SOBRE
LA PRODUCCIÓN
© 2000 New Line Cinema
No hay duda
de que John Cameron Mitchell y Stephen Trask,
creadores del musical más imaginativo que la
ciudad de Nueva York ha visto en años, tenían
un desafío entre manos. El musical Hedwig
and the Angry Inch había triunfado por
todo lo alto en el circuito del off-Broadway,
donde había encandilado tanto a la crítica como
al público. Tras ver este montaje tan innovador
y revolucionario, los espectadores se quedaban
con ganas de más. Ese más se
tradujo en un CD de larga duración y numerosas
ofertas de los estudios de cine para llevar a
Hedwig a la gran pantalla.
Los caminos
de John Cameron Mitchell y Stephen Trask se
cruzaron por primera vez a bordo de un avión,
donde empezaron a hablar después de decidir que
no les apetecía ver la película que se
proyectaba. Hablaron de sus carreras, la de John
en el teatro y la de Stephen en el mundo de la
música, y de lo mucho que admiraban sus
respectivas esferas. Después de este primero
encuentro, ambos empezaron a pasar tiempo juntos
y no tardaron en darse cuenta de que tenían un
sueño en común. «Fue como lo que se cuenta de
la gente que crea grupos musicales, sólo que lo
que nosotros estábamos creando era una obra de
teatro. Él venía a mí casa o yo iba a la suya.
Simplemente, dos personas con intereses comunes,
que hablan de las cosas que les gustan y que
después empiezan a trabajar en un proyecto y a
animarse mutuamente y a tirar el uno del otro»,
cuenta Trask.
De aquella
colaboración nació una «estilista musical
mundialmente desconocida» llamada Hedwig. John
escribió las canciones e hizo el papel de
Hedwig, mientras que Stephen se encargó de
componer las canciones y de dar vida al líder
del grupo de Hedwig, Skszp. El grupo de Stephen,
Cheater, también entró en el
proyecto y Hedwig and the Angry Inch
se presentó en Nueva York en la noche del
travestismo punk rock celebrada en un club de
rock del Soho. Casi inmediatamente se formó una
bolsa de admiradores que obligó a buscar un
local más amplio. Cuando Mitchell y Trask
trasladaron su producción a un teatro del off
Broadway, en la zona del West Village, la obra se
puso en boca de toda la ciudad. La platea se
llenó de rostros conocidos. Sus participantes
actuaron en los programas de televisión
Late Night with David Letterman,
The Rosie ODonnell Show, y en
la cadena Mtv, aparecieron en la portada del
Time Out New York y fueron objeto de
calurosos reportajes en las revistas
Time, Rolling Stone y
Spin. John y Stephen recibieron
propuestas de todos los rincones del mundo para
llevar allí su espectáculo. Hasta la fecha, el
musical se ha llevado a Los Angeles, Seattle,
Boston, Kansas City, Colonia, Londres, Manila,
Islandia y está previsto su estreno en San
Francisco, Londres, Toronto y Berlín. En Estados
Unidos empiezan a surgir versiones locales en
pequeñas poblaciones de todo el territorio
nacional.
A la gente
de Killer Films les encantó el espectáculo
cuando lo vieron. La productora Katie Roumel
recuerda que «fue a verla toda la empresa y
estábamos todos muy impactados con ella. Era una
obra densísima. Gran parte de los diálogos y de
los chistes tenían doble intención o hacían
alusión a algo, y John ofreció una
interpretación increíble y fascinante. Era una
obra muy divertida, pero al mismo tiempo muy
desgarradora y muy inteligente». La productora
Christine Vachon, que fundó Killer Films junto a
Pamela Koffler y ha producido varios éxitos de
crítica inspirados en la cultura popular (Yo
disparé a Andy Warhol, Safe, Velvet Goldmine),
se dio cuenta de que Hedwig and the Angry
Inch tenía que pasar a la gran pantalla.
«Vi que había posibilidades de llevarlo a un
público más amplio. Porque ¿qué es una gran
película? Es una gran historia bien contada. Lo
que vi fue una línea argumental buenísima que
podía transmitirse aún mejor desde la pantalla
que desde el escenario», afirma Vachon. La
productora Killer Films, que también ha
producido Happiness, de Todd Solondz, y la
oscarizada Boys dont Cry, de Kimberly
Peirce, es conocida por su disposición a apostar
por directores noveles y proyectos arriesgados
con fuerte potencial polémico. «Trabajar con
directores primerizos es muy interesante. Debido
a su falta de experiencia, no perciben las
limitaciones. Si sabes cuáles son los problemas
y qué es lo que tienes que temer, no te abres
como lo harías cuando te adentras en un
territorio que no conocías de antemano. Creo que
a Killer Films se le da muy bien lo de respaldar
a los directores, les ofrecemos nuestra
experiencia sin interferir en su visión»,
afirma la productora Pamela Koffler.
