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Estrenos 26 Oct - 1 Nov 2001

El juramento
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EL JURAMENTO
(The pledge)


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Dirección: Sean Penn.
País:
USA.
Año: 2001.
Duración: 124 min.
Interpretación: Jack Nicholson (Detective Jerry Black), Patricia Clarkson (Margaret Larson), Robin Wright Penn (Lori), Aaron Eckhart (Detective Stan Krolak), Dale Dickey (Strom), Costas Mandylor (Monash Deputy), Helen Mirren (Doctor), Tom Noonan (Gary Jackson), Michael O'Keefe (Duane Larson), Vanessa Redgrave (Annalise Hansen), Pauline Roberts (Chrissy), Mickey Rourke (Jim Olstad), Sam Shepard (Eric Pollack), Lois Smith (Helen Jackson), Harry Dean Stanton (Floyd Cage), Beau Daniels (Rudy), Benicio del Toro (Toby Jay Wadenah).
Guión: Jerzy Kromolowski & Mary Olson-Kromolowski; basado en el libro de Friedrich Dürrenmatt.
Producción: Michael Fitzgerald, Sean Penn y Elie Samaha.
Música: Hans Zimmer y Klaus Badelt.
Fotografía:
Chris Menges.
Montaje: Jay Cassidy.
Diseño de producción: Bill Groom.
Dirección artística: Helen Jarvis.
Vestuario: Jill Ohanneson.
Decorados: Lesley Beale.

 

CRÍTICA

Tònia Pallejà

Crónica de una muerte anunciada

Desde que Sean Penn hizo su primera aparición en una película han pasado ya varios años, y afortunadamente, a pesar de algunos baches iniciales, su carrera como actor parece haberse consolidado definitivamente sin levantar ningún género de dudas. En cambio, su faceta como director no ha dado hasta el momento grandes frutos. Tras la fría acogida recibida por Cruzando la oscuridad -también protagonizada por Jack Nicholson-, nos llega este nuevo trabajo del empeñado realizador californiano, factible de caer en el olvido más inmediato. Es posible que Sean Penn haya cometido muchos errores a lo largo de su vida, además de haber estado casado con Madonna. De El juramento podría decirse que, sin llegar a merecerse ocupar un lugar de honor entre su colección de patinazos, tampoco se encontraría entre la de sus aciertos.

Es verdad, uno ya sabía de antemano que esta historia del veterano policía a punto de jubilarse que se enfrenta a un último caso de asesinato -con las habituales investigaciones, dramas familiares y rencillas con los compañeros de comisaría por medio- está más exprimida, reaprovechada y caduca que un limón de la Mirinda. A este trasnochado argumento, se viene a añadir la no menos típica camarera de bar de carretera -la señora Robin Wright Penn-, a quien su exmarido pega alguna que otra paliza de vez en cuando, y que debe sacar su vida y la de su hija adelante sin la ayuda de nadie. Y cómo no, por si alguien aún no lo había adivinado, el policía, que no ha tenido demasiada suerte con las mujeres, que aunque algo obsesivo con su trabajo no deja de ser buena persona, la acoge en su hogar sin esperar obtener ningún favor sexual a cambio. Pero como ella está tan sola como él, y le conmueve su buena mano con la angelical criatura, se la acaba llevando a la cama de todas formas.

Sin embargo, no es menos cierto que, aunque fuera por una simple cuestión de dignidad y de no tirar el dinero a lo tonto -el de los productores y el del público-, uno también esperaba que a pesar de lo trillado de la trama, Penn habría sido capaz de dar un nuevo enfoque a esta historia basada en la novela de Dürrenmatt, más aún cuando ya había sido adaptada con anterioridad para el cine. Y en realidad lo ha hecho, pero su resultado es de vago interés. Sean Penn nos ofrece una película de perdedores, tan contemplativa como lacónica -léase falta de todo ritmo y emoción-, ausente de sí misma e incluso desperdigada. Existe en ella, en todo caso, una gran atención por los detalles, tanto en la insistencia y el cuidado de sus primeros planos como en la forma en que se van relacionando las ideas a lo largo de su desarrollo. Penn se atreve a jugar con la cámara y el montaje de las secuencias, a asombrarnos con un estilo narrativo nada enquilosado y consigue, también, componer algunas escenas de manera bastante efectista (el hallazgo del cadáver en la nieve, la fiesta de jubilación de Black, el momento en que comunica la noticia a los padres de la víctima en la granja de pavos, su visita a la residencia...). Pero todo se queda en un buen intento fallido. Este lenguaje hipnótico, enajenado, ayuda a crear ese tono pesimista y desapacible de la cinta, pero por otra parte aumenta la distancia, ya de por sí notable, entre el espectador y la historia que se le explica. Se nota que conceptualmente la idea ha sido estudiada, tal vez por la propia base literaria sobre la que se apoya, pero es en su exposición donde pierde fuelle. Lo mejor de la película es ese clima derrotista y desolado que la envuelve y que consigue contagiar. Sean Penn ambienta este tercer largometraje en una norteamérica profunda y rural, desangelada, aislada, devotamente religiosa, que roza la insania.

Hay que decir que como thriller la película no funciona. El suspense que propone es prácticamente inexistente, y después de mantener la generosa paciencia del espectador hasta su final, ofreciéndole pistas falsas hasta el último momento, nos lleva a una resolución del enigma tan torpe como dudosa. Porque si se trataba de ser originales, y de original este final lo es un rato, tal vez hubiera sido necesario cargar las municiones desde buen principio. El problema es que como drama, El juramento tampoco da mucho más de sí. La intriga criminal y la investigación policíaca pasan a un segundo término en favor del proceso de muerte vital -que no orgánica- de este policía de oscuras motivaciones que acaba confundiendo su trabajo con su vida privada de forma algo atípica. El descenso a los infiernos de la locura de un hombre que no sabemos muy bien si se encuentra en su sano juicio o que simplemente lleva su tenacidad a extremos insospechados, pero que acaba perdiendo su prestigio profesional a pesar de que seguía la pista correcta.

Como suele pasar con la mayor parte de actores que deciden ponerse tras la cámara, Sean Penn concede una especial importancia al trabajo interpretativo de su reparto, lleno de estrellas y caras conocidas, desde los principales a los secundarios. Y a pesar de que su recreación de estos desabridos personajes es excelente, Penn no llega a sacarles todo su jugo, no es capaz de atrapar su alma. Jack Nicholson deja de lado sus registros más mordaces e irreverentes, y encara a este solitario y lúgubre policía en un trabajo sobrio, pero magnífico en su contención, sin precedentes en su trayectoria. Robin Wright ofrece un aspecto poco habitual en este film, lejos de su imagen de mujer atractiva, pero con la misma doble carga de fragilidad y dureza que acostumbra a transmitir. Benicio del Toro resuelve de forma impecable al indio deficiente mental que se declara culpable del crimen, y Vanessa Redgrave, en su pequeño papel como abuela de la niña asesinada, aunque espléndida, no sobresale más que la punta de un iceberg. No resulta menos curioso tampoco que Mickey Rourke, en su brevísima intervención, tal vez dé en esta película lo mejor de sí mismo.


Imágenes de El juramento - Copyright © 2001 Franchise Pictures, Warner Bros., Pledge Productions, Morgan Creek Productions y Clyde Is Hungry Productions. Todos los derechos reservados.

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