CRÍTICA
Mateo
Sancho Cardiel
Julio Medem es uno de
los pocos directores españoles actuales que ha
conseguido labrarse una carrera tan personal como
para ser considerado un verdadero autor. En
películas como "La ardilla roja" o la
espléndida "Los amantes del Círculo
Polar", ha desarrollado un
estilo, un mundo propio, de manera que son filmes
que sólo él sabe hacer bien sin caer en la
pretensión y la pedantería. Sin embargo, en su
último y más ambicioso proyecto, "Lucía y
el Sexo", ha resultado de alguna manera
víctima de su propia personalidad
cinematográfica.
Para
empezar, el título ya es desafortunado, pues no
guarda ninguna relación con el contenido de la
película. Sexo hay, pero no es Lucía, ni mucho
menos, la protagonista absoluta de aquellas
escenas, ni tan siquiera del desarrollo
argumental. Y ese sexo es, además de explícito,
muchas veces algo forzado, como el propio
título, un disimulado reclamo para el público
que jamás acudiría a ver un cine de lenguaje
tan denso y sutil. Pero es que este
lenguaje al que Medem nos tenía acostumbrados
parece que pierde cierta fuerza en esta película.
Insiste en dividir el filme en segmentos
titulados, como si de capítulos literarios se
tratara, cuando la distribución es trivial e
innecesaria. También hace hincapié en lo
rocambolesco de la trama, el poder del azar en la
vida de sus personajes. Pero si bien lo
inverosímil puede cobrar fuerza dentro de una
fábula en la que todo acaba quedando
entrelazado, llama la atención la cantidad de
cabos sueltos o tomas totalmente prescindibles
que la película presenta, cuando Medem siempre
ha sido un director muy meticuloso en el guión.
Y ya no sólo detalles causales de la trama, sino
que descuida en ocasiones incluso los
propios sentimientos de los personajes
principales, supuesto punto fuerte de su cine.
Desde un arranque muy poco probable hasta un
desenlace, no sólo absolutamente inverosímil,
sino lo que es peor: tramposo.
Pero,
aunque fallida, "Lucía y el Sexo" no
es una película desdeñable. Pese a todo, los
valores de un director que nos ha ofrecido obras
de belleza indiscutible, están presentes en la
película, sólo que peor conectados y con más
material banal. Se nota que Medem tiene una mente
muy dada a explorar los rincones más ocultos del
alma humana, y que sabe encontrar la magia en los
diálogos, en las expresiones, en los detalles.
Detalles que llegan al corazón y que se pueden
encontrar en los ojos secos de Elena, en la
ternura de Luna o, simplemente, en un paisaje
fotografiado con la deslumbrante sensibilidad
digital y un colorido sobrecogedor. La
isla mediterránea que hace aflorar los
sentimientos de los protagonistas, alcanza en su
esplendor calidad de protagonista, que
se mueve y que te atrapa. Un gran trabajo de
fotografía de Kiko de La Rica, apoyado
por la siempre excelente música de Alberto
Iglesias, que tan bien se compenetra con el
director. Y también a destacar, las
interpretaciones de todo el reparto. Aunque no
llega a convencer, Paz Vega se
esfuerza y se supera a sí misma, mientras que
sus compañeras Najwa Nimri y Elena Anaya enamoran a
la cámara, cada una a su estilo, y Tristán
Ulloa sigue con trabajos tan naturales
que casi son imperceptibles.
Así, es
"Lucía y el Sexo" una película
interesante, que te sumerge en un viaje de
pasión y tragedia, pero que tiene unos fallos
tan notorios que te impiden entrar tan a fondo en
una historia que exige toda tu atención. Por
ello, no alcanza el nivel de fascinación
de otras obras de su director, pero, aun así, es
una propuesta motivadora y diferente.
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