En Killer
Films nadie dudó por un instante que el director
de la película tenía que ser Mitchell. «Está
claro que John es el tipo de director primerizo
que encaja en nuestra productora. Él creó este
personaje, conocía la historia íntimamente y
estaba bien preparado. En muchos sentidos, para
nosotros era el perfecto director novel», afirma
Koffler. «John es Hedwig, conoce íntimamente al
personaje y el material y era evidente que sería
un director estupendo», apostilla Vachon.
Según
Mitchell, Killer Films y Hedwig and the
Angry Inch estaban hechos el uno para el
otro. «Killer ha hecho algunas de las películas
más interesantes de los últimos diez años. Su
estilo de trabajo es muy práctico. Piensan igual
que yo. No se andan con tonterías, no hay tiempo
para ello, porque no tenemos
dinero», afirma Mitchell. «Las tonterías
sólo son para gente que tiene tiempo y dinero
para pagarlas», añade Mitchell riendo.
Hedwig
and the Angry Inch nació espontáneamente
de la unión creativa de Mitchell y Trask.
Mitchell lo explica así: «Ya estaba aburrido de
aparecer de invitado en series de televisión y
quería escribir un espectáculo para un solo
actor que tuviera música rock. Tenía algunas
ideas autobiográficas, unos cuantos personajes y
un mito del Simposio de Platón.
Entonces conocí a Stephen, que es un compositor
fabuloso. Cogió el mito y escribió la canción
The Origin of Love». El proyecto dio
un giro un tanto extraño cuando Trask animó a
Mitchell a perfeccionar uno de los personajes
secundarios, que estaba inspirado en una mujer
que había conocido Mitchell. «Era la canguro de
mi hermano, que entonces era un bebé. Era
alemana y estaba divorciada de un soldado
americano. Se hizo amiga mía y de mi amiga
Brenda. Entonces teníamos catorce años y
vivíamos en Kansas. Íbamos a su caravana y
deleitábamos sus oídos con interpretaciones
escenografiadas de canciones pop como
Copacabana y Lyin
Eyes; ella se reía y nos invitaba a
cerveza», cuenta Mitchell riendo. «Se veía con
muchos hombres y yo no entendía por qué tenía
tanto éxito, porque no era excesivamente
atractiva, aunque tenía cierta elegancia. Años
después, Brenda me lo explicó: Era
prostituta». Cuando Trask conoció esta
historia, sugirió transformar al personaje en
cantante de night club, una eterna aspirante a
estrella que tocó con un rockero muy conocido
cuando éste era adolescente. Empezaron a probar
el personaje en un local de drag queens en el que
Trask era director musical, y el personaje causó
sensación y se convirtió en la estrella del
espectáculo.
Aunque
Hedwig and the Angry Inch no es una
historia autobiográfica, el personaje comparte
muchas cosas con sus creadores. «Yo, de niño,
estaba siempre de un lado para otro», cuenta
Mitchell. «Era hijo de militar y nos
trasladábamos casi una vez al año. Mi padre
estuvo al mando de las fuerzas que controlaban el
Berlín ocupado. Eso me dejó una sensación de
desarraigo y desorientación, como si me hubiera
pasado toda mi vida de gira.Hedwig es
una especie de bálsamo para esa sensación de
desarraigo, de falta de hogar. Y además, es una
excusa para hacer de cantante de rock y de
travestido», dice sonriendo. «Antes de Hedwig
nunca me había vestido de mujer». A Trask,
Hedwig también le sirvió para
recrear sus experiencias musicales. «Yo di a
Hedwig su faceta de músico anónimo», ríe
Trask. «Eso de que siempre busque inspiración
en el rock and roll, aunque las cosas no le vayan
bien. Ya saben, el triste músico anónimo que
cree en la música y sigue luchando».
