CRÍTICA
Josep
Alemany
CRIMEN
Y TRAICIÓN
En 1994, James Gray, entonces
con veinticinco años, sorprendió con Little
Odessa. Si bien cogía como actor
principal a Tim Roth, lanzado al estrellato
gracias a Reservoir Dogs, Little
Odessa estaba en las antípodas de la
pirotecnia de la fábrica Tarantino, que
precisamente en 1994 alcanzaba su punto
culminante con Pulp Fiction (por
suerte, Jackie
Brown supuso un cambio de
dirección). La historia transcurría en la playa
de Brighton, conocida con el nombre de la
Pequeña Odesa, donde vive la comunidad rusa de
Nueva York. El sicario Joshua, por razones
«profesionales», vuelve al barrio donde nació
y aprovecha la ocasión para visitar a la
familia, lo que originará una tragedia y la
muerte de su hermano, fascinado por Joshua. Little
Odessa presentaba un drama social y familiar,
adoptando la estructura del género negro. Rodada
en un estilo sobrio y antiefectista, contaba,
además, con grandes actores. Todos esos
elementos los encontramos, corregidos y
aumentados, en The Yards.
En
nuestro país, además de no distribuirse en
versión original, ha recibido el estrambótico
título de La otra cara del
crimen. No sé a qué cara se
refiere. El título inglés, en cambio, tiene un
significado bien concreto: train yards o rail
yards se refiere a los talleres de las
autoridades municipales de Nueva York donde se
revisan y reparan los vagones del metro. Dicha
tarea corre a cargo de empresas privadas que
compiten entre ellas por obtener los contratos,
un procedimiento lleno de posibilidades para todo
tipo de corruptelas.
En la
primera escena, tras una rápida sucesión de
puntos luminosos, el metro sale del túnel. En
él viaja Leo Handler (Mark
Wahlberg). Deja atrás la cárcel y espera
encontrar la luz al final del túnel, una segunda
oportunidad para reintegrarse en la sociedad. Sin
embargo, contemplará, perplejo y casi pasivo
Leo, más que un héroe, es un
antihéroe, cómo se encadenan los
acontecimientos desfavorables, regidos por una
fatalidad inexorable.
«UNHAPPY
END»
Gray
le da un cariz social al fatalismo inherente al
cine negro clásico. The Yards
presenta las instituciones económicas y
políticas del capitalismo como crimen
organizado. No se trata de una estructura
especializada y limitada, como la mafia, sino del
funcionamiento normal del sistema. La violencia,
la mentira y la corrupción lo invaden todo, ni
siquiera la esfera familiar ni la privada quedan
al margen. La corrupción destruye las relaciones
entre los individuos: su mejor amigo y su tío
traicionan a Leo, incluso quieren liquidarlo;
Willie (Joaquin Phoenix) mata a
Erica (Charlize Theron).
Los
personajes no dominan las situaciones, sino que
son empujados por las circunstancias.
Los buenos propósitos de Leo de reintegrarse en
la sociedad están condenados al fracaso. En la
entrevista con su tío Fran Olchin (James Caan), un alto
cargo de la Electric Rail Corporation, éste se
ofrece a ayudarlo económicamente mientras Leo
realiza unos cursos de formación profesional.
Pero Leo no puede aceptar, porque su madre (Ellen
Burstyn) se niega a recibir dinero. Leo
empieza a colaborar con su amigo Willie, que hace
trabajos sucios para Fran. A partir de aquí las
cosas se le complican cada vez más, Leo vive una
pesadilla con ribetes de tragedia. Incluso al
final, cuando decide colaborar con la policía,
no halla ningún tipo de rehabilitación, sino
que se hunde más, como indica la música
sombría que acompaña las escenas. Después de
todo, Leo también se ha convertido en un
traidor.
James
Gray invierte el esquema de La
ley del silencio (On
the Waterfront, 1954) de Elia
Kazan. Estamos
lejos del elogio de la delación y del final
feliz que, con la intención de justificar su
injustificable comportamiento durante el
macartismo, ofrecía Kazan. Al colaborar con la
policía, Leo se somete a las convenciones de la
cultura dominante, pero se labra un final
infeliz. Ha ido a parar a la cárcel por negarse
a dar los nombres de sus amigos, durante toda la
película no ha cesado de repetir que no es un
delator y, sin embargo, termina por comportarse
como tal. En la última escena vemos a Leo en el
metro, igual que al principio, pero más abatido.
Su mejor amigo lo ha traicionado, su prima, a la
que tanto quería, ha muerto y él se ha
convertido en un delator.
GEORGES
DE LA TOUR EN QUEENS
Procedente
de una familia judeorrusa sus abuelos se
instalaron en la Pequeña Odesa, James Gray
creció en el barrio de Queens, donde sitúa la
historia de The Yards, en el mundo de las
compañías ferroviarias. Localización e
inspiración «realistas» que quedan
trascendidas por un estilo muy cuidado (incluso
en los decorados naturales se utiliza la
iluminación artificial). Filmada en formato
grande, Gray suele dejar la mitad de la pantalla
en la penumbra, que contrasta con la parte
iluminada. Con la ayuda del director de
fotografía, Harry Savides, ha creado
una atmósfera tenebrista, y utiliza una gama
atenuada: predominan el marrón, el ocre y el
gris, con exclusión del azul y de los colores
vivos. Sus puntos de referencia han sido Caravaggio y, sobre
todo, Georges de La Tour, maestros
del claroscuro con sus violentos
contrastes de luces y sombras. Contrastes que, en
el plano simbólico, reflejan la dualidad y la
complejidad de los personajes. En la
familia, asimismo, el amor y el odio están
estrechamente enlazados.
Volviendo a
los maestros de la pintura del siglo XVII, en la
fiesta de bienvenida a Leo, cuando a causa de una
avería eléctrica hay que recurrir a las velas,
la escena se inspira directamente en La Tour,
quien en sus cuadros empleaba un tipo de
iluminación procedente de una vela o de un
objeto similar. De ahí que en The Yards
abunden las secuencias iluminadas con una sola
fuente de luz.
De
acuerdo con el rigor formal y la puesta en escena
depurada, James Gray, al igual que en Little
Odessa, evita el efectismo y
la artillería. No hay más que un
disparo de pistola. La banda sonora acentúa la
tensión sin recurrir a estridencias ni a ruidos
ensordecedores. En la escena del hospital le
basta la respiración jadeante de Leo.
Merece
destacarse la excelente dirección de actores.
Hacía tiempo que no veíamos un conjunto de
interpretaciones de tanta calidad. En el choque
de generaciones, sale vencedor el trío más
joven (Mark Wahlberg, Joaquin Phoenix, Charlize
Theron) frente al más experimentado (James Caan,
Ellen Burstyn, Faye Dunaway). Gray
incluso consigue una buena actuación de Charlize
Theron (expresa muy bien cómo se van apoderando
de ella las sospechas sobre la culpabilidad de
Willie). Como Mark Wahlberg se mueve en un
registro comedido y semipasivo, Joaquin Phoenix
ofrece la interpretación más rica de matices,
lo que no constituye ninguna sorpresa después de
haberlo visto en Gladiator y Quills (Quills
es posterior a The Yards, pero en nuestro
país se estrenó antes).
James Gray
combina los elementos dramáticos y estilísticos
con las exigencias narrativas del género negro,
del mismo modo que mantiene su independencia
trabajando con los grandes estudios. The Yards
confirma los aciertos de Little Odessa y
redobla las expectativas ante su próxima obra.
Imágenes
de La otra cara del crimen - Copyright © 2000
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