
ellas, por su primer papel en un largometraje). “Le dije: «Mira,
podríamos hacerla el próximo verano. De verdad, vamos a pensarlo
y buscamos un director con el que tengamos muchas ganas de
trabajar. Anda, venga, vamos a hacerla.»“
Para llegar a este punto,
empero, hubo que recorrer un largo camino. La película comenzó
su andadura con destino a la gran pantalla en 1995 cuando el
guionista Ron Nyswaner comenzó a buscar su siguiente proyecto.
Dos años antes Nyswaner había escrito el guión de la influyente
Philadelphia, que finalmente recibiría el aplauso generalizado y
granjearía al escritor una nominación al Oscar® al Mejor Guión
Original.
“Me intrigaba la obra de
Maugham desde que vi de niño Cautivo del deseo”, explica, en
referencia a la adaptación al cine de la novela más famosa del
escritor inglés, protagonizada por Bette Davis y Leslie Howard
en la versión de 1934. “Quedé fascinado por la melodramática
historia de aquel amor obsesivo. Comencé a devorar sus libros
uno tras otro, y finalmente llegué a El velo pintado. Es esta
obra de Maugham la que más me ha rondado a lo largo de mi vida”.
Charlando con la productora
Sara Colleton, Nyswaner citó El velo pintado como uno de sus
libros favoritos. Sara le confió que, en realidad, se había
pasado el último año intentando comprar los derechos del libro a
los herederos de Maugham. Cosas del destino.
“Hablamos del libro de
Maugham y del tratamiento que da al tema del amor sexual frente
al amor espiritual, con mayor honestidad que cualquier obra
literaria de nuestros días”, recuerda Sara. “Ambos supimos al
instante que de verdad queríamos hacer la versión
cinematográfica”.
Maugham, nacido en París en
1874, creció sin embargo en Inglaterra y estudió medicina antes
de convertirse en uno de los novelistas más populares del siglo
XX. A Nyswaner le admiraba la manera en que esta historia
singular del autor se transformaba de un episodio de venganza en
una glosa de la redención.
“En un plano superficial, el
argumento es tan directo como dramático: un hombre cuyo orgullo
herido intenta castigar a su esposa adúltera. La travesía de
esta pareja mal avenida está cargada de tensión sexual y
psicológica”, señala. “La historia da un giro sorprendente, sin
embargo, cuando los personajes consiguen verse el uno al otro
bajo una luz completamente nueva; el thriller psicológico se
convierte en un viaje espiritual”.
Con Nyswaner ganado para la
causa, Colleton comenzó a trabajar con él en un antiguo borrador
del guión. Partes del libro que explican el pasado de Kitty y
arrojan luz sobre su decisión de casarse con Walter se
condensaron en un breve prólogo de flashbacks. Al cabo de tres
años de intenso trabajo de reescritura y desarrollo —periodo
durante el cual también subió a bordo el productor Jean-François
Fonlupt— Colleton y Nyswaner enviaron el guión a Edward Norton,
“que se convertiría en un baluarte del proyecto”, apostilla
Colleton.
En 1999, las primeras
impresiones de Norton sobre el guión eran abrumadoramente
positivas. “Ron lo adaptó maravillosamente”, recuerda. “Pensé
que era un trozo de gran literatura”.
Norton se identificó
inmediatamente con el carácter complejo del bacteriólogo Walter
Fane y la voluble relación que mantiene con su esposa Kitty. “El
viaje emocional de Walter y Kitty como pareja es algo que me
cautiva de este guión y en especial el relato de cómo superan su
propia negatividad mutua y resucitan su relación”, explica.
“Walter tiene que encontrar el camino del perdón. Este argumento
me tocó realmente la fibra sensible”, añade, “porque trata
algunas de las cuestiones más difíciles de esta vida”.
Pese a lo mucho que a Norton
le gustaba el guión, por distintas razones, “no pudimos hacer la
película en aquel momento”, señala el actor. Norton haría su
debut como director con Más que amigos, que además produjo y
protagonizó junto a Ben Stiller y Jenna Elfman. Pero aunque
estuviera en suspenso, El velo pintado parecía ocupar el
pensamiento de Norton con la misma intensidad que había rondado
en su día a Ron Nyswaner.