Mitchell
siempre había visto a Hedwig como un personaje
de celuloide. «Cuando empecé a escribirlo para
los escenarios, en realidad lo veía más en
términos cinematográficos. Se me ocurrían
chistes y cortes visuales. Y pensaba: Qué
fácil sería si pudiéramos mostrar una simple
imagen, ya se sabe que una imagen vale más que
mil palabras, afirma Mitchell. Ahora se da
cuenta de que, a la larga, el esfuerzo de
traducir las imágenes a prosa teatral resultó
beneficioso para el guión. «El trabajo de
recrear imágenes por medio de palabras me
obligó a afinar las palabras. Me pasé años
trabajando en ellas, puliéndolas, pero ahora
puedo volver a las imágenes originales e ir
desbrozando parte de la narración en off»,
cuenta Mitchell. «La obra estaba contada con
formato de concierto de rock, y la película
está contada como una gira rock. Así, la
estructura de la película es una gira mezclada
con flashbacks. La obra consistía en hablar al
público y contar historias de memoria»,
explica. «La película muestra lo que en la obra
sólo se podía introducir por medio de
alusiones, lo que incluye a personajes como
Phyllis Stein, la manager entusiasta, y Tommy
Gnosis, el cantante famoso. «La película
elimina el placer de actuar ante el público en
directo, pero por otro lado llega allí donde la
obra nunca podría haber llegado», resume
Mitchell.
Cuando se
les pide que clasifiquen Hedwig and the Angry
Inch según la jerga hollywoodense, la mayoría
de la gente se ve impotente. «Es muy difícil de
explicar», dice Mitchell. «¿Es una cosa de
época al estilo Merchant-Ivory? ¿Un drama de
acción? ¿Una comedia romántica? ¿Un thriller
romántico? Es una película que escapa a toda
descripción, y eso es precisamente lo que la
acerca un poco más a mi corazón, y también al
de la gente que la aprecia». Sin embargo, si se
le insiste, Mitchell te dirá que a veces habla
de ella como «un musical rock neo-glam
post-punk». O, más exactamente, «un personaje
que se lanza a averiguar quién es él o ella y
lo que eso significa. Sí, creo que es una
odisea, ése es la mejor forma de describirla»,
reconoce por fin.
A Mitchell
y a Trask les parecía fundamental conservar el
directo musical que caracteriza a la versión
teatral. «Stephen y yo coincidimos en la idea de
que si en una película se ofrecen canciones punk
dobladas, los espectadores no se implican. Se
nota enseguida que no es real. En películas como
Nashville y otras de Altman, donde hay mucha
música en directo, uno se deja llevar más, no
siente un muro que le separe de la persona que
está cantando», declara Mitchell. Como sucede
en la obra, las canciones del filme son los
vehículos de que se sirve Hedwig para explicar
cómo ha llegado a ser quien es. «Los monólogos
sirven para concretar el significado de las
canciones», explica Trask. Katie Roumel,
productora de Killer Films, añade lo siguiente:
«La música del espectáculo del off-Broadway
era buenísima y la gente no dejaba de comentar
que todas las canciones habían sido un éxito».
Para llevar
las canciones de Hedwig a la pantalla, Trask
mezcló su score con unas cuantas canciones
nuevas. Formó un grupo que incluía al conocido
rockero alternativo Bob Mould (Husker Du, Sugar)
y también a Theodore Liscinski en el bajo y a
Perry James en la batería. Los dos actuaron en
dos versiones distintas del espectáculo en
directo. «Tener la oportunidad de grabar de
nuevo un mismo álbum es algo extraordinario. Te
da ocasión de pulir todo lo que no te gustaba la
primera vez. Me interesaba mucho producir las
canciones de Hedwig de forma que transmitieran
por completo el espíritu del directo en la obra,
que es un directo muy estentóreo y emotivo, un
auténtico espectáculo», cuenta Trask. Para que
no se perdiera esa sensación, las canciones se
interpretaron en directo en el plató. Trask
también se ocupó de grabar canciones nuevas y
una partitura instrumental, con ayuda del grupo
alternativo Girls Against Boys y una pieza
interpretada por el cantante folk Dar Williams.
***
Con el colchón proporcionado por
Killer Films, Mitchell pudo concentrarse en
seleccionar el reparto. «Esta película no
estaba supeditada a unos actores determinados.
Los productores y los ejecutivos respaldaron
todas nuestras decisiones a este respecto. Esta
película no se basa en estrellas, se basa en
unos personajes, en una historia y en las
canciones de Stephen», afirma Mitchell.
