CÓMO SE HIZO "EL VELO
PINTADO"
Notas de producción ©
2006
Aurum
2. El guión
Tanto Norton como Curran compartían el interés por los aspectos
políticos, sociales y culturales de China durante el periodo en
el que se desarrolla la acción del libro, así como el deseo de
que esas líneas argumentales cobraran cuerpo en la pantalla.
“Edward y yo sabíamos que no se trataba de una historia política
ni de una superproducción histórica: era un drama de personajes
con el telón de fondo de la China de aquella época”, concede
John Curran. “Entendimos que la balanza se iba a decantar
siempre del lado de la historia de Walter y Kitty”. Norton
coincide. “La obra de Maugham tiene una atmósfera muy opresiva,
incluso claustrofóbica en ocasiones”, aventura. “En realidad no
es sobre China. Es sobre Kitty y Walter y la forma de pensar
colonial”. Los cineastas procuraron ampliar el alcance de los
personajes en la versión cinematográfica. “Queríamos infundirle
autenticidad. Queríamos que el trasfondo comentara el primer
plano”, explica Curran. “Edward consiguió de veras motivarme
para que profundizara, investigara y encontrara pequeños
detalles con los que salpimentar aquí y allá la película con el
fin de iluminar lo que estaba sucediendo en aquel país en
aquellos tiempos. Nos pareció que venía muy a cuento en esta
película”.
Norton se sintió
prácticamente obligado a utilizar la película para descorrer el
velo que ocultaba los problemas a los que se había enfrentado la
China de los años 20. “Si vas a realizar un largometraje
ambientado en la China de la época, creo que tiene que haber
alguna razón para hacerla al margen del romanticismo inherente
del escenario”, razona. “Esta historia posee multitud de
niveles. A nivel político, trata del conflicto de culturas, de
lo que sucede cuando una cultura intenta modelar otra a su
imagen y semejanza”.
Aunque Norton y Ron Nyswaner
realizaron una primera versión del guión que incorporaba más la
situación política de China en la época, dan a Curran el mérito
de impartir especificidad a la narración. Consiguió poner de
relieve aspectos destacados de la China republicana de mediados
de los años 20 sin perder de vista las relaciones personales en
torno a las cuales gira toda la historia de Maugham.
“John sacó a la luz la
situación social y política, convirtiendo el descontento de los
chinos en un importante elemento dramático de la película”,
expone Nyswaner.
“Sabíamos que con los
sobrecogedores escenarios de China en manos de Stuart Dryburgh,
nuestro director de fotografía, y la pasión de John por la
faceta política (de aquella época) habíamos hallado un nuevo
personaje por derecho propio. Y uno que elevaría la historia en
un sentido bellamente cinematográfico”, incide Watts.
A lo que Norton señala que
“John sabía que China tenía que ser algo más que el trasfondo de
una pequeña historia de amor entre dos occidentales. Sabía que
China era un lugar donde estaban sucediendo cosas y cuya
dinámica afectaba a esos personajes. Suyo es el mérito de haber
convertido China en un personaje más de la película”, subraya.
“Aportó todos los exquisitos detalles de la historia cultural
del país por aquel tiempo, lo que terminó de conseguir que China
fuera algo más que un bonito telón de fondo poético”.
De hecho, fue idea de Curran
encuadrar la historia en la masacre que tuvo lugar en Shangai el
30 de mayo de 1925, cuando las tropas británicas asesinaron a
gran número de manifestantes chinos en el curso de una gran
ofensiva. Posteriormente, la indignación xenófoba alcanzó cotas
nunca vistas y las manifestaciones se generalizaron por toda
China. “Fue un momento increíblemente caótico en el que la mitad
del país clamaba para que los extranjeros se marcharan”,
concluye Norton.
Uno de los libros favoritos
de Norton titulado To Change China: Western Advisers in China
por el profesor de historia de Yale Jonathan Spence ayudó a
Norton y a Curran a organizar sus ideas sobre China y sobre la
película. El libro iluminó el reto de los innumerables
extranjeros –ya fueran misioneros, soldados, médicos,
profesores, ingenieros o revolucionarios– que habían intentado
«cambiar China» durante más de 300 años. A Norton y a Curran les
intrigaba tanto que utilizaron algunos de los temas del libro
para reestructurar el personaje de Walter, un científico
occidental que llega a la China rural durante la epidemia de
cólera y se queda absolutamente perplejo de que los chinos no lo
reciban con los brazos abiertos.
“Este libro me ayudó a
enfocar a Walter de verdad”, explica Norton. “Walter fue una de
esas personas que estaba en China y de manera más bien miope se
decía a sí mismo «no me importa la política ni las reformas
sociales. Estoy aquí sólo para desarrollar una ciencia que
mejorará las vidas de la gente». Estas personas se decían a sí
mismas que no formaban parte de la presencia militar británica”.
Curran también aportó al
guión su natural perspicacia como director a las relaciones
interpersonales. Sus dos largometrajes precedentes —Praise y Ya
no somos dos— giraban en torno a las problemáticas relaciones
entre hombres y mujeres. “John demostró con Ya no somos dos que
comprende las complejidades de las parejas casadas, que se dejan
arrastrar por el amor y por el desamor”, recalca Ron Nyswaner.
“John siempre se refiere a la
relación entre Kitty y Walter como una relación al revés”, añade
Edward Norton. “Walter y Kitty van desde la quiebra del
matrimonio a algo que recuerda las primeras fases del
enamoramiento al final de su historia”.
3.
Rodaje en China
>>
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© 2006 Yari Films Group Releasing, Mark Gordon
Company, Syndicate Films International, Emotion Pictures,
Colleton Company, Class 5 Films,
Dragon Studios Productions y Warner China Film HG Corporation.
Distribuida en España por Aurum. Todos los derechos
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