“Los diálogos de Ron y su
percepción de los temas de Maugham resultaban tan sofisticados y
estaban tan bien hechos que era uno de esos guiones que no me
podía quitar de la cabeza”, confiesa el actor. “Al final, llamé
a Ron y Sara y les dije, «Oye, ¿por qué no hacemos otro
intento?»“
Norton se incorporó como
productor a finales de 1999, lo que propinó al proyecto nuevos
bríos. “Edward trabajó de manera incesante, año tras año, con el
fin de conseguir materializar el proyecto”, recuerda Nyswaner.
Ambos trabajaron codo con codo en el guión los siguientes seis
meses en un intento de, en palabras de Norton, “liberarlo un
poco del peso de la novela. Queríamos abrirlo un poco a China,
crear una trascendencia romántica en la película que no existe
en la novela y llevar más lejos la relación entre Walter y
Kitty”.
Norton, que había estudiado
historia de China en su época de universitario de Yale, se
reveló una valiosa fuente de información para Nyswaner durante
el proceso de reescritura. “Fue gracias a su inspiración e ideas
como comencé a explorar el trabajo que Walter desarrolla en
China, algo de lo que el libro nos dejaba completamente en
ayunas”, explica el guionista.
En la revisión Walter ganó en
profundidad y amplitud, algo que no hizo sino aumentar el
interés de Norton por el personaje. “Walter representa las
fuerzas del colonialismo británico de aquella época. La gente
iba a otros países e intentaba cambiarlos a su manera. Walter
también representa el racionalismo occidental: el pensamiento
científico de Occidente que considera que si la gente se
limitara a abrazar su manera de hacer las cosas, les iría mucho
mejor”.
Del mismo modo, según Norton,
Walter es un símbolo de “la frustración a que se enfrenta la
estructura de pensamiento occidental cuando se topa un abismo
cultural, o se enfrenta a la resistencia de gentes que no
quieren que se las diga cómo proseguir su propia historia”.
En última instancia, este
apasionado bacteriólogo se ve obligado a enfrentarse al hecho de
que no será capaz de ayudar a los chinos limitándose a
imponerles su visión del mundo. “Hay que trabajar con las
personas y a través de ellas”, dice Norton. “Hay que honrar su
propia realidad cultural, social, política e histórica. De lo
contrario, todo esfuerzo es en vano”.
Una de las primeras personas
en interesarse fue Naomi Watts, que en 2001 se encontraba
rodando The Ring (la señal). “Edward estaba comprometido con El
velo pintado, pero por entonces no había director”, recuerda.
“Me quedé prendada del guión desde un primerísimo momento. Pensé
que era una historia de amor increíble y un personaje
maravilloso.” “Kitty fue, sin ningún género de dudas, lo primero
que me atrajo de la historia”, prosigue. “Al principio, se
limita a volar de flor en flor y a tomar cualquier cosa que la
vida quiera darle. No tiene una vida interior profunda y no
tiene nada tangible a lo que asirse. En realidad, nunca ha
tomado ninguna decisión”.
Tras casarse con Walter Fane
y verse medio perdida en Mei-tan-fu, “recorre un gran itinerario
de autodescubrimiento y aprende a encontrar esta otra faceta de
sí misma”, relata Watts. “Comienza a darse cuenta de que en la
vida hay más cosas que aquellas que ella ha perseguido hasta
entonces”.
“Kitty es una persona que
jamás se ha detenido a mirar el mundo que hay más allá de los
estrechos confines de su propia persona y de su círculo social”,
precisa Edward Norton. “China abre de par en par su visión del
mundo y la obliga a dedicarse a cosas que son más importantes
que su propia persona. Y al hacerlo, encuentra la armonía. Es
entonces cuando crece como persona”.
Sin embargo, pese al
entusiasmo inequívoco de Watts por el personaje y por el
proyecto, ni siquiera entonces “estaba suficientemente preparada
para entrar a formar parte de la producción”, afirma.
“Entre que Naomi estaba
ocupada y que yo estaba ocupado también y que había varios
directores coqueteando con el proyecto pero ninguno decidido,
parecía claro que no se iba a rodar en 2001”, coincide Norton.
