CRÍTICA por Leandro
Marques
Argentina
A
sujetarse fuerte
Los
amantes de los autos y la velocidad encontrarán
su película soñada en Rápido y
Furioso (título de "The fast and the
furious" en Argentina)*, la
vertiginosa exploración que el director
estadounidense Rob Cohen realiza
sobre el apasionante submundo de las carreras
callejeras que invade Los Angeles. Desde allí,
donde rugen los motores sedientos de adrenalina,
las mujeres hermosas acechan, las noches de
fiesta abundan y los negocios fuera de la ley
nunca faltan, tiene lugar una propuesta simple y
sin pretensiones sutiles: la de un film que vuela
a mil kilómetros por hora.
Por
tratarse de una película que no sabe de rebajes,
que de principio a fin enfatiza en la
frenética combinación entre el impacto visual y
la desbordante energía de la música
electrónica que le sirve de contexto,
es lógico que eso implique una apuesta hacia el
espectador, cuyas posibilidades de disfrute
estarán estrechamente vinculadas con su
capacidad para conectarse con su cuerpo a la
intensidad que desborda desde la pantalla. Si,
por lo contrario, decide frenar y posicionarse
desde otro ángulo, algo más analítico, deberá
pagar las consecuencias de ello.
En primer
lugar, deberá tropezarse con la fragilidad y
previsibilidad de la historia. Un policía (el
carilindo Paul Walker) se
infiltra en uno de los equipos de autos que
corren las picadas -intervienen en total casi 150
coches, a cual más lujoso y mejor preparado que
el otro- y tiene como misión averiguar si su
líder, interpretado por Vin Diesel (tuvo un
papel en
Rescatando
al Soldado Ryan), tiene
algo que ver con la seguidilla de robos
relámpagos a camiones que se están llevando a
cabo por las rutas de la ciudad.
A medida
que los minutos de la cinta avanzan, el agente se
va encariñando no sólo con el supuesto
maleante, a quien respeta e incluso admira, sino
también con la hermana, de quien se enamora.
Pero, por supuesto, antes que nada es un policía
cumpliendo su trabajo. Este tan cinematográfico
dilema, consecuencia del entrecruzamiento entre
el deber profesional y los lazos afectivos, es el
principal eje narrativo que plantea la película.
De todas
maneras, no es el argumento el aspecto
más interesante del filme. Por eso no vale
demasiado la pena ahondar con detalles sobre la
historia, ni hacer hincapié en la floja calidad
de los actores, ni en la previsibilidad de su
guión. Son casi excusas. El foco está
puesto, únicamente, en la visceral descarga de
tensión que exudan esos increíbles autos
mientras atraviesan a 200 kilómetros por hora
las calles de la ciudad. Bien filmada, con
cámaras que logran transmitir desde la pantalla
toda la adrenalina y vértigo de la velocidad,
más la buena combinación con la música, y los
agregados de bastante acción, mujeres hermosas,
y hombres musculosos (para que las espectadoras
también tengan su cuota extra), Rápido y
Furioso es una experiencia sumamente intensa
y a veces, por la impresionante colección de
autos que desfilan, deslumbrante.
Pese a sus
limitaciones y puntos flojos, la película no
tiene otras pretensiones que las marcadas, y
aunque no le sobra nada, puede decirse que llega
dignamente a su meta. Cumple con lo que promete y
entretiene. Además, más de una vez, obliga a
sujetarse bien fuerte de la butaca.
*Nota
del editor.
Imágenes y notas
de producción de "A todo gas" - Copyright
© 2001 Universal Studios. Fotos por Bob Marshak.
Distribuidora en España: UIP. Todos los derechos
reservados.
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