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Estrenos 26 Oct - 1 Nov 2001

El juramento
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EL JURAMENTO
(The pledge)


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Dirección: Sean Penn.
País:
USA.
Año: 2001.
Duración: 124 min.
Interpretación: Jack Nicholson (Detective Jerry Black), Patricia Clarkson (Margaret Larson), Robin Wright Penn (Lori), Aaron Eckhart (Detective Stan Krolak), Dale Dickey (Strom), Costas Mandylor (Monash Deputy), Helen Mirren (Doctor), Tom Noonan (Gary Jackson), Michael O'Keefe (Duane Larson), Vanessa Redgrave (Annalise Hansen), Pauline Roberts (Chrissy), Mickey Rourke (Jim Olstad), Sam Shepard (Eric Pollack), Lois Smith (Helen Jackson), Harry Dean Stanton (Floyd Cage), Beau Daniels (Rudy), Benicio del Toro (Toby Jay Wadenah).
Guión: Jerzy Kromolowski & Mary Olson-Kromolowski; basado en el libro de Friedrich Dürrenmatt.
Producción: Michael Fitzgerald, Sean Penn y Elie Samaha.
Música: Hans Zimmer y Klaus Badelt.
Fotografía:
Chris Menges.
Montaje: Jay Cassidy.
Diseño de producción: Bill Groom.
Dirección artística: Helen Jarvis.
Vestuario: Jill Ohanneson.
Decorados: Lesley Beale.

 

CRÍTICA

Rubén Corral

La tercera película como director del excelente actor Sean Penn (las dos anteriores son The Indian runner, de 1991, y Crossing guard, de 1995) parte, por primera vez en su trayectoria como realizador, de un guión que no firma, y que se basa en la novela del escritor suizo Friedrich Dürrenmatt que ya viera una primera adaptación cinematográfica en 1958 en la coproducción hispano-suiza El cebo, dirigida por Ladislao Vajda y en cuyo guión participara el propio autor del original. No obstante, The pledge no es peor película que su predecesora, arregla algunos de los desaguisados que, a medio camino entre el puritanismo europeo de la época y los regates a la censura, se habían colado en aquel guión, y desarrolla aspectos menos atrayentes para el público de su época que en la actualidad cobran mayor vigencia. En cierto modo, ambas películas resultan complementarias y, si bien la versión de Penn es decididamente más atractiva, actual e introspectiva, la de Vajda es una sólida, convincente muestra de ese cine negro a la europea previo a las sacudidas de la Nouvelle Vague francesa y que tanto se prodigó en la industria del cine de evasión español.

En The pledge el protagonismo absoluto corre a cargo de un soberbio Jack Nicholson con opciones de lograr su duodécima candidatura al Oscar. El protagonista de Chinatown encarna de nuevo a un detective que, sólo por edad, se encuentra abocado a la jubilación. Y hay que dejar claro que sólo es por motivos de edad, ya que su trabajo como policía es lo único que tiene este Jerry Black que carece de pareja sentimental y ninguna otra afición aparente más allá de la de pescar. En la fiesta de su despedida, Jerry, a modo de último colofón a su carrera, se desplaza junto a sus compañeros al lugar (un helado paraje de Minnesota) donde un muchacho ha encontrado el cadáver despedazado de una niña. El veterano policía es el escogido para comunicar a los padres de la asesinada la noticia, y ante su madre jura encontrar al asesino de su hija. Aunque la policía halla enseguida a un indio al que endosar el crimen, Jerry, que comienza su retiro alargando sus investigaciones, no queda convencido y prosigue por su cuenta con sus pesquisas.

El trabajo de Sean Penn tras las cámaras en The pledge resulta convincente, y aunque el ritmo de la película flojee en algunos instantes, la óptica que el director ofrece al espectador de los hechos que está narrando es muy interesante. Sobretodo enriquece el resultado final la labor interpretativa del mejor Jack Nicholson visto en años (¿me mirarán mal si digo que es su mejor trabajo?). El actor también colaboró con Penn en la versión definitiva del guión y la tarea de asumir su personaje corrió paralela a la del director en el momento de rodar un libreto ajeno. El Jerry Black de Nicholson es una variante enfermiza de buena parte de los personajes de Hawks, esos hombres que, antes que nada, estaban comprometidos con llevar a buen puerto sus misiones, esos personajes que quedaban descritos por sus objetivos. Así, Black se implica en cuerpo y alma en su misión de atrapar a un criminal en cuya existencia sólo él cree, hasta el punto de hipotecar su propia nueva vida, formada junto a una mujer, Lori (Robin Wright Penn), maltratada por su ex marido, que se instala con él junto a su hija, una niña que cumple todos los requisitos para convertirla en víctima propiciatoria ante el asesino. Black utilizará a su propia hija adoptada como cebo para tentar al criminal que persigue.

El carácter casi religioso del trabajo de detective de Jerry Black queda rápidamente explicitado por la cámara de Penn en su fiesta de despedida, una celebración que queda enfocada en segundo plano tras la expresión de un Nicholson fuera de foco que sólo se muestra nítido (definido) para el espectador cuando observa que su jefe y otros de sus compañeros abandonan los festejos por motivos de trabajo. El director utiliza de este modo un recurso fotográfico experimentado por Robert Frank (de él afirma Penn haberlo tomado, cuando menos) para definir, de un brochazo, lo más importante del papel de Nicholson: una obsesión por su trabajo que cristaliza en el hecho de que lo que persiga Black no sea tanto saber quién es el culpable (la presencia física del verdadero asesino no tiene peso alguno en la narración) como llegar al final de su misión, saberse capaz de cumplir su juramento.

El guión firmado por Jerzy Kromolowski se muestra agradablemente complejo. De hecho, la película circula durante un buen trecho de su parte central mostrando el lado más positivo del protagonista, pero en ningún momento evita mostrar sus puntos débiles (como su afición por el alcohol o su incapacidad para amar). De hecho, casi todo lo bueno que le acontece con el paso del tiempo parte de su obsesión por su promesa: "adoptar" al cebo, Chrissy (la hija de Lori), y lograr su cariño o compartir su lecho con Lori. Sin embargo, aquéllo que para cualquier persona serían hechos con una indudable carga positiva, para un hombre como Jerry, con el paso del tiempo, llegan a provocarle nuevos desvelos. A su miedo a no ser capaz de cumplir su juramento añade la interiorización del miedo del padre por el peligro que corre (o él cree que corre) Chrissy. La implicación sentimental de Jerry provoca que su obsesión por el cumplimiento de su juramento sea todavía más enfermiza y compleja, contradictoria, humana. Este punto lo aleja, por ejemplo, de la versión de Vajda, en la que se elude toda relación sentimental entre la madre y el inspector.

Otro punto en el que la película de Penn mejora la de Vajda es en su desenlace, en el que cobra vital importancia el proverbio que adjudica a Dios que "la venganza es sólo mía" y en el que se pueden encontrar unos amargos recodos de frialdad que vienen al conjunto del film como anillo al dedo.


Imágenes de El juramento - Copyright © 2001 Franchise Pictures, Warner Bros., Pledge Productions, Morgan Creek Productions y Clyde Is Hungry Productions. Todos los derechos reservados.

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