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Dirección: Chris
Columbus.
Países: Reino Unido, USA.
Año: 2001.
Duración: 152 min.
Interpretación: Daniel
Radcliffe (Harry Potter), Rupert Grint (Ronald
'Ron' Weasley), Emma Watson (Granger), John
Cleese (Sir Nicholas de Mimsy-Porpington), Robbie
Coltrane (Rubeus Hagrid), Warwick Davis (profesor
Flitwick), Richard Griffiths (tío Vernon
Dursley), Richard Harris (Albus Dumbledore), Ian
Hart (profesor Quirell), John Hurt (Sr.
Ollivander), Alan Rickman (profesor Severus
Snape), Fiona Shaw (Petunia Dursley), Maggie
Smith (Minerva McGonagall), Julie Walters (Sra.
Molly Weasley).
Guión: Steve
Kloves; basado en el libro de J.K. Rowling.
Producción: David
Heyman.
Producción ejecutiva: Chris
Columbus, Mark Radcliffe, Michael Barnathan y
Duncan Henderson.
Música: John
Williams.
Fotografía: Gavin Finney y John
Seale.
Montaje: Richard
Francis-Bruce.
Diseño de producción: Stuart
Craig.
Dirección artística: Andrew
Ackland-Snow, Michael Lamont, Steve Lawrence,
Cliff Robinson y Lucinda Thomson.
Vestuario: Judianna
Makovsky. |
CRÍTICA
Miguel
Á. Refoyo
Aventura legendaria en estado
puro
La adaptación del libro de J.K.
Rowling es una fascinante aventura al fondo de la
infancia y de la épica olvidadas en el cine
actual
El
fenómeno infantil más importante de la última
década, Harry Potter, no
sólo se ha convertido en un icono de la cultura
literaria moderna, sino que es, tras echarle un
vistazo a los primeros días de recaudación en
los cines, todo un fenómeno de masas tanto a un
nivel extrañamente cultural como al habitual de
promoción y merchandising. Los
valores pedagógicos de la saga creada por la
escritora J. K. Rowling han
trascendido cualquier diatriba cinematográfica
antes de su estreno por el espectacular
acogimiento con el que millones de niños de todo
el mundo siguen las aventuras de este particular
y especial mago generacional. Harry Potter
y la piedra filosofal no es una
estereotipada adaptación de un best
seller con el que aprovechar la fiebre
literaria de los infantes y llenar los bolsillos
de las productoras. Esta
superproducción va más allá en sus objetivos
finales.
La nueva
obra de culto entre los más pequeños dispone
entre sus ventajas de la total identificación
del espectador por una apasionante aventura con
la traslúcida estructura de los cuentos
clásicos, marcada por una extensa tradición
literaria que bebe de los grandes mitos
genéricos como son Stevenson, Nesbit, Lewis y
Paul Gallico. Harry Potter... rebosa
en su intencionalidad la pretensión adquirida de
devolver al cine la magia, el espectáculo, la
fantasía y la ilusión de las grandes
producciones que en las últimas
décadas han decaído hasta el fango del
aburrimiento. La epopeya de este niño mago se
bate con agilidad entre la alquimia y los
sueños, la aventura y la ilusión, proclamando
con su visualidad y argumento su índole de
grandeza cinematográfica, porque a pesar de su
condición tecnológica y su etiqueta de
fenómeno de moda, la nueva cinta de Chris
Columbus es, con gran diferencia, la mejor
película infantil de la última década. La
sorpresa visual de Harry Potter... se
percibe en la sencillez de sus designios, en la
excelencia de los propósitos que marcan la pauta
de esta hechizadora obra, logrados mediante una
pócima argumental que llega tanto a los niños
como a los espíritus jóvenes y nostálgicos.
Sin prejuicios e influencia mediática,
Harry Potter... puede resultar una de
las experiencias más gratificantes en una época
fílmica dominada por la estulticia y el oscuro
desamparo del falso cine comercial.
Chris Columbus encuentra en la
adaptación de J.K. Rowling el vehículo ideal
para desplegar su inabarcable talento visual
empleando un tono oscuro y lírico, una elegancia
y pulcritud que ahondan en el alma del olvidado
cine infantil y juvenil de los 80 para revivir
aquella sensación de magia y espectáculo hoy
tristemente olvidada. La fábula de Harry Potter
y su triste comienzo con los Dursley, su
encuentro con el gigantón Hagrid y sus
mitológicas aventuras en el legendario Colegio
Hogwarts con sus compañeros de colegio
aprendices de brujos Hermione y Ron está contada
con una sabiduría inexorable que convoca,
directamente, a la aventura tradicional en estado
puro. Steve Kloves, sensible
y reputado guionista, encubre y subvierte los
valores positivos que insufla la novela de
Rowling en una oscuridad inquietante, bien
perfilada por una línea argumental diáfana que
glorifica la intención de la escritora escocesa
a la hora de aleccionar sin resultar presuntuosa.
Un aspecto que aprovecha Columbus para ofrecer una
ejemplificación de un ritmo narrativo impecable,
lleno de aciertos y giros que hacen a esta
maravillosa Harry Potter y la piedra
filosofal una película superior a lo que
se pudiera esperar después de su bombardeo
publicitario.
El
reivindicable director de Solo
en casa ha sabido incluir,
implícitamente, el genio necesario
(excesivamente difícil de conseguir) para
atrapar al espectador adulto y devolverlo durante
dos horas y media a su más tierna infancia y que
los más pequeños descubran en la pantalla
grande cuál es la verdadera magia del cine.
Harry Potter es un fenómeno que se descubre y se
vive, que se lee y se imagina para después
disfrutarlo como un recuerdo del pasado, como un
mito del futuro. Más allá de cualquier
concepción fílmica, de cualquier inconveniente
que se le pueda poner a la película, Harry
Potter traspasa la simple dimensionalidad
para, de forma inesperada, alcanzar un interés y
ternura que respeta al espectador y captura al
amante de la leyenda.
Imágenes
de Harry Potter y la piedra filosofal - Copyright
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