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MOULIN ROUGE


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Dirección: Baz Luhrmann.
Países:
Australia, USA.
Año: 2001.
Duración: 127 min.
Interpretación: Nicole Kidman (Satine), Ewan McGregor (Christian), John Leguizamo (Toulouse Lautrec), Jim Broadbent (Harold Zidler), Richard Roxburgh (Duque de Monroth), Matthew Whittet (Satie), Kerry Walker (Marie), David Wenham (Audrey).
Guión: Baz Luhrmann & Craig Pearce.
Producción: Martin Brown, Baz Luhrmann y Fred Baron.
Música: Craig Armstrong.
Fotografía:
Donald M. McAlpine.
Montaje: Jill Bilcock.
Diseño de producción: Catherine Martin.
Dirección artística: Ann-Marie Beauchamp.
Vestuario: Catherine Martin y Angus Strathie.
Decorados: Brigitte Broch.
Coreografía: John O'Connell.

 

CRÍTICA

Joaquín R. Fernández

Puntuación: 6.5
Banda Sonora:
*****

Cuando al comienzo de Moulin Rouge observamos incrédulos a un director de orquesta moviendo la batuta al son de la mítica fanfarria de la Fox, enseguida nos percatamos de su singularidad. Y es inusual, no ya porque pertenece a un género, el musical, completamente arrinconado hoy en día en el mundo de la animación, sino porque se sustenta en una presuntamente innovadora imaginería visual, tan poderosa como manida. Porque, no nos engañemos: el señor Baz Luhrmann, director de este delirio, se ha limitado a recoger la estética habitual de los vídeos musicales, introduciéndola masivamente en el desarrollo del argumento de la película. Por lo demás, la historia no deja de ser un agradable cuento de amor construido a través de eficaces tópicos y ensalzado por la actuación de los intérpretes y las canciones que tan inteligentemente han escogido los responsables del tinglado.

Tengo que reconocer que durante los primeros minutos de Moulin Rouge se adueñó de mí una peculiar sensación de desconcierto; lo que estaba viendo no me estaba enganchando, molestándome la vertiginosidad con la que se estaba narrando la historia, por no hablar de la molesta presencia de Toulouse-Lautrec y su pandilla de bohemios. De hecho, los momentos cómicos (canciones incluidas), me parecieron un tanto burdos y sencillos (sobre todo con esa estúpida confusión sobre la identidad del Duque que hace del guión una mezcla de comedieta de equívocos con toques a lo Farrelly). Sin embargo, durante esta irregular primera hora de película se adivinan destellos de calidad que dejan al espectador magnetizado. Así, el primer diálogo musical entre Satine y Christian es bellísimo (a lo que ayuda, sin duda, el diseño de producción), repitiéndose la misma química en el siguiente pasaje musical que los reúne, aquél que transcurre encima de un elefante artificial.

Baz Luhrmann declaró en su momento que "si durante los primeros veinte minutos [el espectador] no presta atención y no está interesado, se acabó. No hay nada que hacer". Siento decirle que estaba equivocado, pues me costó una hora entrar en su juego, ya que donde de verdad fascina Moulin Rouge es a partir del momento en el que la tragedia ocupa todos los sentimientos de la historia. Uno contempla emocionado los intentos de Christian por mantener a su lado a Satine, pero ésta sabe que ha de dejarse seducir por el Duque si quiere que éste financie el espectáculo en el que están trabajando. En medio, una terrible enfermedad amenaza a la protagonista, circunstancia que conocemos muy pronto, pues Satine se queda sin respiración en el escenario durante la representación de uno de sus espectaculares números. Es un desenlace, pues, muy pasional y romántico, que nos engancha y nos sume en un absoluto pesar, ya que todos conocemos el drama que bascula en el ambiente. De hecho, al final de la proyección de la película (al menos en el cine al que fui yo), la gente tardó bastante en levantarse de sus asientos, cuando lo habitual es que no se queden mirando los títulos de crédito que recorren la pantalla. El problema es que las emociones les habían embargado, y mucho me temo que a algunos les resultaría embarazoso salir de la sala con la lagrimita en los ojos.

Por otra parte, Moulin Rouge se ve favorecida por unas excelentes interpretaciones de Nicole Kidman (que me gustó más en Los Otros) y Ewan McGregor (especialmente brillante en algunos momentos).

Y, por último, creo que es la primera vez que no valoro lo que es la partitura original de una cinta (en este caso debida a Craig Amstrong), sino la banda sonora en su conjunto, puesto que sería totalmente injusto analizar la música creada originalmente para las imágenes de Luhrmann sin tener en cuenta todo aquello que la rodea. Así, las notas que no reciben la compañía de ninguna letra se adecúan perfectamente al espíritu del filme, repleto de canciones compuestas por un buen puñado de autores de todas las épocas y todas ellas magníficamente arregladas con un vigoroso fondo orquestal. Por increíble que parezca, aceptamos con naturalidad la mezcolanza de estilos, y bien poco importa que se trate de Sting, Phil Collins o Elton John. El caso es que nos encontramos ante el verdadero "sonido de la música": el del sentimiento.


Imágenes de Moulin Rouge - Copyright © 2001 Bazmark Films y 20th Century Fox. Fotos por Sue Adler. Todos los derechos reservados.

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