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LA OTRA CARA DEL CRIMEN
(The yards)


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Dirección: James Gray.
País:
USA.
Año: 2000.
Duración: 115 min.
Interpretación: Mark Wahlberg (Leo Handler), Joaquin Phoenix (Willie Gutierrez), Charlize Theron (Erica Stoltz), James Caan (Frank Olchin), Ellen Burstyn (Val Handler), Faye Dunaway (Kitty Olchin), Chad Aaron (Bernard Stoltz), Andrew Davoli (Raymond Price), Steve Lawrence (Arthur Mydanick), Tony Musante (Seymour Korman), Victor Argo (Paul Lazarides).
Guión: James Gray y Matt Reeves.
Producción: Nick Wechsler, Paul Webster y Kerry Orent.
Música: Edward Shearmur y Howard Shore.
Fotografía:
Harris Savides.
Montaje: Jeffrey Ford.
Diseño de producción: Kevin Thompson.
Dirección artística: Judy Rhee.
Vestuario: Michael Clancy.
Decorados: Ford Wheeler.

 

CRÍTICA

Josep Alemany

CRIMEN Y TRAICIÓN

En 1994, James Gray, entonces con veinticinco años, sorprendió con Little Odessa. Si bien cogía como actor principal a Tim Roth, lanzado al estrellato gracias a Reservoir Dogs, Little Odessa estaba en las antípodas de la pirotecnia de la fábrica Tarantino, que precisamente en 1994 alcanzaba su punto culminante con Pulp Fiction (por suerte, Jackie Brown supuso un cambio de dirección). La historia transcurría en la playa de Brighton, conocida con el nombre de la Pequeña Odesa, donde vive la comunidad rusa de Nueva York. El sicario Joshua, por razones «profesionales», vuelve al barrio donde nació y aprovecha la ocasión para visitar a la familia, lo que originará una tragedia y la muerte de su hermano, fascinado por Joshua. Little Odessa presentaba un drama social y familiar, adoptando la estructura del género negro. Rodada en un estilo sobrio y antiefectista, contaba, además, con grandes actores. Todos esos elementos los encontramos, corregidos y aumentados, en The Yards.

En nuestro país, además de no distribuirse en versión original, ha recibido el estrambótico título de La otra cara del crimen. No sé a qué cara se refiere. El título inglés, en cambio, tiene un significado bien concreto: train yards o rail yards se refiere a los talleres de las autoridades municipales de Nueva York donde se revisan y reparan los vagones del metro. Dicha tarea corre a cargo de empresas privadas que compiten entre ellas por obtener los contratos, un procedimiento lleno de posibilidades para todo tipo de corruptelas.

En la primera escena, tras una rápida sucesión de puntos luminosos, el metro sale del túnel. En él viaja Leo Handler (Mark Wahlberg). Deja atrás la cárcel y espera encontrar la luz al final del túnel, una segunda oportunidad para reintegrarse en la sociedad. Sin embargo, contemplará, perplejo y casi pasivo –Leo, más que un héroe, es un antihéroe–, cómo se encadenan los acontecimientos desfavorables, regidos por una fatalidad inexorable.

«UNHAPPY END»

Gray le da un cariz social al fatalismo inherente al cine negro clásico. The Yards presenta las instituciones económicas y políticas del capitalismo como crimen organizado. No se trata de una estructura especializada y limitada, como la mafia, sino del funcionamiento normal del sistema. La violencia, la mentira y la corrupción lo invaden todo, ni siquiera la esfera familiar ni la privada quedan al margen. La corrupción destruye las relaciones entre los individuos: su mejor amigo y su tío traicionan a Leo, incluso quieren liquidarlo; Willie (Joaquin Phoenix) mata a Erica (Charlize Theron).