Con el respaldo de Killer Films,
Mitchell y Trask pudieron reclutar a algunos de
los actores que habían trabajado en la versión
teatral y también unas cuantas caras nuevas.
Cuando le llegó el turno al marido de Hedwig,
Yitzhak, un personaje muy complicado que quiere
ser drag queen, Mitchell y Trask comprendieron de
inmediato que la única elección posible era
Miriam Shor. «Ella había hecho un casting para
la versión de prueba y entonces ya comprendimos
que tenía que hacerlo ella», recuerda Mitchell.
Trask está de acuerdo. «Tiene mucho talento. La
intensidad que aportó al personaje en el teatro
nos obligaba a ampliar el papel en la versión
cinematográfica. Miriam es una joya». Mitchell
se explica: «Miriam protagoniza una subtrama
pequeña, pero importante. Yo soy un actor que
hace de una persona que se ve obligada a
convertirse en mujer, y ella es una actriz que
hace de un hombre que quiere ser drag queen. A
Hedwig todo el mundo la trata mal, y ella trata
mal a Yitzhak, y Yitzhak se distancia e intenta
escapar. El viaje de Yitzhak forma parte
intrínseca del viaje de Hedwig en busca de sí
misma». «Yo soy como la sombra que sigue a
Hedwig y que la acompaña en su viaje todo el
tiempo», explica Shor. «Es un viaje para
encontrarse a sí misma, para amarse a sí misma,
para salvarse a sí misma, en esencia. Puede que
suene a tópico, pero Hedwig no tiene
absolutamente nada de tópica».
Uno de los aspectos más notables
del montaje teatral fue la reacción del
público. La conmoción que causaba en los
espectadores. «Aquí entra la gente más
insospechada», recuerda Shor. «Ves a un señor
de 79 años y dices, Bueno, éste se va en
cuanto termine el primer número, y resulta
que se queda y aplaude, y llora, y luego vuelve
otra vez. Y tú te preguntas: ¿Cómo puede
ser posible? ¡Es increíble!».
A los no iniciados les parecerá
extraño y rocambolesco que haya tantas personas,
varios cientos de Headheads (fans acérrimos de
Hedwig and the Angry Inch) entre
ellas, que se identifiquen hasta ese punto con la
historia de un transexual de la Europa oriental
que quiere encontrar a su otra mitad. «Es un
personaje muy traído por los pelos, y le pasan
cosas rarísimas, pero resulta que su historia es
tan humana que la gente se identifica con ella»,
comenta Trask. La búsqueda de la otra mitad del
propio yo, la búsqueda de aquello que le
completa a uno, de la conformidad con uno mismo,
la búsqueda de algo parecido a la paz interior o
la aceptación del yo no es sólo una experiencia
personal, es una experiencia universal. Es algo
que puede llegar al corazón de cualquier
persona, sea cual sea su sexo, raza, religión o
entorno. Es algo que traspasa fronteras y
barreras y que hasta puede tender puentes. Es
algo con lo que todos nos identificamos. Esta
inquietud de Hedwig también se extiende a
Phyllis, a Yitzhak y a los demás miembros del
grupo. «Todo lo que hace Hedwig tiene por objeto
completarse a sí misma», explica Mitchell. «Y
creo que todos los personajes de su grupo
también piensan que algo falta en sus vidas; una
esposa, un amante, un dios, la realización
musical. Todo el mundo busca algo, todo el mundo
intenta completar su todo, incluida Hedwig, por
supuesto, y también Tommy Gnosis. Al final,
Tommy es quien da a Hedwig las claves necesarias
para pasar la página, para comprender que ella
es un todo en sí misma, de una forma que ella
jamás se hubiera imaginado».
Miriam Shor, que hace el papel de
Yitzhak, y Theodore Liscinski, que hace el papel
del guitarrista, Jacek, también participaron en
la versión teatral. Sin embargo, para otros
miembros de la banda tuvieron que buscar actores
que pudieran desempeñar funciones de actor y de
músico al mismo tiempo. «Tuve unos directores
de casting maravillosos, que me encontraron a
unos músicos fabulosos. Rob Campbell y Michael
Aronov eran los que mejor hacían las mezclas y
también los mejores actores», recuerda
Mitchell. Y había más papeles que cubrir.
