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Dirección
y guión: Kevin Smith.
País: USA.
Año: 2001.
Duración: 104 min.
Interpretación: Jason
Mewes (Jay Phat Buds), Kevin Smith (Bob el
silencioso), Amy Noble (madre de Bob niño),
Harley Quinn Smith (Bob de niño), Ever Carradine
(madre de Jay niño), Jason Lee (Brodie Bruce /
Banky Edwards), Ben Affleck (Holden McNeil / él
mismo / Chuckie), Shannon Elizabeth (Justice),
Carmen Lee (Daphne), Seann William Scott (Brent),
Matt Damon (él mismo), Gus Van Sant (él mismo),
Scott William Winters (él mismo), Shannen
Doherty (ella misma), Wes Craven (él mismo),
Jason Biggs (él mismo), James Van Der Beek (él
mismo), Chris Rock (Chaka Luther King), Mark
Hamill (él mismo), Alanis Morrissette (Dios).
Producción: Scott
Mosier.
Música: James L.
Venable.
Fotografía: Jamie Anderson y Billy
Clevenger.
Montaje: Scott
Mosier y Kevin Smith.
Diseño de producción: Robert
Holtzman.
Dirección artística: Elise G.
Viola.
Vestuario: Isis
Mussenden.
Decorados: Jeffrey
MacIntyre y Douglas A. Mowat. |
CRÍTICA
Miguel
Á. Refoyo
Esplendorosa y corrosiva obra
de culto
Kevin
Smith compone con su quinto filme una feroz
crítica autoparódica y cierra con esta cinta
las aventuras de un dúo que ha trascendido a su
propio creador
Con sólo
cuatro filmes en su carrera cinematográfica, Kevin Smith ha dejado
patente que su talento como realizador va
adscrito a una enorme capacidad para la
autocrítica y el análisis del mundo en el que
la insurrección, la originalidad, el
atrevimiento y la grosería han sido elementos
claves para el éxito del que es, sin lugar a
dudas, uno de los directores más capacitados del
cine actual. Smith, siguiendo una coherente
línea argumental y humorística basada en el
gag de supeditación televisiva
nostálgica y tendencia al cómic generacional,
sigue proponiendo con Jay y Bob el
silencioso contraatacan una hermética
intencionalidad sardónica y cruel hacia sus
propios principios formales en la que, de forma
corrosiva, pone su innegable talento para la
comedia gamberra al servicio de la diatriba más
desalmada que se ha hecho del Hollywood actual
hasta la fecha. La Miramax y todos los cameos de
colegueo (entre los que cabe destacar las
portentosas apariciones de Matt Damon, Ben Affleck, Gus Van
Sant o Wes Craven) que
aparecen en Jay y Bob... exponen una
ejemplificación brutal de la autoironía más
plausible del cine moderno, dejando ver, mediante
una retahíla de monumentales parodias visuales,
un sentido del humor pocas veces visto en una
pantalla.
Los oscuros
recodos del star-system, los rencores
personales del director (con pulla a Tim Burton y su
última película incluida), la era de
incomunicación internauta y una ácida sátira
de la falsedad que envuelve el universo del
celuloide son el objetivo de esta nueva creación
del genio de Nueva Jersey. Para ello Smith ha
contado, como finalización de una etapa
creativa, con los dos personajes más fascinantes
de su filmografía: Jay (irreverente Jason Mewes) y Bob, el
silencioso (el propio Kevin Smith). Auténticos
mitos que, a pesar de su estulticia y
descompostura, representan la síntesis del
universo de un director que ha convertido a estos
dos roles en auténticos héroes ontológicos.
Para la ocasión, los dos antihéroes del
universo de Kevin Smith descubren que su viejo
amigo Banky Edwards (Jason Lee) les ha
vendido, cediendo los derechos del cómic
Bluntman & Chronic, basado en sus
vidas, a la industria de Hollywood. La aventura
comienza cuando, a punto de iniciar su particular
lucha por sus nombres, se ven inmersos en un robo
de diamantes perpetrado por cuatro exuberantes
mujeres (entre las que se encuentra la siempre
sugerente presencia de esa diosa sexual llamada Shannon
Elizabeth).
De nuevo,
el director de Clerks ejerce de
propagador y dinamitador de clichés
contemporáneos, enfatizando el colorido, los
decorados y el ritmo argumental, para manifestar
una comedida intención de disturbar la
realidad e invertirla hacia objetivos en los que
el universo del cómic bizarro se imponen a
cualquier lógica artística. Jay
y Bob... adopta la forma de un proyectil de
sencillez cómica impecable, de una historieta
para espíritus jóvenes y sediciosos, pero a su
vez, subvirtiendo la propia comedia de
gags en una nueva aproximación a los
designios rebeldes de tótems referenciales como Daniel
Clowes, Philip Banter, Terry
Zwigoff y al concepto de diversión
impuesto en su filme Dogma, pero con
el reemplazo de la concepción
teóricomaterial de aquélla por la
estricta diversión, condimentada con una
sensacional mala hostia invectiva. Esta nueva
perversión vuelve a brindar un ácido retrato
genealógico que exhibe las pequeñas miserias de
unos personajes desorientados, que buscan
respuestas a preguntas que les exceden, a retos
que, en esta ocasión, se desarrollan en la
línea del cómic más underground. Al igual que
en sus anteriores películas, todas las
situaciones se encaminan hacia la escatología y
la mordacidad, sirviéndose de este particular
reclamo para restar peso a temas de enorme
solidez y de extrema sensatez, como si
de una reflexión prosopoéica se tratara. La
conciencia analítica que Smith utiliza en su
última obra de culto no sólo sacude sin temor
los pilares del cine moderno, sino que lleva su
causticidad a extremos de paroxismo referencial
sin autocensura. Jay y Bob... es, por
tanto, el cúlmen de las aventuras de unos
personajes creados para trascender a lo largo de
los años. Este último filme es (hay que decirlo
de una vez) una imprescindible obra de culto de
la década que acaba de empezar.
Imágenes
de Jay y Bob el silencioso contraatacan -
Copyright © 2001 Miramax Films y View Askew
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