Los personajes no dominan las situaciones, sino que son empujados por las circunstancias. Los buenos propósitos de Leo de reintegrarse en la sociedad están condenados al fracaso. En la entrevista con su tío Fran Olchin (James Caan), un alto cargo de la Electric Rail Corporation, éste se ofrece a ayudarlo económicamente mientras Leo realiza unos cursos de formación profesional. Pero Leo no puede aceptar, porque su madre (Ellen Burstyn) se niega a recibir dinero. Leo empieza a colaborar con su amigo Willie, que hace trabajos sucios para Fran. A partir de aquí las cosas se le complican cada vez más, Leo vive una pesadilla con ribetes de tragedia. Incluso al final, cuando decide colaborar con la policía, no halla ningún tipo de rehabilitación, sino que se hunde más, como indica la música sombría que acompaña las escenas. Después de todo, Leo también se ha convertido en un traidor.

James Gray invierte el esquema de La ley del silencio (On the Waterfront, 1954) de Elia Kazan. Estamos lejos del elogio de la delación y del final feliz que, con la intención de justificar su injustificable comportamiento durante el macartismo, ofrecía Kazan. Al colaborar con la policía, Leo se somete a las convenciones de la cultura dominante, pero se labra un final infeliz. Ha ido a parar a la cárcel por negarse a dar los nombres de sus amigos, durante toda la película no ha cesado de repetir que no es un delator y, sin embargo, termina por comportarse como tal. En la última escena vemos a Leo en el metro, igual que al principio, pero más abatido. Su mejor amigo lo ha traicionado, su prima, a la que tanto quería, ha muerto y él se ha convertido en un delator.

GEORGES DE LA TOUR EN QUEENS

Procedente de una familia judeorrusa –sus abuelos se instalaron en la Pequeña Odesa–, James Gray creció en el barrio de Queens, donde sitúa la historia de The Yards, en el mundo de las compañías ferroviarias. Localización e inspiración «realistas» que quedan trascendidas por un estilo muy cuidado (incluso en los decorados naturales se utiliza la iluminación artificial). Filmada en formato grande, Gray suele dejar la mitad de la pantalla en la penumbra, que contrasta con la parte iluminada. Con la ayuda del director de fotografía, Harry Savides, ha creado una atmósfera tenebrista, y utiliza una gama atenuada: predominan el marrón, el ocre y el gris, con exclusión del azul y de los colores vivos. Sus puntos de referencia han sido Caravaggio y, sobre todo, Georges de La Tour, maestros del claroscuro con sus violentos contrastes de luces y sombras. Contrastes que, en el plano simbólico, reflejan la dualidad y la complejidad de los personajes. En la familia, asimismo, el amor y el odio están estrechamente enlazados.

Volviendo a los maestros de la pintura del siglo XVII, en la fiesta de bienvenida a Leo, cuando a causa de una avería eléctrica hay que recurrir a las velas, la escena se inspira directamente en La Tour, quien en sus cuadros empleaba un tipo de iluminación procedente de una vela o de un objeto similar. De ahí que en The Yards abunden las secuencias iluminadas con una sola fuente de luz.

De acuerdo con el rigor formal y la puesta en escena depurada, James Gray, al igual que en Little Odessa, evita el efectismo y la artillería. No hay más que un disparo de pistola. La banda sonora acentúa la tensión sin recurrir a estridencias ni a ruidos ensordecedores. En la escena del hospital le basta la respiración jadeante de Leo.

Merece destacarse la excelente dirección de actores. Hacía tiempo que no veíamos un conjunto de interpretaciones de tanta calidad. En el choque de generaciones, sale vencedor el trío más joven (Mark Wahlberg, Joaquin Phoenix, Charlize Theron) frente al más experimentado (James Caan, Ellen Burstyn, Faye Dunaway). Gray incluso consigue una buena actuación de Charlize Theron (expresa muy bien cómo se van apoderando de ella las sospechas sobre la culpabilidad de Willie). Como Mark Wahlberg se mueve en un registro comedido y semipasivo, Joaquin Phoenix ofrece la interpretación más rica de matices, lo que no constituye ninguna sorpresa después de haberlo visto en Gladiator y Quills (Quills es posterior a The Yards, pero en nuestro país se estrenó antes).

James Gray combina los elementos dramáticos y estilísticos con las exigencias narrativas del género negro, del mismo modo que mantiene su independencia trabajando con los grandes estudios. The Yards confirma los aciertos de Little Odessa y redobla las expectativas ante su próxima obra.


Imágenes de La otra cara del crimen - Copyright © 2000 Miramax Films. Todos los derechos reservados.

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