CRÍTICA
Joaquín
R. Fernández
Puntuación:
6.5
Banda Sonora: *****
Cuando al
comienzo de Moulin Rouge observamos incrédulos a
un director de orquesta moviendo la batuta al son
de la mítica fanfarria de la Fox, enseguida nos
percatamos de su singularidad. Y es inusual, no
ya porque pertenece a un género, el musical,
completamente arrinconado hoy en día en el mundo
de la animación, sino porque se sustenta en una
presuntamente innovadora imaginería visual, tan
poderosa como manida. Porque, no nos engañemos:
el señor Baz Luhrmann,
director de este delirio, se ha limitado a
recoger la estética habitual de los vídeos
musicales, introduciéndola masivamente en el
desarrollo del argumento de la película.
Por lo demás, la historia no deja de ser un
agradable cuento de amor construido a través de
eficaces tópicos y ensalzado por la actuación
de los intérpretes y las canciones que tan
inteligentemente han escogido los responsables
del tinglado.
Tengo que
reconocer que durante los primeros minutos de
Moulin Rouge se adueñó de mí una peculiar
sensación de desconcierto; lo que estaba viendo
no me estaba enganchando, molestándome la
vertiginosidad con la que se estaba narrando la
historia, por no hablar de la molesta presencia
de Toulouse-Lautrec y su pandilla de bohemios. De
hecho, los momentos cómicos (canciones
incluidas), me parecieron un tanto burdos y
sencillos (sobre todo con esa estúpida
confusión sobre la identidad del Duque que hace
del guión una mezcla de comedieta de equívocos
con toques a lo Farrelly). Sin embargo, durante
esta irregular primera hora de película se
adivinan destellos de calidad que dejan al
espectador magnetizado. Así, el primer diálogo
musical entre Satine y Christian es bellísimo (a
lo que ayuda, sin duda, el diseño de
producción), repitiéndose la misma química en
el siguiente pasaje musical que los reúne,
aquél que transcurre encima de un elefante
artificial.
Baz
Luhrmann declaró en su momento que "si
durante los primeros veinte minutos [el
espectador] no presta atención y no está
interesado, se acabó. No hay nada que
hacer". Siento decirle que estaba
equivocado, pues me costó una hora entrar en su
juego, ya que donde de verdad fascina
Moulin Rouge es a partir del momento en el que la
tragedia ocupa todos los sentimientos de la
historia. Uno contempla emocionado los
intentos de Christian por mantener a su lado a
Satine, pero ésta sabe que ha de dejarse seducir
por el Duque si quiere que éste financie el
espectáculo en el que están trabajando. En
medio, una terrible enfermedad amenaza a la
protagonista, circunstancia que conocemos muy
pronto, pues Satine se queda sin respiración en
el escenario durante la representación de uno de
sus espectaculares números. Es un desenlace,
pues, muy pasional y romántico, que nos engancha
y nos sume en un absoluto pesar, ya que todos
conocemos el drama que bascula en el ambiente. De
hecho, al final de la proyección de la película
(al menos en el cine al que fui yo), la gente
tardó bastante en levantarse de sus asientos,
cuando lo habitual es que no se queden mirando
los títulos de crédito que recorren la
pantalla. El problema es que las emociones les
habían embargado, y mucho me temo que a algunos
les resultaría embarazoso salir de la sala con
la lagrimita en los ojos.
Por otra
parte, Moulin Rouge se ve favorecida por unas excelentes
interpretaciones de Nicole
Kidman (que me gustó más en Los Otros) y Ewan
McGregor (especialmente brillante en algunos
momentos).
Y, por
último, creo que es la primera vez que no valoro
lo que es la partitura original de una cinta (en
este caso debida a Craig Amstrong), sino la
banda sonora en su conjunto, puesto que sería
totalmente injusto analizar la música creada
originalmente para las imágenes de Luhrmann sin
tener en cuenta todo aquello que la rodea. Así,
las notas que no reciben la compañía de ninguna
letra se adecúan perfectamente al espíritu del
filme, repleto de canciones compuestas
por un buen puñado de autores de todas las
épocas y todas ellas magníficamente arregladas
con un vigoroso fondo orquestal. Por
increíble que parezca, aceptamos con naturalidad
la mezcolanza de estilos, y bien poco importa que
se trate de Sting, Phil
Collins o Elton John. El caso
es que nos encontramos ante el verdadero
"sonido de la música": el del
sentimiento.
Imágenes
de Moulin Rouge - Copyright © 2001 Bazmark Films
y 20th Century Fox. Fotos por Sue Adler. Todos
los derechos reservados.
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