CRÍTICA
Joaquín
R. Fernández
Puntuación:
8
Banda Sonora Original: ****
Stanley
Kubrick era un talentoso realizador que,
sin embargo, envolvía a sus películas con una
aureola de frialdad que las perjudicaba
enormemente. Ahora, Steven Spielberg retoma uno
de sus proyectos inconclusos, manteniendo en
parte algunas de las características del
director de Lolita, pero añadiendo a su vez
las suyas, lo que finalmente deviene en una
película de sólidos pensamientos y nítidas
emociones.
Lastrada
por su floja recaudación estadounidense, el
filme ha sido, sin embargo, un éxito en las
taquillas internacionales, y ha producido en todo
el mundo unas reacciones unánimes: o se odia o
se ama. Sólo puedo decir que, afortunadamente,
me hallo entre los partidarios de la segunda
opción.
La hora
inicial de A. I. (Inteligencia Artificial) es
fabulosa. Spielberg nos introduce en un mundo
futurista en el que los robots conviven con los
humanos, aunque aún no ha llegado el momento en
el que la humanidad despierte los sentimientos de
los androides. Esta situación se producirá por
primera vez con la creación de David, un niño
robot capaz de amar pero que no puede huir de su
condición de máquina. Introducido en un hogar
cuyo hijo se encuentra en estado de coma, David
irá poco a poco ganándose el corazón de
Monica, a quien pronto llamará mamá. Es en
estos momentos cuando Spielberg nos
demuestra que no es un director sensiblero, sino
uno de los artistas que mejor ha sabido
transmitir las emociones humanas en la pantalla.
Son minutos en los que el espectador mantiene una
eterna llama en sus ojos, ahogado en las penas de
David al intentar ser amado. En medio,
razonamientos y filosofías sobre la inteligencia
artificial dotan de contenido al filme,
estremeciéndonos al pensar que quizás esto
pueda suceder algún día. La llegada de Martin,
el verdadero hijo de los Swinton (que despierta
del coma), provoca un cambio en la vida de David,
que se ve arrastrado en una competición por
atraer el amor de su madre. La convivencia entre
los dos niños se hace imposible y Monica,
sabedora de que si devuelve al robot a sus
creadores lo destruirán, decide abandonarlo en
el bosque. Atención a esta sublime y
desgarradora escena en la que Haley Joel Osment
está, sencillamente, genial; sólo hay que ver
su rostro para darnos cuenta del terror que
siente al percatarse de que ya no va a volver a
ver a su madre nunca más. A partir de aquí, la
película explica la extenuante búsqueda
por parte de David del Hada Azul, personaje de
Pinocho que cree lo transformará en humano.
Entretanto, momentos tan brillantes como la caza
de los robots y su posterior destrucción delante
de una jauría de espectadores que, a falta de
cristianos, rugen de alegría viendo cómo se
deshacen en trocitos las máquinas que sus
iguales han creado. Por último, el desenlace de
media hora que nos ofrece Spielberg, sin duda la
parte más polémica de la cinta, no invalida el
camino recorrido hasta entonces, y aunque a uno
le hubiera gustado ver otro tipo de respuestas,
es verdad que hay cierta coherencia en semejante
exposición, al menos si tenemos en cuenta otras
obras del realizador de Tiburón.
Bella
en su tristeza, A. I. (Inteligencia Artificial)
también nos presenta una arrebatadora
imaginería visual. Secuencias como la
llegada a Rogue City, la presencia de Teddy o el
recorrido aéreo sobre una Manhattan inundada
así lo atestiguan. Spielberg sigue siendo, pues,
el más brillante director contemporáneo, un
artista indiscutible, capaz él solo de rodar
escenas tan portentosas como la llegada de David
a la casa de los Swinton.
John
Williams, el compositor de
A. I. (Inteligencia Artificial), se aleja de sus
habituales pompas musicales, regalándonos temas
de una suavidad exquisita y, sobre todo,
extremadamente fieles a las imágenes para los
que han sido creados. Hay momentos
divertidos y peculiares, como la música que
escuchamos cuando David observa insistentemente a
su madre en sus quehaceres cotidianos, y hay
otros de una trágica belleza, como cuando David
es abandonado en el bosque. Entre todo esto,
ritmos a lo Media Ventures en las secuencias de
acción y maravillosas descripciones musicales de
las ciudades que visitan David y Gigoló Joe, un
robot que pronto se hace amigo del niño.
En
definitiva, y aunque con defectos (el final, la
inexplicable desaparición de Hobby tras hablar
con David en Manhattan, la escena del Dr.
Know...), no deja de ser una de las mejores
películas del año. ¿Por qué hay gente, pues,
que tiene miedo a dejar bullir sus emociones?.
Imágenes
de A. I. Inteligencia Artificial - Copyright ©
2001 Warner Bros., DreamWorks SKG, Amblin
Entertainment y Stanley Kubrick Productions.
Todos los derechos reservados.
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