CRÍTICA
Miguel
Á. Refoyo
La eficaz maestría de
la sencillez
John Carpenter toma de referencia
su propia obra para redefenir, con su habitual
concepción hawksiana, un western espacial de
efectividad asombrosa
 Parece mentira que
uno de los cineastas más veteranos del panorama
internacional como lo es el maestro John
Carpenter siga demostrando, después de
superar un cáncer de piel que estuvo a punto de
acabar con su vida, que es uno de los directores
con un espíritu tan joven que más quisieran
para ellos muchos de los nuevos talentos
ensalzados por sus, supuestamente, innovadoras
obras precozmente maestras. Si con su anterior y
magistral Vampiros Carpenter,
con esa inquebrantable propensión al
western, reflejaba la suculenta
historia de un grupo de cazavampiros sin
escrúpulos pagados por El Vaticano para
exterminar a unos chupasangres maléficos, en
Ghosts of Mars, este preceptor de
obras maestras de autor (según
Cahiers du Cinemà) vuelve a demostrar su
particular y genuino estilo para brindar, de
nuevo, una infiltrada utilización de la
consubstancialidad más auténtica del far
west bajo la perenne influencia de Howard
Hawks.
 El genio
rebelde impasible de Carpenter obtiene, con su
querencia a la ironía, violencia explícitamente
gore, humor frío y un discurso
decididamente nihilista y sádico, una memorable
cinta de acción y aventuras en la que
la autoreferencia y homenajes a su propia
filmografía componen la obra más inconfundible
y la vez desenfrenada de su filmografía. Para
esta fantástica Ghost of Mars,
Carpenter sigue absorbiendo de los artífices que
han convertido su enfoque artístico en un
ejemplo de honestidad y temeridad, de
majestuosidad y coherencia autoral. El elemento
hawksiano se alía con breves matices del mejor Ford, Tourneur o Fisher, pero
también circunscribe claras alusiones a filmes
clásicos como El experimento del
Doctor Quatermass, la obra
maestra de Val Guest y 5
millions years to Earth, de Roy Ward
Baker. La nueva película de Carpenter
expone otra nueva representación
fantastique de la invasión
extraterrestre, muy influida por la intención
clasicista de la mítica factoría Hammer. En
este caso no son los típicos marcianos los que
llegan en naves espaciales a la Tierra con la
intención de colonizarla, sino que es el hombre
el que, como entelequia galáctica, logra
colonizar Marte y levantar Shining Canyon,
denominación inconfundible del
western.
 A modo de
thriller de acción, Carpenter se
traslada al año 2176 para relatar la odisea
terrorífica de un grupo de policías (la MPF)
que se traslada al planeta rojo con el fin de
detener a un peligroso recluso. Los mineros que
allí trabajaban se muestran sobrehumanos,
psicópatas y aterradores. En realidad han sido
poseídos por unos fantasmas alienígenas con
ganas de venganza... Con esta premisa Carpenter
retorna los elementos argumentales que confinan
su espléndida carrera. Su última película es
muy pareja en estructura y estética a filmes de
la talla de Asalto a la
Comisaría..., La
Niebla, La cosa o El
príncipe de las tinieblas. Es decir,
un grupo confinado en un área circunscrita,
amenazada por una maligna caterva exterior que
desencadena la muerte y el odio. En esta ocasión
la malevolencia viene dada por el nihilismo del
hombre, por el ansia de poder en la lucha
conquistadora espacial, aportando así esa
irreverente directriz sociopolítica frecuente en
el cine de Carpenter. En Ghosts of
Mars la maldad proviene de unos
entes espirituales que utilizan los cuerpos
humanos como artilugio de defensa y de carácter
brillantemente tribal. Por primera vez el
antihéroe carpenteriano por excelencia es una
mujer malhablada y severa de armas tomar, Melanie
Ballard (brillante Natasha Henstridge) que
dirige a unos secundarios representantes de los
defectos humanos como el machismo, la debilidad y
la ambición (Ice Cube, Clea Duvall, Jason
Statham, Joanna Cassidy y Pam Grier).
 John Carpenter
vuelve, por tanto, a verificar su atípica forma
de reinventarse a sí mismo, sin concesiones a la
pertinacia, y la vez, sin eludir su privativo y
brillante sentido del ritmo visual y narrativo.
En esta última concepción, Carpenter
consigue su estructura más compleja a base de
flashbacks introducidos en otros
flashbacks de la subtrama,
lo que origina la lucidez de un relato cerrado en
el que los giros no traicionan el total de esta
magnífica obra (la cinta empieza como acaba). La
visión del artesano, de la serie B y de la
trasgresión disoluta se dan cita en un filme en
el que el anacronismo ensalza la gran capacidad
de este genio como narrador, como creador de
atmósferas e innovador de un sentido de la
acción abrumante en la que no podía faltar su
poderosa y destacada partitura musical. Con
Ghosts of Mars Carpenter sigue
acreditando unas inagotables ganas de subvertir
el cine hacia la maestría de su propia y
sencilla concepción fílmica. La imaginería de
este maestro sigue, por lo tanto, a la altura de
los que le consideran como lo que es: uno de los
últimos grandes clásicos de este Arte.
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