“Hemos tenido tantas salidas en falso con este proyecto… Parecía
que no íbamos a ser capaces nunca de reunir todos los elementos
al mismo tiempo”.
En 2001, Bob Yari y Mark
Gordon se unieron a la troupe de El velo pintado junto con Mark
Gill, que en aquel momento era el presidente de Gordon and
Yari’s Stratus Film Company. Cuando Gill se marchó para crear
Warner Independent Pictures en otoño de 2003, se llevó la
película consigo y continuó conduciéndola con ayuda de Robert
Katz, de Stratus.
La incorporación de Yari,
Gordon, Gill y Katz al plantel insufló un nuevo aliento al
proyecto, hasta el punto que Edward Norton sintió la confianza
suficiente para, en otoño de 2004, realizar la profética llamada
telefónica a Naomi Watts.
“Ha sido un largo trayecto”,
admite Watts. “Edward llevaba en ello seis años y yo no menos de
cuatro. Ha sido estupendo que en el último minuto se produjera
la conjunción y encajaran todas las piezas”.
Una de esas piezas era John
Curran. El nombre del director salió a colación en alguna de las
conversaciones de Norton y Watts sobre posibles timoneles para
la nave de El velo pintado.
“Naomi acababa de terminar Ya
no somos dos con John”, dice Norton, refiriéndose al alabado
drama de 2004 firmado por Curran y en cuyo cartel figuraban
también Mark Ruffalo, Laura Dern y Peter Krause. “La había visto
y le pregunté a Naomi qué tal había sido su experiencia durante
el rodaje. Y ella no paraba de decir lo mucho que había
disfrutado y las grandes interpretaciones que John le había
arrancado a los actores”.
“Es fantástico trabajar con
John”, comenta incansablemente Watts de su amigo de toda la
vida, neoyorquino oriundo y alumno de la Universidad de
Syracuse, que luego se mudaría a Australia en 1986. “Hace
algunos años vino a hablarme para que hiciera Ya no somos dos y
era un guión dificilísimo. Pero su forma de hablar me hizo
saltar a bordo.
“El velo pintado también
presenta aspectos complejos”, prosigue Watts. “Pero sabía que
John era capaz de explorar personajes imperfectos sin
juzgarlos”.
Watts dio un telefonazo a
Curran, y él y Norton comieron juntos en los primeros días de
2005. “Fue estupendo porque John y yo hicimos muy buenas migas
desde el primer momento”, recuerda Norton. “Y como John y Naomi
se llevaban fenomenal, fue realmente lo que se dice un golpe de
suerte.
“Hubo muchas veces a lo largo
de los seis años que he venido trabajando en este proyecto que
pensé que nunca se iba a materializar”, confiesa. “Ha merecido
la pena porque cuando finalmente se hizo a la mar, lo hizo con
la tripulación adecuada. Compusimos un gran equipo”.
Curran es de la misma
opinión: “creo que en las primeras reuniones sobre un proyecto,
lo que en realidad estás sondeando es cómo te comunicas y qué
acogida encuentran tus ideas en los demás”, precisa Curran.
“Edward y yo nos entendimos inmediatamente. Hablamos mucho sobre
la película y otras cosas. Él tenía multitud de ideas y se
mostró muy abierto a intercambiarlas conmigo y a elaborarlas. El
asunto lo tenía realmente fascinando”.
“John se mostró muy receptivo
al material”, dice Norton. “De inmediato supe que era la persona
adecuada para hacerlo. No sólo le interesaban los temas, sino
que parecía dispuesto a asumir un proyecto de gran embergadura.
Y necesitábamos ese ingrediente, porque China iba a constituir
un desafío. Pero él parecía ávido de asumirlo. “Al final,
reunimos todas las piezas”, dice Norton. “En aquel momento
realmente largamos las amarras”.
2.
El guión
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© 2006 Yari Films Group Releasing, Mark Gordon
Company, Syndicate Films International, Emotion Pictures,
Colleton Company, Class 5 Films,
Dragon Studios Productions y Warner China Film HG Corporation.
Distribuida en España por Aurum. Todos los derechos
reservados.
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