Personajes que antes no tenían rostro, y que
salieron al mundo acompañados de un buen puñado
de frases. Por ejemplo, Phyllis Stein y Tommy
Gnosis. Para el papel de Phyllis, la mujer de
mediana de edad, manager entusiasta y
monitora de nuestro grupo, Mitchell
pensó inmediatamente en Andrea Martin. «¡Es
una de mis cómicas favoritas, y en esta
película la he dejado suelta!», exclama
Mitchell. «¡Es una mujer increíble!».
Andrea Martin, que tiene larga
experiencia en el teatro, vio la obra
Hedwig and the Angry Inch en Nueva
York y Los Angeles antes de saber nada del
proyecto cinematográfico. El espectáculo la
cautivó y le sorprendió lo mucho que llegó a
identificarse con Hedwig y con la música de
Stephen Trask. «Yo soy una madre burguesa de
California. ¡Para que yo diga que me identifico
con esta historia, es que hay mucho de verdad en
ella! Aunque Hedwig parezca salida de otro mundo,
hay algo en ella que llega a todas las personas.
Ese algo se transmite en parte a través de la
música. Y lo genial es que cada una de las
canciones es una historia en sí misma». Riendo,
Martin continúa así: «Pero tengo que reconocer
que cuando vi el espectáculo mi primera
reacción fue: ¡Bajad un poco el volumen!
Aquí hay gente mayor. ¡Parad! ¡Hacéis
demasiado ruido, por Dios!». Luego
continúa: «La música es fabulosa. Hay country,
hay western, hay valses, hay rock duro, hay
baladas bonitas y hay canciones humorísticas».
Cuando Martin se enteró de que la
película estaba en preproducción y que estaban
buscando a una actriz para el papel de Phyllis
Stein, la manager a la que lo mismo le da un
traje de Chanel que un concierto de rock duro,
supo que quería presentarse a la prueba. «Me
alisé el pelo en Los Angeles. Fue muy divertido,
y luego me compré unos pantalones de cuero. Y en
el vuelo a Nueva York, que duraba seis horas, no
podía ni respirar, pero no me importaba. Todo
por amor al arte. Y allí, mismo, en el avión,
me metí en el personaje; tenía los pantalones
de cuero, un top provocativo, el pelo, y pensé:
¡Sí! ¡Me muero de ganas de juntarme con
esos chicos! ¡Esa banda es para mí!,
exclama la actriz. «Llegué allí, un almacén
pequeño con músicos rodando por ahí, y me
transformé, y me pasé dos horas y media
improvisando. Cuando se fueron los chicos, John
me ofreció el papel».
Comenzado el rodaje, a Martin le
admiró la pericia de Mitchell en sus dos
facetas, como director y como actor. «La verdad
es que no me imagino este proyecto sin él
dirigiéndolo. No se me ocurre otra persona para
darle el tono adecuado. Es un tono muy sutil. Es
un tono de comedia, pero si no hay autenticidad
se puede ir de las manos», comenta Martin.
«Además de tener la visión de la historia,
John ha sido esta misma persona, ha vivido en el
mundo de Hedwig durante mucho tiempo. Por eso,
creo que dirigirla era lo más natural para
él», añade la actriz.
Luego está el joven al que Hedwig
se entrega por entero, el hombre que le da la
espalda y la aparta de su vida, pero que se queda
con sus canciones, se convierte en superestrella
del rock y en la pesadilla de nuestra
protagonista: Tommy Gnosis. «Creo que fue el
personaje para el que más gente vi», recuerda
Mitchell. «Pero Michael Pitt es Gnosis en muchos
sentidos. En su vida también hay un componente
parecido de rebeldía y tiene muchísimo talento,
es guapísimo y es un sol. Le he amenazado con
hacer de él una estrella con esta película, le
guste o no», dice Mitchell riendo. Pitt, que
vive en Nueva York, había visto el montaje
teatral y le había encantado. «Flipé. Nunca
había visto nada igual», cuenta el actor.
«Luego conocí a John y le pregunté:
¿Puedo trabajar de acomodador?,
porque quería volver a ver la obra. En lo que se
refiere a trabajar con Mitchell, Pitt no puede
ser más efusivo. «John es buena gente. Es
legal, es buena persona, tiene muchísimo
talento, es un tío alucinante. Hasta ahí llega
mi vocabulario», dice sonriendo. «Es
alucinante».
