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El Retorno del Rey

 

CRÍTICA por
Diego Vázquez

Valoración:

El final de una época

Ha llegado el momento, que no por esperado, deseado y ansiado por los fans va a ser menos triste, de abrir bien los ojos y los oídos, acomodarse en la butaca y asistir a la consagración de un mito, a la conclusión de la trilogía de este nuevo siglo, a la fantasía más importante de nuestros tiempos y al que sin duda es uno de los cantos del cisne más hermosos e inolvidables que ha dado y pro-bablemente dará la historia del cine. Muchos serán los que sigan quedándose impasibles ante tamaña obra de arte, a la altura de al-gunas de las más quiméricas conquistas artísticas, pero en reali-dad no harán más que cerrar los ojos ante un acontecimiento de envergadura histórica, irrepetible y, en cierta manera, irrecuperable. Es esta sensación la que tendremos todos los demás espectado-res a la salida del cine, en el café coloquio posterior o al irnos a dormir por la noche, la de algo hermoso y colosal, la de unos per-sonajes vivos y cercanos, que se alejan, que se acaban, que se van.

No deja de ser paradójico que la pelí-cula más importante del año y una de las más disfrutables (si acaso no la que más) deje ese poso tan difícil de tragar, tanto para los que ya había-mos leído los libros y conocíamos el final (muy fiel en su traslación a la pantalla), como para los vírgenes pu-ros, de una emoción irrecuperable, de unos amigos que dejamos atrás y de una historia que se termina. Esto la acerca mucho más a ser la adapta-ción perfecta que ya de por sí es del libro, pues como todo buen libro, co-mo todo buen viaje, la sensación que produce al terminarlo es tan dolorosa como placentera y las ganas irrefrenables de volver a él y adentrarse de nuevo en ese otro mundo más allá del nuestro, con personajes que ya nos son tan cercanos como nuestros mejores amigos, es tan fuerte que una vez más queda demostrada su gran-deza. Afortunadamente, la trilogía de Jackson (aún sin terminar, a falta de ver el definitivo montaje de la versión extendida, que a buen seguro, como en ocasiones anteriores, engrandecerá aún más este original) puede volver a ser revisitada, pero la emoción original del descubrimiento ya no volverá. Así, la tristeza previa que, ya sea de manera evidente o en secreto, todo espectador porta al entrar a ver el film, se hará cómplice perfecta de las palabras de Tolkien y de los deseos de Jackson de colocar el más emocionante de sus li-bros a la altura sensorial que se merece.

“El retorno del rey” es un gran compendio de los dos capítulos anteriores que desemboca en una catarsis de emoción como sólo las grandes obras saben producir. Desde las mismas fronteras de Mordor hasta lo más profundo de sus entrañas y más allá, el film nos transporta por la definitiva eclosión de todos los personajes en sus respectivos destinos en la historia, no sin antes padecer hasta límites que ninguno habría sospechado para alcanzar un final que, sin importar cual pueda ser, saben que no podrá sino pasarles fac-tura. Y así, este canto a la amistad, desde la traicionada (como marca el espléndido comienzo del film), hasta la más sincera y ab-soluta, ha de alcanzar su cénit en un último tercio que tras mos-trarnos las mayores batallas (físicas y mentales) jamás filmadas (superando todo lo que parecía insuperable) y llegar hasta las puer-tas de su destino final, atisba el comienzo de una nueva era en la que, como algunos personajes, el espectador ya no participará.

La estructura del guión recuerda bastante a la del segundo capítulo de la trilogía, con un comienzo expositivo y más tranquilo (precedi-do por un prólogo que hará las delicias de todos los espectadores) que va a desembocar en una escalada continua de los aconteci-mientos, como si de una gran sinfonía se tratara, la cual oprime al espectador y estira la conclusión hasta límites increíbles, consi-guiendo trasmitir a la perfección la grandeza de lo que nos está na-rrando y su relevancia. Las tres horas y media de película consi-guen así comprimir todo el tercer libro de Tolkien, más la parte del segundo que se había reservado para aquí, sin que se resienta de-masiado el resultado para los que conocemos los originales litera-rios (siempre hay cosas que se pierden, algunas de las cuales se-guramente reaparecerán en la edición extendida), y eso ya de por sí es toda una proeza.

Acompañándolo todo de un trabajo artístico insuperable por parte de todo el equipo de la película (la música, los tonos cada vez más apagados de la fotografía, el impresionante diseño de producción y los colosales efectos al-canzan aquí su máxima expresión) y de unas interpretaciones memorables y conmovedoras, el resultado conse-guido debería contentar a todos los paladares. ¿O tal vez no? Hay una au-sencia (comentada hasta la saciedad en todos los foros y news de la red) que puede costarle cara a Jackson entre los más fanáticos del libro, que nos priva de conocer el des-tino de uno de los personajes principales y más característicos, y que aunque se promete resolver en la futura edición extendida, tal vez parece injustificable no haberla introducido aquí. Pero a pesar de esa discutible y arriesgadísima decisión, Peter Jackson escribe la rúbrica perfecta a su obra magna y nos invita a todos a comple-tarla leyendo (o releyendo) el libro del que todo partió, para volver a acompañar a nuestros amigos en la auténtica edición completa de “El señor de los anillos”; un clásico de nuestros tiempos.

 

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