 
|
Dirección
y guión: Francis Veber.
País: Francia.
Año: 2000.
Duración: 84 min.
Interpretación: Daniel
Auteuil (François Pignon), Gérard Depardieu
(Félix Santini), Thierry Lhermitte (Guillaume),
Michèle Laroque (Bertrand), Michel Aumont
(Belone), Jean Rochefort (Kopel), Alexandra
Vandernoot (Christine), Stanislas Crevillén
(Franck), Edgar Givry (Mathieu), Thierry Ashanti
(Victor), Armelle Deutsch (Ariane), Irina Ninova
(Martine).
Producción: Alan
Poiré.
Música: Vladimir
Cosma.
Fotografía: Luciano Tovoli.
Montaje: Georges
Klotz.
Vestuario:
Jacqueline Bouchard.
Decorados: Hugues
Tissandier. |
CRÍTICA
Javier
M. Tarín
La comedia como género continúa
proporcionado interesantes filmes que lejos de
mantener una actitud complaciente con la realidad
se ponen al servicio de indagar sobre la
condición humana. No hace demasiado tiempo la
comedia se consideraba todavía como un género
menor que no alcanzaba las virtudes del melodrama
o la tragedia, pero gracias a las
contribuciones clásicas y en la actualidad a
películas como las de Francis
Veber, la comedia
cinematográfica puede considerarse una forma de
expresión con una carga crítica y de catarsis
tan válida como otros géneros mejor
considerados tradicionalmente. En ese
sentido Veber destaca el hecho de que la comedia
no es un género ligero como normalmente se
piensa y para ello se remite a los clásicos del
género como To be or not to be de Ernest
Lubitsch, que se desarrolla en el gueto de
Varsovia en época hitleriana.
Salir
del armario utiliza elementos propios de la
comedia como la introducción de un elemento
desestabilizador -la supuesta homosexualidad del
protagonista- que permite abrir una serie de
equívocos de carácter cómico; o como una
puesta en escena -en especial de la fábrica de
preservativos- claramente artificial al servicio
de la construcción de determinados gags de
manera muy eficaz. Pero al mismo tiempo, en su
interior se mezclan rasgos propios del drama con
resultados melodramáticos, especialmente al
principio del filme. La escena inicial es
altamente significativa a la hora de describir a
François Pignon y su situación personal. El
hecho de ser el único desplazado de la foto de
la empresa indica su condición de marginado en
el entorno laboral. Paradójicamente, en
términos narrativos, este hecho lo sitúa en el
centro de atención del espectador/a, que
empatiza rápidamente con el personaje: no ríe
de él sino con él. A continuación, Pignon se
entera de su despido en los servicios, en los que
el jefe de personal habla con el fotógrafo, que
siente lástima porque no ha podido salir en la
foto. Félix Santini -Gérard
Depardieu- responde que no importa porque va
a ser despedido. Las desgracias de Pignon no
quedan en eso. Abandonado por su mujer hace dos
años, pero todavía enganchado a ella, le llama
para darle la noticia. El teléfono suena pero ni
su ex-esposa Christine, ni su hijo Frank lo cogen
porque saben quién es.
La
patética cadena de acontecimientos parece abocar
al personaje al salto al vacío desde su balcón,
pero la intervención de Balone, su nuevo vecino,
lo impide con bastante sentido del humor. Tras
oír la historia de Pignon le propone que se haga
pasar por homosexual para mantener su trabajo. Se
introduce así el elemento desestabilizador
clásico en la comedia: un personaje dice ser lo
que no es y a partir de ahí se provocan las
situaciones cómicas. Tal es la operación que
pone en marcha el proceso de cambio de la vida de
Pignon.
El filme va
a girar a partir de ese momento en torno al tema
del cambio de actitud hacia el protagonista por
parte de todos cuando su homosexualidad se hace
pública, es decir, cuando sale del armario con
unas fotos bastante patéticas, por cierto. Y
todo es una cuestión de mirada porque Pignon
seguirá siendo el mismo, no hará nada especial,
pero más de uno se atreverá a afirmar que lo
sospechaba por su forma de mirar o sus gestos. La
homosexualidad perseguida y penada socialmente se
ha convertido hoy en algo glamuroso que puede dar
prestigio a una empresa, especialmente si se
fabrican preservativos.
El problema de fondo es precisamente
ése. Más que respeto hacia los homosexuales se
trata de la asunción de la misma por razones de
marketing, es decir, de orden económico. Aunque
este hecho supone un avance respeto a lo anterior
-Balone fue despedido por su homosexualidad-
queda mucho por hacer respecto a la aceptación
social plena con todos los derechos que tienen
hoy los heterosexuales. De hecho, el propio
relato introduce personajes homofóbicos que
llegan a dar a Pignon una paliza. En definitiva, el
filme, aparentemente ligero y sin trascendencia,
trata de la cuestión de lo políticamente
correcto, de esa tendencia social hacia un
respeto simulado pero que en realidad
tiene más que ver con lo económico que con la
aceptación real.
Imágenes
de Salir del armario - Copyright © 2000 gaumont,
Efve Films y TF1 Films Production. Todos los
derechos reservados.
<<
Página
principal de Salir del armario
|