CRÍTICA
por
Miguel Á. Delgado
Aunque W. Somerset
Maugham
conste oficialmente en la lista de los escritores que, después
de haber conocido el éxito en vida, han pasado a una situación
de casi olvido, en los últimos años un puñado de producciones
modestas parecen haber redescubierto las posibilidades que
ofrecen sus obras, como fue el caso de "Conociendo
a Julia", un
vehículo en el que Annette Bening hacía gala de su enorme
poderío como actriz.
Y algo
debe suceder con la literatura de Somerset Maugham para que
ofrezca a los actores que se asoman a ella la posibilidad de
lucirse. O quizá, para ser más exactos, a las actrices, pues
son ellas las que ejercen de motor de la trama, mujeres a las
que las rígidas estructuras de la Inglaterra de las primeras
décadas del siglo XX se les ha quedado definitivamente
estrechas, lo que las sume en un mar de contradicciones y
frustraciones entre las que acecha, inevitablemente, la
infelicidad. No hace falta decir, pues, que el trabajo
interpretativo de Naomi
Watts en la
película que ahora nos ocupa es enorme: pocas actrices podrían
hacer creíble como ella la evolución de su personaje, una
mujer casada sin amor con un bacteriólogo que se la lleva con
él a China y después, tras conocer su infidelidad, a una
remota aldea asolada por una epidemia de cólera en la que
prácticamente se verá prisionera en su casa.
Es éste
un proyecto contracorriente, ajeno casi por completo al tipo de
cine que actualmente factura Hollywood, un título con un cierto
sabor añejo y situado
en un punto intermedio entre las cintas de James Ivory y el
David Lean de “Pasaje a la India”. Y sin embargo, nada huele a
naftalina en ella: está tan bien narrada, tan bien estructurada,
con un rígido control del ritmo y un inteligente uso de la
cámara (aunque sin llegar a la perfección que fue "Pride
& prejudice [Orgullo y prejuicio]",
el mayor ejemplo que el cine ha dado en los últimos años de cómo
traducir un clásico literario al lenguaje visual sin traicionar
su espíritu), que en ningún momento llegan a pesar las dos horas
de metraje.
Edward Norton
(que además ejerce, junto a Watts, de productor) cumple con su
papel, en las antípodas de los que le han dado la fama; de
hecho, no deja de ser curioso que haya hecho coincidir la
libertad de poder elegir proyectos que le ha facilitado su
condición de estrella con dos producciones de época, aunque sean
tan diferentes como ésta que nos ocupa y "El ilusionista". Y,
sobre todo, porque en “El velo pintado” nos ofrece una
interpretación contenida, de pocas palabras, en contraste con la
sensibilidad y expresividad a flor de piel de las que hace gala
Watts. Pero si de un actor y de un personaje masculino cabe
hablar es del interpretado por
Toby Jones:
después de contemplar su soberbio trabajo en este filme, no
podemos hacer otra cosa que poner velas para que "Infamous", en la
que da vida a Truman Capote, se estrene por fin entre nosotros.
La
producción sabe sacar partido del reducido presupuesto, con una
fotografía, una ambientación y, especialmente, una banda sonora
–de un Alexandre Desplat en estado
de gracia– impecables.
Todo ello contribuye a
construir un artefacto cinematográfico que nos guía por una
historia, en el fondo, predecible y sin apenas sorpresas, lo que
quizá represente el mayor handicap al que se enfrenta la
cinta. Pero que está narrada de una forma tan elegante que, en
todo caso, los posibles reparos sólo aparecerán cuando haya
terminado la proyección y llevemos ya un tiempo andando por la
calle.
Calificación:
    
Imágenes
de "El velo pintado" - Copyright
© 2006 Yari Films Group Releasing, Mark Gordon
Company, Syndicate Films International, Emotion Pictures,
Colleton Company, Class 5 Films,
Dragon Studios Productions y Warner China Film HG Corporation.
Distribuida en España por Aurum. Todos los derechos
reservados.
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