CRÍTICA
por
Leandro
Marques
Sin
lugar para el espanto
Jason de Viernes
13 y Freddy de Pesadilla son dos de
los monstruosos seres que a fuerza de sus crueles
y sangrientas matanzas se ganaron
indiscutiblemente un lugar en la historia de las
películas de terror. American Zoetrope, la
productora del genial Francis
Ford Coppola, decidió llevar a cabo Jeepers
Creepers, un proyecto que tiene como
principal protagonista a una endemoniada criatura
inhumana que necesita alimentarse de seres
humanos para sobrevivir. El resultado de este
producto es un típico terror
norteamericano que, además de un
personaje siniestro con algunas características
similares a los ya mencionados, plantea en su
estructura narrativa cierta autoparodia al
género, recurso característico de Scream y varias
de las otras películas pensadas para el público
adolescente que ese taquillero filme de Wes Craven inspiró
en los últimos años (Sé lo
que hicieron el verano pasado y Leyenda
urbana entre otras).
La historia
no tiene mucho de original, muestra a Trish y a
Darry, una pareja de hermanos, viajando en auto
por una extensa carretera. Y ya desde los
primeros minutos empieza a resaltar el poco
ingenioso trabajo del director y guionista Victor
Salva, al intentar reflejar con
diálogos sumamente aburridos -interpretados
además por actores de dudosa categoría- la
relación que une a los protagonistas:
discusiones sin sentido, peleas constantes, pero
mucho amor de fondo. Tras unos largos minutos de
conversaciones tediosas comienza la acción,
cuando los inocentes hermanos observan atónitos
cómo sobre un costado de la ruta un terrorífico
sujeto arroja a un sótano lo que no caben dudas
son cuerpos humanos. Como la espantosa figura los
ve y decide perseguirlos y convertirlos en su
próximo banquete, la película puede seguir
adelante y empieza a tejer su trama.
Claro que
no es necesario ser demasiado perspicaz para
imaginar lo que se viene. La decisión de Salva no
pasa por generar un terror elaborado,
que gradualmente se vaya plasmando en el cuerpo
del espectador, sino que opta por la fuerza
fulminante y efímera de violentos giros de
cámara, de apariciones bruscas, de asesinatos
sangrientos, de efectos de sonido, pero
esencialmente de imágenes impresionables
(cuerpos demacrados, cabezas cortadas, el
monstruo arrancando la lengua de una de sus
víctimas). El problema surge cuando los momentos
escogidos por el director llegan en el momento en
que se esperan, porque de ese modo pierden
potencia, espontaneidad, y terminan resultando
sumamente ineficaces a la hora de producir miedo
o alguna sensación que se le asemeje. Eso es lo
que sucede a lo largo de casi toda la película.
El director
pareciera no entender que el público ya está
habituado a los ritmos y tiempos del cine de
terror, y termina repitiéndose una y otra vez,
convirtiendo a su cinta en un enorme cliché del
género. Además, resultan notorias sus
carencias creativas para llenar los espacios en
que la tensión afloja, vitales para
relajar y hacer olvidar al espectador y poder
después sacudirlo con un susto imprevisto, y
también ayuda a empeorar la cosa la pobre
composición de los personajes -todos,
principales y secundarios, resultan antipáticos
y estereotipados-. Y si bien puede entenderse que
generalmente en este tipo de películas las
decisiones que toman los protagonistas sólo los
conducen a nuevos problemas y situaciones más
peligrosas, en Jeepers Creepers se lleva
al límite de lo admisible el uso de este
recurso.
Recomendada
únicamente para los muy amantes del terror, que
sólo podrán encontrar en algunos pocos pasajes
la cuota necesaria para sentirse satisfechos, no
es mucha la suerte que correrán aquellos
espectadores que sólo buscan encontrar en esta
cinta un rato de entretenimiento. Hasta Jason y
Freddy se defraudarían. Así y todo, las
enseñanzas que nos deja el cine de los últimos
tiempos no arrojan nada de alivio en relación a
un futuro cercano, sino muchas dudas: ¿habrá
que tolerar una segunda parte?.
Imágenes
de Jeepers Creepers - Copyright © 2001 American
Zoetrope, Cinebeta y Cinerenta Medienbeteilgungo
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