Además de tan selecto reparto, la
producción también contó con un equipo
técnico realmente soberbio. Arianne Phillips,
una de las figurinistas más modernas y
solicitadas, diseñadora de las estrellas, se
incorporó al proyecto tras leer el guión por
consejo de su amiga Thérèse DePrez, la
diseñadora de producción. Después de aquello,
Phillips vio la versión teatral diez veces y se
convirtió en Hedhead confesa. «Me encanta
Hedwig. Me encanta la historia, me encanta la
música y me encanta su sensibilidad, lo de
enfrentarse a la adversidad y ser fiel a uno
mismo. Es una obra de la que me gusta todo»,
cuenta Phillips. Phillips, que había trabajado
en varios proyectos polémicos, pero muy
apreciados por la crítica, como El escándalo de
Larry Flynt e Inocencia interrumpida (Girl,
Interrupted), se había prometido a sí misma que
la próxima vez que trabajara con un director
primerizo, éste tendría que ser también el
guionista de la película. Porque así, «la
visión es de una pieza, y siempre es interesante
hablar con alguien que dirige su propia historia,
porque es algo puro», explica Phillips. También
quería trabajar en una película que se
caracterizara por su visceralidad. «Me
interesaba mucho hacer algo más íntimo, y no
creo que haya nada más íntimo que un director
que también es el guionista y el protagonista, y
que además lleva dos años haciendo la versión
teatral. Me atrajo mucho la idea», cuenta
Phillips. Cuando llegó el momento de trabajar
con Mitchell, Phillips no se sintió
decepcionada. «Él capta las cosas, y a mí me
parece que yo también le capto a él. Hemos
tenido muchas experiencias parecidas, una
estética similar, los mismos gustos y las mismas
fobias. Creo que es una de las relaciones más
creativas que he tenido en mi vida. Para mí, ha
sido como un proyecto nacido del corazón, una
experiencia realmente increíble», reconoce
Phillips. Phillips no tuvo la tarea fácil. En la
obra de teatro, Hedwig lleva dos trajes. En la
película, cuarenta y uno. Cuatro de los miembros
de la banda y Phyllis Stein llevan 16 atuendos
cada uno. ¿Dónde encuentra un diseñador la
inspiración para tantos modelos? Phillips
siempre ha creído que «el vestuario, cuando es
bueno, ayuda a explicar el personaje, a crear
atmósfera y se convierte en una herramienta de
trabajo para los actores». En Hedwig and the
Angry Inch, Phillips encontró la inspiración
directamente en las páginas del guión. «Yo,
por encima de todo necesito conectar con los
personajes, y el guión de John Cameron Mitchell
es tan fantástico que los personajes cobraban
vida ante mis ojos», insiste la diseñadora.
***
Para Mitchell era importante que el
vestuario de Hedwig se ajustara de forma realista
a la situación del personaje. «La regla era que
todo tenía que ser creíble, tanto en cuestión
de interpretaciones, como de diseño, como de
cámara. Esto no es Priscilla, no es Rocky
Horror. Hedwig es un personaje que podría haber
existido, la historia es una historia que podría
haber ocurrido. Por eso, la ropa también tenía
que ser creíble. Hedwig tenía que llevar ropa
que pudiera entrar en su presupuesto. Como
procede de Alemania Oriental, está un poco
anclada en los ochenta: por ejemplo, unos
vaqueros lavados a la piedra son lo más para
ella. Cosas así», explica Mitchell. Phillips
coincide con el director: «Para mí, el asunto
consistía en crear una sensación de realidad,
porque detrás de toda esta extravagancia
superficial está la historia de un ser humano».
Phillips recorrió todo el espectro del diseño:
de la piel de conejo, el estrás y los vaqueros
lavados a la piedra (uno de los atuendos que
Hedwig lleva en sus espectáculos) a modelos de
colecciones pasadas de diseñadores como Rifat
Ozbek y Jean Paul Gaultier, pasando por compras
de estilo conservador (para uno de los momentos
más relajados de Hedwig) y por monos de spandex
de todos los colores (Schlatko, el batería, es
un rendido admirador de David Lee Roth). Pero una
de las influencias más claras que se perciben en
los diseños de Phillips son las pelucas. «Las
pelucas son un elemento clave. Hasta hicimos un
vestido de pelo, todo de pelo de arriba a abajo.
Es un vestido-peluca», ríe la diseñadora.
«Como pueden comprobar, John nos ha dado plena
libertad para dar rienda suelta a nuestras
imaginaciones y por eso ha sido tan divertido, un
flujo constante de creatividad».
