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Estrenos 23 - 29 Nov 2001

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NI UNA PALABRA
(Don't say a word)


cartel Dirección: Gary Fleder.
País:
USA.
Año: 2001.
Duración: 113 min.
Interpretación: Michael Douglas (Dr. Nathan Conrad), Brittany Murphy (Elisabeth Burrows), Sean Bean (Patrick Koster), Skye McCole Bartusiak (Jessie Conrad), Famke Janssen (Aggie Conrad), Jennifer Esposito (Detective Sandra Cassidy), Guy Torry (Martin J. Dolen), Oliver Platt (Dr. Louis Sachs), Shawn Doyle (Russel Maddox), Victor Argo (Sydney Simon).
Guión: Anthony Peckham y Patrick Smith Kelly; basado en la novela de Andrew Klavan.
Producción: Anne Kopelson, Arnold Kopelson y Arnon Milchan.
Coproducción: Andrew Klavan y Nana Greenwald.
Música: Mark Isham.
Fotografía:
Amir M. Mokri.
Montaje: Armen Minasian y William Steinkamp.
Diseño de producción: Nelson Coates.
Dirección artística: Dennis Davenport y Kim Jennings.
Vestuario: Ellen Mirojnick.
Decorados: Carolyn Loucks y Justin Scoppa Jr..

 

CRÍTICA

Tònia Pallejà

Sin novedad en el frente

¿Por qué alguien como Michael Douglas, al que uno le supone una cierta libertad a la hora de escoger papeles, siempre interpreta el mismo tipo de personajes, cuando en Jóvenes prodigiosos consiguió su mejor trabajo hasta la fecha? ¿Por qué una notable novela policíaca acaba siendo convertida en un thriller de blockbuster? ¿Por qué los niños secuestrados de las películas de Hollywood dan tanta rabia que a uno le importa bastante poco lo que les pueda suceder? ¿Por qué las puertas de los apartamentos norteamericanos tienen el grosor de una rebanada de pan bimbo y están protegidas por una débil cadena de seguridad, más aún si se trata de un piso en la zona alta de Nueva York y el cine es el primero en advertirnos de que hay un loco peligroso suelto a la vuelta de cada esquina -ya se llame Hannibal, Jason o Henry-? ¿Por qué siempre se las ingenian para meter un desfile por medio en cualquier persecución, a través del cual el protagonista escapa o se esconde? ¿Por qué el malo siempre tiene cara de malo y hay un malo bueno o menos malo que siempre lleva el pelo largo y tatuajes? ¿Por qué si ha de haber un gracioso parlanchín siempre se le reserva este papel al personaje negro? ¿Por qué el policía -en este caso la policía- que lleva el caso, siempre se enfrenta solo a la banda de criminales sin pedir ni un solo refuerzo? ¿Por qué en cualquier película sobre psiquiátricos o en la que aparece un enfermo mental, la terminología usada, los comportamientos mostrados, y las explicaciones dadas tienen más que ver con la ciencia ficción que con la realidad de la práctica clínica? ¿Por qué uno se acaba enterando de todo a través de las rejillas de ventilación que comunican los diferentes pisos? ¿Por qué ellas siempre caen o resbalan en el momento menos propicio pero si tienen una pierna escayolada son capaces de las mayores hazañas? ¿Por qué se condena a Brittany Murphy a papeles de trastornada psíquica después de Inocencia interrumpida, pero en esta película se le da un aire más cercano al personaje que interpretaba Anjelina Jolie?

Todos estos tópicos y preguntas sin respuesta, y muchos más, se dan cita de la mano en el último trabajo de Gary Fleder, basado en la novela de Andrew Klavan ganadora del premio Edgar de Novela Policíaca. Y es que Ni una palabra repite el archiconocido esquema del profesional con éxito y vida familiar no menos apacible al que unos despiadados delincuentes fuerzan a llevar a cabo un trabajo para ellos en un tiempo límite, a cambio de no hacer daño a un ser querido al que han secuestrado. Las investigaciones paralelas de un tenaz policía y un personaje insondable que tiene la clave son otros de los valores seguros que no pueden faltar en todo thriller al estilo que se precie.

No habría mucho más que añadir. Al principio la película ya te suena a déjà vu, pero a medida que avanza aún mantiene un cierto interés, esperando ver cómo relaciona un atraco, un secuestro, un cadáver aparecido en el río y a una joven mentalmente alterada con un dígito de seis cifras. Aunque uno ya sospecha -dos horas no dan para mucho- que la cosa se va a forzar hasta límites extremos y que la solución va a ser tan rocambolesca como absurda y previsible. El ritmo es ágil sin conseguir mantener la atención más allá de su mitad, el lenguaje fílmico nada innovador, y los personajes menos creíbles que la propia historia, pero la película te puede hacer pasar el rato cuando no tienes mejor forma de matar el tiempo.

Gary Fleder (Cosas que hacer en Denver cuando estás muerto), que ya se encargó de llevar a la gran pantalla la adaptación de otro bestseller con El coleccionista de amantes, consigue en esta ocasión otro producto de consumo en la misma línea.


Imágenes de Ni una palabra - Copyright © 2001 20th Century Fox, New Regency Pictures, Village Roadshow Productions, NPV Entertainment, Kopelson Entertainment y Further Films. Todos los derechos reservados.

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La Butaca © 1999 Ángel Castillo Moreno. Valencia (España)
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