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Dirección
y guión: Woody Allen.
País: USA.
Año: 2001.
Duración: 103 min.
Interpretación: Woody
Allen (C.W. Briggs), Dan Aykroyd (Chris
Magruder), Elizabeth Berkley (Jill), Helen Hunt
(Betty Ann 'Fitz' Fitzgerald), Brian
Markinson (Al), Wallace Shawn (George Bond),
David Ogden Stiers (Voltan), Charlize Theron
(Laura Kensington).
Producción: Letty
Aronson.
Fotografía: Zhao
Fei.
Montaje: Alisa
Lepselter.
Diseño de producción: Santo
Loquasto.
Dirección artística: Mark
Bachman.
Vestuario: Suzanne
McCabe. |
CRÍTICA
Ismael
Alonso
Igual que
montar en caballo o cuidar flores dicen que tiene
un efecto terapéutico, no se puede negar que
determinadas películas provocan igualmente ese
mismo sentimiento. O al contrario, que una
ración a palo seco de "Réquiem por un sueño" puede
provocar una seria úlcera emocional. El caso es
que el último trabajo de Woody Allen, ese
director que parece tomarse el cine como un
empleado empeñado en demostrar una puntualidad a
prueba de bomba, es una muestra patente
de los agradables efectos que produce en el
publico un tipo de cine construido con gusto,
escrito con continua energía e interpretado con
audaz solvencia.
Allen no
sólo nos proporciona una suculenta ración de
toma y daca dialéctico que nos hará olvidar
nuestras preocupaciones durante hora y media,
sino que posee la llave mágica de la nostalgia
cinéfila, esa técnica algo tramposa pero
siempre agradecida que consiste en acudir a los
grandes del cine clásico para retomar sus modos
y estilos. "La maldición del Escorpión de
Jade" remonta los resultados de sus ultimas
películas, en las que el neoyorquino parecía
haber perdido algo el norte, y para ello se
agarra a una balsa sólida, construida con
sabiduría y en la que los tablones son Howard
Hawks, Billy Wilder o Ernst
Lubitsch. Tanto el ambiente recreado
en la película, como la guerra de sexos (e
intelectos) que se libra en la misma recuerda
a esas imprescindibles piezas de relojería
cómica que se dieron en la época dorada del
cine americano.
"La
maldición del escorpión de jade" recupera
la cada vez más olvidada idea de que una comedia
ligera no es sinónimo de una estructura endeble
y para ello recurre a sus mejores armas, que son
el gusto por el clasicismo formal, la reyerta
cáustica en el diálogo y el trabajo excelente
de un plantel de actores a los que se nota, en
todo momento, estar a gusto con lo que ruedan.
Esa esencia de cine bien acabado, de comedia
homogénea, puede que sin alardes pero tampoco
sin traspiés, concluye en uno de los finales
más estupendos de la temporada, donde todas las
caras del cine esbozan una sonrisa
condescendiente a la vez que admirativa.
Algunos
pueden pensar que Woody Allen no es el mejor
intérprete para el papel que encarna, pues los
años no perdonan, pero es precisamente su
frágil cuerpo y su rostro de caricatura lo que
da entereza al film haciendo que oscile entre el
humor inteligente y la comicidad física que el
propio desgarbamiento de su protagonista provoca.
Con "La maldición del Escorpión de
Jade" su director remonta el vuelo y, si
bien no alcanza las cotas de salvaje escarnio de "Desmontando
a Harry" o la manifiesta hilaridad
de "Misterioso asesinato en
Manhattan", sí parece haber
descubierto un agradable nicho de placer en las
turbulentas aguas del Hollywood actual.
Imágenes
de La maldición del Escorpión de Jade -
Copyright © 2001 Gravier, VCL Licensing GmbH y
Dreamworks Pictures. Fotos por John Clifford.
Todos los derechos reservados.
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de Jade
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