En la tarea de crear la imagen de
Hedwig también colaboró la persona que se
encargó de crear las pelucas y el maquillaje de
Hedwig en la obra original, Mike Potter. «Mike y
yo pasamos mucho tiempo juntos antes de la
película. Incluso vino a Los Angeles y nos
pasamos una semana de compras. Es la primera
película en que el pelo y el maquillaje me
sirven de inspiración», cuenta Phillips. «En
realidad mi trabajo es una extensión del de
Mike», añade la diseñadora. Para Mike, que ha
diseñado más de treinta pelucas para el
proyecto, llevar a Hedwig a la pantalla es un
sueño hecho realidad. «En el 95 teníamos que
usar papel higiénico envuelto en pelo», cuenta
Potter, riendo. «No teníamos dinero. John me
daba veinte pavos y me preguntaba si podía hacer
una peluca. Y yo la hacía, y sabía que
seguramente en el escenario se desharía, o que
se le caería de la cabeza. Así era Hedwig por
aquel entonces. Por eso, es evidente que con los
años he aprendido mucho». Potter también
recuerda que él, Phillips y Mitchell solían
hablar de la imagen que debía tener cada miembro
del conjunto. «Cada uno de ellos representa un
tipo distinto de música rock. El personaje de
Ted Liscinski, Jacek, el guitarrista, introduce
la variante punk. El personaje de Michael Aronov,
Schlatko, el batería, tiene pinta de fan de la
banda Poison, etc. El personaje de Stephen Trask,
Skszp, es Goth [otro estilo de rock], y el
personaje de Rob Campbell, Krzysztof, es una
especie de Gary Newman [el padre del tecno
británico] de la nueva ola. Y por supuesto, la
imagen del personaje de Miriam Shor, Yitzhak, es
GunsNRoses», explica Potter.
Thérèse DePrez, la diseñadora de
producción, ha creado la estética de cintas tan
aclamadas como Happiness y Yo disparé a Andy
Warhol. Vieja amiga de Mitchell, fue uno de los
primeros profesionales que se incorporaron al
proyecto. Como Phillips, DePrez confiesa ser una
auténtica Hedhead: ha visto la obra siete veces.
También es muy aficionada a los musicales.
«Siempre he estado obsesionada con los
musicales, sobre todo los musicales rock, como
Jesucristo Superstar,
Tommy y hasta cosas como Spinal
Tap.Y Hedwig and the Angry Inch está tan
bien escrita, es tan especial, que es la mejor»,
afirma DePrez. Este trabajo permitió a DePrez
exprimir a fondo su creatividad: entre otras
cosas, tuvo que coger un restaurante y diseñarlo
para que parecieran cinco; coger un remolque
astroso y convertirlo en el escenario de un
concierto rock; crear una parte del Muro de
Berlín y un diminuto apartamento de Alemania
Oriental y, también, por supuesto, vestir a un
hombre de mujer. Pero lo que le resultó más
interesante fue trabajar con John. «Trabajar con
John es una experiencia extraordinaria. Rodando o
despachando con los técnicos mantiene siempre
una calma perfecta. Nos maneja muy bien», bromea
la diseñadora.
Mitchell es el primero en reconocer
que él y Trask son unos privilegiados en el
mundo del cine. Además de contar con
colaboradores artísticos para quienes Hedwig
significa tanto como para ellos, también han
logrado mantenerse fieles a su visión del
proyecto en todo momento. «Lo hemos disfrutado y
lo hemos padecido al mismo tiempo, pero el hecho
es que hemos conseguido hacerlo a nuestro modo,
como nosotros queríamos. ¿Dónde se ha visto
una cosa así? No tener que aceptar a
determinados actores ni tener que consultar cada
decisión creativa con la gente que maneja el
dinero. Los poderes fácticos nos han dado toda
su confianza y me siento realmente
privilegiado».
Si uno habla con dichos
poderes fácticos, te dirán que para
Hedwig and the Angry Inch no había más remedio
que hacerlo así. Nadie conoce a Hedwig mejor que
John Cameron Mitchell, y nadie conoce la música
mejor que Stephen Trask. Sólo estas dos mitades
complementarias llamadas Mitchell y Trask podían
llevar esta indescriptible odisea musical punk
rock/neo-glam a la gran pantalla.
Fuente: Aurum
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