

CRÍTICA por
Migue Muñoz
Valoración:





De pequeños seres
y grandes obras
La
obra de Tolkien es de la magnitud que engloba lo infinito desde lo más
nimio. Peter Jackson ha alcanzado las cotas de los grandes siendo un
pequeño autor tras la tarea de una mastodóntica super-producción que, no
nos engañemos, guarda toda la emoción posi-ble, para hacerla brotar como
el más grande sueño vivido, en el úl-timo tramo de la historia (o mejor
dicho, en el último tramo de esta última entrega). Si ello hubiera
fallado, si tan sólo dejara indiferente a uno de los espectadores, todo se
iría al traste. Pero esto no su-cede, pues tanto leyendo el original como
devorando la imaginería propia de Jackson (hay planos que incluso
recuerdan sus viscera-les inicios) uno palpa el milagro de acontecer a algo
que se va de las manos, y no hablo de marketing o éxito mundial sino de
esos actos y obras que superan y trascienden la insignificancia de quien
los realiza.
En “El Retorno del Rey”, esos des-cubrimientos vitales posteriores a la
heroicidad eterna, lograda por ser tan vulnerables como usted o como yo,
son los que captan toda la idiosincra-sia más atractiva.Ya en “La Guerra
de los Mundos” la inminente aniquilación del ser humano y el planeta
Tierra se ve salvada en el último instante por esos irrisorios seres
llamados bacte-rias; ya en una de las últimas obras de culto titulada “El
Club de la Lucha” se nos adentra en la mente esquizo-frénica de un ser
mediocre que logra crear de la nada todo un arsenal de psiques terroristas
y destructivas; demostrando al igual que todo el universo tolkiano lo
devastador y lo determinante de la miseria hu-mana. Tanto los que hayan
leído la trilogía como los que la visionen sabrán reconocer al final que
la grandeza de toda la gesta radica en el poder subterráneo que llevamos
todos dentro, la dualidad del bien y el mal con infinidad de matices, y
esa vanagloria al alcanzar una heroicidad más grande que el mundo. Cuando
todo mal parece irre-versible aparece el ser más débil y cobarde
llenándose de esplen-dor con un golpetazo de espada.
Es
este reflejo de latido de humanidad sencilla del lector/especta-dor en
cualquier personaje de la saga del anillo lo que hace que vibremos todos
en nuestra butaca para que los héroes logren sus objetivos (si ellos
pierden o ganan entonces perdemos o ganamos todos los demás). Y en “El
Retorno del Rey” esto es el anclaje prin-cipal, todo el último suspiro de
esta odisea es captado por Jackson y su equipo, en un clímax ascendente
que hará vitorear, aplaudir, reír y llorar a toda la platea de manera
tanto implícita como explíci-ta, lo que nos demuestra que todo su
apabullante y bello acabado formal sirve en efecto para emocionarnos.
Además, la sugestión y las elipsis están tan bien construidas que sentimos
a través de una estructura diferente a la del libro una subida tan
puramente cinema-tográfica que arrastra la razón de sus autores al
interior de nuestros corazones.
El crítico Miguel Marías dijo en una ocasión, al respecto de la obra de
Tol-kien, que dejó de leer el libro del abu-rrimiento que le ocasionaba
(muy líci-to ello) y que prefería aprender leyen-do obras sobre la
Historia del Siglo XX (ya que creía que Tolkien había escri-to una fábula
sobre ésta –en su prime-ra mitad, se entiende–). Una anécdota que nos
recuerda que podrá gustar o no, pero la trilogía –y en este caso “El
Retorno del Rey”– demuestra: por un lado, la mente sobrehumana de su
creador para emocionarnos a través de fijarse desde una nueva perspectiva
en nuestra propia y vergon-zosa Historia (en la cual tropezamos
cíclicamente); y por otro lado, la virtuosidad de un realizador
minoritario que ha logrado, envolvién-dose con profesionales de gran
clase, una burbuja donde cabe toda la emoción que llena la obra original.
Con ello salimos del cine sien-do mejores personas, creyendo más
firmemente en los sueños y en una utópica vida feliz.
Pros
encontrarán muchos, contras pueden poner los que quieran –fases y
personajes del libro que no aparecen, estructura diferente, mucha batalla
y efecto digital, etc.–, pero lo que nadie quitará a quien suscribe es el
haber sentido la misma emoción creciente a lo largo del visionado de la
película que la que me acudió cuando leí la novela. Todo será ya perfecto
si por una vez en la Historia del Cine una película firmemente fantástica
y de aventuras se lleva los galar-dones más importantes en los Oscar®.
Esa conquista, totalmente merecida, salvará el honor de otros clásicos
modernos como “La Guerra de las
Galaxias” o “En Busca del Arca Perdida”.